Cachafaz
“Nadie es como otro. Ni mejor ni peor. Es otro. Y si dos están de acuerdo es por un mal entendido.” (Jean Paul Sartre )
Yo
me paseaba en la sala de espera como mono enjaulado y repitiéndome y
machacando en mi cabeza de que a veces es preferible andar con la boca
cerrada y hablar lo estrictamente necesario, pero a nuestra edad seguir
con la autocensura me parecía cosa de gente enferma. Como fuera, el
asunto es que a lo hecho pecho y yo tenía que dar la cara como hombre
bien nacido y porque además el tipejo no me caía mal y por algo teníamos
una cierta afinidad en materia cultural y visiones sociológicas en
general aunque hoy día a nadie le importa lo que piense un viejo,
pero, lo que piensen entre ellos y en su mundo, lo que hagan o digan
puede ser interesante. Cuando los jóvenes empiezan a ser superados en
cantidad, debe ser porque la juventud aprendió a darse cuenta que el
sexo no tiene nada que ver con los hijos que es la consecuencia del
hecho mismo y no la causa.” Adultos mayores,” “Tercera edad” es como
llaman el arquetipo en que nos encasillan para no ofendernos con el
típico “Viejo” que es el joven de una generación que se aproxima al
final de su trayectoria. De la misma manera a los homosexuales les
llaman “Gay” y cuando nace una guagua, las damas “dan a luz”. A la
Población Quinta Bella los milicos le pusieron “Quinta Buin” . Habría
que preguntarle a los expertos en explicar lo que es obvio si pretendían
transformar a los pobladores… y si era así ¿lo consiguieron? A los
viejos nos sacan a ventilarse cuando hay elecciones, les regalan un
chokman y un jugo de fruta y se quedan como perros con pulgas. Ahora
empiezan a hablar de la cuarta edad, seguramente para que los de la
tercera se sientan más alejados del traje de madera y la demencia senil
que acecha a la vuelta de la esquina.. Bueno, el asunto es que las
peleas de viejos adquieren un cariz diferente, aunque en el fondo es la
misma chanfaina con aliños más suaves. A mí nadie me pidió que me
metiera en este entuerto, pero aquí estoy hasta la tusa en un cahuín de
viejos tarados en el que por supuesto me incluyo. Es verdad que nos
ponemos más pacientes, reflexivos, intuitivos, rápidos para darnos
cuenta de muchas cosas, pero metidos en un conflicto se nos escapa la
brújula. Todo el mundo está convencido que solamente los jóvenes poseen
inteligencia y son capaces de razonar con sabiduría. ¡Qué equivocados
están! Un viejo puede dar vuelta cualquier asamblea de jóvenes, pero a
la inversa es difícil o imposible que suceda y no creo que sea necesario
explicarlo. Es imposible que un joven logre entender cabalmente a un
viejo que sí, fue joven y sabe lo que es ese forro y aunque todos viven
añorando esos verdes años, yo, ni cagando los volvería a repetir. Mis
70 están muy bien están muy bien carreteados y me sobra carreta y bueyes
para seguir tirando y los guijarros del camino me importan un
reverendo. Lo curioso es que este hueveo me dejó descolocado en un
momento, pero entendí a tiempo que debemos tener cuidado con las
palabras porque si hay sordos y gente que escucha la mitad o un tercio y
otros sanos de lo oídos que no entienden nada de lo que escuchan porque
tienen la cabeza llena de bichos.
La sala no tenía más de
siete metros por cinco y estaba dividida en dos sin más separación que
un sillón largo que hacía de frontera. En mi paseo yo pasaba de un
espacio a otro y cuando me senté unos minutos en el primer espacio unos
sujetos me empezaron a mirar con simpatía. Una dama entradita en
charchas leía con un apasionamiento de enajenada el diario “Las Últimas
noticias”. Me ofreció “La Cuarta”, pero con un gesto de pocos amigos la
rechacé. Yo les puse mala cara de inmediato lo tomé como una bofetada a
mansalva y en despoblado. Por primera vez andaba metido en estas
ratoneras y lo que me llamó la atención de inmediato es el afán de los
funcionarios de pasárselo barriendo. “¿Se aburrirán cuando no hay nada
que hacer?” pensé. Otro ciudadano que estaba frente a mí, tenía los
ojos saltados de tanto mirar unos culos de antología que mostraba el
pasquín y su mensaje facial era:” ¡Qué raja Dios mío¡” o ”Yo te podría
ayudar con tu problema” porque de reojo me tenía en la retina como
estudiándome. Este hombre tenía el aspecto de sacristán de misa negra,
el pelo le llegaba hasta los hombros y su bigote era de esos de
mariscales de la antigüedad, estaba bien ubicado en su lugar, digamos
que era un personaje en su escenario natural. Otro me sonrió con actitud
comprensiva. Este que lee la cuarta me estaba alterando porque me
mostró otra fulana en pelota y con el dedo índice me indicaba que
estaba más que buena, yo me encogí de hombros como diciéndole que ya
estaba jubilado en esas artes, para que no siguiera con el hueveo y
empecé de nuevo con mi caminata de mono neurótico y para peor enjaulado,
me faltaba el poto colorado solamente para que los niños se hubieran
entretenido conmigo tirándome maní. Atravesé la frontera y me senté en
el segundo espacio que daba a una puerta que se abría en forma
automática con un timbre. Con cada timbrazo llamaban a un Contreras,
Muñoz, Zapata, Machuca, cuando llamaron a un Undurraga yo dije
“¡chuchas¡ la democracia funciona”, felizmente estaba hablando sólo. Yo
esperaba escuchar mi nombre, pero todo seguía igual. Llevaba una hora
de espera y la situación se me hacía insoportable, para variar apareció
el infaltable perro.
