ENROQUE.
Reinaldo Cerna.
“En las profundidades del invierno finalmente descubrí
que en mi interior había un verano invencible “
“Albert
Camus”
- ¡ Carta, carta ¡-
“ Las malditas cobranzas ,
que trae el huevón de Caruso “¡como grita el hijoeputa¡” para que le
tengan las monedas a mano, se cree el Postino”, Me despertó de mi
siesta. Fingí dormir disfrutando del sol de otoño en el antejardín de mi
casa. Cuando mi hijo llegó me entregó un sobre más abultado que una
carta común, ya no recibía cartas de nadie, de tal manera que no le di
importancia al hecho. Me encontraba en medio de un sueño en que el
mismo Caruso con treinta años menos, me tiraba pelotas de papel que me
llegaban por todos lados. Lo asocié, después, de con la carta que me
trajo cuando yo también tenía treinta años menos, igual que él y donde
me despedían de mi trabajo en los años más duros de la dictadura, pero
esta vez el Caruso del sueño iba acompañado de una anciana que tiraba un
carrito con un cordel que estaba unido a su ombligo y repartía libros.
La vieja, sonreía, como si fuera cómplice de algo que ella solamente
sabía. “Es un sueño muy huevón”, - pensé- porque esa vieja puede ser el
mensaje de algo malo o de algo bueno. Cuando abrí el sobre, vi que
dentro de él venía otro sobre con algo que parecía un libro o un
cuaderno por su forma rectangular y sobre él una hoja manuscrita que
también me dio flojera leer.”
Cansado de estar tirado
mirando el techo y observando una araña que tejía y tejía el manto de
mi depresión, que me quitaba el hambre y aumentaba mis ganas de no
hacer nada, pero tenía mi mente ocupada en algo y me ayudaba a soportar
la modorra del tiempo inútil. Me daba flojera hasta tener hambre, además
que había empezado a comer pan de dos o tres días, el que siempre
botaba o daba a algún mendigo que pasaba pidiendo algo. Mi señora me
dejó una olla de porotos y algunos pesos y se fue donde su mamá que por
lo menos tenía una pensión del milico que fue mi suegro. Era lo más
adecuado que ellos tuvieran sus colaciones como corresponde. Algo le
debo a las fuerzas armadas. Pensar que viven para mandar a la mitad de
los “pelaos” a ensuciar y después mandan a la otra mitad a barrer,la
cuestión es que no piensen, eso es peligroso donde la verticalidad es la
medida de todas las cosas. Luego vienen los que mandan menos, hacen la
revisión y dan cuenta a los que mandan más de la misión cumplida.
Después de todo cada uno se gana la vida como puede. Hasta los ladrones y
asaltantes y asesinos tienen cabida en esta viña verde que no es de
ningún señor, somos parientes del mono y es difícil escapar a la ley de
la jungla. Yo me preocupaba de que no me faltaran los cigarros que me
mataban el hambre y estiré la olla de porotos hasta quince días, añejos
tienen un buqué muy especial, son como el vino tinto, no sé si el
blanco tendrá la misma cualidad. Cuando los merendaba me imaginaba que
los había añejado con ese fin . En mi caso era una necesidad que
funcionaba como un secreto de buen cocinero. Mientras no tuvieran pelo
estaban comestibles. Cuando mi mujer se fue donde la suegra, no hice el
aseo de la casa, no lavé un plato y si el tacho de los papeles potables
estaba lleno y empezó a subir de nivel, aunque cagaba tan poco, digamos
que en forma directamente proporcional a lo que comía. Un día que me
senté en el trono a degustar un cigarro tiré el pucho y continué
con mi reposo didáctico, me quedé dormido y me despertó el humo de los
papeles cagados y me di cuenta cuando mis
vecinos estaban forcejeando con la puerta de entrada a mi casa con
baldes con agua y mangueras. Seguramente mi presencia no era la más
adecuada porque se retiraron y empezaron a hacer conjeturas ya alejados
de mi casa. Aunque comía poco la segunda semana empecé a consumir
mucha harina tostada: agua con harina, ulpo con azúcar, con sal y por
último unas cucharadas de harina y después un trago de agua. Me
imaginaba a los huevones que van a la guerra a pelear por su bandera,
tomándose sus meaos y comiendo ratones mientras la oligarquía económica y
financiera de su país maneja el naipe y se apronta a mover sus
capitales. Mi capacidad proyectiva se puso voladora. Llegué a la
conclusión de que los grandes genios necesitan del ocio y no vivir
preocupados de boludeces. Me sentía más ágil, liviano, las ideas
parece que iniciaban un viaje desde mi cabeza al infinito. Cuando vencí
la inercia y salí a la calle y encontraba a algún vago durmiendo en una
vereda y rodeado de moscas pensaba en DIOGENES, “seguramente estaba
meditando” v pensar que vivió en una tinaja y caminaba por las calles
con una lámpara encendida y decía que “buscaba un hombre”. Que había que
alejarse de los bienes materiales y de los honores, oponía lo
convencional a la naturaleza. Llegué a pensar que podría haber sido
filósofo si hubiera vivido en la Grecia del siglo quinto, pero si
hubiese sido esclavo, no habría diferencia con ser profesor o cualquier
guevá que se pague con un salario.
Mi mujer y mis hijos
tenían su comida y su ropa limpia porque mi suegra con todos sus
defectos se preocupaba. Era una momia pobre. Quebraba los paradigmas y
la extensión del concepto “momio” del lenguaje chileno. Era la
excepción, queda fuera del ámbito de la lógica conceptual. Me sentía
como el Diógenes chileno. ¿Antes, no había tenido tiempo de usar lo
único valioso que tenemos? Parece que es la práctica la única diosa,
madre de toda las ciencias y lo demás chucherías metafísicas.
Ahora entendí mejor el
significado de la familia por la parte solidaria, aunque yo fui siempre
desde muy niño un hombre antifamilia , la miraba como una muralla que
limita que lo obliga a uno a ser y actuar de una manera determinada y
esa maldita huevá de tener obligadamente que parecerse al que disparó el
espermio o aquella que lo recibe. Lamentablemente, así está
determinado, no por dios como dicen los que creen en algo, sino por la
sincronía que se produce entre un macho y una hembra porque si cruzamos
un chancho cinchón con otra de igual característica las crías van a ser
todas cinchonas. Felices los que bendicen el núcleo familiar que les
permitió llegar a la cima de cualquier parte. Son personas que
transmiten su realización con sonrisas de de oreja a oreja. “Yo , como
todo hombre contradictorio y pelotudo tenía que hacer mi familia para
seguir con la costumbre. Son estas contradicciones las que hacen al
hombre, único e irrepetible claro, mientras más pienso soy más hombre”
Así me daba verdaderas farras de autocomplacencia porque si yo no tenía
familia a quien recurrir, de hambre no me iba a morir, no porque
estuviera satisfecho sino porque estas necesidades vitales son propias
de seres irracionales. El hombre es capaz de sobreponerse a todo esa
bajeza aunque sea con un buen pito. Me acordé de Zaratustra y me sentí
como la flecha lanzada al infinito, presentía que mi viaje se estaba
acortando o alargando, el hecho es que me sentía más vivo que nunca.
Hacía solamente una
merienda diaria y en una semana ya había bajado ocho o diez
quilos. Aprendí a hacer ejercicios de relajación en un libro de esos
inútiles que uno tira en cualquier parte porque nunca le di
importancia a esos temas que son precisamente para gente ociosa. Quedé
fascinado con todo aquello de que el ego es el culpable que seamos tan
ahuevonados y de todas las cosas que uno dejó de aprender por vivir
como buey, toda la vida enyugados para tirar una carreta ajena y me
quedaba horas como una piedra sin sentir el cuerpo.“Putas que era
interesante el fenómeno”. Me perfeccioné tanto que en una semana no
sabía si estaba durmiendo o en estado de relajación total leí sobre los
viajes astrales y los sueños lúcidos y soñaba en colores a veces
colgando del cordón umbilical. Solamente dormía y le daba vueltas al
magín como el caballo al barro para hacer adoquines, además ni me
lavaba. No tenía a nadie a quien presentarme todos los días saludar con
amabilidad y recibir la respuesta del “Buenos días, Señor.” El gran
tema que me impresionó fue: “Salir de la esclavitud del ego” Así fue
mi primera semana. La segunda me miré al espejo y me asusté, ahí me di
cuenta que era el ego que ya no tenía y que no estaba en mi tinaja de
Diógenes el que había cambiado mi cara. Había salido, seguramente a
buscar otra cabeza donde inflarse hasta producir una cefalea.. Solamente
le dije: “Vete cabrón” y volví a mi estado de piedra. A las dos semanas
de meditación, salí a vagar sin sentido y llegaba a las plazas a
sentarme en un escaño a rumiar mis intentos de libertador y hombre de
acción. Ver como la gente va y viene con alguna idea metida en el cuesco
porque es el pensamiento el que genera las acciones, pero es el
pensamiento, también , el que nos empieza a dar cuerda con que somos
Napoleones, Quijotes, Santos y nos vamos derecho a la casa de Orates. Yo
no llegaría a eso. Esta era mi primera experiencia en estas macanas y
la estaba disfrutando. Fue en uno de esos tantos días que le exigí a mi
cerebro un esfuerzo grande, hice unas elongaciones estiramientos
encefálicos como un atleta que se apresta a una carrera olímpica.
Despuès de media hora haciendo flexiones cerebrales y pasando del estado
de piedra a la conciencia asumiendo el problema existencial en su
totalidad y no en forma sesgada , noté la amplitud de mi capacidad
perceptiva y empecé a analizar mi estado de vicho extraño casi
desconocido. Me dispuse a fumar otro pito de marihuana porque
estaba entusiasmado con mis reflexiones de alto vuelo. Como toda la
vida fui muy responsable, tenía que salir
de mi marasmo porque llevaba quince días estirando el último sueldo
como un vulgar chicle. Mi situación era un hoyo sin fondo. Me quedó el
hábito de andar con un lápiz en el bolsillo de cualquier parte, lo saqué
y en y en un pedazo de papel confort decidí anotar las conclusiones que
me dictaba la pensadora. No puedo negar que me entretenía viendo a
mendigos recoger los puchos y todo cachivache que encontraban a su paso
“algo se les ocurre” pensé, mientras encendía un pucho que me entregó
uno de ellos “son solidarios, estos huevones” , casi le dije: ”gracias
colega” y me acordé que ya me habían expulsado de donde usan tanto ese
vocablo y cuando pasò con un espejo inmenso que llevaba en un triciclo
que dejó frente a mí mientras se dirigía a hablar con alguien, me miré
al espejo y me asusté nuevamente, me olvidé que era yo: “¡Chuchas¡…, no
puede ser, ese huevòn soy yo¡ Por algo le di vacaciones a mi ego que
está cesante como todos los que no son milicos”.
