viernes, 17 de septiembre de 2021

Aires del sur

 

AIRES DEL SUR
                                                                         Reinaldo Cerna Cerna
                                  “Si no plantamos el árbol de la sabiduría cuando
                                    jóvenes, no podrá prestarnos su sombra en la
                                    Vejez. (Proverbio chino)

_ Papá, pronto tendré  19 años e ingresaré a la universidad y seré abogado como a ti siempre te gustó. Creo que es hora de que me cuentes de tus antepasados de los que nunca hablas y de los que yo y mis hermanos nada sabemos. Nosotros no somos chilenos y por los que he escuchado a los tíos, ninguno quiere volver a sus tierras que los vieron nacer, pero otros hijos de chilenos y nietos sienten mucho orgullo de su patria y su bandera. Yo trato de entenderlos porque no veo de donde puede venir ese orgullo. A mí como a vos me da risa todo ese patriotismo del que salieron a repartir sus miserias. Creo que los hombres como Uds. Son producto de sus manos y sus cabezas. Lo demás: tierra suelta que vuela con el viento. –
El Padre miró al hijo con satisfacción y orgullo a la vez. Porque muy atrás quedó el tiempo en que  salieron  de su tierra, felices de  abandonarla definitivamente.  Encendió un cigarro, aspiró de manera profunda esta bocanada de humo que lo condujo a su viejo Huichahue y a su pasado campesino y empezó a relatar la historia de su familia que como la mayoría de los hijueleros del sector y los hijos de inquilinos de los fundos cercanos terminaban en Argentina. Los recuerdos llegaban de manera desordenada.
“Nosotros en Chile vivíamos en un valle que lo recorre el río Huichahue a lo largo de unas ocho leguas y  que le dio el nombre a esos potreros habitados por la descendencia de los  primeros colonos. Cuando llegaron les entregaron  una yunta de bueyes, semillas, herramientas para desbrozar la tierra y víveres para mantenerse durante un año. Mi padre continuó con su hijuela y sus hermanos vendieron de inmediato el campo cuando tu abuelo murió. Compraron una casa, trabajaron en diferentes faenas relacionadas con la tierra y se sentaron a esperar que la vejez y los hijos les dieran una mano. Tú, ves como vivimos y te hemos dado una buena educación, igual que tu hermana. Los abuelos trabajaron duro para limpiar los potreros a punta de hacha, bueyes y el ingenio de cada uno. Ellos vivieron bien, pero la tierra de tanto dividirse se va haciendo chica y en ese tiempo era muy  generosa y producía sin límites y no había anticonceptivos como ahora para que las mujeres también controlaran la producción…  

Es  invierno y el viento remece el abundante follaje de los pinos. La noche cubre el paisaje con su poncho negro y su sombrero de bruja que le cuelga hasta los hombros, mientras la lluvia con la fuerza del viento azota la casa sin piedad. Algunos chorros de agua  se introducen por las hendiduras que el tiempo  hace sobre los cuerpos sólidos como las arrugas que marcan el rostro de los ancianos. El hombre tiene enquistado el  enemigo  en su propio organismo, no necesita buscar otros, pero  los inventa para desarrollar su autoafirmación como un vulgar ne-
“Cuando las   casas se hacen chicas y las tierras  no producen para alimentar a  tanta gente. El hombre como todo animal debe buscar espacio para su desarrollo y para conservar la especie. Es así la vida en el mundo campesino. Los hijos trabajan, hacen producir la tierra que todos los años se traduce por lo general en la misma cantidad de productos, mientras el espacio se va reduciendo y  las necesidades van aumentando. Generalmente es el hijo menor el que se queda con sus progenitores  porque los otros solo piensan en atravesar la cordillera lo más pronto posible y encontrar al otro lado  lo que nunca lograrán en su propia tierra.
 De los 20 o 30 hijueleros  que conformaban el lugar y que daban vida a la escuela rural del sector, no quedan más de tres o cuatro -según la última carta que me  envió el hijo de Heriberto,  que estoy  e esperando porque me pidió que lo acogiera mientras encuentra trabajo- el resto es una sábana verde que cubre de un extremo a otro el inmenso potrero que se pierde en el horizonte, cuando la mirada trata de abarcarlo todo y que fue comprando el latifundista más cercano. El dueño del fundo vecino   siempre supo que compraría todas las tierras que lo circundaban y espera tranquilamente que llegue la hora. El latifundista sabe que las escasas familias que quedan irán empobreciendo en razón directa al aumento de la progenie. Unos multiplican la miseria, otros sus riquezas. Es la maldición del pequeño campesino, no trabaja para su prosperidad, trabaja para su destrucción. Lo que aumenta es todo lo concerniente a la naturaleza y el hombre desarrolla y reparte la suya como el campesino tira la semilla sobre la tierra generosa. Ya lo ves . Yo salí de allá con cuarto básico y aquí he llegado a la universidad sin más costo que mi esfuerzo, voluntad y el trabajo aperrao como lo hacíamos en Huicahhue.
