AIRES DEL SUR
Reinaldo Cerna Cerna
“Si no plantamos el árbol de la sabiduría cuando
jóvenes, no podrá prestarnos su sombra en la
Vejez. (Proverbio chino)
_
Papá, pronto tendré 19 años e ingresaré a la universidad y seré
abogado como a ti siempre te gustó. Creo que es hora de que me cuentes
de tus antepasados de los que nunca hablas y de los que yo y mis
hermanos nada sabemos. Nosotros no somos chilenos y por los que he
escuchado a los tíos, ninguno quiere volver a sus tierras que los vieron
nacer, pero otros hijos de chilenos y nietos sienten mucho orgullo de
su patria y su bandera. Yo trato de entenderlos porque no veo de donde
puede venir ese orgullo. A mí como a vos me da risa todo ese patriotismo
del que salieron a repartir sus miserias. Creo que los hombres como
Uds. Son producto de sus manos y sus cabezas. Lo demás: tierra suelta
que vuela con el viento. –
El
Padre miró al hijo con satisfacción y orgullo a la vez. Porque muy
atrás quedó el tiempo en que salieron de su tierra, felices
de abandonarla definitivamente. Encendió un cigarro, aspiró de manera
profunda esta bocanada de humo que lo condujo a su viejo Huichahue y a
su pasado campesino y empezó a relatar la historia de su familia que
como la mayoría de los hijueleros del sector y los hijos de inquilinos
de los fundos cercanos terminaban en Argentina. Los recuerdos llegaban
de manera desordenada.
“Nosotros
en Chile vivíamos en un valle que lo recorre el río Huichahue a lo
largo de unas ocho leguas y que le dio el nombre a esos potreros
habitados por la descendencia de los primeros colonos. Cuando llegaron
les entregaron una yunta de bueyes, semillas, herramientas para
desbrozar la tierra y víveres para mantenerse durante un año. Mi padre
continuó con su hijuela y sus hermanos vendieron de inmediato el campo
cuando tu abuelo murió. Compraron una casa, trabajaron en diferentes
faenas relacionadas con la tierra y se sentaron a esperar que la vejez y
los hijos les dieran una mano. Tú, ves como vivimos y te hemos dado una
buena educación, igual que tu hermana. Los abuelos trabajaron duro para
limpiar los potreros a punta de hacha, bueyes y el ingenio de cada uno.
Ellos vivieron bien, pero la tierra de tanto dividirse se va haciendo
chica y en ese tiempo era muy generosa y producía sin límites y no
había anticonceptivos como ahora para que las mujeres también
controlaran la producción…
Es invierno
y el viento remece el abundante follaje de los pinos. La noche cubre el
paisaje con su poncho negro y su sombrero de bruja que le cuelga hasta
los hombros, mientras la lluvia con la fuerza del viento azota la casa
sin piedad. Algunos chorros de agua se introducen por las hendiduras
que el tiempo hace sobre los cuerpos sólidos como las arrugas que
marcan el rostro de los ancianos. El hombre tiene enquistado
el enemigo en su propio organismo, no necesita buscar otros, pero los
inventa para desarrollar su autoafirmación como un vulgar ne-
“Cuando
las casas se hacen chicas y las tierras no producen para alimentar
a tanta gente. El hombre como todo animal debe buscar espacio para su
desarrollo y para conservar la especie. Es así la vida en el mundo
campesino. Los hijos trabajan, hacen producir la tierra que todos los
años se traduce por lo general en la misma cantidad de productos,
mientras el espacio se
va reduciendo y las necesidades van aumentando. Generalmente es el
hijo menor el que se queda con sus progenitores porque los otros solo
piensan en atravesar la cordillera lo más pronto posible y encontrar al
otro lado lo que nunca lograrán en su propia tierra.
De
los 20 o 30 hijueleros que conformaban el lugar y que daban vida a la
escuela rural del sector, no quedan más de tres o cuatro -según la
última carta que me envió el hijo de Heriberto, que estoy e esperando
porque me pidió que lo acogiera mientras encuentra trabajo- el resto es
una sábana verde que cubre de un extremo a otro el inmenso potrero que
se pierde en el horizonte, cuando la mirada trata de abarcarlo todo y
que fue comprando el latifundista más cercano. El dueño del fundo
vecino siempre supo que compraría todas las tierras que lo circundaban
y espera tranquilamente que llegue la hora. El latifundista sabe que
las escasas familias que quedan irán empobreciendo en razón directa al
aumento de la progenie. Unos multiplican la miseria, otros sus riquezas.
Es la maldición del pequeño campesino, no trabaja para su prosperidad,
trabaja para su destrucción. Lo que aumenta es todo lo concerniente a la
naturaleza y el hombre desarrolla y reparte la suya como el campesino
tira la semilla sobre la tierra generosa. Ya lo ves . Yo salí de allá
con cuarto básico y aquí he llegado a la universidad sin más costo que
mi esfuerzo, voluntad y el trabajo aperrao como lo hacíamos en
Huicahhue.
