viernes, 17 de septiembre de 2021

Enroque

 

ENROQUE.          
                                             Reinaldo Cerna.

                                                          “En las profundidades del invierno finalmente descubrí 
                                                            que en mi interior había un verano invencible “
                                                                                          “Albert Camus”                          

               
- ¡ Carta, carta ¡-
“ Las malditas cobranzas , que trae el huevón de Caruso “¡como grita el hijoeputa¡” para que le tengan las monedas a mano, se cree el Postino”, Me despertó de mi siesta. Fingí dormir disfrutando del sol de otoño en el antejardín de mi casa. Cuando mi hijo llegó me entregó un sobre más abultado  que una carta común,  ya no recibía cartas de nadie, de tal manera que no le di importancia al hecho. Me encontraba  en medio de un sueño en que  el mismo Caruso con treinta años menos, me tiraba pelotas de papel que me llegaban por todos lados.  Lo asocié, después, de  con la carta que me trajo cuando yo también tenía treinta años menos, igual que él y donde me despedían de mi trabajo en los años más duros  de la dictadura, pero esta vez el Caruso del sueño iba acompañado de una anciana que tiraba un carrito con un cordel que estaba unido a su ombligo  y repartía libros. La vieja, sonreía, como si fuera cómplice de algo que ella solamente sabía.  “Es un sueño muy huevón”, - pensé- porque esa vieja puede ser el mensaje de algo malo o de algo bueno.  Cuando abrí el sobre,  vi que dentro de él venía otro sobre con algo que parecía un libro o un cuaderno por su forma rectangular  y sobre él una hoja manuscrita que también me dio flojera leer.”   


Cansado de estar tirado mirando el techo y observando una araña que tejía y tejía  el manto  de mi depresión,  que me quitaba el hambre y aumentaba mis ganas de no hacer nada, pero tenía mi mente ocupada en algo y me ayudaba a soportar la modorra del tiempo inútil. Me daba flojera hasta tener hambre, además que había empezado a comer pan de dos o tres días, el que siempre botaba o daba a algún mendigo que pasaba pidiendo algo. Mi señora me dejó una olla de porotos y algunos pesos y se fue donde su mamá que por lo menos tenía una pensión del milico    que fue mi suegro. Era lo más adecuado que ellos tuvieran sus colaciones como corresponde. Algo le debo a las fuerzas armadas. Pensar que viven para mandar  a la mitad de los “pelaos” a  ensuciar y después mandan a la otra mitad  a barrer,la cuestión es que no piensen, eso es peligroso donde la verticalidad es la medida de todas las cosas. Luego vienen los que mandan menos, hacen la revisión y dan cuenta a los que mandan más de la misión cumplida. Después de todo cada uno se gana la vida como puede. Hasta los ladrones y asaltantes y asesinos  tienen cabida en esta viña verde  que no es de ningún señor, somos parientes del mono y es difícil escapar a la ley de la jungla.  Yo me preocupaba de que no me faltaran los cigarros que me mataban el hambre y estiré la olla de porotos hasta quince días,  añejos tienen  un buqué muy especial, son como el vino tinto, no sé si el blanco tendrá la misma cualidad. Cuando los merendaba me imaginaba que los había añejado con ese fin . En mi caso era una necesidad que funcionaba como un secreto de buen cocinero. Mientras no tuvieran pelo estaban comestibles. Cuando mi mujer se fue donde la suegra, no hice el aseo de la casa, no lavé un plato y si el tacho de los papeles potables estaba lleno y empezó a subir de nivel, aunque cagaba tan poco, digamos que en forma directamente proporcional a lo que comía.  Un día que me senté en el trono a degustar un cigarro tiré el pucho y  continué con  mi reposo didáctico, me quedé dormido y me despertó el humo de los papeles cagados  y    me di cuenta cuando mis vecinos   estaban  forcejeando con la puerta de entrada a mi casa con baldes con agua y mangueras. Seguramente mi presencia no era la más adecuada porque se retiraron y empezaron a hacer conjeturas ya alejados de mi casa. Aunque comía  poco la segunda semana empecé a  consumir mucha harina tostada: agua con harina, ulpo con azúcar, con sal y por último unas cucharadas de harina y después un trago de agua. Me imaginaba a los huevones que van a la guerra a pelear por su bandera, tomándose sus meaos y comiendo ratones mientras la oligarquía económica y financiera de su país maneja el naipe y se apronta a mover sus capitales. Mi capacidad proyectiva se puso voladora. Llegué a la conclusión de que los grandes genios necesitan del ocio y no vivir preocupados de boludeces.   Me sentía más ágil, liviano, las ideas parece que iniciaban un viaje  desde mi cabeza al infinito. Cuando vencí la inercia y salí a la calle y encontraba a algún vago durmiendo en una vereda y rodeado de moscas pensaba en DIOGENES, “seguramente estaba meditando” v pensar que vivió en una tinaja y caminaba por las calles con una lámpara encendida y decía que “buscaba un hombre”. Que había que alejarse de los bienes materiales y de los honores, oponía lo convencional a la naturaleza. Llegué a pensar que podría haber sido filósofo si hubiera vivido en la Grecia del siglo quinto, pero si hubiese sido esclavo, no habría diferencia con ser profesor o cualquier guevá que se pague con un salario.
   Mi mujer y  mis hijos tenían su comida y su ropa limpia porque mi suegra con todos sus defectos se preocupaba. Era una momia pobre. Quebraba los paradigmas y la extensión del concepto “momio” del lenguaje chileno. Era la excepción, queda fuera del ámbito de la lógica conceptual. Me sentía como  el Diógenes chileno. ¿Antes, no había tenido tiempo de usar lo único valioso que tenemos? Parece que es la práctica la única diosa, madre de toda las ciencias y lo demás chucherías metafísicas.

Ahora entendí mejor el significado de la familia por la parte solidaria, aunque yo fui siempre desde muy niño un hombre antifamilia , la miraba como una muralla que limita que lo obliga a uno a ser y actuar de una manera determinada y esa maldita huevá de tener obligadamente que parecerse al que disparó el espermio  o aquella que lo recibe. Lamentablemente, así está determinado, no por dios como dicen los que creen en algo, sino por la sincronía que se produce entre un macho y una hembra porque si cruzamos un chancho cinchón con otra de igual característica las crías van a ser todas cinchonas.  Felices los que  bendicen el núcleo familiar que les permitió llegar a la cima de cualquier parte. Son personas que transmiten su realización con sonrisas de  de oreja a oreja. “Yo ,  como todo hombre contradictorio y pelotudo tenía que hacer mi familia para seguir con la costumbre. Son estas contradicciones las que  hacen al hombre, único e irrepetible claro, mientras más pienso soy más hombre” Así me daba verdaderas farras de autocomplacencia  porque si yo no tenía familia a quien recurrir, de hambre no me iba a morir, no porque estuviera satisfecho sino porque estas necesidades vitales son propias de seres irracionales. El hombre es capaz de sobreponerse a todo esa bajeza aunque sea con un buen pito. Me acordé de Zaratustra y me sentí como  la flecha lanzada al infinito, presentía que mi viaje se estaba acortando o alargando, el hecho es que me sentía más vivo que nunca.

Hacía solamente una merienda diaria y en una semana ya había bajado ocho o diez quilos.  Aprendí a hacer ejercicios de relajación  en un libro de esos inútiles que uno tira en cualquier parte porque nunca le di importancia  a esos temas que son precisamente para gente ociosa. Quedé fascinado con todo aquello de que el ego es el culpable que seamos tan ahuevonados  y de todas las cosas que uno dejó de aprender por vivir como buey, toda la vida enyugados para tirar una carreta ajena y me quedaba horas como una piedra sin sentir el cuerpo.“Putas que era interesante el fenómeno”. Me perfeccioné tanto que en una semana no sabía si estaba durmiendo o en estado de relajación total leí sobre los viajes astrales y los sueños lúcidos y soñaba en colores a veces colgando del cordón umbilical. Solamente dormía y le daba vueltas al magín como el caballo al barro para hacer adoquines, además ni me lavaba. No tenía a nadie a quien presentarme todos los días saludar con amabilidad y recibir la respuesta del “Buenos días, Señor.”  El gran tema que me impresionó  fue: “Salir de la esclavitud del  ego” Así fue mi primera semana. La segunda me miré al espejo y me asusté, ahí me di cuenta que era el ego que ya no tenía y que no estaba en mi tinaja de Diógenes el que  había cambiado mi cara. Había salido, seguramente a buscar otra cabeza donde inflarse hasta producir una cefalea.. Solamente le dije: “Vete cabrón” y volví a mi estado de piedra. A las dos semanas de meditación, salí  a vagar sin sentido y llegaba a las plazas a sentarme en un escaño a rumiar mis intentos de libertador y hombre de acción. Ver como la gente va y viene con alguna idea metida en el cuesco porque es el pensamiento el que genera las acciones, pero es el pensamiento, también , el que nos empieza a dar cuerda con que somos Napoleones, Quijotes, Santos y nos vamos derecho a la casa de Orates. Yo no llegaría a eso. Esta era mi primera experiencia en estas macanas y la estaba disfrutando.  Fue en uno de esos tantos días que le exigí a mi cerebro un esfuerzo grande, hice unas elongaciones  estiramientos encefálicos como un atleta que se apresta a una carrera olímpica. Despuès de media hora haciendo flexiones cerebrales y pasando del estado de piedra a la conciencia asumiendo el problema existencial en su totalidad y no en forma sesgada , noté la amplitud de mi capacidad perceptiva y empecé a analizar mi estado de vicho extraño casi desconocido. Me dispuse a fumar otro pito de marihuana porque estaba  entusiasmado con mis reflexiones de alto vuelo. Como toda la vida fui muy responsable,  tenía que  salir de mi marasmo porque llevaba quince días estirando el último sueldo como un vulgar chicle. Mi situación era un hoyo sin fondo. Me quedó el hábito de andar con un lápiz en el bolsillo de cualquier parte, lo saqué y en y en un pedazo de papel confort decidí anotar las conclusiones que me dictaba la pensadora. No puedo negar que me entretenía viendo a mendigos recoger los puchos y todo cachivache que encontraban a su paso “algo se les ocurre” pensé, mientras encendía un pucho que me  entregó uno de ellos “son solidarios, estos huevones” , casi le dije: ”gracias colega” y me acordé que ya  me habían expulsado de donde usan tanto ese vocablo y cuando pasò con un espejo inmenso que llevaba en un triciclo que dejó frente a mí mientras se dirigía a hablar con alguien, me miré al espejo y me asusté nuevamente, me olvidé que era yo: “¡Chuchas¡…, no puede ser, ese huevòn soy yo¡ Por algo le di vacaciones a mi ego que está  cesante como todos los que no son milicos”.