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   Cuando el menor de los Contreras le daba poco tiempo a su padre. Llegaba toda clase de gente de la ciudad  que quería conocer la hijuela con afanes de compra y la respuesta del muchacho siempre era la misma: “Mientras mi padre esté vivo no hay venta”. Todos los interesados andaban como jotes en el basural y Mingo los paseaba por el río, por la veguita y  los potreros. Generalmente llegaban los días domingos con cigarros, botellas de vino y algunas conservas que no se veían mucho en el campo. Era una manera de congraciarse con Mingo para la posible venta. Mingo, sabía que los interesados eran muchos, pero lo que él no sabía era que las ciudades iban creciendo en forma desorbitada por los campesinos que emigraban, empobrecidos por las deudas a los bancos y los comerciantes siempre buscan todas las formas de invertir dinero para multiplicar sus fortunas y los hijueleros siempre fueron  buenos aprontes.
“Yo nací aquí, Dn. Belisario, y me trajo al mundo la vieja Eulalia que en paz descansa, era la única  partera y   curiosa que iba quedando por Santa Teresa. Contaba mi mamá que  no me cortaron el ombligo con cuchara de cobre y por eso salí tan porfiado. Ud. ve que la casa está  rodeada de pinos inmensos, los plantó mi papá con mi abuelo, eran  mejores tiempos y los campos producían lo que le tiraran: Ahora la tierra está cansada y hay que meterle fertilizante, ni con eso no alcanza a tirar 30 quintales de trigo por hectárea y hay que vender los animales para pagar los préstamos del banco, hasta que llega la ruina y hay que partir pal pueblo y uno que no sabe hacer nada no vale la pena. Es mejor partir para la Argentina. Todos dicen que allá no falta el trabajo. Los cabros que se van se pasan de la fruta a la construcción  y cuando vienen pal dieciocho da gusto verlos bien cacharpeados. La corbata les dura hasta que se agarran a combos cuando empiezan a comparar caballos, perros siembras y cosechas.El último dieciocho el Pedro y Lucho primero echaron a pelear los perros y después se agarraron ellos meta y  ponga por donde cayera, así son las fiestas en el campo. La gente se junta una vez al año solamente para el 18.  Menos mal que no tuvimos hermanas, Ud. sabe que salen con crías y la cuestión se empeora porque los cabros chicos hay que criarlos, no se pueden abandonar al mundo como los animales. Pa la mujer es más difícil esta vida. No es como los otros animales que mientras más se empreñan mejor. Así uno tiene sus animalitos para venderlos y comprar las cosas que hacen falta  para la alimentación.
El Hombre de la ciudad  pidió otra media docena de maltas. Quería información sobre la hijuela  y le resultaba  divertido escuchar a este huaso que estaba más interesado en su partida para la Argentina y para eso no necesitaba vender el campo. A MIngo nunca le llamó la atención que los visitantes de la ciudad les gustara tanto orillar el río y   todo lo que era la quebrada de su alrededor y hacían escarbar los perros buscando raíces de plantas raras, cortaban hasta la zarza para meter pala al terreno. En cada viaje dejaban marcas en los árboles para empezar a rastrear en el próximo viaje. Cuando ya lo habían recorrido todo seguían visitando  a Mingo.
 “Fíjese que mi mamá murió hace 10 años. El médico dijo que   tenía algo así como un monema pulmonar por que están metidas todo el año en la cocina respirando el humo y en invierno, a veces no hay leña seca fijesé. Los  hombres pasamos más en los potreros arando por aquí por allá, arreglando la tierra pa las papas y todo lo que es chacra, debe ser por eso que a los hombres no se le revienta ese monema de los pulmones. Por aquí vamos quedando muy pocos. Dicen que han visto pumas por el otro lado del río.
““Cuéntame del río y la vega”. “Este futre no sabe ná de campo”- pensó  Mingo- pero estaban buenas las maltas y esos completos con mostaza que se le quedaba toda enredada en los bigotes.” Ahora están en la ciudad a donde acude Mingo cuando escasea la manteca y se va terminando la harina.   