Sentado en un escaño de
la plaza empecé a darle curso a la máquina de las ideas, porque había
empezado a lavarme por lo menos la cara y la familia amenazaba con el
regreso. Seguramente la vieja quería pegarse un “boinazo” porque era el
estereotipo del facho pobre. Empecé a salir todos los día a buscar
trabajo cuando lo que hacía era vagar por las ferias libres, sentarme en
un escaño de una plaza tomar el sol como un vulgar torrante y para allá
iba de acuerdo al libreto. Me sentí bien cuando empecé a escribir mis
conclusiones en uno de los papeles que reparten los canutos. Más bien
eran reflexiones que circunvolaban mi conciencia como planetas alrededor
del sol
1.- Cuando se tiene dinero se puede aguantar dos o tres meses buscando trabajo.
2.- Acudir a las
parroquias donde se reunían los exonerados políticos como una manera de
no seguir cuesta abajo en lo sicológico. Especialistas dan charlas
sobre autoafirmación y algunos conseguían trabajo donde nadie quería
trabajar por un tercio del sueldo normal. Estábamos marcados de la misma
manera como los exiliados tenían su pasaporte con la marca de
subversivo. En todas partes habían listas con los exonerados políticos,
éramos como los negros en el gran país del norte o como los haitianos,
colombianos y peruanos que hoy frecuentan las plazas y ferias. El
Fascismo nos timbró el espíritu y el alma, lo digo de manera distante
porque es el hombre el que maneja la pensadora para conducirla por donde
le plazca, pero como he leído tanto sobre el tema espiritual y
expansión de conciencia, algo se me ha pegado el lenguaje, pero cuando
me sacuda de todo este envoltorio ocasional volveré a calzar mis
bototos punta de fierro y escucharé el llamado de la selva.
3.- Si se tiene contactos, mover los hilos para salir al extranjero.
4.-Iniciar la venta callejera de cualquier cosa. Ahí se necesita personalidad, pero a los profesores nos sobra.
5.- Si el objetivo es el dinero: robar lo que esté más a mano porque la subsistencia pasa a primer plano.
6.- Todas las anteriores.
No pude dejar de sonreír.
De tanto hacer esa mierda de pruebas objetivas hasta con objetivos
“anales” . Si sigo con mi reflexión los habría hecho tridimensionales,
pero eso sería “extremismo pedagógico”.
Opté por la alternativa B
y D descartando momentáneamente las otras. Ese día llegué a la reunión
de profesores exonerados políticos. Era la tercera reunión y ya tenían
directiva y algunos comités. Después de la cuenta que dio el presidente,
vino la charla del sicólogo sobre la “autoestima y depresión”. Me quedé
dormido y algo bueno saqué de esa reunión. No hay nada malo que no
lleve a algo bueno ni nada bueno que no lleve a algo malo. Hay que estar
metido en forros como el mío para darse cuenta de lo importante que es
eso que los expertos en la materia llaman “subir la autoestima” como si
se tratara de un pene, pero yo era un adelantado porque había
descubierto que todo se reducía a reventar el ego.
Pensar que todo este
hueveo empezó con la división del Imperio Romano por quedar bajo la
influencia del cristianismo. Parece increíble que desde esos siglos
hasta hoy sigamos siendo tan cabezas de perno. Aunque siempre actuaba
por sentido común, ahora tenía una razón para mi accionar. ¡Chutear el
ego, era mi consigna¡ Al final cantaron “El gorro de lana” como vulgares
canutos o pechoños fanáticos en la procesión de la Virgen del Carmen o
como judío cabeceándose en el muro de los lamentos o musulmán
disfrutando en la “meca”. Cada creyente tiene su maquinita que le achica
el cerebro y le encoge las ideas como en los tiempos de la magia en que
el hombre trataba de sobreponerse a la naturaleza. A quien le importa
si lo conseguían o no, lo esencial es que encontraban en eso, el
consuelo y la tranquilidad del católico cuando se traga la hostia, el
canuto cuando siente que el señor lo ha tocado o ha entrado en su
corazón, el judío sacudiendo el árbol de la vida para ventilar la
sabiduría del Señor . Claro, el hombre necesita tener la cabeza ocupada
con algo o sería la tinaja de Diógenes, pero sin el filósofo, un simple
tiesto vacío, milicos limpiando y ensuciando. Asistí a una reunión más y
no regresé. Salía más deprimido que perro sin amo. Me estaba importando
“un coco” la famosa autoestima.
“Querido Primo:
Trajinando entre mis
cosas encontré este cuaderno que tu padre me confió en una ocasión que
lo fui a ver al Sanatorio. No se lo devolví porque al mes siguiente fui
trasladado a Punta Arenas. Hoy lo volví a releer y sentí una sensación
extraña, porque al viejo yo lo quería. Pensé dejarlo definitivamente en
mi poder, pero me parece que eres tú la persona indicada para guardarlo
como un bello recuerdo de quien no está con nosotros. Yo sé que tú no
puedes ver a los milicos, pero recuerda que yo soy un simple cabo
primero y lo único que hago es cumplir con lo que se ordena desde
arriba. Lamento no poder ayudarte en nada, pero te conozco demasiado y
si has sabido abrirte paso sin la ayuda de nadie vas a conseguir todo lo
que te propongas. Desde niños jamás te escuché mencionar a Dios en tus
conversaciones, pero yo que soy hombre creyente, te digo sinceramente
que vas conseguir todo lo que te propongas. Eso me lo dijo mi padre una
vez que nos habíamos tomado unas copas, pero también me dijo que tenías
en tu cabeza el virus marxista y que eso te iba a perjudicar . En fin te
deseo lo mejor
Luis.”
Cuando los profesores de mi Liceo me empezaron a buscar
porque estaban en afanes solidarios, empecé a preocuparme más por mi
presencia. Felizmente era primavera y con una camisa y el aseo natural
era suficiente.
Como todos los quince de
cada mes me encontraba en la Plaza de Armas con un compañero que ,me
entregaba una cantidad de dinero que reunían mensualmente y que
distribuían entre los seis exonerados políticos del liceo que tenía 70
profesores. Me preguntó si tenía en mente alguna actividad ajena a la
educación. “Pienso hacer pan amasado y venderlo en el mercado persa”. Lo
dije sin ninguna convicción, displicente como dándole a entender que ya
no me interesaba la educación. El mes siguiente vino otro profesor que a
diferencia del anterior miraba para todos lados como si estuviera
haciendo algo extralegal, como en una película de espías. Estaba vestido
como profesor que va a una ceremonia importante y yo, aunque era
primavera, en esta ocasión me puse chaqueta . Me dijo que en la próxima
vendría un hombre de terno y corbata con una flor amarilla en el ojal.
Me entregó el sobre con dinero mirando para otro lado. Me pidió la
dirección para llevarme un quintal de harina y los ingredientes
necesarios para empezar con el pan. En ese momento me di cuenta que
aquello que dije sin convicción, tenía que asumirlo como una realidad.
El inconsciente me jugó una mala pasada que me abrió un mundo que no me
era ajeno y que siempre estuvo en mi cabeza. Ahora que estaba chuteando
el ego me sonreí con satisfacción. El maestro solidario arregló el nudo
de su corbata y se marchó con la satisfacción de la labor cumplida. Hay
que reconocer que salía del término medio de lo que es un profesor.
Para él era una acción solidaria y para mí, el impulso para perderle el
respeto a mi profesión. Lo seguí observando mientras se alejaba
caminando más lento y más seguro y se perdió en el hoyo del metro de la
misma manera como yo hubiera querido meter en un hoyo mi maldita y
enmierdada existencia. El hombre tenía la entereza de cumplir la tarea
encomendada y para él era una acción muy valòrica y valiente a la vez.
La gente conocida miraba para el lado cuando la encontraba en la calle y
me acostumbré a no saludar a nadie, excepto a los más mediocres y
rastreros del patrón a quienes saludaba con mucha efusividad.
En mi adolescencia
provinciana aprendí a hacer pan y siempre recordaba que las mujeres
solicitaban a los varones, una vez remojada la harina que el amasijo lo
hiciéramos los hombres porque era la fuerza que poníamos en la faena
que permitía a la masa tirarse pedos como caballo desbocado, era la
señal para dejarla reposando, como después de un “galope en potro de
nácar” “sin bridas y sin espuelas”.
Empecé a comprar tocino
en el mercado y a hacer manteca que le daba al pan el toque campesino .A
veces no alcanzaba a recorrer todo el mercado, lo tenía todo vendido.
La caja de cartón se me hizo chica. Compré un carro de supermercado y
doblé la producción. No estaba mal para este profesor que estaba
mejorando su autoestima y estaba haciendo lo que siempre odió toda su
vida. Vender y comprar. ¡Chuchas¡, que descubrimiento, este asunto de
patear el ego y los ejercicios de relajación estaban incorporando a mi
conciencia como un golpe vitamínico síquico de proporciones . Ya no
andaba hablando boludeces en reuniones inútiles de consolación de
huevones que disfrutan escuchándose a sí mismos. Retomé solamente las
reuniones de militancia y actividad clandestina, en ella como Barnabás
me inyectaba esperanza, pero reuniones de parroquia y terapias
ahuevonadas donde habían milicos sapos definitivamente ¡nó¡.Esta fue una
de mis actividades empresariales, luego vendrían otras. Cuando
terminaba temprano con mis panes me quedaba con algunos ambulantes
probando suerte con “Pepito paga doble” y donde nunca faltaba un “tinto a
la cajoné” .
Uno de los tantos días de
mercado persa de mi barrio me encontré con la señora que nos cuidaba
los niños mientras trabajábamos de profesores . Hacía un mes, que le
había dicho a esta señora que no tenía como pagarle y nadie trabaja
gratis. Le di las gracias por el tiempo que cuidó los niños. Ella lo
aceptó y no la vi más . Cuando me vio de lo más campechano con mi carro,
se abalanzó a abrazarme y lloraba como una vulgar Magdalena. Yo también
me anduve emocionando con el impacto que sufrió esta pobre señora. La
abracé y le di alguna esperanza:”ya recuperaré mi trabajo, señora Amalia
y seguiremos como antes.” Eran las mismas esperanzas que me daban a mí
mis compañeros de trabajo y que eran palabras al viento pero que a la
gente le gusta escuchar. “No es justo, ¡Dios mío¡ que injusticia más
grande” Me impactó la sensibilidad de una persona tan sencilla y
humilde, por lo menos, hasta donde yo la conocía. Se fue caminando
lento, pensativa, mientras se sonaba los mocos que se le confundían con
las lágrimas. Un tanto desconcertado terminé de vender los panes del
día.
Me costó darle el
trabajo a la dama, no me simpatizó en ningún momento, Era una apoderada
de la escuela de mi señora, muy devota y apegada a la iglesia, según
ella, familiar de un detenido desaparecido. Trabajó con nosotros quince
años.
Me dio una colitis
cósmica , cuando alcanzaba a llegar al trono estaba normal, pero dos
veces me cagué, tiraba mierda con la fuerza de un sunami . Consulté un
abogado y su respuesta fue lapidaria: “Con las imposiciones de quince
años, la vieja te quita la casa, te cagó a la chilena.” Claro que fue
así porque siempre le dije que buscara otra casa donde le pagaran con
imposiciones porque a mí no me alcanzaba, pagando el dividendo de mi
casa y el gasto de los cuatro hijos. Recién vine a comprender su llanto,
su conciencia estaba más enmierdada que mis pantalones cuando me volví a
cagar como un bebé. Llegué a pensar que El Señor le envió un ángel para
que le diera una patada en la raja con un zapato con punta de clavos.