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Cuando el menor de los Contreras le
daba poco tiempo a su padre. Llegaba toda clase de gente de la
ciudad que quería conocer la hijuela con afanes de compra y la
respuesta del muchacho siempre era la misma: “Mientras mi padre esté
vivo no hay venta”. Todos los interesados andaban como jotes en el
basural y Mingo los
paseaba por el río, por la veguita y los potreros. Generalmente
llegaban los días domingos con cigarros, botellas de vino y algunas
conservas que no se veían mucho en el campo. Era
una manera de congraciarse con Mingo para la posible venta. Mingo,
sabía que los interesados eran muchos, pero lo que él no sabía era que
las ciudades iban creciendo en forma desorbitada por los campesinos que
emigraban, empobrecidos por las deudas a los bancos y los comerciantes
siempre buscan todas las formas de invertir dinero para multiplicar sus
fortunas y los hijueleros siempre fueron buenos aprontes.
“Yo
nací aquí, Dn. Belisario, y me trajo al mundo la vieja Eulalia que en
paz descansa, era la única partera y curiosa que iba quedando por
Santa Teresa. Contaba mi mamá que no me cortaron el ombligo con cuchara
de cobre y por eso salí tan porfiado. Ud. ve que la casa está rodeada
de pinos inmensos, los plantó mi papá con mi abuelo, eran mejores
tiempos y los campos producían lo que le tiraran: Ahora la tierra está
cansada y hay que meterle fertilizante, ni con eso no alcanza a tirar 30
quintales de trigo por hectárea y hay que vender los animales para
pagar los préstamos del banco, hasta que llega la ruina y hay que partir
pal pueblo y uno que no sabe hacer nada no vale la pena. Es mejor
partir para la Argentina. Todos dicen que allá no falta el trabajo. Los
cabros que se van se pasan de la fruta a la construcción y cuando
vienen pal dieciocho da gusto verlos bien cacharpeados. La corbata les
dura hasta que se agarran a combos cuando empiezan a comparar caballos,
perros siembras y cosechas.El
último dieciocho el Pedro y Lucho primero echaron a pelear los perros y
después se agarraron ellos meta y ponga por donde cayera, así son las
fiestas en el campo. La gente se junta una vez al año solamente para el
18. Menos mal que no tuvimos hermanas, Ud. sabe que salen con
crías y la cuestión se empeora porque los cabros chicos hay que
criarlos, no se pueden abandonar al mundo como los animales. Pa la mujer
es más difícil esta vida. No es como los otros animales que mientras
más se empreñan mejor. Así uno tiene sus animalitos para venderlos y
comprar las cosas que hacen falta para la alimentación.
El
Hombre de la ciudad pidió otra media docena de maltas. Quería
información sobre la hijuela y le resultaba divertido escuchar a este
huaso que estaba más interesado en su partida para la Argentina y para
eso no necesitaba vender el campo. A MIngo nunca le llamó la atención
que los visitantes de la ciudad les gustara tanto orillar el río
y todo lo que era la quebrada de su alrededor y hacían escarbar los
perros buscando raíces de plantas raras, cortaban hasta la zarza para
meter pala al terreno. En cada viaje dejaban marcas en los árboles para
empezar a rastrear en el próximo viaje. Cuando ya lo habían recorrido
todo seguían visitando a Mingo.
“Fíjese que mi mamá murió hace 10 años. El
médico dijo que tenía algo así como un monema pulmonar por que están
metidas todo el año en la cocina respirando el humo y en invierno, a
veces no hay leña seca fijesé. Los hombres pasamos más en los potreros
arando por aquí por allá, arreglando la tierra pa las papas y todo lo
que es chacra, debe ser por eso que a los hombres no se le revienta ese
monema de los pulmones. Por aquí vamos quedando muy pocos. Dicen que han
visto pumas por el otro lado del río.
““Cuéntame
del río y la vega”. “Este futre no sabe ná de campo”- pensó Mingo-
pero estaban buenas las maltas y esos completos con mostaza que se le
quedaba toda enredada en los bigotes.” Ahora están en la ciudad a donde
acude Mingo cuando escasea la manteca y se va terminando la harina.
“Gueno,
la veguita, es la mejor tierra para sembrar papas y todo lo que es
huerta. Le gusta mucho a los del pueblo que aparecen en verano, se
revuelcan en la arenita y se sambuyen en el remanso donde pescamos con
espineles. Lo mejor de la veguita es la leña que se queda enredá en los
matorrales cuando en invierno el río viene de avenida, ahí
donde culebrea pal sur . En primavera le metemos corvina , hacha y cuña
y sacamos leña seca pa los días de lluvia, pero ya no alcanza, fíjese
que los potreros están quedando pelaos y de las rumas de tronco que
había ya no queda ná, A lo lejos se ven algunos hualles donde sestean
los animales en verano. Si no fuera por la veguita no tendríamos leña
pal invierno. Yo creo que la hondura del agua deben ser sus dos
metros porque uno se pierde como en un raudal. Los que vienen del
pueblo dicen que es como una piscina, así será porque les gusta tanto.