 Sentado en un escaño de la plaza  empecé a darle curso a la máquina de las ideas, porque había empezado a lavarme por lo menos la cara y la familia amenazaba con el regreso. Seguramente la vieja quería pegarse un “boinazo” porque era el estereotipo del facho pobre. Empecé a salir todos los día a buscar trabajo cuando lo que hacía era vagar por las ferias libres, sentarme en un escaño de una plaza tomar el sol como un vulgar torrante y para allá iba de acuerdo al libreto. Me sentí bien cuando empecé a escribir mis conclusiones en uno de los papeles que reparten los canutos. Más bien eran reflexiones que circunvolaban mi conciencia como planetas alrededor del sol
1.- Cuando se tiene dinero se puede aguantar dos o tres meses buscando trabajo.
2.- Acudir a las parroquias donde se reunían los exonerados políticos como una manera de no seguir cuesta abajo en lo sicológico. Especialistas  dan  charlas sobre autoafirmación y algunos conseguían trabajo donde nadie quería trabajar por un tercio del sueldo normal. Estábamos marcados de la misma manera como los exiliados tenían su pasaporte con la marca de subversivo. En todas partes habían listas con los exonerados políticos, éramos como los negros en el gran país del norte o como los haitianos, colombianos y peruanos que hoy frecuentan las plazas y ferias. El Fascismo nos timbró el espíritu y el alma, lo digo de manera distante porque es el hombre el que maneja la pensadora para conducirla por donde le plazca, pero como he leído tanto sobre el tema espiritual y expansión de conciencia, algo se me ha pegado el lenguaje, pero cuando me sacuda de todo este envoltorio ocasional volveré a calzar  mis bototos  punta de fierro y escucharé el llamado de la selva.
3.- Si se tiene contactos, mover los hilos para salir al extranjero.
4.-Iniciar la venta callejera de cualquier cosa. Ahí se necesita personalidad, pero a los profesores nos sobra.
5.- Si el objetivo es el dinero: robar lo que esté más a mano porque la subsistencia pasa a primer plano.
6.- Todas las anteriores.
No pude dejar de sonreír. De tanto hacer esa mierda de pruebas objetivas hasta con objetivos “anales” . Si sigo con mi reflexión los habría hecho tridimensionales, pero eso sería “extremismo pedagógico”.  
Opté por la alternativa B y D descartando momentáneamente las otras. Ese día llegué a la reunión de profesores exonerados políticos. Era la tercera reunión y ya tenían directiva y algunos comités. Después de la cuenta que dio el presidente, vino la charla del sicólogo sobre la “autoestima y depresión”. Me quedé dormido y algo bueno saqué de esa reunión. No hay nada malo que no lleve a algo bueno ni nada bueno que no lleve a algo malo. Hay que estar metido en forros como el mío para darse cuenta de lo importante que es eso que los expertos en la materia llaman “subir la autoestima” como si se tratara de un pene, pero yo era un adelantado porque había descubierto que todo se reducía a reventar el ego.

Pensar que todo este hueveo   empezó con la división del Imperio Romano por quedar bajo la influencia del cristianismo. Parece increíble que desde esos siglos hasta hoy sigamos siendo   tan cabezas de perno.  Aunque siempre actuaba por sentido común, ahora tenía una razón para mi accionar. ¡Chutear el ego, era mi consigna¡ Al final cantaron “El gorro de lana” como vulgares canutos o pechoños fanáticos en la procesión de la Virgen del Carmen o como judío cabeceándose en el muro de los lamentos o musulmán disfrutando en la “meca”. Cada creyente tiene su maquinita que le achica el cerebro y le encoge las ideas como en los tiempos de la magia en que el hombre trataba de sobreponerse a la naturaleza. A quien le importa si lo conseguían o no, lo esencial es que encontraban en eso, el consuelo y la tranquilidad del católico cuando se traga la hostia, el canuto cuando siente que el señor lo ha tocado o ha entrado en su corazón, el judío sacudiendo el árbol de la vida para ventilar la sabiduría del Señor . Claro, el hombre necesita tener la cabeza ocupada con algo o sería la tinaja de Diógenes, pero sin el filósofo, un simple tiesto vacío, milicos limpiando y ensuciando. Asistí a una reunión más y no regresé. Salía más deprimido que perro sin amo. Me estaba importando “un coco” la famosa autoestima.


 “Querido Primo:
Trajinando entre mis cosas encontré este cuaderno que tu padre me confió en una ocasión que lo fui a ver al Sanatorio. No se lo devolví porque al mes siguiente fui trasladado a Punta Arenas. Hoy lo volví a releer y sentí una sensación extraña, porque al viejo yo lo quería. Pensé dejarlo definitivamente en mi poder, pero me parece que eres tú la persona indicada para guardarlo como un bello recuerdo de quien no está con nosotros. Yo sé que tú no puedes ver a los milicos, pero recuerda que yo soy un simple cabo primero y lo único que hago es cumplir con lo que se ordena desde arriba. Lamento no poder ayudarte en nada, pero te conozco demasiado y si has sabido abrirte paso sin la ayuda de nadie vas a conseguir todo lo que te propongas. Desde niños jamás te escuché mencionar a Dios en tus conversaciones, pero yo que soy hombre creyente, te digo sinceramente que vas conseguir todo lo que te propongas. Eso me lo dijo mi padre una vez que nos habíamos tomado unas copas, pero también me dijo que tenías en tu cabeza el virus marxista y que eso te iba a perjudicar . En fin te deseo lo mejor    
   Luis.”

Cuando los profesores de mi Liceo me empezaron a  buscar porque estaban en afanes solidarios, empecé a preocuparme más por mi presencia. Felizmente era primavera y con una camisa y el aseo natural era suficiente.
Como todos los quince de cada mes me encontraba en la Plaza de Armas con un compañero que ,me entregaba una cantidad de dinero que reunían mensualmente y que distribuían entre los seis exonerados políticos del liceo  que tenía 70 profesores. Me preguntó si tenía en mente alguna actividad ajena a la educación. “Pienso hacer pan amasado y venderlo en el mercado persa”. Lo dije sin ninguna convicción, displicente como dándole a entender que ya no me interesaba la educación. El mes siguiente vino otro profesor que a diferencia del anterior miraba para todos lados como si estuviera haciendo algo extralegal, como en una película de espías. Estaba vestido como profesor que va a una ceremonia importante y yo, aunque era primavera, en esta ocasión me puse chaqueta . Me dijo que en la próxima vendría un hombre de terno y corbata con una flor amarilla en el ojal. Me entregó el sobre con dinero mirando para otro lado. Me pidió la dirección para llevarme un quintal de harina y los ingredientes necesarios para empezar con el pan. En ese momento me di cuenta que aquello que dije sin convicción, tenía que asumirlo como una realidad. El inconsciente me jugó una mala pasada que me abrió un mundo que no me era ajeno y que siempre estuvo en mi cabeza.  Ahora que estaba chuteando el ego me sonreí con satisfacción. El maestro solidario arregló el nudo de su corbata y se marchó con la satisfacción de la labor cumplida. Hay que reconocer que salía del término medio de lo que es un profesor. Para él era una acción solidaria y para mí, el impulso para perderle el respeto a mi profesión. Lo seguí observando mientras se alejaba caminando más lento y más seguro y se perdió en el hoyo del metro de la misma manera como yo hubiera querido meter en un hoyo mi maldita y enmierdada  existencia. El hombre tenía la entereza de cumplir la tarea encomendada y para él era  una acción muy valòrica y valiente a la vez. La  gente conocida miraba para el lado cuando la encontraba en la calle y me acostumbré a no saludar a nadie, excepto a los más mediocres y rastreros del patrón a quienes saludaba con mucha efusividad.
En mi adolescencia provinciana aprendí a hacer pan y siempre recordaba que las mujeres solicitaban a los varones, una vez remojada la harina que  el amasijo lo hiciéramos los hombres porque era la fuerza que poníamos en la faena que permitía a la masa tirarse pedos como caballo desbocado, era la señal para dejarla reposando, como  después de un “galope  en potro de nácar” “sin bridas y sin espuelas”.

Empecé a comprar tocino en el mercado y a hacer manteca que le daba al pan el toque campesino .A veces no alcanzaba a recorrer todo el mercado, lo tenía todo vendido. La caja de cartón se me hizo chica. Compré un carro de supermercado y doblé la producción. No estaba mal para este profesor que estaba mejorando su autoestima y estaba haciendo lo que siempre odió toda su vida. Vender y comprar. ¡Chuchas¡, que descubrimiento, este asunto de patear el ego y los ejercicios de relajación estaban incorporando a mi conciencia como  un golpe vitamínico síquico de proporciones . Ya no andaba hablando boludeces en reuniones  inútiles de consolación de huevones que disfrutan escuchándose a sí mismos. Retomé solamente las reuniones de militancia y actividad clandestina, en ella como Barnabás me inyectaba esperanza, pero reuniones de parroquia y terapias ahuevonadas donde habían milicos sapos definitivamente ¡nó¡.Esta fue una de mis actividades  empresariales, luego vendrían otras.  Cuando terminaba temprano con mis panes me quedaba con algunos ambulantes probando suerte con “Pepito paga doble” y donde nunca faltaba un “tinto a la cajoné” .  


Uno de los tantos días de mercado persa de mi barrio me encontré con la señora que nos cuidaba los niños mientras trabajábamos de profesores . Hacía un mes,   que le había dicho a esta señora   que no tenía como pagarle y nadie trabaja gratis. Le di las gracias por el tiempo que cuidó los niños. Ella lo aceptó y no la vi más . Cuando me vio de lo más campechano con mi carro, se abalanzó a abrazarme y lloraba como una vulgar Magdalena. Yo también me anduve emocionando con el impacto que sufrió esta pobre señora. La abracé y le di alguna esperanza:”ya recuperaré mi trabajo, señora Amalia y seguiremos como antes.” Eran las mismas esperanzas que me daban a mí mis compañeros de trabajo y que eran palabras al viento pero que a la gente le gusta escuchar. “No es justo, ¡Dios mío¡ que injusticia más grande” Me impactó la sensibilidad de una persona tan sencilla y humilde, por lo menos, hasta donde yo la conocía. Se fue caminando lento, pensativa, mientras se sonaba los mocos que se le confundían con las lágrimas. Un tanto desconcertado terminé de vender los panes del día.

 Me costó darle el trabajo a la dama, no me simpatizó en ningún momento,  Era una apoderada de la  escuela de mi señora, muy devota y apegada a la iglesia, según ella, familiar de un detenido desaparecido. Trabajó con nosotros quince años.

Me dio una colitis cósmica , cuando alcanzaba a llegar al trono estaba normal, pero dos veces me cagué, tiraba mierda con la fuerza de un sunami . Consulté un abogado y su respuesta fue lapidaria: “Con las imposiciones de quince años, la vieja te quita la casa, te cagó a la chilena.” Claro que fue así porque siempre le dije que buscara otra casa donde le pagaran con imposiciones porque a mí no me alcanzaba, pagando el dividendo de mi casa y el gasto de los cuatro hijos. Recién vine a comprender su llanto, su conciencia estaba más enmierdada que mis pantalones cuando me volví a cagar como un bebé. Llegué a pensar que El Señor le envió un ángel para que le diera una patada en la raja con un zapato con punta de clavos. Se dio la vuelta de carnero cuando me vio vendiendo pan. 

