viernes, 17 de septiembre de 2021

PELLIZCANDO EL DESTINO

PELLIZCANDO EL DESTINO. Reinaldo Cerna.


  “Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar” Coplas a la muerte de su padre. Jorge Manrique

Las circunstancias que me trajeron a este pueblo cabrón son demasiado claras y no es necesario masturbarse con pavadas hermenéuticas o pendejadas recurrentes como limpiarse el poto con guante de box o la manera más práctica de amasar el moco de la nariz o como fui eyectado a la existencia por el  espermio que contenía mis genes que bien podría ser rápido, lento, a media máquina. Esto no le interesa a nadie excepto a mí que tengo tiempo para inflar y desinflar mil peos existenciales porque la vida es una ventosidad que no nos da tiempo para desandar lo andado. Somos pocos los seres que tenemos el privilegio de ir y venir todos los días por los recovecos del alma , del lo vivido, de aquello que es imposible olvidar o de lo que es imposible iniciar. Querámoslo o no, el viaje lo iniciamos por un eyección del destino y lo terminamos en el hoyo natural. La vida buena o mala  es la misma vaina porque estamos obligados a vivirla, llegamos a horcajadas en   una eyaculación orate  como vulgares jinetes fundacionales, apocalípticos o mesiánicos, flotando en aguas vivas como dicen los canutos . Que fue porque Dios así lo quiso, que fue el destino, que las circunstancias, lo que sea. Igual tenemos que seguir respirando el oxígeno del día siguiente. Aquí , los profesionales de la trascendencia tienen su clientela asegurada, hay que dejarlos hablar aunque no se les escuche porque a ellos les hace bien y para mí es como tener encendido el televisor por inercia y dejar que toda esa manga de estúpidos sigan hablado por las santas y reverendas huevas . Ellos se ganan la vida en eso y estudian y hacen doctorados en la materia, los giles son los que escuchan, son como receptáculos inertes, flores de plástico  a los que diariamente le van cambiando el agua por inercia.  Aquí el tiempo sobra y los libros ayudan a soportar este encierro maldito. Debe ser verdad que la palabra tiene algo de divino porque le estoy dando a las palabras y me voy sintiendo mejor a medida que esta hoja se va tiñendo de color azul , de la misma manera como la nieve cubre la tierra en días de invierno. Se ve todo blanco, blanco como si el pueblo fuera una novia próxima a ser desvirgada, aunque sea una mentira, una mentira que hace bien. Así logro olvidarme de mi celda y de la gente con que comparto a diario. Ud.  entenderá que m estoy yendo por las ramas, pero aquí cualquier cosa es buena para matar el tiempo, es la razón por la que le estoy escribiendo y aunque Ud. no me infle, igual voy a seguir escribiendo porque así como hay cantidades de reos, también las hay de abogados. Si Ud. No tuviera fama pare ver la situaciones como la mía no le estaría escribiendo. Si no  le encuentra una secuencia lógica a mi escrito , discúlpeme, escribí estas páginas de la misma manera como iban fluyendo los recuerdos de lo que he vivido hasta aquí. Recuerde que esta escritura me ayuda a preservar mi salud. 