Nosotros siempre nos bañamos en pelota con mis hermanos, mis primos y
una vez llegó un primo del pueblo y se puso un pantalón corto de esos
con que juegan a la pelota y le preguntamos por qué se ponía eso y le
dio vergüenza y se los sacó, se tapaba las bolas con las manos no quería
que le vieran el pichiuque. Nosotros nos reíamos por el ombligo de
tienda que tenía partido y metido pa dentro y el de nosotros es como un
moñito. Son divertidos los cabros de Temuco y una vez que vinieron
chiquillas salimos todos arrancando, hasta en el monte y se escuchaban
las risotadas de las cabras. El verano pasao teníamos que bajar pal río
en carreta y llenar un par de barriles de agua, cuando el verano es
seco no hay agua en el pozo y cada año va escaseando más igual que la
leña. Años atrás llegó la pizotia y quedó la mortandad de terneros,
bueyes, vacas, mi papá y mis hermanos se fueron al fundo de al lado a
sacar tratos de murra. En tratos se gana guena plata pero se trabaja
aperrao y llevando el roquín pa la loma. MI abuelo decía que la murra se
hacía interminable porque la gente del pueblo que venía en el verano y
después de llenarse con murra y cagaban en cualquier parte. Andaban
hinchados y trancados de tanto comerlas y todos andaban con tarros
sacándolas para hacer dulce y así se hace una plaga interminable. Ese
año todos los vecinos fueron a sacar tratos porque había que pagar los
fertilizantes de la siembra de trigo que como ganancia deja la pura
harina para
dar vuelta el año. Yo, cuando era chico le ayudaba a mi mamá en la
huerta y a cuidar a la única vaquilla que se salvó de la pizotia, ella
le puso Esperanza. Yo echo de menos a mis hermanos porque juntos, la
vida era más alegre y no trabajaba tanto como ahora. Cuando la Esperanza
andaba amanotá la eché pal fundo de al lado en la noche y cuando vi al
toro la dejé suelta. Cuando el toro sintió el olor pegó una sola arrancá
y çon una sentá en la Esperanza quedó preñá. Con razón, el gringo
tenía tantos críos guchenes porque tiraba su billete, pero la Aurelia lo
cagó. Un tío abuelo que murió de viejo nos dijo una vez: “Todo hoyo
debe ser llenado con el instrumento preciso porque el creador así lo
dispuso”. Putas que son rápidos los toros, pero los chanchos se quedan
dormidos con el barrujo puesto. Cuando el dueño del fundo se paseaba por
sus tierras miraba al lado de nosotros no podía entender que
tuviéramos terneros y vaquillas finas. Lo que son las cosas. El italiano
cuando andaba amanotao mas de la cuenta, bajaba a un bosquecito de
pinos pa agarrar a la Aurelia, también tuvo su cría, ella se lo dejó de
una semana en el galpón donde guardaban el pasto pal invierno y nunca
más se supo de la guagua. Algunos que la conocieron dicen que era igual
al dueño del fundo y que le pagó a un cabro para que lo enterrara en el
monte. Otros cuentan que se lo entregó a un falte que se lo llevó lejos
a cambio de unos buenos billetes. Pasaba lo mismo que con las crías que
dio la Esperanza que eran igual al toro porque el futre tuvo muchos
cabros guchenes y todos salieron con la nariz puntúa y lo ojos claros no
parecían chilenos. No sé como se las arregló el gringo, pero dicen
que les dio unos pedazos de tierra a tres inquilinos de otros fundos
que tenía pal lado de Cunco y se hicieron cargo de los cabros. Ya no
podía darlos para que se los llevaran lejos, las mujeres estaban más
pillas. Ahora pedían su pedazo de tierra. La gente que siempre va y
viene de todas partes dicen que todos los hijos del futre
salieronlos guenos pal trago y no les gustaba el trabajo del campo.
También se fueron pa la Argentina, por lo que cuenta la gente. Con la
primera cría de la Esperanza nos empezamos armar de vacunos de nuevo.
Ese fue el año que se fue mi hermano mayor, dijo que esta vida era una
pura mierda pa vivir siempre pobre. Mi papá le dijo que hiciera el
servicio melitar y se metiera de carabinero como muchos cabros de Santa
Teresa , pero él se negó, dijo que no servía pa moso de nadie, con él se
fueron 20 cabros enganchados para trabajar en la cosecha de fruta y
después se pasan al a construcción. El Mauro lleva diez años por esos
rumbos y la última noticia que tuvimos del es que estaba en Sudáfrica
porque allá se lo llevó la empresa constructora. Mi papá le prometió el
potrerito que da pal corral pa que lo sembrara para él sólo, no hubo
caso Dejó de escribir hace muchos años. Sabemos de él solamente cuando
aparece alguno que anda paseando. Andan bien terneados con azucareras,
se olvidaron de la ojota y el bototo y no les falta el reloj que brilla
como si fuera de oro.