Después supe que a esta `pobre señora la habían usado para despojarme de una de las pocas cosas que puede aspirar un profesor, de otra manera no se hubiese explicado su llanto reventado. Ahora el que se daba la vuelta de carnero era yo cuando en plena cagadera descomunal tuve una iluminación.” ¡DIògenes¡, tù me iluminaste”  “Está cagá del mate”,- pensé- y de inmediato asusé a mi mujer para que la visitara y le dijera que luego recuperaría mi trabajo y la traíamos de nuevo con contrato y por supuesto el sebo para que picara fueron cien lucas para que fuera a firmar un documento importante. Bien o mal hecho a quien le importan los valores de aquí o de más allá en las circunstancias en que yo me encontraba. La vieja mordió el anzuelo y el día convenido mi mujer la llevó en taxi a los tribunales. Me da la impresión que fue todo tan rápido que los instigadores no se dieron cuenta. Mis esfínteres volvieron a la normalidad. No todo estaba dicho en torno a esta peripecia que pasó de la realidad al mundo celestial. A los quince días murió esta pobre mujer aquejada de un cáncer terminal. Lamentablemente se dejó   manejar por un par de cabezas vacías  . Fui al velatorio, estaba envalentonado y lleve un ramo de flores, pero mi manera de llevarlo no tenía nada de recogimiento, quería descubrir a los instigadores. Para un simple trabajador, tener casa en dictadura, es una fortuna . Después de dejar las flores junto a las que ya estaba ahí, le di el pésame a todos los familiares y llegué donde estaba una dama muy parecida a la difunta. Ella y un hombre joven que estaba a su lado no me tendieron la mano ante mi satisfacción,  el hilo de Ariadna y la simpleza de Diógenesestaban indicando a los autores de esta maldad. Después de todo, yo, ahì era un “chancho en misa”. Me senté lo más alejado del cajón del último viaje, puse la cara que pone toda la gente que va a estas cosas: una mezcla de recogimiento espiritual mezclada con volada pichicatera . Desde allí observé a los dos subversivos. El, de estatura mediana bien proporcionado de mano en bolsillo tenía una actitud desafiante. Me hice el ánimo de recibir el primer golpe cuando saliera, pero los siguientes los veríamos en el bailoteo. Salí a fumar un cigarro y esperé que saliera pero no lo hizo. Si salió la muy parecida que era su hermana que  me observaba detenidamente, creo que tuvo intención de hablarme y me quedé con la duda: si supieron que el asunto lo arreglamos con cien lucas y estaba rumiando la derrota o tenía la indiferencia de la triunfadora. Yo tenía la satisfacción de haber producido este cambio de fortuna y ellos como pechoños, seguramente estarían pensando que el señor los estaba castigando o que el Señor los estaba ayudando, total, el Señor da para todo.  Los mismos cien mil pesos  me ofrecieron a mí cuando nos echaron para firmar el finiquito, pero nos negamos para ir a juicio contra la municipalidad  y con el juicio ganado pagué toda la deuda de mi casa y  la volví a recuperar ahora  por las mismas cien lucas. “Qué vueltas en el aire… tiene la vida”. Fue una sincronía magistral del destino. O una patada en el trasero a los que tienen la cabeza enmierdada y quieren ensuciar todo lo que los circunda. Llegué e a pensar que Dios existe, pero lo tenemos asfixiado en nuestra caja existencial y por más que lo queramos liberar, las religiones se encargan de decirnos: Dios, es todo lo que vemos y lo que no vemos, es decir nada. ¿Cómo era el hombre  cuando no había religiones? ¿Eran más felices o infelices? Cada una tiene “su” respuesta, igual que los comentaristas deportivos o los políticos y disimuladamente trata de cagar al otro.                         



Después de cincuenta  años, trajinar estas hojas, amarillentas apolilladas, algunas páginas ilegibles y con su letra endiablada y desparramada, no era fácil seguir las ideas que quería expresar. Lo primero que vino a mi cabeza fue el día que llegó al sanatorio. Así fui abriendo un escenario de mi vida que me parecía muy lejano, pero cercano al a vez. Fue para mí algo emocionante, tenía en mis manos el cuaderno que le llevé cuando pernoctamos en ese pueblo al que nunca pensamos llegar, pero ahí estuvimos y nos marchamos porque éramos transeúntes buscando  buenos aires para nuestros pulmones. Nuevamente cruzamos los caminos  a pesar de toda la distancia que yo quería poner con el lejano sur.

Cuando empecé a leer sentí una corriente eléctrica que me recorría entero. Mi infancia se proyectó en mi cabeza como en una pantalla de televisor. Hoy lo miro como un enroque, pero el año 1947  fue una separación desgarradora, pero los actores éramos nuevamente los dos.  Por segunda vez nos  volvimos a separar nuevamente cuando tenía 18 años. Me vine a estudiar  a Santiago con la ayuda de familiares y tres años después recogíamos el cordón umbilical para anudarlo nuevamente por un año en un escenario desconocido para los dos y que a ambos nos servía de la misma manera. El temor de la muerte para él  y mi preocupación por esa experiencia de niño volviera ahora con su sombra a cubrir mis pulmones cuando tenía  22 años y levantaba  mi propio peso . Siempre dio vueltas en mi cabeza como un remolino, la idea del regreso de esa enfermedad maldita que se llevó muchos familiares. El último médico que consulté  en Santiago antes de llegar al pueblo se expresó  con mucho énfasis : “Ud. No puede seguir con su vicio del  cigarro, parece que lleva una vida demasiado acelerada en todo sentido. Cuide sus pulmones, sus bronquios. Sus exámenes son preocupantes y se tendrá que someter a un tratamiento”. Sus palabras rebotaron en mi subconsciente que me avisó de un posible regreso a mis achaques de infancia y no lo pensé dos veces. Con mis antecedentes políticos tenía cerrada todas las puertas para trabajar en Santiago porque los radicales de aquel entonces manejaban el Ministerio de Educación y la listas negras de los rojos eran como las tarjetas que los árbitros muestran a los futbolistas.. Es la única explicación para llegar allí a ese pueblo de gente buena y sana, pero a mi edad, el hombre está lleno de sueños, ideas, proyectos y yo no era una excepción. Ahora tenía una razón más para permanecer en el pueblo un par de años y una vez sanado mi padre nada me detendría allí. Eso es lo que yo proyectaba en ese instante, pero es la práctica la que indica los caminos más adecuados y como superar los laberintos.


    El cuaderno deteriorado, apolillado y desteñido por el pàso del tiempo se lo llevé en la primera visita que le hice. Con un dejo de vergüenza se lo dije recordando mi experiencia: “Los días se te harán largos y tediosos. Escribe aquí todo lo que te vaya sucediendo y verás que es entretenido y la gente que me conoce te ayudará  en lo que pueda. Debes tener la cabeza ocupada. Yo vendré a verte los domingos”. Los dos nos miramos y nos abrazamos. El quizá recordó el día en que el personaje que salía era él y el que se quedaba era yo. Se le cayeron sus lagrimones y yo miré el techo esperando que la escena terminara, Di media vuelta y partí sin mirar atrás porque en las grandes decisiones el hombre no debe titubear porque el destino le pasará la cuenta. Sin pendejadas valóricas lanzadas a la bandada debo decir que era su espermio que llegó al óvulo de mi madre y esos dos elementos con la indiferencia de la naturaleza, que solamente sonríe, se transformaron en un nuevo ser que soy yo y tengo que seguir viviendo con mi maldita  mochila familiar.

     El día de su llegada al pueblo salí de mi trabajo una hora antes para esperarlo. Su cansancio se notaba al caminar. Rostro demacrado. Nos abrazamos y fui a dejar su maleta encargada en el negocio más cercano. No lo podía llevar a la pieza que arrendaba porque tenía solamente los colchones y unos cajones que funcionaban como sillas y escritorio. Nos sentamos en un escaño de la plaza y yo preguntaba por los familiares porque había que conversar de algo. Le cambié el tema cuando empezó a acordarse de los que ya habían partido con la TBC cuando yo era niño. Parece que me estaba diciendo  que él estaba próximo y yo me di una mirada hacia adentro pero no dije nada. “Tranquilo, viejo, estamos en el mejor clima para tu enfermedad y te aseguro que vas a quedar muy bien.” No me quedaba más alternativa que llevarlo al único bar del pueblo donde almorzamos. El viejo parecía rejuvenecer cuando se empinaba las copas de chicha de uva que era un verdadero manjar para él como sureño estaba  acostumbrado a la chicha de manzana y al pipeño.
 En el bar como en los pueblos del oeste se veían los caballos amarrados al palenque mientras los huasos se empipaban las cañas de tinto y chacolí. Almorzamos y nos despachamos un buen botellón. Luego se acercó un huaso y nos invitó a compartir con ellos. Se nos fue la tarde y la cordura porque salimos completamente borrachos. Mi padre estaba feliz porque fue  el centro de las atenciones. Era el papá del “profe” . Siempre que se embriagaba le daba por cantar y no había forma de hacerlo callar. Se puso de pie y pidió silencio y se lanzó a la vida con “Malena”. Se hizo un silencio en la cantina como si el cura hubiera empezado el sermón del día domingo. Después de los aplausos cerrados vino “Caminito” y “Volver”. Hubo un intermedio en que los huasos pidieron una pichanga y luego el chacolí y el vino siguió llegando a la mesa como de un manantial en el desierto . Muchas veces cuando uno no haya que hacer frente a una situación que lo saca de su vida habitual, las soluciones aparecen sin que uno las busque. Yo estaba apesadumbrado por no tener nada para ofrecerle a mi padre. Apareció un acordeonista y un cantor de corridos y rancheras, la fiesta se armó y después supe que era el cumpleaños de doña Amalia, la dueña del bar. Me llevé a mi padre a lapa hasta mi pieza y al día siguiente estábamos en el sanatorio para hacer su ingreso.          
Yo sabía que el viejo no podía tomar, pero en ese momento encontré que lo más adecuado era una borrachera que nos sacara del presente y nos dejara cerca del cielo. Tanta gente dice que heredó de su familia la vocación profesional, la formación valórica, el calor humano que les entregó la familia etc.. Yo debo decir, a mucha honra, que heredé de toda mi tradición familiar por el lado de mi padre un fanatismo exacerbado por el dios Baco y fue la primera y última vez que me emborraché con mi padre. Nos reímos a carcajadas cuando me contó de uno de sus tíos murió abrasado a una garrafa cuando se dio vuelta una lancha al atravesar un río que los llevaba a pagar una manda en un pueblo cercano a Temuco. Curiosamente la manda era para dejar el trago y la iniciaría al regreso de su último viaje. Si se fue al cielo no podrá cantar tangos, pero si se fue al infierno, debe estar hecho un Gardel.  Parece que el destino es vengativo cuando se le quiere torcer la nariz, fue eso lo que le sucedió a mi antepasado que murió empipado con  uno de los elementos primigenios que dieron origen al mundo. Transgredió la tradición y los “valores  familiares. Era el tema de las tradicionales tomateras familiares. Murió como un traidor de nuestros valores.