Es el can estereotipado
que aparece en los estadios, mezcla de mapochino con otro de pedigree
porque era chico, cabezón y con cola de perro grande y curiosamente
tenía las bolas completamente cubiertas con pelo blanco, igual que su
frente. Son los perros que aparecen cuando habla un presidente de la
república en una calle de la ciudad o en las grandes ceremonias
patrióticas donde algunos ciudadanos mueven sus banderitas de papel con
una mano en el corazón, no pueden faltar en las protestas ciudadanas o
estudiantiles todos mojados con sus pulgas asustadas ante este baño de
agua sucia con aroma de bombas lacrimógenas. Corren en
todas direcciones como enajenados y parecen ser felices porque no
saben para donde van, si al menos supieran de donde vienen, no son los
únicos que llevan una vida perra. Habría que preguntarle al “Primer
perro” por su pecado original
Yo le daba vuelta al
magín resistiendo la tentación de largarme sin importarme la inmensa
manga de valores de más allá y de más acá porque el pelotudo aquí lo va
seguir siendo en la otra vida porque no se conoce ningún caso que
desmienta mi tesis, pero teníamos con Cachafaz algunos puntos de
convergencia, era el único que podía ayudarlo. La dama robusta empezó a
acariciar al quiltro, le rascaba las orejas y le sobaba el espinazo, el
perro feliz movía la cola como si lo estuvieran masturbando. La dama
robusta se entusiasmaba con las reacciones del perro. Me dejó la
impresión de que la dama también se entusiasmaba, por desgracia los
entusiasmos no siempre van por el mismo carril. Me acordé que en el
metro me encontré con una ex compañera de trabajo que cuando le dije que
me acompañara porque tenía que hacer una diligencia cerca de allí, me
contestó que tenía que irse urgente para su casa porque tenía que bañar a
su perrita. “Bueno” pensé yo, “pobre vieja, si nunca le sacaron las
telarañas es mejor que comparta su vida perra con una ídem”
.Curiosamente, el perro,- -por respeto a la institución, rasgo
intrínseco del alma chilena- alteró todo su esquema genético, biológico,
genealógico, ontológico, antropológico. El hecho es que este hijo de
perra alteró uno de los paradigmas esenciales de “Ser” perro. Todo iba
muy bien con las caricias para el perro hasta que el despiadado can le
roció a la dama su calzado y su pantalón. Yo me quise reír a carcajadas y
me acordé que estaba ahí por boludo, la verdad es que no hay manera de
eludir la censura que en este caso sería autocensura. Ella actuó como
una dama, tapándose el pantalón con la “Cuarta” que sirvió de cortina,
una mis chilena de todo el mundo quedó bañada en los orines del perro,
al menos no era de Contreras. Al final todas las cosas sirven para algo,
tienen su camino diseñado.- Seguramente es el “deber ser” de
Aristóteles-. Lo original en todo esto es que el can no haya levantado
la pata de la manera clásica con la satisfacción de todo animal cuando
desinfla la vejiga. Quizás estaba en presencia de una sincronía esencial
de la evolución de las especies. Llegué a la conclusión que era el
perro del Undurraga que ya habían llamado. De otra manera no se explica
tanto pedigree, tanta clase , mesura, autocensura, era a todas luces un
“perro de bien”. Una loca en pelota de estas reinas del cuchuflí que
aparecía en la contratapa del diario ni se arrugó con el orín del
can; un hombre importante habría dicho “fue una orinada puntual y en
ningún caso coyuntural, no altera en absoluto el statu quo”, pero la
dama en forma disimulada, le pegó una patada justo en sus dos medias
lunas, claro que ella no intentó pegarle allí solamente tiro la patada.
El pobre can se fue a echar a un rincón y pasó de la felicidad a la
desdicha con la simple patada de un efímero que tiene una licencia más
larga para vivir.
Entre toda esta gente
había una actitud solidaria, éramos unos veinte los que esperábamos
nuestro llamado. Se intercambiaban los diarios, algunos conversaban en
forma confidencial, sobre sus temas preocupantes y se daban indicaciones
sobre los pasos a seguir. Se parecía a la sala de espera de un
hospital, pero no había ningún enfermo o quizás todos estábamos
enfermos. Para ellos todo era tan normal, tan natural que me sacaba de
quicio. Yo quería patear cualquier cosa que se me pusiera delante.