 
 Cuando llegué esa mañana a Sn Chelino,    era invierno y a las 11 ese día domingo    no se veía nadie en la calle, el viento remecía los árboles con violencia anunciando el reinicio de la lluvia, el frío calaba los huesos . Era uno de esos escasos días  de invierno en que habían temporales ya que la primavera y el otoño eran de una placidez impagable. Me cobijé en un cobertizo de la esquina de la plaza donde se esperan las micros. Me senté en mi maleta a fumar un cigarro viendo cómo caía el agua con furia inusitada.  No me podía arrepentir y regresar a Santiago, Ya había cortado el cordón umbilical y situado en la realidad con los pies en la tierra. Un perro se me acercó encogido como una acordeón por el frío y la humedad , le tiré un pedazo de pan que me quedaba en el bolsillo,  demostró su alegría moviendo la cola y se sacudió para ventilar sus pulgas.   Así expresó la  alegría  que a mí me faltaba en mi primer domingo en San Chelino . Apareció un lote de curaditos que salían de una celebración, iban cantando el himno del club deportivo que había ganado una vez más el campeonato de la comuna. Llenaron la copa de trofeo con las botellas de vino que llevaban y me ofrecieron un trago. Les di las gracias y aduje problemas de salud . Me preguntaron si  buscaba alguna dirección. Yo les contesté que me dirigía al sanatorio y necesitaba una pensión, para terminar rápido el diálogo.”¿Ud, se va a internar por los sopladores?”me dijo un chico cuarentón que se afirmaba en un tufo de cinco metros. No contesté porque la lluvia se detuvo  y me dispuse a caminar en la dirección que me indicaron los curaditos. Con una seña me despedí de esta comitiva de bienvenida. El perro se me acercó nuevamente y le tiré una galleta, ahora meneó las orejas hacia adelante y  me indicó que en la vida nadie está sólo, aunque el hombre sea un antisocial o autista social como me dijo una vez un hombre experto en sicología y me dio risa por la relación con auto. Claro que la pregunta del gordito de gran tufo me quedó dando vueltas  como un planeta alrededor del sol y recordé de manera rápida a todos los parientes del sur que se llevó el flagelo de la tuberculosis  cuando no había medicamentos para tratarla. Yo fui la excepción y aquí estoy en  este pueblo que tiene un clima único para los enfermos pulmonares. Debería sentirme agradecido por haberme salvado de esa peste maldita, que  es una enfermedad mortal, pero hoy ya no lo es . Así son las cosa, un día son y con el tiempo dejan de ser, igual que nosotros, los efímeros.

Estaba cansado a mis veintidós años de vivir mendigando trabajo en un lado y otro. Cuando uno está estudiando y terceras personas lo ayudan  puede trabajar por muy poco dinero , pero cuando  se termina  hay que pensar en estabilizarse. El último año de la Escuela Normal trabajé en una escuelita Nocturna donde ganaba para la micro, cigarros y algo quedaba para el bolsillo. Lo más importante era la experiencia que iba adquiriendo, pero ahora necesitaba un lugar donde vivir y no seguir dependiendo de la familia que me tendió la mano en ese momento de mi vida, Ahora estaba dispuesto a irme a cualquier lado , sabiendo que tendría un techo, comida y un colchón para dormir por lo menos para unos tres años y después proyectarme  de acuerdo a las circunstancias que se fueran dando. ¿Puede el hombre hacerse dueño de su destino? Parece imposible, las circunstancias siempre lo hacen desviar el rumbo a la vuelta de la esquina. Yo tenía clara mi meta para tres años, era lo inmediato para poder tirar líneas, tenía claro que andaba pellizcando el futuro. Quería descubrir algo por lo cual encausarme porque si mi profesión tiene algo de noble, de entrega y de compromiso, no era mi meta porque echar raíces cuando hay tanto camino por andar. Lo único que tenía claro es que necesitaba vivir unos años tranquilos para tomar una decisión.  ¿Quién no ha escuchado a un suche de cualquier cosa en el día del maestro alabar a los profesores por su entrega y profesionalismo? No pasan de ser palabras para justificar una borrachera más.
 Cuando escribía a algunos compañeros de la Normal me decían que estaban preparando el bachilllerato que les abriría las puertas de la universidad. Yo los entendía perfectamente, éramos todos muy jóvenes  y ellos podían proyectar sus existencias, pero en mi caso tenía que buscar  la manera de utilizar en buena  forma todo lo adquirido.   Para mí era lo ideal, seguir estudiando  pero sin trabajar no podía aspirar a nada. Siempre tuve bien claro que mi viaje  no tenía estaciones definidas. Solamente era mi viaje y nada más. Si hubiera quedado trabajando en Santiago, seguro que mi vida hubiese sido otra, pero no hay que arrepentirse de la hecho, sino, de lo que quedó por hacer.