Belisario,
El interesado por la compra del campo. lo llevó en su auto hasta el
paradero de las micros para su regreso a casa. Esta vez había ido porque
se les había terminado la harina y la manteca. Se alejó haciéndole un
gesto de despedida con la mano, prometiéndole una próxima visita. Allí
se encontró con Tato que había ido al pueblo a vender una oveja pa
comprar remedios para su abuela que estaba “pensionada” porque no sabía
nada de su último nieto que se había ido hace un año . Le dejó su
asiento cuando se dio cuenta que iba con sus buenos tragos en el cuerpo.
“Estamos toos alentaitos por allá”- le dijo-. “¿Es cierto que van a
vender el campo? “ le preguntó, pero Mingo no contestò. Ya estaba
semidormido. Ahl´ empezó a divagar
l
“Me
iré como se han ido todos, como sea debe ser mejor que esta vida de
mierda. Me levanto a las seis, hago la comida, cuido los animales,
preparo la tierra para las siembras, menos, barrer, no esa weá es pa
mujeres .No sé en que irá eso de la suerte, pero a nosotros no nos ha
ido muy mal estos últimos años, pero con una mala cosecha nos arruinamos
al tiro. Muriendo el viejo me voy, La tierra no se la pueden robar.”
“Con
la pizotia, fijesé, se le pegó algo a mi mamá y a los pocos meses se
murió, dicen que porque uno reza poco o nunca o porque nunca vamos a la
misa que hace el cura una vez al año cuando algunos llevan su saco de
trigo, papas, arvejas, porotos según lo que hayan cosechado en el año.
Nos dicen que es porque ninguno siguió el ejemplo de mi mamá que iba a
todos los velorios a rezar el rosario, niguna vieja le pegaba tanto al
rezo derechito y de atrás pa delante, en cambio Los Condenados que nunca
se han visto en las dos o tres misas que hace el cura hace en el
año, tienen hasta piso encerao y cuando ponen la victrola con esos
discos mexicanos de moda se baila como pa volar suavecito y yo me pongo
los zapatos que me dejó mi hermano. Cuando celebran el cumpleaño del
viejo hacen una fiesta grande ,la última vez tocaron tanto “Las cartas
Marcas” y “Juan Charrasqueao” que se anduvo echando a perder el disco.
El viejo dijo: “Le falta cuerda” y le empezó a dar a dar como manilla de
molino hasta que la weá se cortó, el viejo estaba cocío. AHí sacaron
la guitarra y toos dijeron : “Que canten los Lagos” y se largaron con
las canciones de Aceves Jemía y otras de Jorge Negrete. La que más me
gusta es “La feria de las flores”. Un futre curao pidió un rocanrol y
los Lagos habían empezao a darle al inglés y le llegó una copa en un
ojo al más chico y nos cagamos de la risa. Los Condenados son tres
hermanos como de la edad de mi papá y a ellos les dejaron a cada uno su
hijuelita igual que la de nosotros y cuentan que uno les pegaba o todos
cuando se emborrachaba y les decía que el campo, su papá se lo había
dado en vida y que tenía papeles y al poco tiempo que el padre murió,
mataron al hermano matón y lo tiraron al río dentro de un saco con una
piedra inmensa. Aquí siempre andan las contás de gente que se ha perdido
y todos dicen “Se fue pa la Argentina” pero no es verdá, se los cargan
cuando son de mal vivir por eso la gente no dice ná . Los pacos
aparecen una vez a las mil cuando los gringos los mandan a buscar porque
les roban ganado, Pasan a la casa de los hijueleros, pero solamente a
bolsear. Es increíble como la gente se apega a la tierra cuando hasta
el pasto hay que sembrarlo. De aquí se van hasta los perros, los que se
quedan cuando las familias desaparecen se ceban a los corderos y hay
que ahorcarlos o tirarlos al río con una piedra en el cogote. Mi hermano
me dijo una vez “acompáñame p”al bajo con el Nene” así se llamaba el
perro abandonado de los Gatica que vendieron y se fueron pal pueblo y ya
se había comido un corderito. Yo todavía era cabro chico. Las paré al
tiro porque mi hermano llevaba un lazo y le fue tirando pan al perro
hasta que llegamos al laurel donde empezaba el risco. Siempre me gustaba
mirar cuando mataban un chancho, un cordero o un cabrito porque en el
campo hay que aprender eso desde chico. Ahí me dijo. “Agarra el lazo” y
laceó al perro del cogote. Se subió a un hualle y pasó el lazo por el
gancho que haría la fuerza. “Ahora, ándate p”al alto” - me dijo- no
quería que mirara, pero yo caminé hasta un tronco y de allí miré. Mi
hermano le dio un solo tirón y lo siguió estirando hasta que quedó el
perro colgando y amarró el lazo al tronco del árbol, se sacudía como
tratando de agarrarse de algo. Quedó colgando y nos fuimos a ver los
monos de carbón que habíamos hecho cerca del río. El carbón ya estaba
listo y empezamos meterlo en sacos. A la semana siguiente estábamos
listos pa venderlo. No fuimos en carreta a venderlo a Temuco porque el
Ruco que había comprado camión usado con una buena cosecha andaba medio
caliente con una prima y nos cobró la pura bencina. Preguntando por aquí
y por allá di con el teatro mientras mis hermanos se fueron a casa de
putas. Menos mal que nos habíamos repartido la plata y la mía la
invertimos en mercaderías. Mi papá ni preguntaba cuanto habíamos ganado
como si fuera de lo más natural, trabajar un mes para farrearse la plata
en una noche, pero cuando el Lucho empezó que le salía leche por la
cabeza del pichiuque, el viejo le dijo al tiro: “Te cagaron las putas,¡
gueón¡, llévate una oveja pal pueblo y ves un doctor”. Al día siguiente
partió con una oveja. Cuando iba al pueblo se ponía la camisa de los
días domingo y una manta nueva que mi papá usaba muy poco, mi hermano
salía contento cuando iba pal pueblo y siempre llegaba con los zapatos
lustrados, nosotros le poníamos pura manteca pa que no pasara el agua.