Empecé a observar a los hombres del segundo grupo. Estábamos separados
por un inmenso sillón. A diferencia de los de mi grupo tenían un perfil
más definido: rostros herméticos, miradas adustas, estaturas medianas y
como era verano bañados y perfumados. Estos eran más indiferentes,
tranquilos, probablemente estaban habituados a estos trámites, después
de todo la experiencia es el alma de la ciencia. El infaltable
flayte me hizo una encogida de hombros como diciéndome: “paciencia
porque aquí el tiempo sobra”. Claro que sobra, pero yo estoy
acostumbrado al otro, ese que transcurre y cambia, ese que tonifica que
te infla los pulmones como una pelota en su máxima expresión. Por el
momento es lo único que nos va quedando gratis. El otro flayte, un
roperito considerable, que estaba apoyado en la muralla ingresó a la
sala contigua se fue y dejó al descubierto la placa “DELITOS
CRIMINALES. Y al frente alcancé a leer “DELITOS SEXUALES” . Me empecé a
pasear de nuevo como loro eléctrico. Era un iniciado en estos menesteres
y mis acompañantes me resultaban repelentes aun antes de encasillarlos
en sus especialidades, si después de todo fuere lo que fuere yo también
estaba encasillado. Ya había preguntado por el detective que llamó mi
casa para citarme al cuartel (creo que así le llaman).El muy bolas me
citó a las nueve de la mañana y me puse puntudo de inmediato. Le dije
que esa era la hora que le convenía a él que yo trabajaba y que podía
estar ahí a las 13 horas. Aceptó y en eso quedamos. Yo no me iba a
perder mi hora de máquinas, la clase de gimnasia, los quince minutos de
trote, la media hora de natación y la media hora de sauna que es donde
más se huevea . A las dos de la tarde llegaba a ladrar de hambre. Si
cuando me meto a las máquinas me gusta sudar como caballo de bandido y
me tengo que cambiar camiseta para meterme a la clase. Por suerte en las
duchas me tomo más de un litro de agua y parece que eso atenúa el
hambre. Me dijeron que el detective a cargo del asunto estaba por
llegar, pero que estaba pegado en un taco. Yo seguía como un enajenado
pasando del espacio sexual al criminal. Dos espacios para pensarla. Por
algún motivo las autoridades los han dejado juntos. Así como los abigeos
deben estar juntos a los que roban agua de regadío. Es cuestión de
pensar un poco porque el orgasmo es un viaje a la muerte y a la
reflexión como un encuentro con Dios y el paraíso divino. Podría ser una
de las explicaciones, pero deben haber otras, deben haber muchas.
Cansado me dirigí al mesón de la recepción para decirle al funcionario
que ya nos habíamos pasado del tiempo prudencial de espera. Me contestó
que no me convenía ausentarme porque si estaba citado después me
llamaban de la fiscalía y tendría que perder días enteros en trámites
inútiles y que la persona que esperaba venía en camino. Además de seguir
mi paseo de mono neurótico, le agregué ahora un paseíto como con ají en
el poto porque llegaba a estar amarillo de hambre. El timbrazo me sacó
de mis cavilaciones y del plato de pantrucas que pensaba comerme en la
Vega. Se abrió la puerta y me llamaron Me atendió un joven de no más de
25 años, camisa blanca, corbata, con su pistolón al cinto. Parecía más
burócrata que esos detectives que uno ve en televisión, esos que caminan
como Mickel Douglas y cuando se quiebran para el lado parece que
fueran a sacar el pistolón.
- Ud.
Sabe por qué está aquí. -me dijo como apurando las cosas a medida que
se iba sentando mientras yo movía la silla arrastrándola para expresar
mi malestar por la espera Sospeché que estaba en colación. -
- Prefiere
que yo le vaya preguntando o Ud. me cuenta su versión y yo le voy
interrumpiendo para aclarar las situaciones que me parezcan dudosas.
- Combinemos
las dos- respondí más calmado, después de todo ya estábamos
empezando.-Le voy a contar rápido todo el asunto y evitamos así un
alargue inútil porque todo el tema redundaba en torno a un asunto
comunicacional poco común entre gente sensata.
- Veo
que se incluye entre los sensatos-lo dijo con una ironía que me hizo
olvidar el hambre-. Me molestó más la actitud del detective que estaba
en el escritorio contiguo y solamente se dedicaba a observarme y lancé
mi estocada.
- ¿Ud.
leyó El Proceso de Kafka?-movió la cabeza en sentido negativo y me
preguntó de qué trataba el libro. Le expliqué que se trataba de un
proceso judicial que nadie sabía de que se trataba y que el asombro y la
transformación y el absurdo eran los temas esenciales.