Llegué hasta el Ministerio de Educación, esa vez, dispuesto a lo que viniera si me ofrecían una plaza de profesor en la cresta de la loma allí me iría porque al fin y al cabo lo que yo buscaba era un lugar donde estabilizarme por un tiempo. Por supuesto que mis preferencias eran de Santiago hacia el norte, porque volver al enmierdado sur de lluvia y barro y tuberculosis ¡Jamás¡ Tenía que ser el norte, un clima que me asegurara una buena ventilación para mis pulmones, cuando fumaba demasiado la tos me hacía sospechar en la maldita herencia familiar me seguía penando.
 
En la  visitación  me recibió una señora de abultado moño blanco que parecía cenicero y de entrada les causé buena impresión, seguramente mi actitud debe de haber sido lastimosa con el abrigo largo que era de un tío del sur que falleció unos mese antes de venirme a Santiago, en el curso me decían que era el capote Akakievich, personaje del famoso cuento del mismo nombre de Chejov y que habíamos analizado en clase deTécnicas literarias.  Cuando les expliqué que necesitaba trabajar no me importaba donde y la única condición era que fuera pronto, que había recorrido todas las visitaciones y había perdido las esperanzas, pero ellas parecían damas de esas que han consagrado su vida al prójimo y asumieron conmigo una actitud maternal que trajo a mi alma un poco de tranquilidad. “Pero si no tiene que irse tan lejos.” “Si es tan joven”. “Vuelva la próxima semana y le buscaremos algo a no menos de cuatro horas de Santiago”. Me fui lleno de esperanzas porque las dos damas me impresionaron con su bondad. Sabía que esto iba a resultar, no me interesaba donde, sólo me preocupaba el cuándo.
 Busqué la escuelita en el pueblo me dijeron que atravesara  el río y me fuera orillando la rivera e iba a llegar al único galpón grande, fue una sorpresa porque pensé que era en el pueblo, pero no podía echar pie atrás. “Yo me lo busqué”, pensé, mientras iniciaba la caminata que haría por algunos años. Ahora entendí la amabilidad de las funcionarias. Nadie se podía interesar por un trabajo en un lugar donde yo iba y menos de Santiago, pero cualquiera en mi caso debe dar gracias por el clima maravilloso y la chicha de uva que era un néctar de ambrosía. La caminata del pueblo al trabajo era  agradable por el aire cordillerano y se respiraba con las ganas que un pichicatero se manda un saque. Los primeros seis meses todos me saludaban con respeto, me demostraban su aprecio y cuando me preguntaban , porque me había ido de Santiago a San Chelino , mi respuesta era siempre la que les di a los curaditos, el día de mi llegada. “Lo necesitaba con urgencia” y les indicaba mis pulmones, entonces no preguntaban más y la respuesta nos dejaba a todos conformes. Seguramente ellos no se explicaban que una persona de Santiago llegara a trabajar donde campeaba la pobreza y a un pueblo que duerme la siesta desde que pasó por allí el ejército libertador . Es increíble como muchas veces uno juega con las palabras para salir de situaciones  que le molestan  o que le escarban el subconsciente sin darse cuenta  que son como un tejo que va en busca de la quemada  y que uno tira al azar cuando tiene la partida ganada y justo da en el blanco. Mis heridas estaban cicatrizadas, pero a uno le queda siempre la sospecha que el flagelo puede volver. Los que no volvemos somos nosotros cuando la T: B; C nos gana la partida,