Siempre pensé que como juera la vida era mejor en la ciudá. De aquí
hasta los perros se van y los que se quedan se mueren de hambre o se
hacen salvajes.. Elías, volvió después de diez años y nos fue a ver.
Volvió solamente para firmar la venta de su campo. “Yo tengo un solar
allá cabros”- nos dijo-. Todos decían lo mismo y como andaban terniados,
buen chambergo y zapato azucarero, eran igual que la gente de la ciudad
y usaban el Che para allá y el che para acá como que cansaban, pero era
divertido escucharlos. Les cambia hasta la forma de hablar cuando pasan
pal otro lado. Volvió con dos dientes de oro, no tapaduras, dientes
enteros y cuando se reía le gustaba que se los vieran y con una motita
de algodón le sacaba brillo a su reloj que refulgìa con el sol. Llevó
dos botellas de wisky, pa que la tomáramos nosotros. El quería tomar
solamente chicha de manzana, eso era lo que él más extrañaba de su
tierra. Agarró una botella y se la mandó de un sorbo. “Allá no falta el
trabajo, cabros, yo vine solamente a firmar los papeles. Mi hermano, el
que es paco tiene todo tratado con el futre” A
todos nos regaló un reloj. Terminamos todos curados cantando Juan
Charrasqueao, Paso del Norte y la Feria de las flores. Mi papá que
todavía estaba bien acompañaba con la guitarra. Al día siguiente matamos
un cordero y nos mandamos un ñache y al almuerzo un asado. Esa vez
llegaron de visita los Merejo con sus hijas para saludar a Elías, una le
meneaba el ojo y la otra le movías la cola, él le sacaba brillo a su
reloj. Mi papá sacó la victrola y nos pegamos unos corridos y unos
valses de traus, después, los Merejo se llevaron a Elías pa su casa. Me
daba una rabia cuando Elías se ponía la mano en el corazón pa que le
miraran el reloj, seguro que después las mujeres meaban cortito. Fue
la última vez que vimos a Elías. Después supimos que había muerto en una
pelea de ajuste de cuentas ya no había quien lo llorara por estos
lados. Parece que la vida es así, cuando las penas parecen que a uno lo
ahogan, se van como los pájaros volando sin dirección como los que pasan
la cordillera. También pa nosotros estaba el recuerdo de otro más que
se había ido y al irse como que había dejado de existir. Yo podría
quedarme en el campo, casarme con la Mercedes , tiene buenos encuentros
de potranca fina que y un buen jinete sabe hasta donde le da rienda y
después casarse y ver como los hijos se van pa la cordillera eso es lo
que no haré. Yo atravesaré la cordillera. Ño josé, sabía que había algo
entre nosotros. Pero se hacia el guevón, disparó al aire la primera vez
que sintió un gato que maullaba más de la cuenta, cerca del corral de
las ovejas, arranqué pal monte, era mucho peligro y poca ganancia, a lo
mucho aguantaba una agarrá de poto, estaba bien enseñá y partió preñá
pal otro lao. Con la Meche tendríamos sus animalitos, las siembras de
todos los años y cuando tuviéramos algo pueden aparecer los hermanos que
piden su parte y empezarían que cuando yo me fui habían tantas vacas ,
tantas ovejas y que sé yo cuanta guevá. Al final es pura pelea. A mí
me gusta la ciudá , le tiraré la última tierra encima al viejo y esta
tierra de mi casa se la puede llevar el viento. Soy el último Contreras y
también me iré como mis hermanos. Ño José tiene razón cuando dice que
con el tiempo por aquí no van a quedar ni ratones. La leña se está
terminando y los potreros se van quedando pelaos, muy a lo lejos se
divisa un hualle. Los futres que aparecen de vez en cuando dicen que hay
que foretar o algo así, pero quien va a plantar árboles que dan algo
después de diez o más años, lo único que reproduce rápido es la murra y
basta con cagar en los potreros en verano. En el pueulo solamente se
trabaja de peoneta y esa pega no es pa mí. La meica me dijo que el viejo
no pasaba es te invierno. Vamos pal verano y cada vez que viene le
pide una botella de meaos a mi papá. Cuando vuelve le trae la misma
botella con los meaos fermentados al sol, dicen que los trae de vuelta
mezclado con yerbas medicinales. La única vez que fue al médico le
dijeron que tenía cáncer al estómago. Le dieron dos años y se están
cumpliendo.”