- Debe
ser interesante-me dijo y acomodó su pistola en el escritorio- le
escucho mientras yo voy preparando su declaración para que la firme y
puso en funcionamiento el computador
“Ese día, salí del sauna
que es lo último de mi rutina que dura dos hora y media y a veces tres
luego me dirigí a los camarines. Ahí se producen las conversaciones
triviales entre viejos: fútbol, enfermedades, actualidad política,
chistes y el hueveo típico de nuestra manera de ser. Ahí apareció mi
amigo Cachafaz que venía a ducharse y con el cual conversamos sin
“acartuchamientos valóricos “ y lo primero que me dice : “¿Qué te
parecen los curas cacheros?”. Era el tema de las noticias y yo que
estaba esperando una conversación relajada le contesto, “Yo soy
legionario del Cura Tato”. Nos reímos a carcajadas , otros sonreían y
hubo otros que se quedaron con el seño adusto, sus miradas eran de odio y
desprecio. Cuando uno está en pelota parece que todo aflorara como más
natural. Mi amigo siguió con el tema: “Ahí están los mejores sementales,
compadre, su incoherencia es haber hecho un vota de castidad” “Con
decir que son hombres basta y sobra, lo demás es adjetivo. No te das
cuenta que estas cosas no le hacen ni cosquillas a la iglesia porque a
los feligreses los mueve la fe”. Fue mi respuesta y empecé a desviar el
tema pasándome al l fútbol porque todos seguían nuestra conversación y
era necesario transformarse en un recorte del inconsciente colectivo
.Uno de los socios que se acercó hasta nosotros y terció en el
diálogo, en tono solemne dijo dirigiéndose a mí: “Mi señora piensa
igual que tú. Ella dice que lo esencial del creyente es la fe y yo
pienso igual, un hombre sin fe es como un barco sin timón”. Mi amigo que
en ese momento se abrochaba la camisa le contestó: “Te apuesto que la
fe de las damas es directamente proporcional a la herramienta de los
curas” . En este momento fue cuando nuestro invitado se fue al extremo
del camarín y con su grupo habitual tenía una conversación bastante
acalorada y por los gestos que hacían sus amigos parece que trataban de
calmarlo. Cachafaz se peinaba frente al espejo despreocupadamente
mientras el número tres de la conversa se golpeaba una mano con el puño
de la otra. Noté que estaba ofuscado. Cuando me retiraba me dijo al
pasar “¡Yo a ese concha de su madre lo voy a cagar¡”. Después supe que
se llama Antolín. Cuando llegué a mi casa llamé por teléfono a Cachafaz y
le avisé que debía de tener cuidado, pero no le dio mayor importancia.
Yo insistí en que le había tocado un punto muy sensible. Todo esto
ocurrió un viernes y cuando volví como siempre el día lunes al salir
nuevamente de los camarines Antolín me repite el estribillo. “Yo lo voy
a cagar…”. Ahora me preocupé y mientras me dirigía al primer piso tomé
la decisión. Volví a los camarines y le propuse a Antolín que habláramos
los tres con la persona que dirige la institución para exponerle el
problema y viéramos la solución con la sensatez propia de los viejos. Le
expliqué a Antolín que la culpa era mía porque yo había empezado con el
tema, pero Antolín estaba ensimismado en que el asunto lo arreglaba él a
su manera. No le insistí y me fui al cuarto piso a ver a los viejos que
bailan tango. Ahí me entretuve haciendo unos ochos adelante y atrás,
pero pensando que tenía que hacer algo y como estaba aprendiendo una
sacada que mostraban en video, me olvidé del asunto y se me pasó como
una hora dándole a una sacada con ocho adelante y tomé la decisión de ir
a conversar con la dama que dirige toda la institución. Le expliqué
como se había producido todo y que con una conversación entre los cuatro
se solucionaba todo el problema. Le propuse que me usara como chivo y
me culpara de todo . Que podía decir que era un charlatán, que no sabía
estar callado y que conmigo tomarían una medida de acuerdo al reglamento
interno, pero que no tomaran ninguna medida con los otros dos. Ella
agradeció mi cooperación y de inmediato me informó que la agresión ya se
había producido una hora y media antes de que yo llegara y que Cristian
estaba en el hospital por la fractura de un brazo y clavícula. Ahora
entendí por qué el viejo flaco y medio inclinado además de otros de su
grupo conversaban con Antolín en forma acalorada y trataban de calmarlo
cuando me dirigía a conversar con la Directora que me preguntó de
inmediato “A favor de quién viene hablar Ud.” como tratando de ubicarme
en un lado del conflicto. “Yo no vengo a hablar a favor de nadie. Yo
solamente vengo a aclarar la situación para que nadie salga dañado”,
insistí que la sensatez y el sentido común bastaban para solucionar el
problema pero las cosas fueron más rápido de lo que yo esperaba. La dama
también me informó que tres socios ya habían ido a dejar su testimonio a
favor de Antolín. Me mostró las tres hojas respectivas. Cuando dejaba
el despacho de la dama me acerqué donde estaba Antolín con sus amigos y
uno de ellos, un viejo más canoso que yo y encorvado como signo de
interrogación me llamó para un lado. Yo de inmediato pensé que
si intentaba agredirme lo dejaba fácilmente como signo de exclamación.
Este viejo cuando lograba andar más estirado sacaba pecho y respiraba
profundo como ocurrió ahora, seguro que para impresionarme. Hizo todo un
aparataje y al llegar al extremo del hal se atrevió a hablar: “¿Ud.