Se dio la vuelta de carnero cuando me vio vendiendo pan.
Después supe que a esta
`pobre señora la habían usado para despojarme de una de las pocas cosas
que puede aspirar un profesor, de otra manera no se hubiese explicado su
llanto reventado. Ahora el que se daba la vuelta de carnero era yo
cuando en plena cagadera descomunal tuve una iluminación.” ¡DIògenes¡,
tù me iluminaste” “Está cagá del mate”,- pensé- y de inmediato asusé a
mi mujer para que la visitara y le dijera que luego recuperaría mi
trabajo y la traíamos de nuevo con contrato y por supuesto el sebo para
que picara fueron cien lucas para que fuera a firmar un documento
importante. Bien o mal hecho a quien le importan los valores de aquí o
de más allá en las circunstancias en que yo me encontraba. La vieja
mordió el anzuelo y el día convenido mi mujer la llevó en taxi a los
tribunales. Me da la impresión que fue todo tan rápido que los
instigadores no se dieron cuenta. Mis esfínteres volvieron a la
normalidad. No todo estaba dicho en torno a esta peripecia que pasó de
la realidad al mundo celestial. A los quince días murió esta pobre mujer
aquejada de un cáncer terminal. Lamentablemente se dejó manejar por
un par de cabezas vacías . Fui al velatorio, estaba envalentonado y
lleve un ramo de flores, pero mi manera de llevarlo no tenía nada de
recogimiento, quería descubrir a los instigadores. Para un simple
trabajador, tener casa en dictadura, es una fortuna . Después de dejar
las flores junto a las que ya estaba ahí, le di el pésame a todos los
familiares y llegué donde estaba una dama muy parecida a la difunta.
Ella y un hombre joven que estaba a su lado no me tendieron la mano ante
mi satisfacción, el hilo de Ariadna y la simpleza de Diógenesestaban
indicando a los autores de esta maldad. Después de todo, yo, ahì era un
“chancho en misa”. Me senté lo más alejado del cajón del último viaje,
puse la cara que pone toda la gente que va a estas cosas: una mezcla de
recogimiento espiritual mezclada con volada pichicatera . Desde allí
observé a los dos subversivos. El, de estatura mediana bien
proporcionado de mano en bolsillo tenía una actitud desafiante. Me hice
el ánimo de recibir el primer golpe cuando saliera, pero los siguientes
los veríamos en el bailoteo. Salí a fumar un cigarro y esperé que
saliera pero no lo hizo. Si salió la muy parecida que era su hermana
que me observaba detenidamente, creo que tuvo intención de hablarme y
me quedé con la duda: si supieron que el asunto lo arreglamos con cien
lucas y estaba rumiando la derrota o tenía la indiferencia de la
triunfadora. Yo tenía la satisfacción de haber producido este cambio de
fortuna y ellos como pechoños, seguramente estarían pensando que el
señor los estaba castigando o que el Señor los estaba ayudando, total,
el Señor da para todo. Los mismos cien mil pesos me ofrecieron a mí
cuando nos echaron para firmar el finiquito, pero nos negamos para ir a
juicio contra la municipalidad y con el juicio ganado pagué toda la
deuda de mi casa y la volví a recuperar ahora por las mismas cien
lucas. “Qué vueltas en el aire… tiene la vida”. Fue una sincronía
magistral del destino. O una patada en el trasero a los que tienen la
cabeza enmierdada y quieren ensuciar todo lo que los circunda. Llegué e a
pensar que Dios existe, pero lo tenemos asfixiado en nuestra caja
existencial y por más que lo queramos liberar, las religiones se
encargan de decirnos: Dios, es todo lo que vemos y lo que no vemos, es
decir nada. ¿Cómo era el hombre cuando no había religiones? ¿Eran más
felices o infelices? Cada una tiene “su” respuesta, igual que los
comentaristas deportivos o los políticos y disimuladamente trata de
cagar al otro.
Después de
cincuenta años, trajinar estas hojas, amarillentas apolilladas, algunas
páginas ilegibles y con su letra endiablada y desparramada, no era
fácil seguir las ideas que quería expresar. Lo primero que vino a mi
cabeza fue el día que llegó al sanatorio. Así fui abriendo un escenario
de mi vida que me parecía muy lejano, pero cercano al a vez. Fue para mí
algo emocionante, tenía en mis manos el cuaderno que le llevé cuando
pernoctamos en ese pueblo al que nunca pensamos llegar, pero ahí
estuvimos y nos marchamos porque éramos transeúntes buscando buenos
aires para nuestros pulmones. Nuevamente cruzamos los caminos a pesar
de toda la distancia que yo quería poner con el lejano sur.
Cuando empecé a leer
sentí una corriente eléctrica que me recorría entero. Mi infancia se
proyectó en mi cabeza como en una pantalla de televisor. Hoy lo miro
como un enroque, pero el año 1947 fue una separación desgarradora, pero
los actores éramos nuevamente los dos. Por segunda vez nos volvimos a
separar nuevamente cuando tenía 18 años. Me vine a estudiar a Santiago
con la ayuda de familiares y tres años después recogíamos el cordón
umbilical para anudarlo nuevamente por un año en un escenario
desconocido para los dos y que a ambos nos servía de la misma manera. El
temor de la muerte para él y mi preocupación por esa experiencia de
niño volviera ahora con su sombra a cubrir mis pulmones cuando tenía 22
años y levantaba mi propio peso . Siempre dio vueltas en mi cabeza
como un remolino, la idea del regreso de esa enfermedad maldita que se
llevó muchos familiares. El último médico que consulté en Santiago
antes de llegar al pueblo se expresó con mucho énfasis : “Ud. No puede
seguir con su vicio del cigarro, parece que lleva una vida demasiado
acelerada en todo sentido. Cuide sus pulmones, sus bronquios. Sus
exámenes son preocupantes y se tendrá que someter a un tratamiento”. Sus
palabras rebotaron en mi subconsciente que me avisó de un posible
regreso a mis achaques de infancia y no lo pensé dos veces. Con mis
antecedentes políticos tenía cerrada todas las puertas para trabajar en
Santiago porque los radicales de aquel entonces manejaban el Ministerio
de Educación y la listas negras de los rojos eran como las tarjetas que
los árbitros muestran a los futbolistas.. Es la única explicación para
llegar allí a ese pueblo de gente buena y sana, pero a mi edad, el
hombre está lleno de sueños, ideas, proyectos y yo no era una excepción.
Ahora tenía una razón más para permanecer en el pueblo un par de años y
una vez sanado mi padre nada me detendría allí. Eso es lo que yo
proyectaba en ese instante, pero es la práctica la que indica los
caminos más adecuados y como superar los laberintos.
El cuaderno
deteriorado, apolillado y desteñido por el pàso del tiempo se lo llevé
en la primera visita que le hice. Con un dejo de vergüenza se lo dije
recordando mi experiencia: “Los días se te harán largos y tediosos.
Escribe aquí todo lo que te vaya sucediendo y verás que es entretenido y
la gente que me conoce te ayudará en lo que pueda. Debes tener la
cabeza ocupada. Yo vendré a verte los domingos”. Los dos nos miramos y
nos abrazamos. El quizá recordó el día en que el personaje que salía era
él y el que se quedaba era yo. Se le cayeron sus lagrimones y yo miré
el techo esperando que la escena terminara, Di media vuelta y partí sin
mirar atrás porque en las grandes decisiones el hombre no debe titubear
porque el destino le pasará la cuenta. Sin pendejadas valóricas lanzadas
a la bandada debo decir que era su espermio que llegó al óvulo de mi
madre y esos dos elementos con la indiferencia de la naturaleza, que
solamente sonríe, se transformaron en un nuevo ser que soy yo y tengo
que seguir viviendo con mi maldita mochila familiar.
El día de su llegada
al pueblo salí de mi trabajo una hora antes para esperarlo. Su
cansancio se notaba al caminar. Rostro demacrado. Nos abrazamos y fui a
dejar su maleta encargada en el negocio más cercano. No lo podía llevar a
la pieza que arrendaba porque tenía solamente los colchones y unos
cajones que funcionaban como sillas y escritorio. Nos sentamos en un
escaño de la plaza y yo preguntaba por los familiares porque había que
conversar de algo. Le cambié el tema cuando empezó a acordarse de los
que ya habían partido con la TBC cuando yo era niño. Parece que me
estaba diciendo que él estaba próximo y yo me di una mirada hacia
adentro pero no dije nada. “Tranquilo, viejo, estamos en el mejor clima
para tu enfermedad y te aseguro que vas a quedar muy bien.” No me
quedaba más alternativa que llevarlo al único bar del pueblo donde
almorzamos. El viejo parecía rejuvenecer cuando se empinaba las copas de
chicha de uva que era un verdadero manjar para él como sureño
estaba acostumbrado a la chicha de manzana y al pipeño.
En el bar como en los
pueblos del oeste se veían los caballos amarrados al palenque mientras
los huasos se empipaban las cañas de tinto y chacolí. Almorzamos y nos
despachamos un buen botellón. Luego se acercó un huaso y nos invitó a
compartir con ellos. Se nos fue la tarde y la cordura porque salimos
completamente borrachos. Mi padre estaba feliz porque fue el centro de
las atenciones. Era el papá del “profe” . Siempre que se embriagaba le
daba por cantar y no había forma de hacerlo callar. Se puso de pie y
pidió silencio y se lanzó a la vida con “Malena”. Se hizo un silencio en
la cantina como si el cura hubiera empezado el sermón del día domingo.
Después de los aplausos cerrados vino “Caminito” y “Volver”. Hubo un
intermedio en que los huasos pidieron una pichanga y luego el chacolí y
el vino siguió llegando a la mesa como de un manantial en el desierto .
Muchas veces cuando uno no haya que hacer frente a una situación que lo
saca de su vida habitual, las soluciones aparecen sin que uno las
busque. Yo estaba apesadumbrado por no tener nada para ofrecerle a mi
padre. Apareció un acordeonista y un cantor de corridos y rancheras, la
fiesta se armó y después supe que era el cumpleaños de doña Amalia, la
dueña del bar. Me llevé a mi padre a lapa hasta mi pieza y al día
siguiente estábamos en el sanatorio para hacer su ingreso.
Yo sabía que el viejo no
podía tomar, pero en ese momento encontré que lo más adecuado era una
borrachera que nos sacara del presente y nos dejara cerca del cielo.
Tanta gente dice que heredó de su familia la vocación profesional, la
formación valórica, el calor humano que les entregó la familia etc.. Yo
debo decir, a mucha honra, que heredé de toda mi tradición familiar por
el lado de mi padre un fanatismo exacerbado por el dios Baco y fue la
primera y última vez que me emborraché con mi padre. Nos reímos a
carcajadas cuando me contó de uno de sus tíos murió abrasado a una
garrafa cuando se dio vuelta una lancha al atravesar un río que los
llevaba a pagar una manda en un pueblo cercano a Temuco. Curiosamente la
manda era para dejar el trago y la iniciaría al regreso de su último
viaje. Si se fue al cielo no podrá cantar tangos, pero si se fue al
infierno, debe estar hecho un Gardel. Parece que el destino es
vengativo cuando se le quiere torcer la nariz, fue eso lo que le sucedió
a mi antepasado que murió empipado con uno de los elementos
primigenios que dieron origen al mundo. Transgredió la tradición y los
“valores familiares. Era el tema de las tradicionales tomateras
familiares. Murió como un traidor de nuestros valores.