El
hombre de la ciudad le servía más trago a Mingo con el fin de sacarle
alguna promesa de venta, pero su afán le resultaba inútil Cada vez que
se metía la mano en la cartera de la chaqueta sacaba la grabadora que
iba acomodando. Le decía a Mingo que estaba escuchando música y se
acomodaba un audífono. Era la única explicación para que este interesado
en la compra mostrara tanta paciencia escuchando la historia de los
Contreras. -- Tenemos que firmar papeles, Mingo, para que vamos
asegurando la venta-, eso le dijo el futre en uno de los tantos viajes
de Mingo a la ciudad. Le mostró una hoja escrita a máquina y le
indicó con el dedo donde tenía que firmar. “Curao soy menos guevón que
sin trago, amigazo, le pego poco a la lecturas y al lápiz. Este es un
asunto de tres hermanos y Discuúpeme Ud. mi caballero, pero no puedo
firmar papeles, discúlpeme Ud. Me cuesta leer y entiendo poco las
palabras difíciles.“
-¿Porqué cantan tanto los treiles Mingo?
-Los espantan los chanchos que andan en el potrero, Taita.
-Sentí un chiflido p”al norte.
- Si está lloviendo a chuzo, nadie sale p”a los potreros con esta lluvia .
- Levántate Mingo, no se vayan a meter los chanchos p”al trigo.
¿No siente la lluvia Taita?.”
Era
de noche y estaba por amanecer, el viejo encendió el mechero, se sentó
en la cama con mucho esfuerzo, cada día estaba peor, su rostro
cadavérico anunciaba la partida definitiva. El hijo acudió a su llamado
con el tiesto para que defecara. Mingo, salió a dar una mirada por los
potreros, llevó la escopeta bajo el poncho. El también se extrañó del
canto de los treiles en forma exagerada y el ladrido de los perros de la
hijuela vecina. Llegó. hasta el cerco que indicaba el inicio de la
propiedad de dn. José. Se fue acercando y se dio cuenta que estaban
arreando una yunta de novillos. Cuando llegó al potrero arrancaron en
el camión que los esperaba, el que arreaba los novillos no se percató
de la partida de sus compinches. Se empezó a acercar. Mingo, se detuvo
con la escopeta lista para disparar, apretó el gatillo SIN APUNTAR EN
NINGUNA DIRECCIÓN, sólo para asustar al cuatrero como dándole
tiempo que arrancara. Ninguno de los dos vio toda la escena del conato
de abigeo porque quedaba una hora de noche, pero Don Segundo que estaba
más cerca parapetado detrás de un árbol tenía claro lo que sucedió.
El
cuatrero se sentó en el pasto y quedó tendido de cúbito abdominal. Al
acercarse, Mingo, se dio cuenta que se estaba desangrando. “Fue el
novillo el que lo cagó”. Dijo don José. Mingo, movió la cabeza
afirmativamente, y se sentó en el pasto porque le costaba permanecer de
pie. El viejo caminó en diferentes direcciones como buscando una
solución cuando vio que el cuatrero no tenía señales de vida. “Pa peor
rebotó la cabez en la piedra - dijo el viejo, -le dio la última
chupada al pucho, como dándose tiempo. “ Si vamos a los pacos, nos
meterán presos y sin plata no hay justicia y aunque digamos la verdad
nos van a cagar igual. “ “Yo pensaba ir al pueblo y decir la verdad”.
Fue la repuesta que le dio al viejo y se quedó pensando y mirando para
la cordillera que era la solución de todos los problemas. “Tú no fuiste,
Mingo, fue el novillo que lo atravesó con el cacho cuando trató de
lacearlo. Ese novillo todavía no conoce el yugo y al caer se pegó en la
piedra que tiene manchas de sangre”. Como que se anduvo tranquilizando.
“Tenís que olvidarte de esto porque no tienes culpa ninguna.” El viejo
caminaba y caminaba estaba pensando igual que él. Se detuvo cuando
encontró la solución y lo mandó a enyugar los bueyes que estaban en el
mismo potrero y que colgara la carreta. - Recuerda siempre , Mingo: La
justicia, los abogados y todas esas guevás son pa la gente con plata que
compra toso. Nosotros haremos lo que haría cualquier hombre pobre y
honrado.