Sabe lo que es un comunista?” me dijo y se puso colorado con los ojos
saltones, con el dedo índice quería enfatizar algo. UD. entenderá que yo
no iba a entrar en polémica con este adefesio y le respondí con aire
casurro como de chileno del vergel, así como haciéndome el de las
chacras “Algo cacho, pero no mucho”, “¡Ese infeliz es un comunista¡”,
volvió a insistir. Ahora el detective me interrumpe. “Hasta aquí me
parece que el tema no va por la política”. “No es el tema esencial, pero
yo le estoy contando el asunto con toda la pimienta y los aliños
inherentes al guiso y como todo parece estar c entrado en la ofensa a la
señora de Antolín, voy a lo esencial. Entienda que nosotros estábamos
hablando puras banalidades digamos en chileno “huevadas”, además que el
espacio y la vestimenta se prestan para ello. Yo le diría que no hay
nada mejor que estar en pelotas para sentirse libre de toda censura.
¿Alguna vez ha visto a una persona fumando en misa? O no ha escuchado
nunca esa expresión: “Eso es un chancho en misa” para referirse a algo
fuera de contexto. Esta expresión resume en breves palabras todo este
entuerto. Fue Antolín quien estaba fuera de contexto y se metió
donde no le correspondía. Yo nunca había hablado con él, ni siquiera lo
saludaba
El detective interrumpió su tecleo en el computador y me entregó mi declaración para que la firmara.
- Antes de firmar, dígame algo que me inquieta ¿Yo sigo en este asunto?
- No, Dn. Cristian, hizo la demanda en tribunales y Ud. queda fuera. Basta con su visita de hoy a nuestras dependencias.
Yo respiré tranquilo y
tomé las cosas con más calma. Una vez que leí, le pedí rectificar un
párrafo en que aparecía Cristian diciéndole a Antolín que el cura le
había mostrado la herramienta a su señora y de ahí venía la tremenda fe
de ella. Le pedí un lápiz de inmediato e hice la corrección
correspondiente quedando de la siguiente manera: “Cuando Antolín
apareció como tercero en nuestro diálogo Dijo: “Todo el problema
religioso se reduce a una cuestión de fe y en eso estoy de acuerdo
contigo” -y me golpeó el hombro en señal de complicidad- “y mi señora
piensa igual que tú.” Ahora Cachafaz interviene para decir: “Todas las
mujeres a quienes los curas han mostrado su herramienta piensan
así”. Esta parte del texto quiero que quede textual. También quiero que
agregue: “que por analogía se pueden sacar muchas conclusiones,
estimado detective, pero yo era el único testigo que estaba al alcance
de la conversación. Los otros estaban distantes de la escena”. Mientras
cambiaba el párrafo me preguntó si era católico, le contesté que creía
más en la teosofía. Noté que paró las antenas, pero me cambió el tema.
-¿Qué opina de la “Capran”?
- Es lo mejor institución para viejos que hay en Santiago.
-Dicen que ha cambiado
mucho, que llega mucha gente y que ahora es muy fácil ingresar.- Sacó la
hoja de la impresora, volvió a leer el párrafo cuestionado y me la
entregó nuevamente para la firma. Ahora fui yo quien cambió el tema.
- ¿Qué gana el demandante con este juicio?
-Recuerde que Dn.
Cristian tiene tres bypass –me mostró una foto con las huellas de la
operación y entendí por qué Cachafaz no lo encaró el día de la agresión.
. Leí en la hoja del detective me mostró y donde aparece con dorso
desnudo para mostrar la cicatriz de la operación. La lectura se refería a
que había estado en el hospital con un día de reposo.
.- Pudo haber ocurrido algo fatal.- agregó para dar por terminada la entrevista.
La rutina continuó como
siempre, pero se notó un cambio en las relaciones. Cuando yo entraba al
sauna, no entraban los amigos de Antolín que ingresaban cuando los
amigos de Cachafaz hacíamos abandono para irnos a las duchas. Yo era el
único testigo que favorecía a Cristian con mi declaración. La verdad es
que favorecí a Cachafaz sacándole aquello de que “el cura le había
mostrado la herramienta a su señora porque correspondía a un agregado
turbio porque manejé las antenas con rapidez. Si yo no lo había
expresado en la conversación y aparecía en el texto, lo vi como algo
inducido o premeditado porque en estas cosas uno dice lo que quiere, así
como otros ven lo que dicen ver y los abogados alegan lo que dicen que
le dijeron los que habían dicho esto o aquello. No me podía explicar la
iracundia de los Anti Cachafaz. En la Capran tenía contados amigos,
aunque todo el ambiente era relajado en el sauna, después era el ¡hola¡,
¡chao¡ y ¡nos vemos¡ Entonces, decidí hacer mi propia indagación en el
asunto. Se facilitó porque tenía ciertas migas con una funcionaria de
la recepción a quien le entregaba todos los días el diario que regalan
en el metro y cuando no estaba se lo dejaba en el mesón. La invité a
tomar un café al casino. Abordé el tema directamente y sin rodeos porque
todo el altercado se produjo ahí al costado del mesón donde siempre hay
tres o cuatro funcionarios. Además que todos sabían que estaba
involucrado en el asunto. “Ese día estaba revisando unos papeles y
cuando me dí vuelta encontré a Cristian en el piso y yo no era la única
que estaba allí, pero yo no vi ninguna agresión”. Lo dijo con una
frialdad y una indiferencia casi estudiada. Comprendí de inmediato la
situación, porque Cachafaz me dijo que estaban allí tres funcionarios