   
Tenía claro que debía cumplir como hijo dándole una mano a mi padre o de lo contrario no habría tiempo para despedidas. Su pelo blanco y rostro demacrado y su aspecto raquítico eran demasiado evidentes de que la “pelá” andaba cerca, pero nosotros fuimos más pillos porque ya lo tenía con una pata adentro del mejor sanatorio de Chile, producto de esas cagadas que uno se manda y al final resultan ser triunfos. Fue el hastìo y la falta de un trabajo estable porque no conocía a ningún huevón  (chileno) importante que le dijera a otro menos huevón que él: “Compadre búsquele un horario de profesor primario a fulanito, después vemos si lo metemos al partido”. Eso y no otra cosa fue lo que me hizo llegar al pueblo, en busca de tranquilidad y de ahí proyectar mi futuro. Además que vivía con el fantasma de la recaída en   la TBC por el exceso de tabaco y alcohol. El primero para espantar el hambre cuando uno vive en pensiones y el segundo para olvidar lo inolvidable.
Mi pensamiento en torno a la familia siempre se movió entre dos polos: un paraíso o un infierno de mierda . Yo siempre me incliné por la segunda hipótesis. Otra explicación para alejarme de mi terruño o raíces como dicen algunos vegetarianos.


El padre, mi padre, el padre de todos los padres. Tema que manipulan   religiones. Desvalidos en la niñez o abandonados en la adolescencia,  si no encontramos en el padre la protección ante el desamparo  terminamos maldiciéndolo. Todo por un  polvo que me envió  a la vida. Si todos fueran buenos o malos o indiferentes  todo sería chato, aburrido y sin sentido. No tendríamos abogados para defender a unos y cagar a otros, no habría cárceles para castigar  a mal hechores, no habría religiones porque estarían de más. Por alguna razón la naturaleza que es perfecta, también se manda sus cagazos, lo que viene a explicar en parte la esencia del hombre. A fin de cuentas mi primer viaje como en todo el universo lo hice a horcajadas en el  espermio que portaba parte  mis genes y estamos condenados después de mucho galopar  a la angustia que produce la incertidumbre frente al destino. Diógenes, no me abandones.”


 Protección es lo que yo encontré en este pueblo que me acogió con su trabajo y amistades. Es lo que encontró mi padre al llevarlo al sanatorio. Recién llegado maldije las cuatro calles que son caminos por donde los huasos llevan sus animales de un lado a otro y donde las gallinas con sus gorgeos parecen comunicar su tedio a los gallos multicolores que escarban la tierra como huasos zapateando una buena cueca. Yo debo decir, hoy,: Gracias, Destino, determinismo, consecuencia, Dios, qué importa el nombre cuando es  uno en su desamparo  el que va  que va abriendo los surcos de la tierra generosa. Hay que  saber empuñar la mancera del arado existencial y continuar con el proceso que culmina con la siembra y reiniciarla con cada vuelta del sol alrededor de la tierra. Toda causa lleva a una consecuencia como los ríos que desembocan  en la mar. Fue en este pueblo donde tiré mi primer ancla.
  

 En el taxi que nos llevó al sanatorio no hablamos nada, no era necesario. Si como hijo nunca fui capaz de hacer un gesto de cariño no lo iba a hacer ahora cuando estaba solucionando un problema  que para otra persona puede ser valórico, ejemplar y digno de respeto, pero en mi caso era el hecho y nada más. La tomatera del día anterior contradecía mis pensamientos, solamente me estaba evadiendo porque si hubiese sido tan distante e indiferente lo habría ido a tirar al sanatorio y asunto concluido. Había algo más que me hacía desconocerme en ese instante. Era el cordón umbilical que seguía enroscado en mi subconsciente y que las religiones, tradiciones y abuelas nos inculcan desde el nacimiento. Según el médico con quien conversé semanas después, estuvo a punto de una crisis grave por efecto de la cantidad de alcohol y la bronconeumonía que lo atacó porque nos quedamos dormidos sobre lo colchones mientras nos tomábamos el último trago y él cantaba “El Ciruja”. Debo reconocer que de él heredé la adicción por el tango y por el copetín.

  
 Puse en manos de mi padre su maleta liviana y después de abrazarlo, le dije solamente: “Änimo, padre, que la vida cabrona no es ninguna fiesta. El me hizo una cruz entre los ojos que es algo así como una bendición, para mí no era otra cosa que dos líneas que se cruzan. El hombre le dará cientos de interpretaciones, pero se está metiendo en la copa del árbol, desconociendo sus raíces. Lo vi alejarse con su cabeza de nieve, su espalda encorvada y su caminar lento como cargándose para un lado por la curda de la noche anterior. Cuando se perdió en el largo pasadizo me sentí nuevamente en mi mundo como liberado, seguramente, como se sintió él cuando cambiamos los roles. Me sentí libre porque en esos años siempre vi la vida familiar como algo que achata como una carga que debemos soportar.


  Dejé a mi padre en el sanatorio y allí compartió con toda la gente que tenía un objetivo común: derrotar la T.B.C. y entre ellos se daban ánimo para soportar la vida lejos de su lugar de origen. Ellos tenían una razón para vivir, en cambio yo vivía completamente desarraigado, pero en este instante adquirí  parte del sentido de la vida  de los enfermos, no me eran ajenos, tenía algo que compartíamos. También llevaba el germen, aunque superado, pero fue mi padre quien me hizo enderezar la mirada para darme cuenta que siempre hay algo rescatable en los golpes y caídas y es la mejor enseñanza.
 Yo le pedí a mi padre que escribiera porque de esa manera tendría la cabeza ocupada relatando su estadía en el sanatorio y por tristes que sean los días en un hospital siempre hay algo nuevo. Hablé con el médico que le correspondió a su nivel de TBC que me confirmó lo que siempre sospeché: tenía un nivel avanzado de cirrosis. Me dijo que podría hacer un tratamiento antialcohólico. Yo solamente le di las gracias porque no supe que responder. Después medité el asunto y llegué a la conclusión que sería una crueldad y nunca más toqué el tema con el médico. Creo que esas cosas deben nacer del propio enfermo. No le iba a estar contando al galeno que en mi familia había un sustrato alcohólico respetable. Nunca le podía faltar el “pihuelo” matutino y el cañazo del almuerzo Hacerlo escribir sus experiencias fue una buena idea, me imagino lo que habrá sufrido sin tomar un copetín de vez en cuando, Después supe que se   las ingeniaban con guateros bien disimulados bajo la ropa,-el contrabandista era siempre una visita.-. para llevar unos tragos al interior del sanatorio.


       “Viaje Interior.

““Un día de invierno de 1964.crucé los umbrales del sanatorio. “Pulmón dañado cirrosis” y complicaciones adicionales. Fueron las palabras del médico. No me hacía ilusiones acerca del estado de mi salud. La mirada del galeno era demasiado expresiva para estar haciendo preguntas. Sólo quedaba espacio para la resignación. Mi destino estaba trazado ´para pernoctar en este inmenso elefante blanco.
“El gigantesco edificio tenía a la forma de un anfiteatro, tres pisos de altura, anclado como un pontón entre cerros cordilleranos. Este establecimiento, propiedad de la entonces Caja de Seguro obligatorio, hoy Servicio Nacional de Salud fue inaugurado por Dn. Pedro Aguirre Cerda en Julio de 1940.
 ““Mi primera impresión fue la de un inmenso hormiguero humano por donde pasaban hombres y mujeres de blanco, unos caminando, otros trotando y empujando camillas con gente de aspecto cadavérico,  cetrino en la faz , parecían estar despidiéndose definitivamente . Cuando vi que sacaban un cajón que a juzgar por la fuerza que hacían los cuatro funcionarios, había sido dado de alta o de baja, según el punto de vista. En forma casi inconsciente toqué mis costillas, quería sentirme vivo. El que se iba, lo hacía por una de las dos únicas vìas: sale caminado o lo sacan.
““Una señora de regular edad me condujo a una sala de tres camas que había de ser mi sala de recibo, comedor y dormitorio que debía compartir con dos muchachos de entre veinte a veinticinco años que amablemente se pusieron a mi disposición.  Asì tomé posesión de mi nuevo hogar.
“ “ Estos muchachos me hicieron recordar de inmediato a mi hijo que en sincronía con mi entrada al nuevo hogar debería estar empezando sus labores habituales en la localidad rural donde trabajaba. El, ahora era el papá y yo el hijo.Son tan pocos y ya es un hombre que al parecer tiene claro hacia donde va.

 ““Él tenía siete años cuando viajamos de Cunco   a Santiago, era el año 1947. En Temuco estában muy atrasados en el tratamiento de TB.C que le vino por contagio familiar. A ello contribuían las lluvias interminables y el clima húmedo. Lo hicimos aparecer como un paseo, pero él intuía algo más, después del fallecimiento del último familiar que cayó por esta enfermedad que me tiene en este sanatorio. No había otra solución.
“Lo hicimos como un paseo, pero en ningún momento demostró alegría por conocer la ciudad capital. Siempre estaba decaído y sin ánimo, Durmió toda la noche del viaje y despertó solamente para ir al baño.
 “ El día convenido estaba a las 8 de la mañana entregando todos los datos. Se  quedó sentado en un escaño y seguía mis pasos como petrificado. En su cara había una mezcla de preocupación e incredulidad. Esa mueca y la mirada dura que expresa tantas cosas, pero al mismo tiempo lejana, distante, extraña le quedó marcada de aquella vez que intercambiamos los roles y cambiamos el escenario, físicamente éramos los mismos personajes que se daban una vuelta de campana en un escenario diferente, pero los movía el mismo motivo que atentaba contra la vida del que el año 47 hizo de hijo que  hoy hace el de padre con su padre.
““Parece que entendía que era su última oportunidad. Hasta hoy sigo con la duda, si  mejor hubiera sido decirle la verdad, pero lo importante es que él está vivo y yo hoy inicio  mi tratamiento. Cuando nos emborrachamos recordando esos momentos. Los dos concordamos en lo mismo.”No vale la pena acordarse de huevadas,.”No importa   de donde venimos. Lo que importa ahora es para donde vamos”. Lo dijo seguramente para darme ánimo. El a su corta edad ya es un hombre y yo con mis pulmones carcomidos veo la muerte como una liberación. Soy un padre agradecido. Mi hijo me consiguió el ingreso al sanatorio como indigente. Con su sueldo no estaba en condiciones de pagar ningún tratamiento,  le alcanzaba para la pensión y algo para el bolsillo. Soy un doble  agradecido de la providencia que trajo aquí a este muchacho porque no me imaginé jamás que  venìa a esperarme por mi enfermedad.
“ Cuando lo saquè del hospital en Santiago para regresarlo al sur el doctor me dijo: “Debe llevarlo a un clima adecuado por lo menos una vez al año por un mes o quince días.” La verdad es que nunca lo llevé a ningún lado, pero èl parece que intuìa que esta enfermedad es como una maldición de la que había que huir y al hacerlo, él fue al  encuentro de nuestra sanación. Parece que el destino nos estaba llamando.
 “Lo conduje de la mano hasta una sala donde había unos veinte niños, cuyas edades fluctuaban entre los seis y quince años. Cuando se dio cuenta de la situación salió corriendo en dirección a la salida, detrás iba yo y tres funcionarios. Esperè que los enfermeros lo detuvieran y me escondí en los baños para que no me viera. Solamente escuchaba sus gritos y cuando me acerqué para mirar, lo vi con una enfermera a cada lado. Y un enfermero que lo sujetaba. No fui capaz de entrar y despedirme. Solamente di media vuelta y pensé que había hecho lo mejor. Pasaron 7 meses y cuando lo dieron de alta no hizo ningún gesto de alegría, ni la más mínima expresión de sorpresa, respondió a mi abrazo de manera mecánica y no preguntó por nadie de la familia.