“”Quien
sería el muerto?” seguro que era un afuerino y nadie preguntaría por
él. A menos que fuera un conocido, pero todos los ladrones salen a
robar donde no los conocen. El Marco que iba a robar pa otros lados
estaba meses sin volver, lo mataron por el lado de Lautaro y de él nunca
más se supo, otros dicen que atravesó la cordillera, pero quien le iba
a creer si no le gustaba trabajar. “Este gallo es un
afuerino”. También cuentan que la mujer y el hijo le pegaron hasta que
lo mataron y lo echaron a un pozo que estaba seco de muchos años y lo
llenaron con piedras. Les daba muy mala vida y todo lo que ganaba se lo
farreaba con putas y trago en los pueblos donde era poco conocido.
Volvía sin nada y le pegaba a la mujer y al hijo, que hacía producir
algo el campito.. Se cuentan tantas cosas aquí en el campo. ”
Con el viejo José cavaron una fosa en los terrenos del fundo camino al río y enterraron el cadáver.”Por estos laos
no anda nunca nadie “ dijo José cuando la tierra tapó todo el hoyo
con el cuatrero incluido. Se dirigieron al río, lavaron la piedra
manchada con sangre y la hundieron en la correntada. Se bañaron y con
arena se sacaron las manchas de sangre, luego se dirigieron al lugar
donde partían la leña y Segundo puso el revólver en una piedra y le
empezó a dar con el combo hasta que se desintegró y enterraron las
partes en en lugares diferentes. A Mingo se le aclaró más la situación,
pero no podía olvidar aquella vez que acompañó a su hermano a liquidar
el perro. “Dejarás pasar un año o más y te vas pa la Argentina, pa que
las fechas no estén tan cerca.” Mingo; estaba tiritón y le costaba
sostener la escopeta en la mano. Siempre mató y faenó corderos
chanchos, ovejas , chivos, pero ahora la cabeza le daba vueltas y
vueltas. “No puedes tomar ni un trago con nadie, dirás que estás
enfermo del hígado y te lo prohibieron . Con trago se suelta la lengua.”
-
Yo y Ño José fuimos testigos de esa muerte, hermano.. El hecho es que
nadie apareció preguntando por el finao, los días se me hacían
interminables pensando que caería preso y no podría largarme. En la
noche soñaba que llegaban los pacos y me metían preso por años y me
levantaba asustado, llamaba a los perros y me daba cuenta que no pasaba
nada, Se me hacía difícil aguantar un año más. Ahora te lo puedo decir
con toda tranquilidad porque no podía vivir con ese peso que me vuelve
cada cierto tiempo y que me hace despertar asustado a media noche.
Su
hermano lo escuchaba y no le dio mayor importancia porque ya estaban
en Zapala y no volverían nunca más y sus suegros llegarían en un año más
cuando vendieran todas las tierras. Ahora quería tomar hasta salir
gateando, no le importaba nada. Se había sacado por fin ese puñal que
llevaba atravesado en su cuerpo.
Estaba
llegando a la subida de los Caracoles cuando su suegro le atravesó el
alazán en el camino. Juan lo esquivó y siguió caminando no lo quería
mirar.
-No
se meta conmigo don José- le dijo mirando para la barranca cuando el
sol pegaba fuerte , “No te puedes ir ahora cuando tu padre te
necesita, eres lo último que le queda,” el viejo separó la penca de su
rienda y esperó la reacción del muchacho, pero Juan le agarró fuerte
la rienda al alazán en la parte
pegada al freno. El caballo se inmovilizó. Sintió el pencazo en la
espalda y el golpe del estribo en el estómago, se quedó encogido
quejándose y el viejo se bajó de su caballo y lo sentó con la espalda
apoyada en el cerco y ahora Mingo lo agarró del cuello de la
camisa y le dio unos zamarrones. No alcanzó a golpearlo porque el
viejo lo abrazó y los dos terminaron arrepentidos de lo que estaban
haciendo y se fueron de tomatera por tres días en los Caracoles.
Siempre quedó con la duda de que fue la Meche la que mandó a su papá
porque le dijo que la esperaría en Zapala y que le diera a su padre los
últimos cuidados. También sirvió para que su suegro viera hasta donde,
el muchacho, aguantaba con trago. Los fantasmas que a él también lo
molestaban, pero de manera leve. Con el alccohol, al muchacho se le iba
inflando la cabeza y solo pensaba en irse luego. Ahora más que nunca
parecía estar viendo a sus hermanos que Se fueron. Los dos me dijeron lo
mismo “Cuida
al papá” y se lo repetían con la misma insistencia que cantaban los
treiles que se dejaban caer en picada cuidando los pichones, se
marcharon con una bolsa llena de esperanzas prometiendo volver cuando
sabían que nadie vuelve al lugar de la miseria. Era el último y sabía
que su hora llegaría, pero no dejaba de pensar en la posibilidad de
dejar a su padre solo. Se
detuvo frente al potrerito que prometía una buena cosecha. “Igual que
el año pasao” -se dijo- “y el purgón y el polvillo se comió toda la
guevá”. El año anterior vendieron una yunta de bueyes para pagar las
deudas que les dejó la siembra.”La tierra está cansá de tanto
huaraquearla y el abono sirve de poco a la tierra que como las hembras
están cansadas de parir.” Recordó que tenía que amasar pan para varios
días, recogió unos palos para el fuego cerca de la casa , pero antes
desplumó de una garrotazo a un chuncho que dormía, plácidamente sobre
un tronco. Siguió caminando. A la distancia vio que alguien venía en
sentido contrario, por la ropa reconoció a la Mercedes. Ella nunca
andaba por el campo a esa hora, tirò los palos y corrió en dirección a
la casa por un potrerito del medio. No había necesidad de hablar. Don
Segundo estaba cepillando unas tablas. “No alcancé a decirle adiós, la
Mercedes me dijo que se fue en el sueño”. Esa noche se despabilaron con
otra curadera y cantaban bajo un pino una estrofa de la canción que
tanto le gustaba a su padre. ”El que se enferma tomando con el mismo
licor sana y échale caldito Juana que ya me voy mejorando”. Las mujeres
bajo techo con una melodía diferente le daban a los rosarios de atrás
para adelante y de todas las formas existentes para evadirse de la
realidad como el mejor pichicatero. Mingo quiere matar su sueño.