Después de esos tres  meses de mi vida ejemplar empecé a ser el tema de la gente más pudiente del pueblo. Todos dicen que soy un borracho sin retorno que ya debería de haberme hecho un tratamiento de no sé qué payasadas y recuperar así la buena senda, pero yo le le pregunto a cualquiera. ¿Para qué necesitaba yo la buena o mala senda ¿ Si jamás me hice planes a largo plazo. Yo no tenía la culpa de despertar todos los días. El mundo está hecho así, nadie me consultó si yo quería vivir de otra manera. Alguien se ha detenido a pensar alguna vez en trescientos sesenta y cinco regalos que nos hace el Señor todos los años en esas tantas percepciones que tenemos del tiempo y del espacio. Para mí eran como una patada en el trasero y con la cual el pateador me dice: “¡Fermín¡, ¡levántate y anda¡” y claro que ando porque en la calle hay un aire exquisito que oxigena y limpia mis pulmones  . Lo del aire es reconocido mundialmente porque el pueblo está anclado en un contrafuerte cordillerano y algunos tuberculosos  que llegan al pueblo por el aire en tres o cuatro meses regresan a sus lugares de origen. Algunos no volvían , porque el traje de madera los estaba esperando,  eran los menos y generalmente era porque  la chicha que se producía en el valle era tan buena que la adicción era inevitable. Hasta los curaditos más abandonados que dormían en las calle jamás fallecían de afección al pulmón, generalmente eran infartos, resfriados violentos, cirrosis, vejez. Si hasta en las urnas aparecían con un aire tostado, propio del clima cordillerano,  como que se iban contentos.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              
Cuando me agarro una de esas borracheras cósmicas que a uno lo mantienen relajado por una semana entera me da la impresión de que anduviera volando o que el cuerpo fuera    de corcho porque se siente tan liviano, tan etéreo, tan vital, tan terriblemente potente, como el héroe que regresa después de vencer dragones y salvar a la princesa encantada. La verdad es que sentía dentro mí algo así como un soplo divino. Hasta llegaba a creer en los platillos voladores. Me sentía como inspirado y capaz de grandes empresas como si un personaje sobrenatural se hubiese aparecido en mi camino. En estas ocasiones no quisiera despertar. Si las borracheras son verdaderos viajes al mundo de la paz, de la tranquilidad, al día siguiente reverdecía como un oasis en el desierto. En estas ocasiones era cuando miraba el mundo y las cosas con mayor lucidez incluso trataba de buscar algún acercamiento con la gente. En uno de estos lapsos conocí a más de una niña con la que iniciamos algún pololeo, pero duraba el tiempo que las alas echan plumas  para volar, cuando presentía el compromiso volvía a mis ansiadas ganas de vivir mi vida. Me imaginaba casado con alguna y con un hijo que se pareciera al padre de ella o a la madre o a los míos y la verdad es que me daba hipo .Eso de tener necesariamente que parecerse a alguien lo encontraba como una bofetada de Dios, porque nos crean y el que lo hace es el todo poderoso y frente a eso estamos cagados para el resto de nuestra vida. Eso de ser gordo, chico, flaco oscuro  claro, chueco , por culpa de un espermio me parecía una carcajada del diablo ante la arrogancia o insignificancia  del yo. Además tengo una facilidad para caerle mal a la gente que es asombrosa o puede ser un deseo inconsciente de ser rechazado. Lo que sea, la verdad es que felizmente nunca encontré un viejo aspirante a suegro bueno para el trago porque por ley natural capaz que me hubiera hecho abstemio con ese afán mío de quedarme en la antítesis y no buscar nunca la síntesis que se produce en toda situación natural o humana. . El hueveo se me transformaba en fobia con una rapidez asombrosa .Si la vieja era paticorta y guatona me imaginaba los nietos de igual condición o si el viejo le daba con hablar de fútbol y empezaba a comparar las selecciones de 30 o más años atrás con la actual o el comunista que le daba con el hueveo de convencerme de las bondades  del socialismo o como un canuto de esos que no se hacen callar ni a palos, me imaginaba mi descendencia  con toda esa manga de virtudes heredadas que me producían rechazo absoluto. Siempre me canso con la gente que voy conociendo y a los pocos minutos estoy  pensando en la forma  de desaparecer especialmente cuando intuyo sus temas de conversación .