“Gueno, la veguita, es la mejor tierra para sembrar papas y todo lo que es huerta. Le gusta mucho a los del pueblo que aparecen en verano, se revuelcan en la arenita y se sambuyen  en el remanso donde pescamos con espineles. Lo mejor de la veguita es la leña que se queda enredá en los matorrales cuando en invierno el río viene de avenida, ahí donde  culebrea pal sur . En primavera le metemos corvina , hacha y cuña y sacamos leña seca pa los días de lluvia, pero ya no alcanza, fíjese que los potreros  están quedando pelaos y de las rumas de tronco que había ya no queda ná, A lo lejos se ven algunos hualles donde sestean los animales en verano. Si no fuera por la veguita no tendríamos leña pal invierno. Yo creo que la hondura del agua deben ser sus dos metros   porque uno se pierde como en un raudal. Los que vienen del pueblo dicen que es como una piscina, así será porque  les gusta tanto. Nosotros siempre nos bañamos en pelota con mis hermanos, mis primos y una vez llegó un primo del pueblo y se puso un pantalón corto de esos con que juegan a la pelota y le preguntamos por qué se ponía eso y le dio vergüenza y se los sacó, se tapaba las bolas con las manos no quería que le vieran el pichiuque. Nosotros nos reíamos por el ombligo de tienda que tenía partido y metido pa dentro y el de nosotros es como un moñito. Son divertidos los cabros de Temuco y una vez que vinieron chiquillas salimos todos arrancando, hasta en el monte y se escuchaban las risotadas de las cabras. El verano pasao  teníamos que bajar pal río en carreta y llenar un par de barriles de agua, cuando el verano es seco no hay agua en el pozo  y cada año va escaseando más igual que la leña.  Años atrás llegó la pizotia y quedó la mortandad de terneros, bueyes, vacas, mi papá y mis hermanos se fueron al fundo de al lado a sacar tratos  de murra. En tratos  se gana guena plata pero se trabaja aperrao y llevando el roquín pa la loma. MI abuelo decía que la murra se hacía interminable porque la gente del pueblo que venía en el verano y después de llenarse con murra y cagaban en cualquier parte. Andaban hinchados y trancados de tanto comerlas y todos andaban con tarros sacándolas  para hacer dulce y así se hace una plaga interminableEse año todos los vecinos fueron  a sacar tratos porque había que pagar los fertilizantes de la siembra de trigo que como ganancia deja la pura harina para dar vuelta el año. Yo, cuando era chico le ayudaba a mi  mamá en la huerta y a cuidar a la única vaquilla que se salvó de la pizotia, ella le puso Esperanza. Yo echo de menos a mis hermanos porque juntos, la vida era más alegre y no trabajaba tanto como ahora. Cuando la Esperanza andaba amanotá la eché pal fundo de al lado en la noche y cuando vi al toro la dejé suelta. Cuando el toro sintió el olor pegó una sola arrancá y çon una sentá en la Esperanza  quedó preñá. Con razón, el gringo tenía tantos críos guchenes porque tiraba su billete, pero la Aurelia lo cagó. Un tío abuelo que murió de viejo nos dijo una vez: “Todo hoyo debe ser llenado con el instrumento preciso porque el creador así lo dispuso”.  Putas que son rápidos los toros, pero los chanchos se quedan dormidos con el barrujo puesto. Cuando el dueño del fundo se paseaba por sus tierras  miraba al lado de nosotros  no podía entender que tuviéramos terneros y vaquillas finas. Lo que son las cosas. El italiano cuando andaba amanotao mas de la cuenta, bajaba a un bosquecito de pinos pa agarrar a la Aurelia, también tuvo su cría, ella se lo dejó de una semana en el galpón donde guardaban el pasto pal invierno y nunca más se supo de la guagua. Algunos que la conocieron dicen que era igual al dueño del fundo y que le pagó a un cabro para que lo enterrara en el monte. Otros cuentan que se lo entregó a un  falte que se lo llevó lejos a cambio de unos buenos billetes. Pasaba lo mismo que con las crías que dio la Esperanza que eran igual al toro porque el futre tuvo muchos cabros guchenes y todos salieron con la nariz puntúa y lo ojos claros no parecían chilenos.  No sé como se las arregló el gringo, pero dicen que  les dio unos pedazos de tierra a tres inquilinos de otros fundos que tenía pal lado de Cunco y se hicieron cargo de los cabros. Ya no podía darlos para que se los llevaran lejos, las mujeres estaban más pillas. Ahora pedían su pedazo de tierra. La gente que siempre va y viene de todas partes dicen que todos los hijos del futre salieronlos  guenos pal trago y no les gustaba el trabajo del campo. También se fueron pa la Argentina, por lo que cuenta la gente.  Con la primera cría de la Esperanza nos empezamos armar   de vacunos de nuevo. Ese fue el año que se fue mi hermano mayor, dijo que esta vida era una pura mierda pa vivir siempre pobre. Mi papá le dijo que hiciera el servicio melitar y se metiera de carabinero como muchos cabros de Santa Teresa , pero él se negó, dijo que no servía pa moso de nadie, con él se fueron 20 cabros enganchados  para trabajar en  la cosecha de fruta  y después se pasan al a construcción. El Mauro lleva diez años por esos rumbos y la última noticia que tuvimos del  es que estaba en Sudáfrica porque allá se lo llevó la empresa constructora. Mi papá le prometió el potrerito   que da pal corral pa que lo sembrara para él sólo, no hubo caso Dejó de escribir hace muchos años. Sabemos de él solamente cuando aparece alguno que anda paseando. Andan bien terneados con azucareras, se olvidaron de la ojota y el bototo y no les falta el reloj que brilla como si fuera de oro. 