más y los testigos de Antolín se hacían los indiferentes en un extremo
del hall. Comprendí que los testigos eran prefabricados. “El detective
que está a cargo de la investigación, estuvo aquí toda la mañana y nos
interrogó a todos, incluyendo a la jefa”. Ahora hablaba con más
seguridad como diciéndome que yo estaba mal ubicado. Algo olía mal. Le
di a entender que algunas cosas que se me escapaban y que no tenía toda
la versión completa, pero la inquina que mostró el viejo que parece
signo de interrogación me daba vueltas en la cabeza como manivela de
molino. Dejé que la funcionaria siguiera su propio ritmo para saber con
qué música quería bailar ”Tú sabes que cuando uno incurre en una falta
grave le aplican el artículo 44 y le dicen ¡chao¡” me extrañó que la
dama me tuteara. Las cosas estaban claras. Se habían coludido para
cargarle los dados a Cachafaz. Estuve por preguntarle por el artículo
44, pero no podía mostrarme muy interesado. Además si se veía
involucrada la Capran recurrirían a todos los medios para desacreditar a
la parte querellante y justificar la agresión de Antolín. Yo también le
había dicho a mi amigo que quizás la demanda no tenía sentido porque si
le pagaban una indemnización por los gastos médicos y por atenuar la
agresión le enrostrarían que había ganado dinero con el conflicto y que
podría estar transgrediendo los valores esenciales de la institución que
se preocupa del bienestar de los viejos. En esa ocasión con un aire
estoico y con orgullo me contestó que lo entregaría a una institución y
se abrochó su parca de color indefinido por el uso y acomodó sus
lentes parchados en la montura, pero yo me ponía en el escenario
adverso y hacía mis propias conjeturas. Aunque no sabía en qué consistía
el artículo 44 me preocupaba porque si me echaban perdería algo que no
podría encontrar en ningún lugar de Santiago a un precio adecuado para
los viejos que viven de una pensión regular o baja, es decir como la
mayoría de los chilenos. Le insistía a Cachafaz que el asunto se podría
resolver con una conversación entre los actores de esta teleserie que se
estaba complicando, pero me volvía a decir que su abogado, que era de
su partido político le había dicho que era “pan comido” le contesté con
el mismo pan “ Se te puede quemar el pan, Cachafaz, ¿no te das cuenta
que te quieren cagar ¿”. “No te preocupes, si aquí todos están cuidando
su trabajo, nadie se quiere comprometer porque algo le puede caer a la
institución. “Recuerda que yo me fui sólo al hospital”. Con todos estos
argumentos no me convencía totalmente porque se negaba a una
conciliación. Sospeché que esta escondida o mostrada de herramienta era
más trascendente. Equivocado o no empecé a preocuparme del asunto.
Llegué a la conclusión de
que esta mujer tenía más antecedentes sobre el demandante y el
demandado por los años que llevaba en la institución y tenía que seguir
averiguando, pero sin demostrar interés por el artículo 44. Fue ella
quien me esperó un día a la salida y me invitó a tomar un café de
inmediato pensé aclarar algunas cosas. Ella también llevaba sus
intenciones y no se anduvo con rodeos. “Quiero hablar contigo por
encargo de Antolín porque el juicio se está complicando y está
involucrada lal Institución”, mientras hablaba estudiaba mis reacciones
como tanteándome para proponerme algo, pero cuando uno se preocupa antes
de los hechos llegado el momento está como una fotografía y de
inmediato le cambié el tema hacia donde a mí me interesaba. “¿Antolín y
Cristian son muy antiguos en la Capran? “Yo llegué aquí el año 74 y
ellos ya eran socios, éramos todos muy jóvenes”. “ Antolín, era un
detective que se iniciaba en su institución de la que terminó siendo un
docente y Cristian ya hacía clases en la Universidad Técnica” . Noté que
la funcionaria estaba comunicativa y que algo se traía entre manos. Yo
empezaba a confirmar la hipótesis que me había hecho del asunto,
entonces esperé que ella moviera al siguiente pieza y así lo hizo. “La
jefa me ha pedido que hable contigo para converses con ella y confirmes
las opiniones que hemos dado todos en el sentido que Cristian es una
persona conflictiva y crea muchos anticuerpos y a nadie de nosotros se
sorprendió que le haya dicho sobre la “agarrada de poto” que le habría
hecho el cura a la señora de Antolín”. Yo me sorprendí de inmediato
porque la “agarrá “de poto nunca estuvo en la problemática. Le aclaré de
inmediato que el nudo del asunto estaba centrado en una hipotética
mostrada de la herramienta primordial, y que ambas situaciones
dependían esencialmente del contexto. Yo estaba confirmando una
conjetura más: la cuestión estaba pasando a un conflicto de centro de
madres y le aclaré de inmediato mi punto de vista. “A mi parecer, esta
es una segunda versión, puesto que Cristian (Cachafaz) emitió un juicio
general, en relación a las mujeres a quienes los curas muestran su
herramienta, sin inmiscuir a nadie en particular. Esta es la verdad y lo
demás llámalo como quieras. La agarrada de poto para mí es una variante
nueva. En todo caso es materia de abogados que dilucidarán entre
herramienta específica, herramienta universal, agarrada de poto y
contusiones físicas que podrían haber tenido un desenlace lamentable”.