 Siempre viajaba a Santiago, lo hacía en tren, tenía para mí un significado especial . En una ocasión, encontré con un muchacho de mi edad que hacía una doctorado en matemáticas , hijo de una profesora conocida. De inmediato me di cuenta que tendría que soportarlo tres horas hablándome de los valores intrínsecos e extrínsecos de la pedagogía, que los fines  de la educación, era de esos huevones que ponen los ojos blancos y les falta solamente pegar los tres tiritones  con el tema. Después de saludarlo y preguntarle por su familia le dije que se me había quedado mis documentos en la boletería y emprendí la carrera para alejarme de este futuro doctor . Llegué cansado a la boletería me senté unos minutos en un escaño y cuando el tren iba saliendo corrí y me subí en el último carro, pensé un momento en las ventajas de los sordos y no soportar huevones  con el don del verbo que encuentran hasta divino. Hoy, Señor abogado, entiendo que mi problema  era precisamente no saber para donde iba y ver a ese muchacho tan dueño de sí mismo me dejaba completamente desorientado.
En los los años de mi permanencia en San Chelino, a pesar de mis arrancadas de pololitas al paso, conocí una dama treintona  que llegó al pueblo en busca de clima para su tratamiento bronquial. Fue un día domingo cuando salía la misa dominical y toda la gente se congrega en la plaza.  A esa hora llegan las micros que acceden al pueblo de diferentes lugares. Yo leía  una revista sentado en un escaño de la plaza,  esperando la llegada de los diarios de la capìtal y me llamó la atención sus caderas pronunciadas, el taco alto que las realzaba, un anillo que resaltaba su mano izquierda, su caminar cadencioso, tenía un aire distinguido con un caminar de potranca fina, diferente a todo lo que veía todos los días, despertó mis ansias  de relación. Me acerqué  y me ofrecí para llevarle la maleta, como buscaba pensión la llevé a la más conocida y la invité a almorzar, luego la lleve a conocer el pueblo ., Me dijo que había pololeado 10 años con estudiante de leyes y cuando se recibió se casó con otra. Después de la cena en su pensión fuimos a su pieza. Durante un mes dejé mis aposentos en las horas nocturnas para pernoctar con ella y cuando sus dos heridas estuvieron cicatrizadas me dijo que tenía que volver a su pueblo y a su familia, pero siguió viajando a San Chelino cada quince días. Todo seguía de lo más normal hasta que me dijo que los mecanismos anticonceptivos habían fallado. Aunque Ud. No lo crea, distinguido  hombre de leyes, me imaginé casado, con tierras, haciendo clases en el campo, rechoncho, metido en el club de huasos, esperando cada año que aparezcan los primeros sembrados, con una cantidad de hijos que se pareciera a mi suegro que en una de sus fotos aparece chico, guatón y rollizo y la vieja con cara de lechuza, a todas las viejas candidatas a suegras siempre les encontré  cara de lechuzas, debe ser una fijación mía y a los viejos el típico aspecto de bueyes cansados .  No sé si ella dejó pasar el crío, pero ese mes yo me quedé sin sueldo que se fue en el raspaje. Ella inteligentemente no aportó nada esperando que yo me arrepintiera, pero era difícil. Yo tenía bien claro que mi futuro era  el no tenerlo .Continuamos viéndonos el resto del año, pero se casó con el pretendiente que la asechaba con ese fin. No me envió ningún aviso de nada, el asunto se extinguió de manera natural como el fuego por falta de carburante, como todos  los procesos , como es la vida en general.      El amor podía esperar, es una trampa que uno mismo se impone por pellizcar el destino con demasiada fuerza. ¿Dónde está mi vocación?, dirá Ud. La verdad es que me sigo haciendo la misma pregunta, La gente que me trajo a Santiago que es la misma que me internó cuando niño por la tuberculosis, encontró que lo más apropiado era una escuela Normal para trabajar en corto plazo.