 Belisario, El interesado por la compra del campo. lo llevó en su auto hasta el paradero de las micros para su regreso a casa. Esta vez había ido porque se les había terminado la harina y la manteca. Se alejó haciéndole un gesto de despedida con la mano, prometiéndole una próxima  visita. Allí se encontró con  Tato que había ido al pueblo a vender una oveja pa comprar remedios para su abuela que estaba “pensionada” porque no sabía nada de su último nieto que se había ido hace un año . Le dejó su asiento cuando se dio cuenta que iba con sus buenos tragos en el cuerpo. “Estamos toos alentaitos por allá”- le dijo-. “¿Es  cierto que van a vender el campo? “ le preguntó, pero Mingo no contestò. Ya estaba semidormido. Ahl´ empezó  a divagar l                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 “Me iré como se han ido todos, como sea debe ser mejor que esta vida de mierda. Me levanto a las seis, hago la comida, cuido los animales, preparo la tierra para las siembras, menos, barrer, no esa weá es pa mujeres .No sé en que irá eso de la  suerte, pero a nosotros no  nos ha ido muy mal estos últimos años, pero con una mala cosecha nos arruinamos al tiro. Muriendo el viejo me voy, La tierra no se la pueden robar.”
 “Con la pizotia, fijesé, se le pegó algo a mi mamá y a los pocos meses se murió, dicen que porque uno reza poco o nunca o porque nunca vamos a la misa que hace el cura una vez al año cuando algunos llevan su saco de trigo, papas, arvejas, porotos según lo que hayan cosechado en el año. Nos dicen que es porque ninguno siguió el ejemplo de mi mamá que iba a todos los velorios a rezar el rosario, niguna vieja le pegaba tanto al rezo derechito y de atrás pa delante, en cambio Los Condenados que nunca se han visto en las dos o tres misas que hace el cura hace en el año,  tienen hasta piso encerao y cuando ponen la victrola con esos discos mexicanos de moda se baila como pa volar suavecito y yo me pongo los zapatos que me dejó mi hermano.  Cuando celebran el cumpleaño del viejo hacen una fiesta grande ,la última vez tocaron tanto “Las cartas Marcas” y “Juan Charrasqueao” que se anduvo echando a perder el disco. El viejo dijo: “Le falta cuerda” y le empezó a dar a dar como manilla de molino hasta que la weá se cortó, el viejo estaba cocío.  AHí sacaron la guitarra y toos dijeron : “Que canten los Lagos” y se largaron con las canciones de Aceves  Jemía y otras de Jorge Negrete. La que más me gusta es “La feria de las flores”. Un futre curao pidió un rocanrol y los Lagos habían empezao a darle al inglés  y le llegó una copa en un ojo al más chico y nos cagamos  de la risa. Los Condenados son tres hermanos como de la edad de mi papá y a ellos les dejaron a cada uno su hijuelita igual que la de nosotros  y cuentan que uno les pegaba o todos cuando se emborrachaba y les decía que el campo, su papá se lo había dado en vida y que tenía papeles y al poco tiempo que el padre murió, mataron al hermano matón y lo tiraron al río dentro de un saco con una piedra inmensa. Aquí siempre andan las contás de gente que se ha perdido y todos dicen “Se fue pa la  Argentina” pero no es verdá, se los cargan cuando son de mal vivir por eso la gente no dice ná . Los pacos aparecen una vez a las mil cuando los gringos los mandan a buscar porque les roban ganado, Pasan a la casa de los hijueleros, pero solamente a bolsear.  Es increíble como la gente se apega a la tierra cuando hasta el pasto hay que sembrarlo.  De aquí se van hasta los perros, los que se quedan cuando las familias desaparecen  se ceban a los corderos y hay que ahorcarlos o tirarlos al río con una piedra en el cogote. Mi hermano me dijo una vez “acompáñame p”al bajo con el Nene”  así se llamaba el perro abandonado de los Gatica que vendieron y se fueron pal pueblo y ya se había comido un corderito. Yo todavía era cabro chico. Las paré al tiro porque mi hermano llevaba un lazo y  le fue tirando pan al perro hasta que llegamos al laurel donde empezaba el risco. Siempre me gustaba mirar cuando mataban un chancho, un cordero o un cabrito porque en el campo hay que aprender eso desde chico. Ahí me dijo. “Agarra el lazo”  y laceó al perro del cogote. Se subió a un  hualle y pasó el lazo por el gancho que haría la fuerza. “Ahora, ándate p”al alto” - me dijo- no quería que mirara, pero yo caminé hasta un tronco y de allí miré. Mi hermano le dio un solo tirón y lo siguió estirando hasta que quedó el perro colgando y amarró el lazo al tronco del árbol, se sacudía como tratando de agarrarse de algo. Quedó colgando y nos fuimos a ver los monos de carbón que habíamos hecho cerca del río. El carbón ya estaba listo y empezamos meterlo en sacos. A la semana siguiente estábamos listos pa venderlo. No fuimos en carreta a venderlo a Temuco porque el Ruco que había comprado camión usado con una buena cosecha andaba medio caliente con una prima y nos cobró la pura bencina. Preguntando por aquí