Mi interlocutora recibió mi respuesta con tranquilidad, pero le estaba
dando vuelta al magín, parece que no se atrevía a terminar su misión.
Aproveché su silencio para avanzar en mis conjeturas. Sin preguntar
nada me daba cuenta que Cachafaz nunca fue comunista como afirmaba el
signo de interrogación, porque cuando opinaba sobre algo político, nunca
lo hacía con ese estilo acompasado, metódico, analítico, un tanto
didáctico de la gente de este partido con estudios superiores. En todo
caso, era un hombre de izquierda que vivía a su manera.
Cachafaz, tiene una
estatura más que mediana, en general buena estampa para los sesenta, su
bigotito mosca le da un aire especial. Almorzando en La Vega nadie se
puede imaginar sus títulos en el ámbito científico. Era comprensible que
entre los hombres creara más de una comezón envidiosa porque entre las
damas viajadas tenía mucha aceptación, no en vano hablaba cuatro idiomas
y conocía Europa y Asia como tan bien como yo conocía La Vega. El gran
problema de esta gente es donde meter una pieza del rompe cabezas que
no encaja en nada. Entonces lo más cómodo es el estereotipo del
comunista y como el subconsciente de este país está dislocado hasta el
hoyo negro, las mentes obtusas se ubican en el ángulo correspondiente y
se quedan con su nariz pegada justamente allí… en los antiguos moldes.
“Yo sé que tú eres amigo de Cachafaz”. Le interrumpí de inmediato porque
no iba a ir donde me quería llevar. “Yo soy conocido como todos.
Compartimos a nivel de trivialidades, pero decir que aquí tengo amigos
me parece apresurado. En estos cinco años surgió afinidad con Cachafaz
porque en una ocasión en que me estaba vistiendo me dijo: “por fin un
gallo que no anda con una cruz en el cogote.” Efectivamente yo colgaba
las llaves de mi casillero de esa manera”. “Hay una parte del asunto
que tú no conoces y te la voy a tratar de resumir en la forma más
breve.” Soy todo oídos”. Me estaba acercando a la aclaración de mis
sospechas.
“ .A fines del 72,
Cristian fue enviado a RDA con una beca de estudios relacionada con
ciencias o química y no pudo volver porque su pasaporte tenía la famosa
letra que se lo impedía. Volvió al final de la dictadura y nos dimos
cuenta que ahora era un comunista convencido lo que nos resultaba muy
extraño puesto que lo común era justamente lo contrario. Tú sabes que
después del Muro de Berlín empezó el alejamiento de los rojos. De otros
socios supimos que vive sólo y al parecer no le va nada de bien. Nos
extrañó mucho porque todos los conocidos que volvían no querían saber
nada del asunto. Antolín según la mayoría de la gente trabajaba para la
CNI. En ese tiempo, ambos participaban en actividades deportivas,
sociales. Eran amigos. Helena, la novia de Cristian, que estudiaba
ingeniería en la entonces Universidad Técnica, era parte de su grupo y
también era indiferente al tema político. Antolín siempre se interesó
por Helena, pero ésta tenía planes matrimoniales con Cristian. Helena
empezó a ser asediada por Antolín, cuando vio que era imposible el
regreso de Cristian. A pesar de ser rechazado insistió hasta conseguir
su objetivo y al año siguiente se casaron y a los cinco años se
separaron.”
Mientras más información
me daba, más me interesaba en el asunto y le interrumpí: “¿Ese viejo que
parece signo de interrogación también era detective?” “ Jubiló de mayor
de ejército.-“
Parece que consideró que
me había relatado lo esencial porque hizo un gesto como cerrando la
historia.”Ahora entendí al signo de interrogación, su arrogancia al
caminar como si fuera con el sable en la mano revistando las tropas. Era
comprensible su nostalgia, eran otros tiempos, otros espacios, otros
personajes.”
“Pasando a tu
participación en todo este asunto yo te puedo conseguir un par de años
gratis, pero necesitamos…” Yo interrumpí sus palabras aduciendo que
tenía un compromiso. Seguro que me iba a pedir que cambiara la
declaración, pero quedamos de conversar al día siguiente o cuando nos
viéramos. Al día siguiente Invité a almorzar a Cachafaz al “Punto y coma
“ le dije que era mi cumpleaños para tomar unas copas y hacerlo hablar.