Tenía claro que debía
cumplir como hijo dándole una mano a mi padre o de lo contrario no
habría tiempo para despedidas. Su pelo blanco y rostro demacrado y su
aspecto raquítico eran demasiado evidentes de que la “pelá” andaba
cerca, pero nosotros fuimos más pillos porque ya lo tenía con una pata
adentro del mejor sanatorio de Chile, producto de esas cagadas que uno
se manda y al final resultan ser triunfos. Fue el hastìo y la falta de
un trabajo estable porque no conocía a ningún huevón (chileno)
importante que le dijera a otro menos huevón que él: “Compadre búsquele
un horario de profesor primario a fulanito, después vemos si lo metemos
al partido”. Eso y no otra cosa fue lo que me hizo llegar al pueblo, en
busca de tranquilidad y de ahí proyectar mi futuro. Además que vivía con
el fantasma de la recaída en la TBC por el exceso de tabaco y
alcohol. El primero para espantar el hambre cuando uno vive en pensiones
y el segundo para olvidar lo inolvidable.
Mi pensamiento en torno a
la familia siempre se movió entre dos polos: un paraíso o un infierno
de mierda . Yo siempre me incliné por la segunda hipótesis. Otra explicación para alejarme de mi terruño o raíces como dicen algunos vegetarianos.
“El
padre, mi padre, el padre de todos los padres. Tema que
manipulan religiones. Desvalidos en la niñez o abandonados en la
adolescencia, si no encontramos en el padre la protección ante el
desamparo terminamos maldiciéndolo. Todo por un polvo que me envió a
la vida. Si todos fueran buenos o malos o indiferentes todo sería
chato, aburrido y sin sentido. No tendríamos abogados para defender a
unos y cagar a otros, no habría cárceles para castigar a mal hechores,
no habría religiones porque estarían de más. Por alguna razón la
naturaleza que es perfecta, también se manda sus cagazos, lo que viene a
explicar en parte la esencia del hombre. A fin de cuentas mi primer
viaje como en todo el universo lo hice a horcajadas en el espermio que
portaba parte mis genes y estamos condenados después de mucho
galopar a la angustia que produce la incertidumbre frente al destino.
Diógenes, no me abandones.”
Protección es lo que yo
encontré en este pueblo que me acogió con su trabajo y amistades. Es lo
que encontró mi padre al llevarlo al sanatorio. Recién llegado maldije
las cuatro calles que son caminos por donde los huasos llevan sus
animales de un lado a otro y donde las gallinas con sus gorgeos parecen
comunicar su tedio a los gallos multicolores que escarban la tierra como
huasos zapateando una buena cueca. Yo debo decir, hoy,: Gracias,
Destino, determinismo, consecuencia, Dios, qué importa el nombre cuando
es uno en su desamparo el que va que va abriendo los surcos de la
tierra generosa. Hay que saber empuñar la mancera del arado existencial
y continuar con el proceso que culmina con la siembra y reiniciarla con
cada vuelta del sol alrededor de la tierra. Toda causa lleva a una
consecuencia como los ríos que desembocan en la mar. Fue en este pueblo
donde tiré mi primer ancla.
En el taxi que nos llevó
al sanatorio no hablamos nada, no era necesario. Si como hijo nunca fui
capaz de hacer un gesto de cariño no lo iba a hacer ahora cuando estaba
solucionando un problema que para otra persona puede ser valórico,
ejemplar y digno de respeto, pero en mi caso era el hecho y nada más. La
tomatera del día anterior contradecía mis pensamientos, solamente me
estaba evadiendo porque si hubiese sido tan distante e indiferente lo
habría ido a tirar al sanatorio y asunto concluido. Había algo más que
me hacía desconocerme en ese instante. Era el cordón umbilical que
seguía enroscado en mi subconsciente y que las religiones, tradiciones y
abuelas nos inculcan desde el nacimiento. Según el médico con quien
conversé semanas después, estuvo a punto de una crisis grave por efecto
de la cantidad de alcohol y la bronconeumonía que lo atacó porque nos
quedamos dormidos sobre lo colchones mientras nos tomábamos el último
trago y él cantaba “El Ciruja”. Debo reconocer que de él heredé la
adicción por el tango y por el copetín.
Puse en manos de mi
padre su maleta liviana y después de abrazarlo, le dije solamente:
“Änimo, padre, que la vida cabrona no es ninguna fiesta. El me hizo una
cruz entre los ojos que es algo así como una bendición, para mí no era
otra cosa que dos líneas que se cruzan. El hombre le dará cientos de
interpretaciones, pero se está metiendo en la copa del árbol,
desconociendo sus raíces. Lo vi alejarse con su cabeza de nieve, su
espalda encorvada y su caminar lento como cargándose para un lado por la
curda de la noche anterior. Cuando se perdió en el largo pasadizo me
sentí nuevamente en mi mundo como liberado, seguramente, como se sintió
él cuando cambiamos los roles. Me sentí libre porque en esos años siempre vi la vida familiar como algo que achata como una carga que debemos soportar.
Dejé a mi padre en el
sanatorio y allí compartió con toda la gente que tenía un objetivo
común: derrotar la T.B.C. y entre ellos se daban ánimo para soportar la
vida lejos de su lugar de origen. Ellos tenían una razón para vivir, en
cambio yo vivía completamente desarraigado, pero en este instante
adquirí parte del sentido de la vida de los enfermos, no me eran
ajenos, tenía algo que compartíamos. También llevaba el germen, aunque
superado, pero fue mi padre quien me hizo enderezar la mirada para darme
cuenta que siempre hay algo rescatable en los golpes y caídas y es la
mejor enseñanza.
Yo le pedí a mi padre
que escribiera porque de esa manera tendría la cabeza ocupada relatando
su estadía en el sanatorio y por tristes que sean los días en un
hospital siempre hay algo nuevo. Hablé con el médico que le correspondió
a su nivel de TBC que me confirmó lo que siempre sospeché: tenía un
nivel avanzado de cirrosis. Me dijo que podría hacer un tratamiento
antialcohólico. Yo solamente le di las gracias porque no supe que
responder. Después medité el asunto y llegué a la conclusión que sería
una crueldad y nunca más toqué el tema con el médico. Creo que esas
cosas deben nacer del propio enfermo. No le iba a estar contando al
galeno que en mi familia había un sustrato alcohólico respetable. Nunca
le podía faltar el “pihuelo” matutino y el cañazo del almuerzo Hacerlo
escribir sus experiencias fue una buena idea, me imagino lo que habrá
sufrido sin tomar un copetín de vez en cuando, Después supe que se las
ingeniaban con guateros bien disimulados bajo la ropa,-el
contrabandista era siempre una visita.-. para llevar unos tragos al
interior del sanatorio.
“Viaje Interior.
““Un día de invierno de
1964.crucé los umbrales del sanatorio. “Pulmón dañado cirrosis” y
complicaciones adicionales. Fueron las palabras del médico. No me hacía
ilusiones acerca del estado de mi salud. La mirada del galeno era
demasiado expresiva para estar haciendo preguntas. Sólo quedaba espacio
para la resignación. Mi destino estaba trazado ´para pernoctar en este
inmenso elefante blanco.
“El gigantesco edificio
tenía a la forma de un anfiteatro, tres pisos de altura, anclado como un
pontón entre cerros cordilleranos. Este establecimiento, propiedad de
la entonces Caja de Seguro obligatorio, hoy Servicio Nacional de Salud
fue inaugurado por Dn. Pedro Aguirre Cerda en Julio de 1940.
““Mi primera impresión
fue la de un inmenso hormiguero humano por donde pasaban hombres y
mujeres de blanco, unos caminando, otros trotando y empujando camillas
con gente de aspecto cadavérico, cetrino en la faz , parecían estar
despidiéndose definitivamente . Cuando vi que sacaban un cajón que a
juzgar por la fuerza que hacían los cuatro funcionarios, había sido dado
de alta o de baja, según el punto de vista. En forma casi inconsciente
toqué mis costillas, quería sentirme vivo. El que se iba, lo hacía por
una de las dos únicas vìas: sale caminado o lo sacan.
““Una señora de regular
edad me condujo a una sala de tres camas que había de ser mi sala de
recibo, comedor y dormitorio que debía compartir con dos muchachos de
entre veinte a veinticinco años que amablemente se pusieron a mi
disposición. Asì tomé posesión de mi nuevo hogar.
“ “ Estos muchachos me
hicieron recordar de inmediato a mi hijo que en sincronía con mi entrada
al nuevo hogar debería estar empezando sus
labores habituales en la localidad rural donde trabajaba. El, ahora era
el papá y yo el hijo.Son tan pocos y ya es un hombre que al parecer
tiene claro hacia donde va.
““Él tenía siete años
cuando viajamos de Cunco a Santiago, era el año 1947. En Temuco
estában muy atrasados en el tratamiento de TB.C que le vino por contagio
familiar. A ello contribuían las lluvias interminables y el clima
húmedo. Lo hicimos aparecer como un paseo, pero él intuía algo más,
después del fallecimiento del último familiar que cayó por esta
enfermedad que me tiene en este sanatorio. No había otra solución.
“Lo hicimos como un
paseo, pero en ningún momento demostró alegría por conocer la ciudad
capital. Siempre estaba decaído y sin ánimo, Durmió toda la noche del
viaje y despertó solamente para ir al baño.
“ El día convenido estaba a las 8 de la mañana entregando todos los datos. Se quedó sentado en un escaño y
seguía mis pasos como petrificado. En su cara había una mezcla de
preocupación e incredulidad. Esa mueca y la mirada dura que expresa
tantas cosas, pero al mismo tiempo lejana, distante, extraña le quedó
marcada de aquella vez que intercambiamos los roles y cambiamos el
escenario, físicamente éramos los mismos personajes que se daban una
vuelta de campana en un escenario diferente, pero los movía el mismo
motivo que atentaba contra la vida del que el año 47 hizo de hijo
que hoy hace el de padre con su padre.
““Parece que entendía que
era su última oportunidad. Hasta hoy sigo con la duda, si mejor
hubiera sido decirle la verdad, pero lo importante es que él está vivo y
yo hoy inicio mi tratamiento. Cuando nos emborrachamos recordando esos
momentos. Los dos concordamos en lo mismo.”No vale la pena acordarse de
huevadas,.”No importa de donde venimos. Lo que importa ahora es para
donde vamos”. Lo dijo seguramente para darme ánimo. El a su corta edad
ya es un hombre y yo con mis pulmones carcomidos veo la muerte como una
liberación. Soy un padre agradecido. Mi hijo me consiguió el ingreso al
sanatorio como indigente. Con su sueldo no estaba en condiciones de
pagar ningún tratamiento, le alcanzaba para la pensión y algo para el
bolsillo. Soy un doble agradecido de la providencia que trajo aquí a
este muchacho porque no me imaginé jamás que venìa a esperarme por mi
enfermedad.