y por allá di con el teatro mientras mis hermanos se fueron a casa de putas. Menos mal que nos habíamos repartido la plata y la mía la invertimos en mercaderías. Mi papá ni preguntaba cuanto habíamos ganado como si fuera de lo más natural, trabajar un mes para farrearse la plata en una noche, pero cuando el Lucho empezó que le salía leche por la cabeza del pichiuque, el viejo le  dijo al tiro: “Te cagaron las putas,¡ gueón¡, llévate una oveja pal pueblo y ves un doctor”. Al día siguiente partió con una oveja. Cuando iba al pueblo se ponía la camisa de los días domingo y una manta nueva que mi papá usaba muy poco, mi hermano salía contento cuando iba pal pueblo y siempre llegaba con los zapatos lustrados, nosotros le poníamos pura manteca pa que no pasara el agua. Siempre pensé que como juera la vida era mejor en la ciudá. De aquí hasta los perros se van y  los que se quedan se mueren de hambre o se hacen salvajes.. Elías, volvió después de diez años y nos fue a ver. Volvió solamente para firmar la venta de su campo. “Yo tengo un solar allá cabros”- nos dijo-. Todos decían lo mismo y como andaban terniados, buen chambergo y zapato azucarero, eran igual que la gente de la ciudad y usaban el Che para allá y el che para acá como que cansaban, pero era divertido escucharlos. Les cambia hasta la forma de hablar cuando pasan pal otro lado. Volvió con dos dientes de oro, no tapaduras, dientes enteros y cuando se reía le gustaba que se los vieran y con una motita de algodón le sacaba brillo a su reloj que refulgìa con el sol. Llevó dos botellas de wisky, pa que la tomáramos nosotros. El quería tomar solamente chicha de manzana, eso era lo que él más extrañaba de su tierra. Agarró una botella y se la mandó de un sorbo. “Allá no falta el trabajo, cabros, yo vine solamente a firmar los papeles. Mi hermano, el que es paco tiene todo tratado con el futre” A todos nos regaló un reloj. Terminamos todos curados cantando Juan Charrasqueao, Paso del Norte y la Feria de las flores. Mi papá que todavía estaba bien acompañaba con la guitarra. Al día siguiente matamos un cordero y nos mandamos un ñache y al almuerzo un asado. Esa vez llegaron de visita los Merejo con sus hijas para saludar a Elías, una le meneaba el ojo y la otra le movías la cola, él le sacaba brillo a su reloj. Mi papá sacó la victrola y nos pegamos unos corridos y unos valses de traus, después, los Merejo se llevaron a Elías pa su casa. Me daba una rabia cuando Elías se ponía la mano en el corazón pa que le miraran el reloj, seguro que después las mujeres meaban cortito.   Fue la última vez que vimos a Elías. Después supimos que había muerto en una pelea de ajuste de cuentas ya no había quien lo llorara por estos lados. Parece que la vida es así, cuando las penas parecen que a uno lo ahogan, se van como los pájaros volando sin dirección como los que pasan la cordillera. También  pa nosotros estaba el recuerdo de otro más que se había ido y al irse como que había dejado de existir. Yo podría quedarme en el campo, casarme con la Mercedes , tiene buenos encuentros de potranca fina  que  y un buen jinete sabe hasta donde le da rienda y después casarse y ver como los hijos se van pa la cordillera eso es lo que no haré. Yo atravesaré la cordillera. Ño josé, sabía que había algo entre nosotros. Pero se hacia el guevón, disparó al aire la primera vez que sintió un gato que maullaba más de la cuenta, cerca del corral de las ovejas, arranqué pal monte, era mucho peligro y poca ganancia, a lo mucho aguantaba una agarrá de poto, estaba bien enseñá y partió preñá pal otro lao. Con la Meche tendríamos sus animalitos, las siembras de todos los años y cuando tuviéramos algo pueden aparecer los hermanos que piden su parte  y empezarían que cuando yo me fui habían tantas vacas , tantas ovejas y que sé yo cuanta guevá. Al final es pura pelea. A   mí me gusta la ciudá , le tiraré la última tierra encima al viejo y esta tierra de mi casa se la puede llevar el viento. Soy el último Contreras y también me iré como mis hermanos. Ño José tiene razón cuando dice que con el tiempo por aquí no van a quedar ni ratones. La leña se está terminando y los potreros se van quedando pelaos, muy a lo lejos se divisa un hualle. Los futres que aparecen de vez en cuando dicen que hay que foretar o algo así, pero quien va a plantar árboles que dan algo después de diez o más años, lo único que reproduce rápido es la murra y basta con cagar en los potreros en verano.  En el pueulo solamente se trabaja de peoneta y esa pega no es pa mí. La meica me dijo que el viejo no pasaba es te invierno. Vamos pal verano y  cada vez que viene le pide una botella de meaos a mi papá. Cuando vuelve le trae la misma botella con los meaos fermentados al sol, dicen que los trae de vuelta mezclado con yerbas medicinales. La única vez que fue al médico le dijeron que tenía cáncer al estómago. Le dieron dos años y se están cumpliendo.”