Llegó como siempre con su parca incolora por el uso y el infaltable
porta equipo y su caminar de hombre ocupado. Tomamos la primera copa de
vino, me dijo que a las seis tenía que asistir a una conferencia
sobre una señora Caffarena pionera del feminismo nacional e
internacional y todo el mundo progresista le rendía un homenaje en el
día de su nacimiento. Me invitó así como me invitaba a toda clase de
reuniones de gente que antes de 73 habían tenido cargos importantes y
que seguían participando en actividades de la izquierda nostálgica. La
diferencia entre ambos es que yo no necesitaba una razón para seguir
viviendo, me daba igual. “Bueno” le dije con tono burlesco “yo he hecho
mis propias indagaciones y entiendo que tu odiosidad con Antolín viene
de antes de 73 y por lo que sé hay faldas de por medio”. Se sirvió el
segundo vaso de vino y contestó. “Tú debes saber que Antolín fue
detective y en esos años yo tenía mi novia aquí” .Le interrumpí para
decirle que esa parte ya la sabía. “Veo que tienes buenos informantes,
pero lo que no te han dicho es por qué el Antolín me odia tanto. El
también tenía su niña, pero los dos la compartíamos y como ninguno de
los dos sabía, cero drama, él fue el primero que supo y no soportó la
idea de no tener el monopolio. A mí no me produjo nada porque ella no
negaba que le gustaba disfrutar del miembro en toda su grandeza y
majestuosidad. El camino del género humano es ancho e infinito y tu
destino puede cambiar a la vuelta de la esquina y nuestra dama
compartida se casó con un viejo podrido en plata. Bueno, mientras no
sabíamos no hubo problema y alguien le dijo a Antolín y me agredió en
los camarines. En esos años yo no tenía ningún problema y como además de
lo mío era experto en defensa personal lo dejé a muy mal traer. La
Capran nos suspendió por un mes y no pasó a más.” Con la cuarta copa se
puso más locuaz- “En los años que estuve en la RDA logré entender porqué
el hombre se ofende tanto con el asunto de los glúteos femeninos cuando
se trata de propiedad privada porque a fin de cuentas el problema
parece ser de escritura y de inscripción el conservador de bienes
raíces. Te imaginas, compañero, se le salía el compañero y como yo sabía
que no podía tomar apuré la segunda botella con dos tragos al seco.
Tampoco le iba a decir que yo no era su compañero y que el futuro del
país me importaba un moco de pavo- “un conservador de potos raíces,
sería único en el mundo. En el fondo es el dominio del animal fuerte
sobre el más débil.”
La última conversación
con la funcionaria de la Capran fue más confrontacional. Me dijo que su
jefa fue trasladada a Antofagasta y que tenía para mí un mensaje del
abogado de Antolín y de un directivo. “Se trata-me dijo- mientras
tomábamos un café en el piso de los viejos- que a cambio de tu
declaración por otra que preparó el abogado de Antolín, recibirás una
compensación económica muy generosa, además del ofrecimiento
anterior.”-De inmediato me di cuenta que Cachafaz tomaba la
delantera.-El juicio puede que no te salpique, pero te pueden aplicar
el artículo 44”.- No podía mostrar preocupación para que largara más
cosas, pero se me iba la lengua por saber del famoso artículo, pero
había que dejar que las aguas siguieran su curso natural y le contesté
con cierta indiferencia:”Dame un tiempo para reflexionar. Dame una
semana para pensarlo”. Puso cara de preocupación y no dijo nada. Yo me
marché aduciendo un compromiso.
Un hecho inesperado
apresuró los acontecimientos de este conflicto geriátrico. Me llamaron
del cuarto piso y me comunicaron la aplicación del artículo 44. Yo les
dije que iba a consultar con mi abogado sobre el procedimiento que se me
estaba aplicando. “Se ajusta al reglamento interno” fue la escueta
respuesta de la funcionaria. Me dirigí de inmediato a los vestuarios
para desalojar mi casillero y a alejarme de la mejor institución para
viejos que hay en Santiago. La carta de triunfo la tenía en el
bolsillo, ¡qué carta ¡.El día anterior a mi aplicación del artículo de
expulsión del paraíso terrenal, llegó Cachafaz a mi casa acompañado de
una dama de mediana edad, la presentó como su esposa y según él se
habían casado el día anterior.”Nos vamos a Alemania” me dijo sonriendo
de lo más suelto de cuerpo mientras compartíamos una taza de té y unas
galletas. “Me espera allá una jubilación con la que puedo vivir
tranquilo el resto de mi vida y allá tengo a mis hijas y mis nietas”. Su
parca tipo arcoíris había cambiado por un chaquetón oscuro, la clásica
chomba de cuello subido por una camisa blanca y un chaleco de lana que
lo hacía ver más joven. Los felicité a ambos con un abrazo y les deseé
toda la suerte del mundo. Por decir algo agregué:”Me imagino que no
echarás de menos la cordillera, el mar y las empanadas”. Sonrió de oreja
a oreja y contestó. “Las empanadas, siempre que sean gordas, jugosas y
peludas”. Nos despedimos con un trago de whisky y cuando ya abandonaban
mi casa me surgió una duda, pero no se la podía consultar porque andaba
con su señora. Supe después que todos los años se iba con una dama
diferente.
Mi carta en el bolsillo
era un cheque equivalente a tres años de jubilación. Hoy frecuento otra
institución similar, pero nunca tan buena como la Capran. Hueveo igual
que antes, pero me fijo bien quien está cerca del receptor. Después de
todo lo simple se hace complejo, quedó demostrado en esta hipotética
agarrada de poto y en una mal entendida exhibición de la herramienta
primordial.
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