“ Cuando lo saquè del
hospital en Santiago para regresarlo al sur el doctor me dijo: “Debe
llevarlo a un clima adecuado por lo menos una vez al año por un mes o
quince días.” La verdad es que nunca lo llevé a ningún lado, pero èl
parece que intuìa que esta enfermedad es como una maldición de la que
había que huir y al hacerlo, él fue al encuentro de nuestra sanación.
Parece que el destino nos estaba llamando.
“Lo conduje de la mano
hasta una sala donde había unos veinte niños, cuyas edades fluctuaban
entre los seis y quince años. Cuando se dio cuenta de la situación salió
corriendo en dirección a la salida, detrás iba yo y tres funcionarios.
Esperè que los enfermeros lo detuvieran y me escondí en los baños para
que no me viera. Solamente escuchaba sus gritos y cuando me acerqué para
mirar, lo vi con una enfermera a cada lado. Y un enfermero que lo
sujetaba. No fui capaz de entrar y despedirme. Solamente di media vuelta
y pensé que había hecho lo mejor. Pasaron 7 meses y cuando lo dieron de
alta no hizo ningún gesto de alegría, ni la más mínima expresión de
sorpresa, respondió a mi abrazo de manera mecánica y no preguntó por
nadie de la familia.
“Hoy, entiendo su partida
fría y un tanto dura, cortante. El enroque estaba hecho y hay que
seguir jugando, siempre buscando nuevos caminos, atajos, sorpresas para
llegar siempre a dominar al rey que es nuestro propio sino. Creo que no
hay hombres buenos ni malos, ni duros ni blandos, sólo hay hombres que
usan determinadas vestimentas para ejercer roles.
“El me pidió que
escribiera mis experiencias del sanatorio porque siempre fui un lector
fanático, sin educación formal . Lamentablemente nunca supe sacar
provecho de todo lo que aprendí. Cuando uno se va quedando en la miseria
se da cuenta que hasta la cultura es un estorbo. Cuando se nos incendió
la casa donde tenía mi tallercito de sastrería en Cunco, mi inclinación
por el alcohol se multiplicó por mil.
““En el sanatorio nos
encontramos personas de todas las provincias, pero estará demás decirlo:
los que más abundamos somos los sureños, humedad, frío miseria siempre
han sido el caldo de cultivo de la T.B.C. Mis compañeros de pieza son
dos muchachos provincianos: Manríquez de24 y Benavides de 26 ambos de
de la zona de Concepción. Ese año fue la primera candidatura de Allende y
el primero era Allendista y Benavides se inclinaba por los radicales y
la candidatura de Julio Durán. Defendían sus puntos de vista con una
vehemencia y tanta violencia en sus gestos que yo me interponía. Supe de
inmediato que no podría inclinarme por ninguna de las dos tendencias.
Me transformé así en el amortiguador de los afanes violentistas de estos
dos muchachos.
“ Manríquez está atacado
de silicosis, además del pulmón, Su mal es incurable y él lo sabe. Su
situación lo hace actuar como un tipo temerario que no le importa nada.
Lleva el juego en el alma y la filosofía criolla en el corazón. Para él
nunca existe la derrota total: “Sólo se pierden combates parciales, una
causa nunca está perdida. Allende perdió. Yo también perdí una radio y
un reloj en el último partido de Colo colo”. Así se explaya este paladín
que al domingo siguiente se ganó 2 millones en la lotería.
““con la sección mujeres,
no tenemos ninguna comunicación ni convivencia social. Las vemos desde
lejos en los días de misa y cine o en las ventanas de los diferentes
pisos donde se intercambian señas que en un principio no entendí y mis
compañeros me explicaron sus significados.
““Mis compañeros son los
más respetados del pabellón: Manríquez se considera el más elegante del
establecimiento. El día domingo cambia la carrocería hasta tres veces y
se considera un DN Juan. Cuando se habla de mujeres se muestra de poco
seso, pero a veces hasta sus majadería lo hacen simpático. Beltrán es un
tipo más aplomado, más serio, viste regularmente y no le va en zaga a
Manríquez en aventuras amorosas. Es un tipo que no hace ruido. Ellos me
iniciaron en el lenguaje del amor por señas. Existe mucha coquetería
natural en situaciones como la nuestra, pero no les creo que pinchen 3
o4 damas a la vez. Este afán que nos alegra también es fuente de
sufrimiento porque el enamoramiento y los encuentros clandestinos
retardan la retirada de la TB:C:
“” Marta se llama la más
odiada de todas las funcionarias del sanatorio, es la que informa al
médico todo lo que atente contra la moral y las buenas costumbres. Es
una mujer bien distribuida que a sus 40 años no ha recibido lo sacudones
naturales de la naturaleza y se preocupa poco de su arreglo personal
más allá de lo que le exige su trabajo. Manríquez. Aunque liviano no
falló en su intuición cuando dijo: “A esta mujer le falta un aventón”.
La dama tenía buena presencia: piernas bien torneadas, caderas anchas,
estatura mediana y pelo castaño, había armonía en su caminar cadencioso.
Su cintura insinuaba una cabalgata briosa como una sinfonía de acordes
inesperados. Según ella odiaba a los hombres, seguramente por la falta
de varones interesantes para la mentalidad de pueblo chico. También se
encargaba de los días de cine. Ella dictaminaba si la película era
moralmente apta, era la censura personificada, pero todos sabíamos que
ahí estaba la mano del cura.
“Yo me di cuenta que esta
mujer miraba mucho a Manríquez , pero, este vivía más preocupado de las
arrancadas al pueblo o de las adolescentes del pabellón femenino. Error
común entre muchachos que no saben valorar la experiencia, madre de las
ciencias.
“Un día que despotricaban
porque Marta había prohibido una película libidinosa y le aplicaban a
Marta los adjetivos más vulgares. Tuvimos una conversación sobre la
dama.
“_Le falta la palanca que mueve el mundo”- lo afirmó Manrìquez y lo complementó con una carcajada.
“-Es una beata de mierda-dijo Beltrán, pero no se puede negar que está perdiendo lo mejor de su vida.
“-Debe ser cuarentona-
dije yo- seguramente es inseparable del cura y no me extrañaría que esté
cartucha y la forma como te mira, Manríquez , es como un gato
mirando un buen filete de la carnicería- .
“Si es así, tiene buen
gusto”-ahora Manrique arregló su pañuelo verde que hacía de fondo de su
camiza azul, era la matadora de los días domingo con la cual iba a misa,
en la tarde para el cine se ponía corbata”
-“Yo pienso que la
persona indicada para entablar una amistad para llevarla al pináculo de
la felicidad, es Manriquez y una vez conseguido ese paso tendríamos cine
con una censura más normal
“- Y mataríamos tres
pájaros de un tiro. Ella siempre me pregunta si te vienen a ver tus
familiares. Parece que ve en ti algo más que un paciente de sanatorio.” -
Benavides, lo dijo con un dejo relajado de hombre más experimentado.
“Si Manríquez lo dudó en
un principio fue a causa de su inexperiencia. Sus aventuras eran con
adolescentes o muchachas veinteañeras, pero después de esa conversación
se empezó a acercar más a Marta. En más de una ocasión los dejamos
sólos en nuestra pieza y al regreso los encontrábamos conversando
amigablemente o riéndose de cualquier cosa. Con Beltrán llegamos a la
conclusión de que el guiso estaba a punto.
“El domingo como siempre
fuimos al cine a ver una película que se atrasó media hora. En su
incio, vimos “Sansòn” con Victor Mature como protagonista. Con Beltrán
nos ofrecimos para acomodar sillas y dejar todo arreglado. Nos dimos
unas vueltas por el pabellón y a la hora adecuada nos dirigimos a
nuestra pieza. Esperábamos encontrar a Manríquez con un ego con alas,
pero tenía una expresión que daba lástima. No había necesidad de
preguntarle nada. Solamente lo abrazamos esperando que hablara. Se metió
en la cama arropado, se tapó entero y sentimos sus sollozos. Cuando
despertamos al día siguiente, la cama estaba vacía. De inmediato
entendimos que se había ido de juerga toda la noche en la única casa de
juergas que había en el pueblo. Apareció en la noche del día siguiente.
Demacrado y con un tufo de metralleta. Su terno de las grandes ocasiones
era un mosaico de manchas y malos olores. Marta se encargó de que todo
quedara en silencio. Hicimos desparecer el terno y su ropa y lo metimos a
la ducha y después la cama bien arropado. Una vez acostado no aguantó e
inició su relato
“ “ - Estoy pifiado, con
la Marta lo enchufé y me fui corta”o. Ella quedó con las ganas.
Imagínense como quedé, Ahora me dará vergüenza mirarla a la cara . En el
pueblo me tiré una puta y de puro contento tomé con ella toda la noche y
le seguimos dando.
“” –No te das cuenta que
tu problema está en tu cabeza, tonto huevón, -fue la respuesta de
Benavides y si con eso no te has convencido que eres una persona normal,
no te van a convencer ni 20 siquiátras. La puta te mejoró de inmediato y
te dijo: “Manrique, eres un potro belga”. Ahora nos reímos y se quedó
dormido. Cuando todo volvió a la normalidad me encargué de aclararle
algunas cosas. Le expliqué como detener la eyaculación cuando en una
masturbación uno se detiene antes de llegar al punto culminante
apretando el pene por la parte superior, además de las bondades del sexo
oral, lo que Benavides aprobaba con un movimiento afirmativo de su
cabeza. Ese mismo día empezó a practicar metiéndose al baño. La ansiedad
lo estaba corroyendo y su expresión facial estaba cambiando.
“ Cuando empezamos a ver
películas no pornográficas, pero bastante calientes para lo que era la
norma interna y los días jueves nadie se quedaba en los pabellones, con
Beltrán estuvimos de acuerdo en que nuestro discípulo estaba cumpliendo
con su rol de hombre libidinoso y la dama al parecer estaba disfrutando a
concho. No solamente cambió el cine, también aumentó el número de
creyentes en misa dominical. Esa explicación escapa a nuestros
conocimientos y quizá tenga alguna explicación ecuménica o
teológica. La funciones de cine cambiaron a tablero vuelto. Con
Beltrán asistimos a varias misas para apoyar a Manríquez porque fue lo
que pidió Marta para que el cura estuviera contento. En el rostro de
Marta desapareció esa tirantez cartucha de los beatos neuróticos. Su
mirada era más expresiva, lozana, sonreía con facilidad y su cuerpo
transmitía una alegría terrenal, ajena a la ausencia del músculo
primordial.
“ Benavides, es un tipo
mucho más reservado y yo sabía perfectamente cuando sus asuntos
familiares y sentimentales lo desequilibraban. Un día cualquiera de la
semana. Lo encontré triste y meditabundo, lo que es casi natural en la
gente como nosotros, alejada de nuestras casas y familiares. Esperé con
paciencia porque sabía que se iba a sincerar conmigo. Yo era para ellos
como el padre ausente o el familiar a quien contaban sus penas y
pesadumbres. Yo hubiera querido tener con mi hijo esta comunicación,
pero eso ya era imposible.