El hombre de la ciudad le servía más trago a Mingo con el fin  de sacarle alguna promesa de venta, pero su afán le resultaba inútil Cada vez que se metía la mano en la cartera de la chaqueta sacaba la grabadora que iba acomodando. Le  decía a Mingo que estaba escuchando música y se acomodaba un audífono. Era la única explicación para que este interesado en la compra mostrara tanta paciencia escuchando la historia de los Contreras.  -- Tenemos que firmar papeles, Mingo, para  que vamos asegurando la venta-, eso le dijo el futre en uno de los tantos viajes de Mingo  a la ciudad. Le mostró una hoja   escrita a máquina y le indicó con el dedo donde tenía que firmar. “Curao soy menos guevón que sin trago, amigazo, le pego poco a la lecturas y al lápiz. Este  es un asunto de tres hermanos y  Discuúpeme Ud. mi caballero, pero no puedo firmar papeles, discúlpeme Ud. Me cuesta leer y entiendo poco las palabras difíciles.“
 -¿Porqué cantan tanto los treiles Mingo?
-Los espantan los chanchos que andan en el potrero, Taita.
-Sentí  un chiflido p”al norte.
- Si está lloviendo a chuzo, nadie sale p”a los potreros con esta lluvia .
- Levántate Mingo, no se vayan a meter los chanchos p”al trigo.
¿No siente la lluvia Taita?.”
Era de noche y estaba por amanecer, el viejo  encendió el mechero, se sentó en la cama con mucho esfuerzo, cada día estaba peor, su rostro cadavérico anunciaba la partida definitiva. El hijo acudió a su llamado con el tiesto para que defecara. Mingo, salió  a dar  una mirada por los potreros, llevó la escopeta bajo el poncho. El también se extrañó del canto de los treiles en forma exagerada y el ladrido de los perros de la hijuela vecina. Llegó.  hasta el cerco que indicaba el inicio de la propiedad  de dn. José.  Se fue acercando  y se dio cuenta que estaban arreando una yunta de novillos. Cuando llegó  al potrero arrancaron en el camión que los esperaba,  el que arreaba los novillos no se percató de la partida de sus compinches. Se empezó a acercar. Mingo, se detuvo con la escopeta lista para disparar, apretó el gatillo SIN APUNTAR EN NINGUNA DIRECCIÓN, sólo para asustar al cuatrero como dándole tiempo  que arrancara. Ninguno de los dos  vio toda la escena del conato de abigeo porque quedaba una hora de noche, pero Don Segundo que estaba más cerca parapetado detrás de un árbol tenía claro lo que sucedió.  
 El cuatrero se sentó en el pasto y quedó tendido de cúbito abdominal. Al acercarse, Mingo,  se dio cuenta que se estaba desangrando. “Fue el novillo el que lo cagó”. Dijo don José. Mingo, movió la cabeza afirmativamente, y se sentó en el pasto porque le costaba permanecer de pie. El viejo caminó en diferentes direcciones como buscando una solución cuando vio que el cuatrero no tenía señales de vida. “Pa peor rebotó  la cabez  en la piedra - dijo el viejo, -le dio la última chupada al pucho, como dándose tiempo. “ Si vamos a los pacos, nos meterán presos y sin plata no hay justicia y aunque digamos la verdad nos van a cagar igual. “ “Yo pensaba ir al pueblo y decir la verdad”. Fue la repuesta que le dio al viejo y se quedó pensando y mirando para la cordillera que era la solución de todos los problemas. “Tú no fuiste, Mingo, fue el novillo que lo atravesó con el cacho cuando trató de lacearlo. Ese novillo todavía no conoce el yugo y al caer se pegó en la piedra que tiene manchas de sangre”. Como que se anduvo tranquilizando. “Tenís que olvidarte de esto porque no tienes culpa ninguna.” El viejo caminaba y caminaba estaba pensando igual que él. Se detuvo cuando encontró la solución y lo mandó a enyugar los bueyes que estaban en el mismo potrero y que colgara la carreta. - Recuerda siempre , Mingo: La justicia, los abogados y todas esas guevás son pa la gente con plata que compra toso. Nosotros haremos lo que haría cualquier hombre pobre y honrado.