Comprende que ellos conducen muchas veces a la alegría de unos y pena
de otros. La última vez que hablaron le dio con los treiles que cantan
tanto. “Ahora estoy sólo y no tengo ningún cariño por esta tierra que ya
no da Pa vivir. Llegó mi hora y si la mujer me sigue. ¡Bueno ¡ y si no
es así, los pies se hicieron para caminar”
- Dime Mingo, ¿que diré al futre, si vuelve por la compra del campo?
- Arriéndelo por sacos de trigo o por plata por un año con promesa de compra. Yo trataré de ubicar a mis hermanos para la venta.
- ¿ Se irán casados o así no más?
- Lo importante es que nos vamos. Lo demás, papeles. Somos mayores de edad.
- Con mi mujer ya lo conversamos, Cuando tengan techo vendemos todo y allá nos vemos.
“El
campo de los Contreras conlinda con el fundo, Señor Juez. Si
enterraron al finao unos metros más allá del cerco no tiene nada que ver
con nosotros. Esto pasó en la propiedad del fundo. Al gringo le robaron
seis novillos y un potro, pero de aquí no se han llevado nada. Es
cierto que estoy a cargo del campo de los Contreras, pero hace un año
que se fue el último que quedaba. Aquí anduvieron los detectives, pero
dijeron que eran comerciantes y querían comprar el campo de los
Contreras. Con Mingo anduvieron en esos tratos y se lo pasaban tomando
en el pueulo. Nadie sabía en lo que andaban, Les gustó tanto el campo
que dijeron que harían una sociedad entre detectives para comprarlo pa
pasar las vacaciones y sembrarlo durante el año. En estos días llegará
Alfredo, el hermano de Mingo que viene con papeles y un poder para
firmar la venta. Yo también venderé mi campito en cuanto regrese Alfredo
y también me voy con ellos. El italiano del fundo tiene la plata lista
pa cuando yo me decida. Mingo no le quiso vender a él porque les mataba
los chanchos que se metían en sus sembrados. Anda furia porque se le van
a meter otros propietarios en el medio. Al futrre no le gustaba que
Mingo tuviera animales finos, Decía que no tenía como pagar la montá de
un toro fina sangre. Dicen que el finao tenía la nariz puntúa igual que
el italiano, pero era menos fino que el futre. Eso es lo que contó el
Tato que se encontró con el entierro mientras cortaba un hualle que su
patrón le dio para que llevara a su mujer a mejorarse en el pueblo.
Tato, dijo que fueron los perros los que encontraron el cadáver del
guchen del italiano. Yo, señor juez, también me iré antes que no queden
ni ratones por aquí. La escuela desapareció porque ya no hay cabros
chicos y la gente joven no quiere tener críos porque aprendieron a usar
esas pastillas que atajan los espermios y es muy triste ver como los
hijos se van con un atado de ropa y una tortilla al hombro. Los viejos,
mientras podamos también tenemos que partir. Es mejor que no quede nadie
de la familia. Lo que Ud, dice Señor juez que avisaron a carabineros de
la desaparición del finao no me preocupa porque es lo que hace
cualquier persona y yo habría hecho lo mismo, Yo no tengo nada que ver
con el finao.
-Dime , papá; ¿Por qué no me llevas a conocer los lugares donde viviste?. –
-Ya
te lo dije, Mingo, ahora son leguas de una sábana verde que recorre el
valle y dicen que en los riscos anda el león y cuando llegó el primer
Contreras, era pura selva…
-Sabes una cosa no me queda clara. ¿Siguieron investigando la muerte del cuatrero?
_
Tato cuenta que de la nariz puntúa le salían lombrices. Supimos
después que el italiano le echó tierra y plata al asunto y enterró al
entenao en el pueblo. Pregúntale a tu abuelo José. El te va a contar más
cosas de lo que fue nuestra tierra, pero él la sigue queriendo a pesar
de que a mí no me significa tanto.
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