“” Llevo aquí un año y
medio y demás está decirle que conozco a fondo todos los tejes manejes
de la vida interna . Antes de que Ud. Llegara, conocí a una muchacha que
me interesó. La vi por primera vez los días que vamos a misa y las
miradas se hicieron insistentes. Posteriormente le hice llegar una carta
por los medios que Ud. Aún no conoce. Ya verá cuando se haga más
canchero. Ese fue el comienzo de un idilio que duró más de un año.
Creíamos ser los únicos poseedores de la felicidad. Con cuánto afán
esperábamos el pìtazo del nuevo día para saltar a las ventanas para
intercambiar los saludos del nuevo día que luego se reanudaban a las
tres de la tarde una vez terminado el reposo sagrado de todos los días.
Luego las cartas y nos fuimos conociendo y haciendo proyectos para el
futuro. Pasaban los días, tal vez monótonos, pero no para nosotros que
navegábamos en el barco de la ilusión. Un control mensual nos pasó de la
ilusión a la realidad que no tiene nada que ver con proyectos a corto o
largo plazo. Lea su última carta.
“” Mi amor:
“”Mi último control es
definitivo. De los dos años que llevo en el sanatorio, con algunos
intervalos en mi casa he seguido con mucha fe y esperanza la mejoría que
nunca llega. Los controles siguientes me han hecho volver por las
razones que todos conocemos y ahora después del último, me queda el
único recurso que es una operación. Todos sabemos que es inútil cuando
se trata de nuestra enfermedad. Tampoco me encuentro con ánimo de
soportarla .He luchado con todas mis fuerzas para recuperarme y he
perdido. De paso te he perdido a ti. Tú tienes todavía una esperanza.
Debes aferrarte a ella como el náufrago a la última tabla. Debo irme y
no habrá más escapadas con nuestros cómplices y la Abuela la recordaré
siempre con tanto cariño. Era ella la única persona aparte de ti que
cuando aparecía, con su carrito con libros y revistas mi corazón se
apresuraba en sus latidos de una manera que me asustaba. Jamás podré
darte un hijo como pensábamos. Sería un eterno reproche o una
irresponsabilidad. Sería monstruoso. ¿Qué hijo engendraríamos ¿ Puedo
estar equivocada, pero no me someteré a la operación. Cuando recibas
esta carta estaré en el hospital de Santiago para la preparación de la
operación porque no puedo regresar a mi casa para contagiar a los demás,
en especial a mis sobrinos pequeños . Mi decisión está tomada y cuando
estés leyendo ya estará ejecutada. Solamente me queda decirte .
Adiós y que todo te resulte bien. Elena
““Hablè con el mèdico director que me dio permiso para asistir al funeral.
“Nuestra vida en el
sanatorio estaba regida por un reglamento riguroso de moral y buenas
costumbres . Las faltas leves se castigaban con amonestaciones,
supresión de permisos para asistir a espectáculos y como plato de fondo
el alta disciplinaria.
“Tuve ocasión de
conversar con un obrero carbonífero que llevaba cuatro meses internado.
Salió con siete días de permiso reglamentario y llegó con dos días de
atraso. El caso llegó a oídos del director que de inmediato lo hizo dar
de alta. Lo encontré llorando en el baño donde me contó su terrible
drama: “Dn enrique, estoy desesperado. No voy a regresar a mi casa con
tuberculosis activa. En un ángulo del baño tenía su maleta para iniciar
un viaje sin estaciones definidas o caminar por calles desconocidas en
un laberinto sin salida. Le pedí al muchacho que se quedara en el pueblo
un par de días y que se comunicara con el auxiliar que nos pasaba los
llamados en forma rápida. De inmediato lo conversé con mis dos
compañeros de pieza, El indicado para actuar fue Manríquez para hacer
algo por intermedio de Marta para que le presentara el problema al cura y
éste se encargara de conversar con director del sanatorio. Al día
siguiente. Andrés llegaba hasta nuestra pieza. Llorando nos abrazó y nos
dio las gracias y le hicimos ver que todo había sido obra del cura y
Marta.
“En la misa del domingo
siguiente, el cura sacaba pecho y se veía satisfecho de lo que estaba
haciendo. La nave estaba llena, Andrés estaba incorporado al coro de
terno y corbata y los tres amigos comulgamos y nos confesamos porque fue
la manera como le pagamos el favor al cura, fue la condición que le
puso el cura a Marta o fue solamente idea de ella para demostrarle que
también podía influir a favor de la religión con más acólitos en el
sanatorio, sin desconocer que los evangélicos se mueven como hormigas
ganando adeptos de cualquier manera.. La liturgia es imperdonable los
viernes y domingos y mis amigos planchan sus vestimentas y salen a
relucir las corbatas y perfumes matadores, Ellas también sacan sus
mejores galas para darse un respiro diferente. A las ocho se inicia el
santo misterio. Se terminan los cuchicheos, las señas que van y vienen.
Concluye la misa y las cartas se deslizan de una mano a otra y los que
quedan rezagados son socorridos por la abuela que es la mensajera de
Cupido y que también observa en la misa a sus clientes que con sus
miradas le indican como van los romances que se construyen y se
destruyen al ritmo de la enfermedad y para eso ella tiene sus
estrategias para los días sin misa.
“La nota dolorosa se
presenta con el alto número de analfabetos . En mi pabellón deben ser
unos treinta. Muchos de ellos llegan hasta nosotros para que les
contestemos las cartas de sus familiares y otros enamorados que desean
impresionar a sus fámulas. De la parte de enamorados se encargan mis
amigos y yo de toda la correspondencia familiar o formal, así fuimos
adquiriendo experiencia porque se identificaban con nosotros en su vida
íntima y no con el profesor que los atendía y lo miraban con mucho
respeto y con nosotros se explayaban de igual a igual. Así ocupábamos
las horas que se escapaban a las de reposo que eran muy pocas. La otra
manera de matar el tiempo es por medio del transmisor de radio para el
interior que tiene cada pabellón. Los enamorados aprovechan esta
franquicia para dedicar algunas melodías a sus amadas.
“El cuerpo médico es muy
respetable. El doctor Escárate, es quien dirige esta colosal
institución, asesorado por cuatro médicos ayudantes. Su labor es
silenciosa y efectiva. Pasan largas temporadas en que no los vemos.
Algunas veces pasa revista el médico tratante, pero sabemos que están
pendientes de las menores reacciones favorables o desfavorables a que
estamos expuestos. Es de notar que la mortalidad es muy pequeña para la
cantidad de enfermos y las que se produce es porque la enfermedad se
encuentra el tercer grado.
“Los últimos meses hemos
tenido controles regulares mes a mes. De esta manera seleccionan los que
pueden salir de alta y aquellos a quienes no les obedece el
tratamiento, por tener heridas incurables y quedan condenados a la
operación que se practica en el Hospital Sn José de Santiago. Este es el
grupo que sale más damnificado porque deben esperar hasta tres meses
para que se produzca una vacante, pero siempre en el sanatorio y en
Santiago otros tantos en la preparación de la operación. Después de
algunos meses de observación regresan al sanatorio a reposar seis meses
más, al fin de los cuales, un nuevo control indica si la operación tuvo
algún efecto o van nuevamente a operación. En mi pabellón hay solamente
tres casos que se han sometido dos veces agregar que la dama de cata ya tiene dos operaciones.-..) a
intervención quirúrgica y llevan casi tres años de internado. La
enfermedad termina siendo una sombra que nos cubre por entero o se va
definitivamente con la noche.
“Resultado del último
control fue el traslado de Benavides al tercer piso donde bajan a
comedores los que están libres de contagio, pero le descubrieron una
afección bronquial que lo puede detener unos seis mese más en el
sanatorio. El no parece muy entusiasmado con la idea.
“ La cama de Beltrán la
ocupó n viejito de 70 años que luego de algunos días se creyó acreedor
de todas las atenciones y empezó a dar órdenes con el desagrado de
Manríquez que rumiaba con amargura su futura partida a Santiago y lo
colmó tanto que en una ocasión le dijo que si le agradaba nuestra
compañía que pidiera una pieza aislada o que se fuera a pensionado.
Cuando Manríquez fue al baño le expliqué al viejo que mi amigo se
encontraba en muy mala situación sentimental y de salud y que se iría
pronto.
“Toda la vida de la pampa
desfila a través de los relatos de este viejito que pese a su edad
recuerda los tiempos bravíos de los movimientos obreros de 1921 y 1925 y
con una mano en el corazón asegura que Recabarren no se suicidó sino
que fue asesinado porque , según sus palabras lo conoció personalmente.
De este hecho se acusaba solapadamente a su mujer que lo habría ultimado
incitada por el lucro.
“Es difícil ignorar la
labor abnegada que realizan las enfermeras . Llevan el peso funcional
del establecimiento . Sobre los hombros de estas damas vestidas de
blanco puede decirse que gravita la vida y la muerte de todos los
reposantes. Se mueven silenciosamente de sala en sala poniendo
inyecciones o repartiendo los tratamientos orales. En algunos casos se
producen casos repentinos de hemoptisis y deben estar preparadas para
poner la inyección precisa sin pensarlo dos veces. De la rapidez con que
actúen depende el éxito de su intervención. Cuando este fenómeno ocurre
en la noche suena un timbre de alarma pidiendo auxilio. Cuando lo
sentimos de cualquier lado nos ponemos saltones porque significa que hay
un paciente apurado.
“Casi todas estas mujeres
permanecen solteras. Las hay de todas las edades y algunas no pasarían
desapercibidas en un concurso de belleza. Una de ellas me explicó el
asunto“ Este es un pueblo dormido entre cerros. Da la sensación que
camináramos hacia atrás. El sanatorio es la única fuente de trabajo para
las mujeres, para los hombres están las minas y la siembra de le escasa
tierra fértil. Son pocas las mujeres que abren las alas. Los muchachos
que no quieren ser campesinos o mineros emigran muy temprano y aunque
Ud. No lo crea funciona en el pueblo una casa de tolerancia donde acuden
muchos de nuestros pacientes cuando salen con permiso o cuando se
arrancan en la noche, pero lo más curioso de todo es que la regenta un
profesor. Por lo que he sabido Ud. saldrá de alta la próxima semana.
Pensé preguntarle a mi hijo sobre el profesor regente de esa casa que no
tenía nada de astrológica, era terrenal y movida, pero ese día me
sentía tan reconfortado que me olvidé. El tenía contratado un taxi para
llevarme directamente a San Felipe para tomar el tren a Santiago.
“Los empleados de
servicio que son la mayoría tienen a su cargo las funciones de
mantenimiento que va desde la lavandería hasta el aseo. Hacen marchar el
establecimiento desde abajo. Este sector de trabajadores se ve más
feliz o por lo menos, ellos se hacen la ilusión de serlo. Entre ellos no
hay diferencias sociales ni tampoco jerarquías. De manera que los
idilios que surgen por lo general terminan en matrimonio. Ellos son los
más atentos de la colonia trabajadora y se anticipan a los deseos de
los reposantes. Estos hombres y honestas mujeres hacen olvidar la
humilde condición de sus labores. Uno llega a convencerse que existe
gente que con verdadero amor por su trabajo. La forma cariñosa como
atienden al recién llegado y le dan esperanzas en su último o penúltimo
esfuerzo por derrotar la sombra que amenaza los fuelles del motor
humano. Con agrado se escuchan historias de lo que han visto y vivido.