“”Quien sería el muerto?” seguro que era un afuerino y nadie preguntaría por él. A menos que fuera un conocido, pero  todos los ladrones salen a robar donde no los conocen. El Marco que iba a robar pa otros lados estaba meses sin volver, lo mataron por el lado de Lautaro y de él nunca más se supo, otros dicen que atravesó la cordillera, pero  quien le iba a creer si   no le gustaba trabajar. “Este gallo es un afuerino”.  También cuentan que la mujer y el hijo le pegaron hasta que lo mataron y lo echaron a un pozo que estaba seco de muchos años y lo llenaron con piedras. Les daba muy mala vida y todo lo que ganaba se lo farreaba con putas y trago en los pueblos  donde era poco conocido. Volvía sin nada y le pegaba a la mujer y al hijo, que hacía producir algo el campito.. Se cuentan tantas cosas aquí en el campo. ”
 Con el viejo  José cavaron una fosa  en los terrenos del fundo camino al río y enterraron   el cadáver.”Por estos laos no anda nunca nadie “  dijo  José cuando la tierra tapó todo el hoyo con el cuatrero incluido. Se dirigieron al río, lavaron la piedra manchada con sangre y la hundieron en la correntada. Se bañaron y con arena se sacaron las manchas de sangre, luego se dirigieron al lugar donde partían la leña  y  Segundo puso el revólver en una piedra y le empezó a dar con el combo hasta que se desintegró y  enterraron las partes en en lugares diferentes. A Mingo se le aclaró más la situación, pero no podía olvidar aquella vez que acompañó a su hermano a liquidar el perro.  “Dejarás pasar un año o más y te vas pa la Argentina, pa que las fechas no estén tan cerca.” Mingo; estaba tiritón y le costaba sostener la escopeta en la mano. Siempre mató y faenó  corderos chanchos, ovejas , chivos, pero ahora la cabeza le daba vueltas y vueltas.  “No puedes tomar ni un trago con nadie, dirás que estás enfermo del hígado y te lo prohibieron . Con trago se suelta la lengua.”
- Yo y Ño José fuimos  testigos de esa muerte, hermano.. El hecho es que nadie apareció preguntando por el finao, los días se me hacían interminables pensando que caería preso y no podría largarme. En la noche soñaba que llegaban los pacos y me metían preso por años y me levantaba asustado, llamaba a los perros y me daba cuenta que no pasaba nada, Se me hacía difícil aguantar un año más. Ahora te lo puedo decir con toda tranquilidad porque no podía  vivir con ese peso que me vuelve cada cierto tiempo y que me hace despertar asustado a media noche.
Su hermano  lo escuchaba y no le dio mayor importancia porque ya estaban en Zapala y no volverían nunca más y sus suegros llegarían en un año más cuando vendieran todas las tierras. Ahora quería tomar hasta salir gateando, no le importaba nada. Se había sacado por fin ese puñal que llevaba atravesado en su cuerpo.
 Estaba llegando a la subida de los Caracoles cuando su suegro   le atravesó el alazán en el camino. Juan lo esquivó y siguió caminando no lo quería mirar.
 -No se meta conmigo don José-  le dijo  mirando para  la barranca cuando el sol pegaba fuerte   , “No te puedes ir ahora cuando tu padre te necesita, eres lo último que le queda,”  el viejo separó  la penca de su rienda y esperó la  reacción del muchacho,  pero Juan le agarró fuerte la rienda al alazán en la parte pegada al freno. El caballo se inmovilizó. Sintió el pencazo en la espalda y el golpe del estribo en el estómago, se quedó  encogido quejándose  y el viejo se bajó  de su caballo y lo  sentó con la espalda apoyada en el cerco y ahora  Mingo lo agarró   del cuello de la camisa  y le dio unos zamarrones. No alcanzó  a golpearlo porque el viejo lo  abrazó y los dos terminaron  arrepentidos de lo  que estaban haciendo y se fueron  de tomatera por tres días en los Caracoles. Siempre quedó con la duda de que fue la Meche la que  mandó a su papá porque le dijo que la esperaría en Zapala y que le diera a su padre los últimos cuidados. También sirvió para  que su suegro viera hasta donde, el muchacho, aguantaba con trago.   Los fantasmas que a él también lo molestaban, pero de manera leve.  Con el alccohol, al muchacho se le iba inflando la cabeza y solo pensaba en irse luego. Ahora más que nunca parecía estar viendo a sus hermanos que Se fueron. Los dos me dijeron lo mismo  “Cuida al papá” y se  lo repetían con la misma insistencia que cantaban los treiles que se dejaban caer en picada cuidando los pichones, se marcharon con una bolsa llena de esperanzas prometiendo volver cuando sabían que nadie vuelve al lugar de la miseria. Era   el último y sabía que su  hora llegaría, pero no dejaba de pensar en la posibilidad de dejar a su padre solo. Se detuvo frente al potrerito que prometía una buena cosecha. “Igual que el año pasao” -se dijo- “y el purgón y el polvillo se comió toda la guevá”. El año anterior vendieron  una yunta de bueyes para pagar las deudas que les dejó la siembra.”La tierra