“Hoy, entiendo su partida fría y un tanto dura, cortante. El enroque estaba hecho y hay que seguir jugando, siempre buscando nuevos caminos, atajos, sorpresas para llegar siempre a dominar al rey que es nuestro propio sino. Creo que no hay hombres buenos ni malos, ni duros ni blandos, sólo hay hombres que usan determinadas vestimentas para ejercer roles.
“El me pidió que escribiera mis experiencias del sanatorio porque siempre fui un lector fanático, sin educación formal . Lamentablemente nunca supe sacar provecho de todo lo que aprendí. Cuando uno se va quedando en la miseria se da cuenta que hasta la cultura es un estorbo. Cuando se nos incendió la casa donde tenía mi tallercito de sastrería en Cunco, mi inclinación por el alcohol se multiplicó por mil.


 ““En el sanatorio nos encontramos personas de todas las provincias, pero estará demás decirlo: los que más abundamos somos los sureños, humedad, frío miseria siempre han sido el caldo de cultivo de la T.B.C. Mis compañeros de pieza son dos muchachos provincianos:  Manríquez de24 y Benavides de  26 ambos de de la zona de Concepción. Ese año fue la primera candidatura de Allende y el primero era Allendista y Benavides se inclinaba por los radicales y la candidatura de Julio Durán. Defendían sus puntos de vista con una vehemencia y tanta violencia en sus gestos que yo me interponía. Supe de inmediato que no podría inclinarme por ninguna de las dos tendencias. Me transformé así en el amortiguador de los afanes violentistas de estos dos muchachos.


 “ Manríquez está atacado de silicosis, además del pulmón, Su mal es incurable y él lo sabe. Su situación lo hace actuar como un tipo temerario que no le importa nada. Lleva el juego en el alma y la filosofía criolla en el corazón. Para él nunca existe la derrota total: “Sólo se pierden combates parciales, una causa nunca está perdida. Allende perdió. Yo también perdí una radio y un reloj en el último partido de Colo colo”. Así se explaya este paladín que al domingo siguiente se ganó 2 millones en la lotería.


““con la sección mujeres, no tenemos ninguna comunicación ni convivencia social. Las vemos desde lejos en los días de misa y cine o en las ventanas de los diferentes pisos donde se intercambian señas que en un principio no entendí y mis compañeros me explicaron sus significados.


““Mis compañeros son los más respetados del pabellón: Manríquez se considera el más elegante del establecimiento. El día domingo cambia la carrocería hasta tres veces y se considera un DN Juan. Cuando se habla de mujeres se muestra de poco seso, pero a veces hasta sus majadería lo hacen simpático. Beltrán es un tipo más aplomado, más serio, viste regularmente y no le va en zaga a Manríquez en aventuras amorosas. Es un tipo que no hace ruido. Ellos me iniciaron en el lenguaje del amor por señas. Existe mucha coquetería natural en situaciones como la nuestra, pero no les creo que pinchen 3 o4 damas  a la vez. Este afán que nos alegra también es fuente de sufrimiento porque el enamoramiento y los encuentros clandestinos retardan la retirada de la TB:C:


 “” Marta se llama la más odiada de todas las funcionarias del sanatorio, es la que informa al médico todo lo que atente contra la moral y  las buenas costumbres. Es una mujer bien distribuida que a sus 40 años no ha recibido lo sacudones naturales de la naturaleza y se preocupa poco de su arreglo personal más allá de lo que le exige su trabajo. Manríquez. Aunque liviano no falló en su intuición cuando dijo: “A esta mujer le falta un aventón”. La dama tenía buena presencia: piernas bien torneadas, caderas anchas, estatura mediana y pelo castaño, había armonía en su caminar cadencioso. Su cintura insinuaba una cabalgata briosa como una sinfonía de acordes inesperados. Según ella odiaba a los hombres, seguramente por la falta de varones interesantes para la mentalidad de pueblo chico.  También se encargaba  de los días de cine. Ella dictaminaba si la película era moralmente apta, era la censura personificada, pero todos sabíamos que ahí estaba la mano del cura.
“Yo me di cuenta que esta mujer miraba mucho a Manríquez , pero, este vivía más preocupado de las arrancadas al pueblo o de las adolescentes del pabellón femenino. Error común entre muchachos que no saben valorar la experiencia, madre de las ciencias.
“Un día que despotricaban porque Marta había prohibido una película libidinosa y le aplicaban a Marta los adjetivos más vulgares. Tuvimos una conversación sobre la dama.
“_Le falta la palanca que mueve el mundo”- lo afirmó Manrìquez y lo complementó con una carcajada.
“-Es una beata de mierda-dijo Beltrán, pero no se puede negar que está perdiendo lo mejor de su vida.
“-Debe ser cuarentona- dije yo- seguramente es inseparable del cura y no me extrañaría que esté cartucha y la forma como te mira, Manríquez , es como un gato mirando  un buen filete de la carnicería- .
“Si es así, tiene buen gusto”-ahora Manrique arregló su pañuelo verde que hacía de fondo de su camiza azul, era la matadora de los días domingo con la cual iba a misa, en la tarde para el cine se ponía corbata”
-“Yo pienso que la persona indicada para entablar una amistad para llevarla al pináculo de la felicidad, es Manriquez y una vez conseguido ese paso tendríamos cine con una censura más normal
“- Y mataríamos  tres pájaros de un tiro. Ella siempre me pregunta si te vienen a ver tus familiares. Parece que ve en ti algo más que un paciente de sanatorio.” - Benavides, lo dijo con un dejo relajado de hombre más experimentado.
“Si Manríquez lo dudó en un principio fue a causa de su inexperiencia. Sus aventuras eran con adolescentes o muchachas veinteañeras, pero  después de esa conversación se empezó a acercar más a Marta. En más de una ocasión los dejamos sólos en nuestra pieza y al regreso los encontrábamos conversando amigablemente o riéndose de cualquier cosa. Con Beltrán llegamos a la conclusión de que el guiso estaba a punto.
“El domingo como siempre fuimos al cine a ver una película  que se atrasó media hora. En su incio, vimos “Sansòn” con Victor Mature como protagonista. Con Beltrán nos ofrecimos para acomodar sillas y dejar todo arreglado. Nos dimos unas vueltas por el pabellón y a la hora adecuada nos dirigimos a nuestra pieza. Esperábamos encontrar a Manríquez con un ego con alas, pero tenía una expresión que daba lástima. No había necesidad de preguntarle nada. Solamente lo abrazamos esperando que hablara. Se metió en la cama arropado, se tapó entero y sentimos sus sollozos. Cuando despertamos al día siguiente, la cama estaba vacía. De inmediato entendimos que se había ido de juerga toda la noche en la única casa de juergas que había en el pueblo. Apareció en la noche del día siguiente. Demacrado y con un tufo de metralleta. Su terno de las grandes ocasiones era un mosaico de manchas y malos olores. Marta se encargó de que todo quedara en silencio. Hicimos desparecer el terno y su ropa y lo metimos a la ducha y después la cama bien arropado. Una vez acostado no aguantó e inició su relato
“ “ - Estoy pifiado, con la Marta lo enchufé y me fui corta”o. Ella quedó con las ganas. Imagínense como quedé, Ahora me dará vergüenza mirarla a la cara . En el pueblo me tiré una puta y de puro contento tomé con ella toda la noche y le seguimos dando.
“” –No te das cuenta que tu problema está en tu cabeza, tonto huevón, -fue la respuesta de Benavides y si con eso no te has convencido que eres una persona normal, no te van a convencer ni 20 siquiátras. La puta te mejoró de inmediato y te dijo: “Manrique, eres un potro belga”. Ahora nos reímos y se quedó dormido.  Cuando todo volvió a la normalidad me encargué de aclararle algunas cosas. Le expliqué como detener la eyaculación cuando en una masturbación  uno se detiene antes de llegar al punto culminante apretando el pene por la parte superior, además de las bondades del sexo oral, lo que Benavides aprobaba con un movimiento afirmativo de su cabeza. Ese mismo día empezó a practicar metiéndose al baño. La ansiedad lo estaba corroyendo y su expresión facial estaba cambiando.
“ Cuando empezamos a ver películas no pornográficas, pero bastante calientes para lo que era la norma interna y los días jueves nadie se quedaba en los pabellones, con Beltrán estuvimos de acuerdo en que nuestro discípulo estaba cumpliendo con su rol de hombre libidinoso y la dama al parecer estaba disfrutando a concho. No solamente cambió el cine, también aumentó el número de creyentes en misa dominical. Esa explicación escapa a nuestros conocimientos y quizá tenga alguna explicación ecuménica o teológica.  La funciones de cine cambiaron  a tablero vuelto. Con Beltrán asistimos a varias misas para apoyar a Manríquez porque fue lo que pidió Marta para que el cura estuviera contento.  En el rostro de Marta desapareció esa tirantez cartucha de los beatos neuróticos. Su mirada era más expresiva, lozana, sonreía con facilidad y su cuerpo transmitía una alegría terrenal, ajena a la ausencia del músculo primordial.

“ Benavides, es un tipo mucho más reservado y yo sabía perfectamente cuando sus asuntos familiares y sentimentales lo desequilibraban. Un día cualquiera de la semana. Lo encontré triste y meditabundo, lo que es casi natural en la gente como nosotros, alejada de nuestras casas y familiares. Esperé con paciencia porque sabía que se iba a sincerar conmigo. Yo era para ellos como el padre ausente o el familiar a quien contaban sus penas y pesadumbres. Yo hubiera querido tener con mi hijo esta comunicación, pero eso ya era imposible.