El contínuo desfile de sombras que van y vienen, los fallecidos, los que
se tienen que ir por faltas cometidas y aquellos que hacen del
sanatorio su verdadero hogar y una vez dados de alta no quieren regresar
a sus pueblos, ciudades, zonas agrarias o mineras. Es tanto el apego
que le toman al lugar, seguramente sus vidas en su lugar de origen debe
ser muy escasa de bienes materiales como la de todos o la mayoría de los
que estamos aquí. El aire es algo maravilloso y uno no se cansa de
respirar, parece que nuestros pulmones se liberan del peso mortal de
nuestra enfermedad. Los sureños notamos la diferencia por la suavidad y
tibieza que da a la piel un color especial. Algunos se van llorando. No
pueden convencerse que sean ellos, los mismos que llegaron más cerca de
la otra vida que de ésta y ahora se ven como personas saludables. Atrás
queda la tos infernal y los esputos con sangre. El mayordomo nos contó
la historia de Francisco…
….
“ Llegó cuando tenía
quince años. Lo mandaron del hospital Arriarán de Santiago para
completar su tratamiento. Después de cuatro meses estaba en condiciones
de regresar a su casa. Venía del extremo sur cerca de Cochamó. Fue tanta
su desdicha cuando supo que estuvo dos días sin comer. Solamente
lloraba y pedía que no lo dejaran regresar porque no tenía familia. No
tenía a nadie. Cerca del sanatorio había una rancha abandonada y entre
todos los funcionarios le juntaron algunos víveres elementos mínimos de
casa y de la comida que sobraba le hacían llegar la colación. De las
cosas que se dan de baja le regalaron una cama y cobijas.Todos pensaron
que en corto tiempo se cansaría y terminaría regresando a su pueblo.
Cuando supo el Director, aceptó que ayudara en el aseo y en cuanta faena
se produjera y tenía acceso a las colaciones del día. Cuando faltaba un
funcionario de los servicios, él estaba ahí para reemplazarlo. Se fue
haciendo necesario y entre todos los funcionarios le juntaban unos
pesos. Luego descubrió unos cursos de gasfitería y electricidad que
daban en el pueblo. Hoy es el mayordomo. Se casó con una funcionaria y
uno de sus hijos se recibirá de médico.
“La monotonía de los días
grises se suele interrumpir con algún acontecimiento extraordinario. No
sé de qué manera se las averiguó el cura para saber que en nuestro
pabellón había un niño de 13 años sin recibir el sagrado sacramento del
bautismo. De inmediato inició los preparativos de la ceremonia, no
consideró la indiferencia del niño que no le dio ninguna importancia al
hecho. El “moro” no sabía leer y no tenía las ropas adecuadas para la
ceremonia. De todo se encargó el mayordomo que reunió lo necesario con
la cooperación de toda la gente. También les preocupaba el analfabetismo
del futuro iniciado ya que el profesor que atendía a los enfermos huyó con la voluntaria de la biblioteca.
El asunto no tendría ningún a importancia, pero los dos eran
setentones. El, jubilado hacía un trabajo de voluntariado y ella también
era jubilada. Ambos casados y de conductas intachables. Habían como
tres o cuatro interpretaciones para el hecho, pero mi explicación es que
el fenómeno se produjo por las bondades del clima. Aquí parece que se
arruga solamente la cáscara porque las hormonas piden rienda. Ella tenía
bisnietos y él, tres matrimonios en el cuerpo.
“Los padrinos de la
ceremonia bautismal fueron Manríquez y una funcionaria. Para el cura fue
el acontecimiento del año. Lo destacó en la misa dominical y en cuanto
acontecimiento social hubiera en el pueblo. Por medio de otras personas
supe que Manríquez ya había iniciado al ex moro en el trago, cigarrillo
y arrancadas por la casa liberadora de tensiones. El final de todo este
acontecimiento no quedó registrado en la bitácora del establecimiento.
Como ya estaba en conocimiento de su alta definitiva, en la última
arrancada al pueblo, el iniciado no regresó. Lo hizo solamente Manríquez
. El hecho es que cuando sus padres llegaron al sanatorio para
llevárselo, se encontraron con el pastel de su ausencia. Una enfermera
para calmarlos les comentó del gran paso que había dado Panchito al
recibir el bautismo. Su madre escuchaba con ojos desorbitados y su cara
era de sorpresa, estupor y amargura al mismo tiempo, pero todo esto no
se debía a la ausencia de Panchito en la ciudad de Sodoma y Gomorra,
había una explicación más profunda. “!nosotros somos de la Iglesia
Pentecostal y no aceptaremos que ningún poyeru”o de mierda le tire agua
con sal en la cabeza a Panchito “ Señora, el padre hace una gran labor
con los enfermos. Tenga paciencia, llegando su hijo le entrego toda la
documentación. Enviarè a alguien para que venga el padre Juancho. Ud.
Firma y se lo lleva”- le contestó la enfermera.
Así se inició
Panchito en los caminaos de la vida terrena y la celestial. Se fue a
despedir de cada uno de nosotros. Iba acompañado de Manríquez que lo
observaba como un maestro a su discípulo que lleva en su rostro la
huella de la última farra con T:BC:. El muchacho se fue llorando. Había
encontrado amigos en un lugar donde se le atendía con mucho esmero. Algo
avanzó en lectura. Ahora debía regresar a sumirse en el barro de
eternos inviernos y a picarle el poto al buey. A medida que se alejaban
su madre lo sermoneaba y levantaba la mano con gesto amenazante. Observé
a Manríquez y vi en él un actitud de indiferencia de pena y alegría.
“La primavera hizo su
entrada triunfal con su cortejo de flores y verduras, pero nostros
estamos condenados a mirar los jardines y verdes prados solamente desde
nuestras ventanas. Dan deseos de salir y darse un revolcón en la
hierba, volver a nuestra niñez lejana. Eso es imposible. Estos
corredores a que están circunscritas nuestras vidas nos aprisionan como
una inmensa araña nos tomara en sus tentáculos y nos dejara inmóviles.
La resignación es lo esencial para nuestra edad. Además, tenía claro que
si salía de ésta me quedaría el último soplo de unos diez o más años .
En imposible imaginar cuantas lágrimas se habrán derramado en las largas
noches de invierno y las calurosas de primavera y verano. Damos los
mismos pasos tediosos por las mismas baldosas, mirando las sonrisas con
lágrimas reprimidas de tanto seres, algunos sin esperanza, semi
abstractos, jugando con el hilo sin fin de la madeja de la vida.
“Estos días calurosos
debemos soportar las más altas temperaturas, resignados, maldiciendo
hasta las mismas maldiciones. Los viejos nos preocupamos mucho por la
partida que se retarda, pero a los que he visto marcharse, los veo
partir con la incertidumbre marcada en la frente, en la mirada, en la
forma de caminar porque se regresa casi siempre a una vida de miserias,
trabajos pesados que anticipan la caída final. En las tardes nos llega
un viento sofocante que se encierra en los cerros y hace insoportables
las noches porque a las ocho y media no debe oírse ni el ruido de una
mosca
“Algunos domingos vienen
conjuntos artísticos de Santiago y pueblos aledaños .Los espectáculos
son buenos y no cobran caro. Llegó al sanatorio un domingo de tantos un
grupo de teatro del Hospital SN José y quedé sorprendido cuando vi a
Marta en el escenario haciendo la presentación y haciendo recuerdos de
los tiempos en que allí laboró. Era otra mujer, segura de sí misma. En
su mano derecha lucía una argolla matrimonial. Cuando terminó la función
se acercó a nosotros para saludarnos con un abrazo afectuoso .
Manríquez permaneció alejado. Fue ella la que se acercó a Manríquez y
después nos presentó a su marido, practicante del Hospital SN Borja. Fui
yo quien le dio alas para que se marchara cuando tuvo la oportunidad de
una permuta . Me alegré de haber hecho algo bueno durante mi estadía
que curó mi enfermedad.
“Manríquez , desapareció de todos los escenarios y al parecer no pudo regresar al sanatorio.
Caruso, llegó como
siempre con su amplia sonrisa y la mochila vacía. Había terminado de
entregar toda la correspondencia. El día anterior me dijo que quería
conversar conmigo y lo estaba esperando. Tenía una mesa dispuesta bajo
el parrón con unas cervezas heladas y el tablero de ajedrez dispuesto
con las piezas en su lugar. La última vez me ganó con mucha facilidad
porque tenía mi cabeza llena de recuerdos por la correspondencia que me
tiró al antejardín y que ya había leído. Además que le daba vueltas y
vueltas al sueño en que él aparece joven, gritando como siempre y la
anciana con el carrito que lo acompañaba. El abrió todo el escenario de
gran parte de mi vida. Siempre me relataba los progresos de sus hijos y
sus esfuerzos sobrehumanos para pagar la Universidad. Se despachó la
pilsener de un sorbo y movió el primer peón y contesté con la misma
movida, Cuando sacó el alfil y pasó a llevar las piezas que tenía a su
izquierda y las acomodó sin mirar el tablero haciendo un enroque me di
cuenta que su cara estaba muy lejos de la sonrisa habitual. Se veía
alterado y nervioso.
- Nos
cagaron, Juan A fin de mes cortan 50 carteros, los más antiguos que
ganamos más y con el sueldo de uno contratan dos. Viene toda una
reestructuración.- Lo observé mientras me empinaba mi botella. Me sentí
totalmente identificado. Quiero hacer algo parecido a lo tuyo cuando te
tocó vivir lo que se me viene. Yo te veía en el Persa con tu puesto de
ropa y vendiendo pan amasado.
- Yo
empecé en la cola donde se ponen los ilegales. Primero llevaba poca
ropa porque muchas veces había que salir arrancando de los pacos, hasta
que fui conociendo a los colegas y empezaron a respetar mi espacio. Al
año siguiente formamos el sindicato y nos metimos con patente. Todavía
queda gente de mi tiempo. Te puedo acompañar a la cola las primeras
semanas para que veas como se mueve el asunto. Yo llevaré una pilchas y
las que lleves tú las tiramos al suelo sobre algunos cartones.
- ¿Y el asunto del pan?
- Eso
es más fácil. Te vienes a mi casa un día que haga para nosotros y te
iré explicando paso a paso. Eso es más simple y lo aprenderás rápido.
- ¡Salud, Juan¡ ¿Caíste preso alguna vez por ilegal ¿
- Más
de una vez, pero cuando los pacos supieron que era profesor no me
hueviaron más. Mis primeras experiencias las saqué del Persa de Franklin
que es nuy diferente a los persas como el que tenemos en Recoleta Yo te
acompañaré a la Municipalidad porque la patente está congelada y parece
que la puedo reiniciar y te metes con la legal después que hayas
experimentado en la cola. No esperes que te echen. Podemos empezar el
domingo. Además soy socio honorario de la Federación de Ferias libres,
lo que me da cierto estatus.
Reiniciamos el partido de
ajedrez y Caruso movía las piezas con seguridad, como sacando un do de
pecho. Aunque el trabajo de profesor y el recuerdo de él me importaba un
reverendo coco, tengo que reconocer que la vida no es nada si no
tenemos a quien enseñar lo vivido, aprendido y caminado. Porque el
hombre mientras siga metiéndose en el forro del hombre insconcientemente
o conscientemente, buscará el conocimiento necesario para salir de las
malditas ataduras del medio ambiente. Lo que no dan los libros lo dan
las piedras que chuteamos al caminar.