Una buena borrachera  siempre fue mi mejor terapia. El vino me tonifica, me da vida, me hace soñar en mundos fantásticos, sin límites de tiempo. Es verdad que el vino le hace mal a mucha gente son tantos los que mueren por cirrosis  , pero cuidado, no es culpa del vino. Es gente que vino programada de esa manera y con o sin el elixir se le van a soltar los bicharracos. Por lógica elemental, jamás se me hubiera ocurrido hacerme un tratamiento. Si era lo único que me daba ánimo, ansias de vivir y acrecentaba mi energía vital. Hubiera sido un acto heroico de masoquismo.
 Me visitó una delegación de “Damas Huemulas”. Eran las enviadas del Comité de Higiene y Moral estaban en plena campaña para recuperar jóvenes alcohólicos.
 En mi pieza no había sillas, solamente un cajón que servía para muchos menesteres. Lo que sobraba y poblaba todo el espacio eran botellas, un par de colchones y cobijas y otro cajón más grande que me servía de mesa. El aire tenía un aroma que iba desde el queso suizo al amoniaco. Para ir al baño había que salir a un corredor y caminar hasta el fondo y un día que tenía invitados y eran más de media noche, uno descubrió que era más cómodo asomarse a la puerta de calle y orinar hacia la vereda , fue la manera más adecuada de no exponer la salud. El hombre que barría la calle con un escobillón  llegaba siempre hasta la puerta y hacía un dribling y se saltaba la parte de mi domicilio. Los calcetines sucios tirados por todos lados complementaban este olor transversal que atravesaba todos los matices. Dicho de otra manera, la morada de este paladín de la cultura era  de un virtual olor a puerto.
En este escenario recibí a las damas que me  quisieron llevar por el camino del bien y las buenas costumbres. Las cuatro enviadas se tomaron del brazo como dándose ánimo, tocaron a la puerta. Fue un  sábado en la tarde. Se sentaron tres  muy apretadas en un cajón  y la otra se quedó de pie. Yo me senté en mis colchones , Una parecía visitadora social porque tomaba notas. Otra se veía más refinada , respingaba su naricita y hacia uno que otro pucherito, pero las otras le daban ánimo con su actitud decidida. Yo encendí un cigarro para sentirme mejor y apoyé mi espalda en la pared para escuchar a las damas misioneras. Ella iniciaron el diálogo mostrándome las cartas de las “Damas del culo hendido”, “Instituto de saneamiento moral”, “Las defensoras del espermio loco “Las damas del óvulo del séptimo día” “La sociedad de frígidas permanentes” . Luego vinieron las acusaciones : Mal ejemplo para la juventud, atentar contra la moral y las buenas costumbres, se me consideraba indeseable y lo mejor que podía hacer era marcharme. Yo escuchaba con atención  y me sorprendí  al ver una lauchita en la falda de la dama más refinada, la roedora infantil me  miró con un aire de complicidad, como diciéndome  “no entiendo nada.” Sólo escuché el exabrupto que lanzó la más pituquita.  “¡Chuchas¡ ,¡ rechuchas ¡”.  Debo reconocer que jamás  había escuchado un garabato que llevara el alma dentro de sí. Salieron corriendo y doblaron en la primera esquina. Yo las seguí caminando tranquilamente y mi sorpresa fue grande cuando vi a las cuatro que se sujetaban unas a otras para no caerse a carcajadas. Yo me sonreí  y pasé de largo. Comprendí que ellas también se aburrían pero tenían que soportarlo de manera diferente. Una cosa me quedaba clara. Me querían echar del pueblo.                           