está cansá de tanto huaraquearla y el abono sirve de poco a la tierra que como las hembras están  cansadas de parir.” Recordó que tenía que amasar pan para varios días, recogió unos palos para el fuego cerca de la casa , pero antes desplumó  de una garrotazo a un chuncho que dormía, plácidamente sobre un tronco. Siguió  caminando. A la distancia vio que alguien venía en sentido contrario, por la ropa reconoció  a la Mercedes. Ella nunca andaba por el campo a esa hora, tirò los palos y corrió en dirección a la casa por un potrerito del medio. No había necesidad de hablar. Don Segundo estaba cepillando unas tablas. “No alcancé a decirle adiós, la Mercedes me dijo que se fue en el sueño”. Esa noche se despabilaron con otra curadera y  cantaban bajo un pino una estrofa de la canción que tanto le gustaba a su padre. ”El que se enferma tomando con el mismo licor sana y  échale caldito Juana que ya me voy mejorando”. Las mujeres bajo techo con una melodía diferente le daban a los rosarios de atrás para adelante y de todas las formas existentes para evadirse de la realidad como el mejor pichicatero. Mingo quiere matar su  sueño. Comprende que ellos  conducen muchas veces a la alegría de unos y pena de otros. La última vez que hablaron  le dio con los treiles que cantan tanto. “Ahora estoy sólo y no tengo ningún cariño por esta tierra que ya no da Pa  vivir. Llegó mi hora y si la mujer me sigue. ¡Bueno ¡ y si no es así, los pies se hicieron para caminar”
-        Dime Mingo, ¿que  diré al futre, si vuelve por la compra del campo?
-        Arriéndelo por  sacos de trigo o por plata por un año con promesa de compra. Yo trataré de ubicar a mis hermanos  para la venta.
-        ¿ Se irán casados o así no más?
-        Lo importante es que nos vamos. Lo demás, papeles. Somos mayores de edad.
-        Con mi mujer ya lo conversamos, Cuando tengan techo vendemos todo y allá nos vemos.
“El campo de los Contreras  conlinda con el fundo, Señor Juez. Si enterraron al finao unos metros más allá del cerco no tiene nada que ver con nosotros. Esto pasó en la propiedad del fundo. Al gringo le robaron seis novillos y un potro, pero de aquí no se han llevado nada. Es cierto que estoy a cargo del campo de los Contreras, pero hace un año que se fue el último que quedaba. Aquí anduvieron los detectives, pero dijeron que eran comerciantes y querían comprar el campo de los Contreras. Con Mingo anduvieron en esos tratos y se lo pasaban tomando en el pueulo. Nadie sabía en lo que andaban, Les gustó tanto el campo que dijeron que harían una sociedad entre detectives para comprarlo pa pasar las vacaciones y sembrarlo durante el año. En estos días llegará Alfredo, el hermano de Mingo que viene con papeles y un poder para firmar la venta. Yo también venderé mi campito en cuanto regrese Alfredo y también me voy con ellos. El italiano del fundo tiene la plata lista pa cuando yo me decida. Mingo no le quiso vender a él porque les mataba los chanchos que se metían en sus sembrados. Anda furia porque se le van a meter otros propietarios en el medio. Al futrre no le gustaba que Mingo tuviera animales finos, Decía que no tenía como pagar la montá de un toro fina sangre. Dicen que el finao tenía la nariz puntúa igual que el italiano, pero era menos fino que el futre. Eso es lo que contó el Tato que se encontró con el entierro mientras cortaba un hualle que su patrón le dio para que llevara a su mujer a mejorarse en el pueblo. Tato, dijo que fueron los perros los que encontraron el cadáver del guchen del italiano. Yo, señor juez, también me iré antes que no queden ni ratones por aquí. La escuela desapareció porque ya no hay cabros chicos y la gente joven no quiere tener críos porque aprendieron a usar esas pastillas que atajan los espermios y es muy triste ver como los hijos se van con un atado de ropa y una tortilla al hombro. Los viejos, mientras podamos también tenemos que partir. Es mejor que no quede nadie de la familia. Lo que Ud, dice Señor juez que avisaron a carabineros de la desaparición del finao no me preocupa porque es lo que hace cualquier persona y yo habría hecho lo mismo, Yo no tengo nada que ver con el finao.

-Dime , papá; ¿Por qué no me llevas a conocer los lugares donde viviste?. –
-Ya te lo dije, Mingo, ahora son leguas de una sábana verde que recorre el valle y dicen que en los riscos anda el león y cuando llegó el primer Contreras, era pura selva…  
-Sabes una cosa no me queda clara. ¿Siguieron investigando la muerte del cuatrero?
_ Tato cuenta que  de la nariz puntúa le salían lombrices. Supimos después  que el italiano le echó tierra y plata al asunto y enterró al entenao en el pueblo. Pregúntale a tu abuelo José. El te va a contar más cosas de lo que fue nuestra tierra, pero él la sigue queriendo a pesar de que a mí no me significa tanto.

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