-Cuéntame ahora tu experiencia de franklin, me interesa todo lo que tú hiciste.
- Esa
experiencia de Franklin es una de mis preferidas, pero nunca la cuento
con todo su contenido porque tú también tienes hijos, después,vendrán
tus nietos y es preferible que no se impongan de ciertas cosas, pero
a mi edad ya me importa un carajo.
Llevaba un año dándole
al pan y a la ropa americana en el Persa de Recoleta cuando me visitó un
primo de origen campesino, hijo de madereros antiguos que trabajaba con
motor a leña y se complementaba con su trabajo de la tierra que les
producía en trigo para darse vuelta durante el año porque en el campo no
puede faltar la harina. La manteca , la sal en fin... porque pueden
pasar meses sin ir al pueblo. Mi tío quería educarlo y lo puso interno
en una escuela franciscana, pero el niño, desde chico se aficionó a los
negocios, Cambiaba chanchos por ovejas. Caballos por vacas. Compraba
animales flacos los echaba para el fundo conlindante que estaba sembrado
de trébol, los sacaba de amanecida y cuando estaban gordos los llevaba a
la feria. Fue imposible mantenerlo en el internado, no le interesaban
los estudios, los consideraba una pérdida de tiempo. Tuvo desde niño
bien claros sus objetivos; ganar plata sin importar el cómo ni el
cuando. A los 18 se estableció en Temuco y empezó a comprar madera a los
huasos más necesitados y la revendía o partía con grandes camionadas a
Santiago. Descubrió a poco andar que los cheques permitían hacer una
gimnasia con mucha elasticidad. Ahora vestía con mucha elegancia y
portaba siempre un maletín James Bond que en esos años estaban de moda.
Se olvidó de la carga y descarga de camiones, ahora tenía un par de
secretarios que se encargaban de esas faenas. No sé como lo haría pero
cambiaba el camión de carga en Chillán y en Rancagua y en Santiago
vendía la carga por tercera vez. Tiraba cheques como loco. Cuando lo
empezaron a buscar partía para Argentina donde vivían sus hermanos.
Permanecía un año y regresaba a las andadas.
Yo tenía 25 años cuando
en el Pedagógico una compañera me dijo que por radio Portales una
persona me llamaba con mucha urgencia y que llamara por teléfono para
comunicarme con él porque era el único familiar que tenía en Santiago.
Así lo hice y en media hora nos encontramos en la Plaza de Armas. Era
invierno y allí estaba con su cuerpo de gigantón y una nariz por la que
lo apodamos “Cara con mango”. Tiritaba como si tuviera el baile del
sambito. Me saqué mi sweter y se lo puso de inmediato. Yo me quedé con
mi abrigo. Lo llevé de inmediato a un portal donde pedí un café y un par
de huevos fritos. Cuando lo noté más tranquilo le pregunté como era
posible que llegara a Santiago en camisa en pleno invierno.
Se le cayeron sus
lagrimones y me abrazaba como a su ángel protector. Pedí otro café y
otro par de huevos, parece que no había comido en todo el día. El asunto
es que yo tenía en Temuco un amigo con el que jugábamos por el mismo
club del barrio Santa Rosa que hizo dupla con mi primo y cuando se
encontraban de juerga y borrachos le partió la cabeza a un paco de un
botellazo. Arrancó desesperado y se subió al primer tren que encontró en
la estación. Tuvo suerte porque yo compartía pieza con dos estudiantes
de ingeniería que recién se habían ido a su casa con un mes de
vacaciones. Ese mes vivió en la pensión, le compré un abrigo y todo lo
que estuvo a mi alcance en la ropa usada. A los quince días ya tenía
trabajo y arrendó una pieza. Repartía jabones y todo tipo de elementos
de aseo. Terminó vendiendo toda una camionada de elementos de aseo con
el chofer y partió para la Argentina.
Cuando apareció en mi
casa después de tantos años. Llegó con su aire de gerente, bien
terneado, corbateado con pedigree de hombre importante. Se sentó a tomar
una taza de café mientras yo sacaba el pan del horno para ir a venderlo
de inmediato. Me preguntó por la cantidad que sacaba con esa
venta.”Unos cinco mil “ . Me miró con un dejo de conmiseración. “Yo te
compro todo el pan y nos vamos a tomar unos tragos para conversar”. Nos
fuimos al bar más próximo a Recoleta y empezamos con un buen Casillero
del Diablo. “Tú eres el único de toda la parentela que estudió y
consiguió un cartón y mira donde estás ahora, ¿NO te da vergüenza vender
pan como un peluzón? “. Me mandé el trago de un sorbo y encendí un
cigarro. Sentí admiración por este familiar que sin educación analizaba
mi situación como el mejor analista. “Te das cuenta que yo que sé leer y
escribir y contar con los dedos de las manos y los pies, te quiero
sacar de tu trabajo que es pura mierda para perdedores. ¿No te das
cuenta que te metiste en un mundo político donde necesitan solamente
boxeadores que dan y dan hasta que no pueden más y como nadie les da
nada hacen lo que haces tú porque no tienes a quien recurrir . ¿No te
das cuenta, primo, que te equivocaste de partido? ¿ Te olvidas que me
compraste ropa usada y me mantuviste casi un mes en la pensión de calle
Huérfanos? Hace un año que regresé de Argentina y cuando supe de tu
situación te empecé a buscar de inmediato. Ahora golpeó la mesa y anudó
el nudo de su corbata. “Cara con Mango” me sacudió de los hombros como
sacándome de mi modorra pare seguir con su terapia de schok. “Quiero que
trabajes para mí unos cuatro meses y ganarás lo equivalente a cinco
años con la ropa y el pan amasado. Harás lo que ya sabes con la ropa,
pero en Franklin solamente tirarás unas pilchas al suelo. Yo te tendré
el lugar donde te ubicarás. Si te quitan la ropa los pacos, no te
preocupes, yo te traeré otras. Alguien llegará con un carro de feria
libre y lo dejará junto a uno igual que tu tendrás en tu puesto y al
retirarse tomará el tuyo que está vacío y cuando sean las 11 A.M
llevarás el carro que dejó tu cliente que tendrá su peso, nunca más de 10 quilos y
lo cambiarás por otro vacío en la carnicería del Negro Pepe, con el que
robabas carbón de piedra en la estación de Temuco y se lo iban a
vender a las viejas de la población. Te indicaré donde se encuentra su
puesto. Me hizo de inmediato un mapa. MI hijo se ofreció para atender el
asunto de la ropa en Recoleta y el pan lo suspendimos por el sábado que
enpecé en Franklin. No fue nada complicado. Cuando llegué al punto
convenido ya estaba la persona que me esperaba con un sombrero negro y
un cigarro en la oreja derecha. Puse unas camisas nuevas y usadas cuatro
pantalones una chaqueta y me dispuse a lo que iba. A la hora convenida
llegó la persona indicada y se probó la chaqueta, regateó todo lo que
pudo y se la llevó por un tercio del precio. La echó en mi carro y se
marchó. A los quince minutos me dirigí donde el Negro Pepe, sonrió de
inmediato cuando me vio. Parece que se acordó cuando una vez estaba
tirando carbón desde el carro y yo echándole a los sacos y sintió ganas
de defecar y se dispuso ahí mismo a la faena con tan mala suerte que
llegó un guardia que se subió al carro cuando vio tanto carbón
desparramado en el suelo y el negro no alcanzó a apretar cachete cuando
le grité .”¡Los pacos del ferro¡” se le enredaron los pantalones y con
su cinturón el guardia lo dejó más huasqueado que león de circo. El
guardia pisó la mierda del negro y eso fue lo que lo emputeció cuando el
guardia trastabilló se fue de espalda y ahora con una mano se apoyó en
la mierda del Negro, no alcanzó a sacar la luma porque el Negro le dio
con una piedra en la cabeza y saltó del carro. Bueno, como te contaba
cumplí mi trabajo de sábado por cuatro meses. Tuve siempre la idea de
trajinar el bulto del carro, pero me detenía en el momento preciso en el
límite que siempre ponen los dioses a los hombres que quieren ir más
allá de las fronteras del territorio que les pertenece . Cumplido el
trato, “Cara con Mango” depositó en mi cuenta de ahorros la suma de 20
millones. Ya me había dicho que una vez que me pagara el partiría
nuevamente para Argentina y volvía en cuatro años más. Había en Mango
algo que lo trascendía y que lo hacía ver más allá de la murallas que
impone la vida, a su manera fue un visionario, Se abrió paso desde el
mundo campesino sabiendo leer y escribir . En Argentina jamás trabajó
como sus hermanos que eran todos de la construcción. Tenía pegada esa
expresión: “El trabajo y el agua es a los bueyes como el ocio y el wiski
es a los reyes.” Lo encontraba tan impactante como: “La religión es el
opio del pueblo”.
Después de tres años
pasé por la carnicería del Negro por saber de Mango “Vuelve en un año
más con nuevos proyectos”. Lo dijo sonriendo y arreglando su bigote a lo
Bismark. “¿Estás dispuesto para nuevos bailes? Me encogí de hombros
como diciendo “depende de la música”. Quería decirle que volvería a
trabajar en uno de los tantos ghuetos de la enseñanza que creó el
fascismo porque si ellos eran expertos en su ramo, Yo lo era en el mío.
Sabía que mi trabajo sería en un coto de caza de un partido político
que fue servil con la dictadura, pero si la aguanté toda y no cambié
un ápice en mi manera de pensar, lo que venía no era más que otra
piedra en el camino. No podía perder todas mis imposiciones porque
jubilaría en la caja antigua y no en la que inventaron los milicos.
-Cuéntame que fue del “Cara con Mango”.
No regresó de Argentina.
Que estaba en Angola me dijo su hermano que me pasó a ver. “Habla como
cuatro idiomas y volverá a Chile, según él, es el paraíso de los grandes
negocios. Supe que tú volviste a tus clases.”Solamente para jubilar con
todos mis derechos”
Mi último consejo,
Caruso: No te metas en el hoyo de la depresión que es solamente falta de
acción. Usa toda tu imaginación para interpretar tus sueños, me refiero
a los nocturnos porque los diurnos pueden ser productos de la evasión,
en cambio los otros, los produce el motor de tus ideas. Es tu ser que se
pone alas y arranca de tu máquina pensadora, pero sin cortar el cordón
umbilical que lo une a tu verdadera esencia . A veces, es difícil
volver a encontrarlo. Aunque cambia de ropaje, escenarios, rostros,
regresa siempre tironeado por el cordón que une las ideas con el
ombligo. .
Toda teoría, querido
amigo, señala la trayectoria del punto de partida al punto de llegada,
si es exacto tiene una antena en el porvenir, es la gran palanca de las
cosas. En algún libro leí ese pensamiento y me permito entregártelo y
aunque la pedagogía me importe un coco, ya ves que la vida no es otra
cosa que enseñar y aprender hasta que nos quedamos sin carburante para
continuar el viaje
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