“” Llevo aquí un año y medio y demás está decirle que conozco a fondo todos los tejes manejes de la vida interna . Antes de que Ud. Llegara, conocí a una muchacha que me interesó. La vi por primera vez los días que vamos a misa y las miradas se hicieron insistentes. Posteriormente le hice llegar una carta por los medios que Ud. Aún no conoce. Ya verá cuando se haga más canchero. Ese fue el comienzo de un idilio que duró más de un año. Creíamos ser los únicos poseedores de la felicidad. Con cuánto afán esperábamos el pìtazo del nuevo día para saltar a las ventanas para intercambiar los saludos del nuevo día que luego se reanudaban a las tres de la tarde una vez terminado el reposo sagrado de todos los días. Luego las cartas y nos fuimos conociendo y haciendo proyectos para el futuro. Pasaban los días, tal vez monótonos, pero no para nosotros que navegábamos en el barco de la ilusión. Un control mensual nos pasó de la ilusión a la realidad que no tiene nada que ver con proyectos a corto o largo plazo.  Lea su última carta.


“” Mi amor:
“”Mi último control es definitivo. De los dos años que llevo en el sanatorio, con algunos intervalos en mi casa he seguido con mucha fe y esperanza la mejoría que nunca llega. Los controles siguientes me han hecho volver por las razones que todos conocemos y ahora después del último, me queda el único recurso que es una operación. Todos sabemos que es inútil cuando se trata de nuestra enfermedad. Tampoco me encuentro con ánimo de soportarla .He luchado con todas mis fuerzas para recuperarme y he perdido. De paso te he perdido a ti. Tú tienes todavía una esperanza. Debes aferrarte a ella como el náufrago a la última tabla. Debo irme y no habrá más escapadas con nuestros cómplices y la Abuela la recordaré siempre con tanto cariño. Era ella la única persona aparte de ti que cuando aparecía, con su carrito con libros y revistas  mi corazón se apresuraba en sus latidos de una manera que me asustaba. Jamás podré darte un hijo como pensábamos. Sería un eterno reproche o una irresponsabilidad. Sería monstruoso. ¿Qué hijo engendraríamos ¿ Puedo estar equivocada, pero no me someteré a la operación. Cuando recibas esta carta estaré en el hospital de Santiago para la preparación de la operación porque no puedo regresar a mi casa para contagiar a los demás, en especial a mis sobrinos pequeños . Mi decisión está tomada y cuando estés leyendo ya estará ejecutada. Solamente me queda decirte .
        Adiós y que todo te resulte bien. Elena

““Hablè con el mèdico director que me dio permiso para asistir al funeral.


“Nuestra vida en el sanatorio estaba regida por un reglamento riguroso de moral y buenas costumbres . Las faltas leves se castigaban con amonestaciones, supresión de permisos para asistir a espectáculos y como plato de fondo el alta disciplinaria.
“Tuve ocasión de conversar con un obrero carbonífero que llevaba cuatro meses internado. Salió con siete días de permiso reglamentario y llegó con dos días de atraso. El caso llegó a oídos del director que de inmediato lo hizo dar de alta. Lo encontré llorando en el baño donde me contó su terrible drama: “Dn enrique, estoy desesperado. No voy a regresar a mi casa con tuberculosis activa. En un ángulo del baño tenía su maleta para iniciar un viaje sin estaciones definidas o caminar por  calles desconocidas en un laberinto sin salida. Le pedí al muchacho que se quedara en el pueblo un par de días y que se comunicara con el auxiliar que nos pasaba los llamados en forma rápida. De inmediato lo conversé con mis dos compañeros de pieza, El indicado para actuar fue Manríquez para hacer algo por intermedio de Marta para que le presentara el problema al cura y éste se encargara de conversar con director del sanatorio. Al día siguiente. Andrés llegaba hasta nuestra pieza. Llorando nos abrazó y nos dio las gracias y le hicimos ver que todo había sido obra del cura y Marta.
“En la misa del domingo siguiente, el cura sacaba pecho y se veía satisfecho de lo que estaba haciendo. La nave estaba llena, Andrés estaba incorporado al coro de terno y corbata y los tres amigos comulgamos y nos confesamos porque fue la manera como le pagamos el favor al cura, fue la condición que le puso el cura a Marta o fue solamente idea de ella para demostrarle que también podía influir a favor de la religión con más acólitos en el sanatorio, sin desconocer que los evangélicos se mueven como hormigas ganando adeptos de cualquier manera.. La liturgia es imperdonable los viernes  y domingos y mis amigos planchan sus vestimentas y salen a relucir las corbatas y perfumes matadores, Ellas también sacan sus mejores galas para darse un respiro diferente. A las ocho se inicia el santo misterio. Se terminan los cuchicheos, las señas que van y vienen. Concluye la misa y las cartas se deslizan de una mano a otra y los que quedan rezagados son socorridos por la abuela que es la mensajera de Cupido y que también observa en la misa  a sus clientes que con sus miradas le indican  como van los romances que se construyen y se destruyen al ritmo de la enfermedad y para eso ella tiene sus estrategias para los días sin misa.

“La nota dolorosa se presenta con el alto número de analfabetos . En mi pabellón deben ser unos treinta. Muchos de ellos llegan hasta nosotros para que les contestemos las cartas  de sus familiares y otros enamorados que desean impresionar a sus fámulas. De la parte de enamorados se encargan mis amigos y yo de toda la correspondencia familiar o formal, así fuimos adquiriendo experiencia porque se identificaban con nosotros en su vida íntima y no con el profesor que los atendía y lo miraban con mucho respeto y con nosotros se explayaban de igual a igual. Así ocupábamos las horas que se escapaban a las de reposo que eran muy pocas. La otra manera de matar el tiempo es por medio del transmisor de radio para el interior  que tiene cada pabellón. Los enamorados aprovechan esta franquicia para dedicar algunas melodías a sus amadas.


“El cuerpo médico es muy respetable. El doctor Escárate, es quien dirige esta colosal institución, asesorado por cuatro médicos ayudantes. Su labor es silenciosa y efectiva. Pasan largas temporadas en que no los vemos. Algunas veces pasa revista el médico tratante, pero sabemos que están pendientes de las menores reacciones favorables o desfavorables a que estamos expuestos. Es de notar que la mortalidad es muy pequeña para la cantidad de enfermos y las que se produce es porque la enfermedad se encuentra el tercer grado.


“Los últimos meses hemos tenido controles regulares mes a mes. De esta manera seleccionan los que pueden salir de alta y aquellos a quienes no les obedece el tratamiento, por tener heridas incurables y quedan condenados a la operación que se practica en el Hospital Sn José de Santiago. Este es el grupo que sale más damnificado porque deben esperar hasta tres meses para que se produzca una vacante, pero siempre en el sanatorio y en Santiago otros tantos en la preparación de la operación. Después de algunos meses de observación regresan al sanatorio a reposar seis meses más, al fin de los cuales, un nuevo control indica si la operación tuvo algún efecto o van nuevamente a operación. En mi pabellón hay solamente tres casos que se han sometido dos veces agregar  que la dama de cata ya tiene dos operaciones.-..)  a intervención quirúrgica y llevan casi tres años de internado. La enfermedad termina siendo una sombra que nos cubre por entero o se va definitivamente con la noche.
“Resultado del último control fue el traslado de Benavides al tercer piso donde bajan a comedores los que están libres de contagio, pero le descubrieron una afección bronquial que lo puede detener unos seis mese más en el sanatorio. El no parece muy entusiasmado con la idea.


“ La cama de Beltrán la ocupó n viejito de 70 años que luego de algunos días se creyó acreedor de todas las atenciones y empezó a dar órdenes con el desagrado de Manríquez que rumiaba con amargura su futura partida a Santiago y lo colmó tanto que en una ocasión le dijo que si le agradaba nuestra compañía que pidiera una pieza aislada o que se fuera a pensionado. Cuando Manríquez fue al baño le expliqué  al viejo que mi amigo se encontraba en muy mala situación sentimental y de salud y que se iría pronto.
“Toda la vida de la pampa desfila a través de los relatos de este viejito que pese a su edad recuerda los tiempos bravíos de los movimientos obreros de 1921 y 1925 y con una mano en el corazón asegura que Recabarren no se suicidó sino que fue asesinado porque , según sus palabras lo conoció personalmente. De este hecho se acusaba solapadamente a su mujer que lo habría ultimado incitada por el lucro.


“Es difícil ignorar la labor abnegada que realizan las enfermeras . Llevan el peso funcional del establecimiento . Sobre los hombros de estas damas vestidas de blanco puede decirse que gravita la vida y la muerte de todos los reposantes. Se mueven silenciosamente de sala en sala poniendo inyecciones o repartiendo los tratamientos orales. En algunos casos se producen casos repentinos de hemoptisis y deben estar preparadas para poner la inyección precisa sin pensarlo dos veces. De la rapidez con que actúen depende el éxito de su intervención. Cuando este fenómeno ocurre en la noche suena un timbre de alarma pidiendo auxilio. Cuando lo sentimos de cualquier lado nos ponemos saltones porque significa que hay un paciente apurado.
“Casi todas estas mujeres permanecen solteras. Las hay de todas las edades y algunas no pasarían desapercibidas en un concurso de belleza. Una de ellas me explicó el asunto“ Este es un pueblo dormido entre cerros. Da la sensación que camináramos hacia atrás. El sanatorio es la única fuente de trabajo para las mujeres, para los hombres están las minas y la siembra de le escasa tierra fértil. Son pocas las mujeres que abren las alas. Los muchachos que no quieren ser campesinos o mineros emigran muy temprano y aunque Ud. No lo crea funciona en el pueblo una casa de tolerancia donde acuden muchos de nuestros pacientes cuando salen con permiso o cuando se arrancan en la noche, pero lo más curioso de todo es que la regenta un profesor. Por lo que he sabido Ud. saldrá de alta la próxima semana. Pensé preguntarle a mi hijo sobre el profesor regente de esa casa que no tenía nada de astrológica, era terrenal y movida, pero ese día me sentía tan reconfortado que me olvidé. El tenía contratado un taxi para llevarme directamente a San Felipe para tomar el tren a Santiago.


“Los empleados de servicio que son la mayoría  tienen a su cargo las funciones de mantenimiento que va desde la lavandería hasta el aseo. Hacen marchar el establecimiento desde abajo. Este sector de trabajadores se ve más feliz o por lo menos, ellos se hacen la ilusión de serlo. Entre ellos no hay diferencias sociales ni tampoco jerarquías. De manera que los idilios que surgen  por lo general terminan en matrimonio. Ellos son los más atentos de la colonia trabajadora y se anticipan a los deseos de los reposantes. Estos hombres y honestas mujeres hacen olvidar la humilde condición de sus labores. Uno llega a convencerse que existe gente que con verdadero amor por su trabajo. La forma cariñosa como atienden al recién llegado y le dan esperanzas en su último o penúltimo esfuerzo por derrotar la sombra que amenaza los fuelles del motor humano. Con agrado se escuchan historias de lo que han visto y vivido. El contínuo desfile de sombras que van y vienen, los fallecidos, los que se tienen que ir por faltas cometidas y aquellos que hacen del sanatorio su verdadero hogar y una vez dados de alta no quieren regresar a sus pueblos, ciudades, zonas agrarias o mineras. Es tanto el apego que le toman al lugar, seguramente sus vidas en su lugar de origen debe ser muy escasa de bienes materiales como la de todos o la mayoría de los que estamos aquí. El aire es algo maravilloso y uno no se cansa de respirar, parece que nuestros pulmones se liberan del peso mortal de nuestra enfermedad. Los sureños notamos la diferencia por la suavidad y tibieza que da a la piel un color especial. Algunos se van llorando. No pueden convencerse que sean ellos, los mismos que llegaron más cerca de la otra vida que de ésta y ahora se ven como personas saludables. Atrás queda la tos infernal y los esputos con sangre. El mayordomo nos contó la historia de Francisco

….
“ Llegó cuando tenía quince años. Lo mandaron del hospital Arriarán de Santiago para completar su tratamiento. Después de cuatro meses estaba en condiciones de regresar a su casa. Venía del extremo sur cerca de Cochamó. Fue tanta su desdicha cuando supo que estuvo dos días sin comer. Solamente lloraba y pedía que no lo dejaran regresar porque no tenía familia. No tenía a nadie. Cerca  del sanatorio había una rancha abandonada y entre todos los funcionarios le juntaron algunos víveres elementos mínimos de casa y de la comida que sobraba le hacían llegar la colación. De las cosas que se dan de baja le regalaron una cama y cobijas.Todos pensaron que en corto tiempo se cansaría y terminaría  regresando a su pueblo. Cuando supo el Director, aceptó que ayudara en el aseo y en cuanta faena se produjera y tenía acceso a las colaciones del día. Cuando faltaba un funcionario de los servicios, él estaba ahí para reemplazarlo. Se fue haciendo necesario y entre todos los funcionarios   le juntaban unos pesos. Luego descubrió unos cursos de gasfitería y electricidad que daban en el pueblo. Hoy es el mayordomo. Se casó con una funcionaria y uno de sus hijos se recibirá de médico.


“La monotonía de los días grises se suele interrumpir con algún acontecimiento extraordinario. No sé de qué manera se las averiguó el cura para saber que en nuestro pabellón había un niño de 13 años sin recibir el sagrado sacramento del bautismo. De inmediato inició los preparativos de la ceremonia, no consideró la indiferencia del niño que no le dio ninguna importancia al hecho. El “moro” no sabía leer y no tenía las ropas adecuadas para la ceremonia. De todo se encargó el mayordomo que reunió lo necesario con la cooperación de toda la gente. También les preocupaba el analfabetismo del futuro iniciado ya que el profesor que atendía a los enfermos huyó con la voluntaria de la  biblioteca. El asunto no tendría ningún a importancia, pero los dos eran setentones. El, jubilado hacía un trabajo de voluntariado y ella también era jubilada. Ambos casados y de conductas intachables. Habían como tres o cuatro interpretaciones para el hecho, pero mi explicación es que el fenómeno se produjo  por las bondades del clima. Aquí parece que se arruga solamente la cáscara porque las hormonas piden rienda. Ella tenía bisnietos y él, tres  matrimonios en el cuerpo.
“Los padrinos de la ceremonia bautismal fueron Manríquez y una funcionaria. Para el cura fue el acontecimiento del año. Lo destacó en la misa dominical y en cuanto acontecimiento social hubiera en el pueblo. Por medio de otras personas supe que Manríquez ya  había iniciado al ex moro en el trago, cigarrillo y arrancadas por la casa liberadora de tensiones. El final de todo este acontecimiento no quedó registrado en la bitácora del establecimiento. Como ya estaba en conocimiento de su alta definitiva, en la última arrancada al pueblo, el iniciado no regresó. Lo hizo solamente Manríquez . El hecho es que cuando sus padres llegaron al sanatorio para llevárselo, se encontraron con el pastel de su ausencia. Una enfermera para calmarlos les comentó del gran paso que había dado Panchito al recibir el bautismo. Su madre escuchaba con ojos desorbitados y su cara era de sorpresa, estupor y amargura al mismo tiempo, pero todo esto no se debía a la ausencia de Panchito en la ciudad de Sodoma y Gomorra, había una explicación más profunda. “!nosotros somos de la Iglesia Pentecostal y no aceptaremos que ningún poyeru”o de mierda le tire agua con sal en la cabeza a Panchito “ Señora, el padre hace una gran labor con los enfermos. Tenga paciencia, llegando su hijo le entrego toda la documentación. Enviarè a alguien para que venga el padre Juancho. Ud. Firma y se lo lleva”- le contestó la enfermera. 
 Así se inició Panchito  en los caminaos de la vida terrena y la celestial. Se fue a despedir de cada uno de nosotros. Iba acompañado de Manríquez  que lo observaba como un maestro a su discípulo que lleva en su rostro la huella de la última farra con T:BC:. El muchacho se fue llorando. Había encontrado amigos en un lugar donde se le atendía con mucho esmero. Algo avanzó en lectura. Ahora debía regresar a sumirse en el barro de eternos inviernos y a picarle el poto al buey. A medida que se alejaban su madre lo sermoneaba y levantaba la mano con gesto amenazante. Observé a Manríquez y vi en él un actitud de indiferencia de pena y alegría.


“La primavera hizo su entrada triunfal con su cortejo de flores y verduras, pero nostros estamos condenados a mirar los jardines y verdes prados solamente  desde nuestras ventanas. Dan deseos de salir y darse un revolcón en la hierba, volver a nuestra niñez lejana. Eso es imposible. Estos corredores a que están circunscritas nuestras vidas nos aprisionan como una inmensa araña nos tomara en sus tentáculos y nos dejara inmóviles. La resignación es lo esencial para nuestra edad. Además, tenía claro que si salía de ésta me quedaría el último soplo de unos diez o más años . En imposible imaginar cuantas lágrimas se habrán derramado en las largas noches de invierno y las calurosas de primavera y verano. Damos los mismos pasos tediosos por las mismas baldosas, mirando las sonrisas con lágrimas reprimidas de tanto seres, algunos sin esperanza, semi abstractos, jugando con el hilo sin fin de la madeja de la vida.
“Estos días calurosos debemos soportar las más altas temperaturas, resignados, maldiciendo hasta las mismas maldiciones. Los viejos nos preocupamos mucho por la partida que se retarda, pero a los que he visto marcharse, los veo partir con la incertidumbre marcada en la frente, en la mirada, en la forma de caminar porque se regresa casi siempre a una vida de miserias, trabajos pesados que anticipan la caída final. En las tardes nos llega un viento sofocante que se encierra en los cerros y hace insoportables las noches porque a las ocho y media no debe oírse ni el ruido de una mosca
“Algunos domingos vienen conjuntos artísticos de Santiago y pueblos aledaños .Los espectáculos son buenos y no cobran caro. Llegó al sanatorio un domingo de tantos un grupo de teatro del Hospital SN José y quedé sorprendido cuando vi a Marta en el escenario haciendo la presentación y haciendo recuerdos de los tiempos en que allí laboró. Era otra mujer, segura de sí misma. En su mano derecha lucía una argolla matrimonial. Cuando terminó la función se acercó a nosotros para saludarnos con un abrazo afectuoso . Manríquez permaneció alejado. Fue ella la que se acercó a Manríquez y después nos presentó a su marido, practicante del Hospital SN Borja. Fui yo quien le dio alas para que se marchara cuando tuvo la oportunidad de una permuta . Me alegré de haber hecho algo bueno durante mi estadía que curó mi enfermedad.

“Manríquez , desapareció de todos los escenarios y al parecer no pudo regresar al sanatorio.


Caruso, llegó como siempre con su amplia sonrisa y la mochila vacía. Había terminado de entregar toda la correspondencia. El día anterior me dijo que quería conversar conmigo y lo estaba esperando. Tenía una mesa dispuesta bajo el parrón con unas cervezas heladas y el tablero de ajedrez dispuesto con las piezas en su lugar. La última vez me ganó con mucha facilidad porque tenía mi cabeza llena de recuerdos por la correspondencia que me tiró al antejardín y que ya había leído. Además que le daba vueltas y vueltas al sueño en que él aparece joven, gritando como siempre y la anciana con el carrito que lo acompañaba. El abrió todo el escenario de gran parte de mi vida. Siempre me relataba los progresos de sus hijos y sus esfuerzos sobrehumanos para pagar la Universidad. Se despachó la pilsener de un sorbo y movió el primer peón y contesté con la misma movida, Cuando sacó el alfil y pasó a llevar las piezas que tenía a su izquierda y las acomodó sin mirar el tablero haciendo un enroque me di cuenta que su cara estaba muy lejos de la sonrisa habitual. Se veía alterado y nervioso.
-        Nos cagaron, Juan A fin de mes  cortan 50 carteros, los más antiguos que ganamos más y con el sueldo de uno contratan dos. Viene toda una reestructuración.- Lo observé mientras me empinaba mi botella. Me sentí totalmente identificado. Quiero hacer algo parecido a lo tuyo cuando te tocó vivir lo que se me viene. Yo te veía en el Persa con tu puesto de ropa y  vendiendo pan amasado.
-        Yo empecé en la cola donde se ponen los ilegales. Primero llevaba poca ropa porque muchas veces había que salir arrancando de los pacos, hasta que fui conociendo a los colegas y empezaron a respetar mi  espacio. Al año siguiente formamos el sindicato y nos metimos con patente. Todavía queda gente de mi tiempo. Te puedo acompañar a la cola las primeras semanas para que veas como se mueve el asunto. Yo llevaré una pilchas y las que lleves tú las tiramos al suelo sobre algunos cartones.
-        ¿Y el asunto del pan?
-        Eso es más fácil. Te vienes a mi casa un día que haga para nosotros y te iré explicando paso a paso. Eso es más simple y lo aprenderás rápido.
-        ¡Salud, Juan¡ ¿Caíste preso alguna vez por ilegal ¿
-        Más de una vez, pero cuando los pacos supieron que era profesor no me hueviaron más. Mis primeras experiencias las saqué del Persa de Franklin que es nuy diferente a los persas como el que tenemos en Recoleta Yo te acompañaré a la Municipalidad porque la patente está congelada y parece que la puedo reiniciar y te metes con la legal después que hayas experimentado en la cola. No esperes que te echen. Podemos empezar el domingo. Además soy socio honorario de la Federación de Ferias libres, lo que me da cierto estatus.

Reiniciamos el partido de ajedrez y Caruso movía las piezas con seguridad, como sacando un do de pecho. Aunque el trabajo de profesor y el recuerdo de él me importaba un reverendo coco, tengo que reconocer que la vida no es nada si no tenemos a quien enseñar lo vivido, aprendido  y caminado. Porque el hombre mientras siga metiéndose en el forro del hombre insconcientemente o conscientemente, buscará el conocimiento necesario para salir de las malditas ataduras del medio ambiente. Lo que no dan los libros lo dan las piedras que chuteamos al caminar.

-Cuéntame ahora tu experiencia de franklin, me interesa todo lo que tú hiciste.

-        Esa experiencia de Franklin es una de mis preferidas, pero nunca la cuento con todo su contenido porque  tú también tienes hijos, después,vendrán tus nietos y es preferible que no se impongan de ciertas cosas, pero a  mi edad ya me importa un carajo.
  Llevaba un año dándole al pan y a la ropa americana en el Persa de Recoleta cuando me visitó un primo de origen campesino, hijo de madereros antiguos que trabajaba con motor a leña y se complementaba con su trabajo de la tierra que les producía en trigo para darse vuelta durante el año porque en el campo no puede faltar la harina. La manteca , la sal en fin... porque pueden pasar meses sin ir al pueblo. Mi tío quería  educarlo y lo puso interno en una escuela franciscana, pero el niño, desde chico se aficionó a los negocios, Cambiaba chanchos por ovejas. Caballos por vacas. Compraba animales flacos los echaba para el fundo conlindante que estaba sembrado de trébol, los sacaba de amanecida y cuando estaban gordos los llevaba a la feria. Fue imposible mantenerlo en el internado, no le interesaban los estudios, los consideraba una pérdida de tiempo. Tuvo desde niño bien claros sus objetivos; ganar plata  sin importar el cómo ni el cuando. A los 18 se estableció en Temuco y empezó a comprar madera a los huasos más necesitados y la revendía o partía con grandes camionadas a Santiago. Descubrió a poco andar que los cheques permitían hacer una gimnasia con mucha elasticidad. Ahora vestía con mucha elegancia y portaba siempre un maletín James Bond que en esos años estaban de moda. Se olvidó de la carga y descarga de camiones, ahora tenía un par de secretarios que se encargaban de esas faenas. No sé como lo haría pero cambiaba el camión de carga en Chillán y en Rancagua y en Santiago vendía la carga por tercera vez. Tiraba cheques como loco. Cuando lo empezaron a buscar partía para Argentina donde vivían sus hermanos. Permanecía un año y regresaba a las andadas.    
Yo tenía 25 años cuando en el Pedagógico una compañera me dijo que por radio Portales una persona me llamaba con mucha urgencia y que llamara por teléfono para comunicarme con él porque era el único familiar que tenía en Santiago. Así lo hice y en media hora nos encontramos en la Plaza de Armas. Era invierno y allí estaba con su cuerpo de gigantón y una nariz por la que lo apodamos “Cara con mango”. Tiritaba como si tuviera el baile del sambito. Me saqué mi sweter y se lo puso de inmediato. Yo me quedé con mi abrigo. Lo llevé de inmediato a un portal donde pedí un café y un par de huevos fritos. Cuando lo noté más tranquilo le pregunté como era posible que llegara a Santiago en camisa en pleno invierno.
Se le cayeron sus lagrimones y me abrazaba como a su ángel protector. Pedí otro café y otro par de huevos, parece que no había comido en todo el día. El asunto es que yo tenía en Temuco un amigo con el que jugábamos por el mismo club del  barrio Santa Rosa que hizo dupla con mi primo y cuando se encontraban de juerga y borrachos le partió la cabeza a un paco de un botellazo. Arrancó desesperado y se subió al primer tren que encontró en la estación. Tuvo suerte porque yo compartía pieza con dos estudiantes de ingeniería que recién se habían ido a su casa con un mes de vacaciones. Ese mes vivió en la pensión, le compré un abrigo y todo lo que estuvo a mi alcance en la ropa usada. A los quince días ya tenía trabajo y arrendó una pieza. Repartía jabones y todo tipo de elementos de aseo. Terminó vendiendo toda una camionada de elementos de aseo con el chofer y partió para la Argentina.
Cuando apareció en mi casa después de tantos años. Llegó con su aire de gerente, bien terneado, corbateado con pedigree de hombre importante. Se sentó a tomar una taza de café mientras yo sacaba el pan del horno para ir a venderlo de inmediato. Me preguntó por la cantidad que sacaba con esa venta.”Unos cinco mil “ . Me miró con un dejo de conmiseración. “Yo te compro todo el pan y nos vamos a tomar unos tragos para conversar”.  Nos fuimos al bar más próximo a Recoleta y empezamos con un buen Casillero del Diablo. “Tú eres el único de toda la parentela que estudió y consiguió un cartón y mira donde estás ahora, ¿NO te da vergüenza vender pan como un peluzón? “. Me mandé el trago de un sorbo y encendí un cigarro. Sentí admiración por este familiar que sin educación analizaba mi situación como el mejor analista. “Te das cuenta que yo que sé leer y escribir y contar con los dedos de las manos y los pies, te quiero sacar de tu trabajo que es pura mierda para perdedores. ¿No te das cuenta que te metiste en un mundo político donde necesitan solamente boxeadores que dan y dan hasta que no pueden más y como nadie les da nada hacen lo que haces tú porque no tienes a quien recurrir . ¿No te das cuenta, primo, que te equivocaste de partido? ¿ Te olvidas que me compraste ropa usada y me mantuviste casi un mes en la pensión de calle Huérfanos? Hace un año que regresé  de Argentina y cuando supe  de tu situación  te empecé a buscar de inmediato. Ahora golpeó la mesa y anudó el nudo de su corbata. “Cara con Mango” me sacudió de los hombros como sacándome de mi modorra pare seguir con su terapia de schok. “Quiero que trabajes para mí unos cuatro meses y ganarás lo equivalente a cinco años con la ropa y el pan amasado. Harás lo que ya sabes con la ropa, pero en Franklin solamente tirarás unas pilchas al suelo. Yo te tendré el lugar donde te ubicarás. Si te quitan la ropa los pacos, no te preocupes, yo te traeré otras. Alguien llegará con un carro de feria libre y lo dejará junto a uno igual que tu tendrás en tu puesto y al retirarse tomará el tuyo que está vacío y cuando sean las 11 A.M llevarás el carro que dejó tu cliente  que tendrá su peso, nunca más de 10 quilos y lo cambiarás por otro vacío en la carnicería del Negro Pepe, con el que robabas carbón de piedra en la  estación de Temuco y se lo iban a vender a las viejas de la población. Te indicaré donde se encuentra su puesto. Me hizo de inmediato un mapa. MI hijo se ofreció para atender el asunto de la ropa en Recoleta y el pan lo suspendimos por el sábado que enpecé en Franklin. No fue nada complicado. Cuando llegué al punto convenido ya estaba la persona que me esperaba con un sombrero negro y un cigarro en la oreja derecha. Puse unas camisas nuevas y usadas cuatro pantalones una chaqueta y me dispuse a lo que iba. A la hora convenida llegó la persona indicada y se probó la chaqueta, regateó todo lo que pudo y se la llevó por un tercio del precio. La echó en mi carro y se marchó. A los quince minutos me dirigí donde el Negro Pepe, sonrió de inmediato cuando me vio. Parece que se acordó cuando una vez estaba tirando carbón desde el carro y yo echándole a los sacos y  sintió ganas de defecar y se dispuso ahí mismo a la faena con tan mala suerte que llegó un guardia que se subió al carro cuando vio tanto carbón desparramado en el suelo y el negro no alcanzó a apretar cachete cuando le grité .”¡Los pacos del ferro¡”  se le enredaron los pantalones y con su cinturón el guardia lo dejó más huasqueado que león de circo.  El guardia pisó la mierda del negro y eso fue lo que lo emputeció cuando el guardia trastabilló se fue de espalda y ahora con una mano se apoyó en la mierda del Negro, no alcanzó a sacar la luma porque el Negro le dio con una piedra en la cabeza y saltó del carro.  Bueno, como te contaba cumplí mi trabajo de sábado por cuatro meses. Tuve siempre la  idea de trajinar el bulto del carro, pero me detenía en el momento preciso en el límite que siempre ponen los dioses a los hombres que quieren ir más allá de las fronteras del territorio que les pertenece .  Cumplido el trato, “Cara con Mango” depositó en mi cuenta de ahorros la suma de 20 millones. Ya me había dicho que una vez que me pagara el partiría nuevamente para Argentina y volvía en cuatro años más. Había en Mango algo que lo trascendía y que lo hacía ver más allá de la murallas que impone la vida, a su manera fue un visionario, Se abrió paso desde el mundo campesino sabiendo leer y escribir . En Argentina jamás trabajó como sus hermanos que eran todos de la construcción. Tenía pegada esa expresión: “El trabajo y el agua es a los bueyes como el ocio y el wiski es a los reyes.” Lo encontraba tan impactante como:  “La religión es el opio del pueblo”.
  Después de tres  años pasé por la carnicería del Negro por saber de Mango “Vuelve en un año más con nuevos proyectos”. Lo dijo sonriendo y arreglando su bigote a lo Bismark. “¿Estás dispuesto para nuevos bailes?  Me encogí de hombros como diciendo “depende de la música”. Quería decirle que volvería a trabajar en uno de los tantos ghuetos de la enseñanza que creó el fascismo porque si ellos eran expertos en su ramo, Yo lo era en el mío. Sabía que mi trabajo sería en un  coto de caza de un partido político que fue  servil  con la dictadura, pero si la aguanté toda y no cambié un ápice en mi manera de pensar,  lo que venía no era más que otra piedra en el camino. No podía perder todas mis imposiciones porque jubilaría en la caja antigua y no en la que inventaron los milicos.

 -Cuéntame que fue del “Cara con Mango”.
No regresó de Argentina. Que estaba en Angola me dijo su hermano que me pasó a ver. “Habla como cuatro idiomas y volverá a Chile, según él, es el paraíso de los grandes negocios. Supe que tú volviste a tus clases.”Solamente para jubilar con todos mis derechos”

Mi último consejo, Caruso: No te metas en el hoyo de la depresión que es solamente falta de acción. Usa toda tu imaginación para interpretar tus sueños, me refiero a los nocturnos porque los diurnos pueden ser productos de la evasión, en cambio los otros, los produce el motor de tus ideas. Es tu ser que se pone alas y arranca de tu máquina pensadora, pero sin cortar el cordón umbilical  que lo une a tu verdadera esencia  . A veces, es difícil volver a encontrarlo. Aunque cambia de ropaje, escenarios, rostros, regresa siempre tironeado por el cordón que une las ideas con el ombligo. .
 Toda teoría, querido amigo, señala la trayectoria del punto de partida al punto de llegada, si es exacto tiene una antena en el porvenir, es la gran palanca de las cosas. En algún libro leí ese pensamiento y me permito entregártelo y aunque la pedagogía me importe un coco, ya ves que la vida no es otra cosa que enseñar y aprender hasta que nos quedamos sin carburante para continuar el viaje

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