A  las tres de la tarde penan hasta los vivos para darle una mano  a los fiambres que pernoctan en el cementerio al lado de la iglesia  y el relincho de un caballo interrumpe la siesta de más de un ciudadano. La rutina y el hastío se siente  en la piel, en el saludo de la gente, en la forma de caminar cancina y taciturna , como las aves  u otros seres siempre  dirigidos a cumplir con el guión que les asignó la naturaleza y la especie. Tampoco podía faltar un mulo cagando en cualquier parte o gallinas cogotudas pastando en las esquinas . Yo le pregunto a este mundo pendejo: ¿Qué puede hacer un hombre de 22 años ajeno a   en un pueblo como éste? Con el síndrome del desarraigo metido más allá de mis huesos, Sin influencias de ninguna especie. Por lo menos, ahora tenía un lugar donde caerme muerto. Había encontrado la tranquilidad, pero el aburrimiento  es una capa envolvente que  asfixia y  superaba por medio del alcohol, una cosa lleva a la otra y así sucesivamente  la vida nos va entregando  y dejando señas de los futuros caminos aunque ella sea la mismísima rutina que campanea su música fétida, total, el hombre es el único ser que le puede hacer una finta y encontrar un atajo que lo lleve en otra dirección. Aunque uno diga que llegó a un lugar como un espermio lanzado al in finito, siempre existe un antes que condiciona todos los después y por eso estoy en San Chelino .Creo que nunca me entendieron,¿  quién va a entender a una persona que no se entiende a si misma? Me dieron dos días de plazo para abandonar el pueblo como un vulgar pistolero del oeste.  Para mis detractores yo no podía trabajar con los valores edificantes de la sociedad  y estar al servicio de la corrupción, el asunto es que yo nunca me consideré un corruptor, malhechor. En la capital estaba cansado de traquetear todo el día y me daba cuenta que  para mí estaban todas  las puertas cerradas ; entonces llegaba a la conclusión de que yo era un ser destinado  a asumir lo que me fueran dando las circunstancias. Nadie más que yo podía hacer algo semejante, pero nadie más que yo estaba empapado de mi circunstancia.
 Increíble, pero muchas veces lo que uno nunca quiere decir es lo primero que hace. Jamás se me hubiera ocurrido hablar de mi antigua T: B: C. Contaba con el aprecio de mucha gente que me defendía de los ataques del alcalde, del cura , del jefe de correos y del tesorero. Mis defensores aducían que necesitaba del clima, pero mis enemigos insistían que era un agente de la corrupción y las malas costumbres.  A mí el contagio me llegó a los seis años y en el sur la gente duraba muy poco  y recién se estaba aplicando la penicilina en Santiago. Yo tuve la suerte de que me hayan traído a la capital  por la intermediación de un tío abuelo de una tía y comadre de los parientes que me acogieron y me internaron por seis meses. Al quinto mes de mi estadía en el hospital me llevaron a la oficina de la visitadora que me explicó que me enviarían a un pueblo donde el clima era una maravilla y todos los niños terminaban completamente sanos .Lloré tanto que se compadeció y me dijo que ella arreglaría las cosas y  así lo hizo. Si hubiera aceptado  la última parte del tratamiento, habría tenido alguna identidad con el lugar, pero no fue así. Cuando la dama del ministerio me mencionó el nombre del pueblo sentí una extraña presión en el estómago, no sé si de sorpresa, temor o rechazo, pero era lo único prometedor que tenía en ese momento y ya no me podía detener en reflexiones estúpidas.  Mi   rechazo por el Sur  fue siempre una cuestión enfermiza .Desde niño disfrutaba viendo el viento de las locomotoras que arrastraban esos trenes de carga que van y vienen, me imaginé más de una vez partiendo como ese humo hacia el norte para no volver porque tampoco tenía el más mínimo afecto por mi familia, lo consideraba un accidente del que la gente se hace cargo para ser feliz o infeliz. En esos años no lograba entender a la gente que iba desde Santiago y quedaba maravillada con los paisajes relucientes del verano, los volcanes, los lagos, los ríos, pero en invierno es todo barro, humo y miseria para los pequeños campesinos y que la naturaleza el hábitat, el entorno y la cresta de la loma. Para mí el  hábitat ideal es donde se tiene la comida asegurada, un techo, y no andar con los zapatos rotos en plena lluvia. La belleza del paisaje se podía ir tranquilamente a la mierda. Yo no era uno de sus hinchas. En una carta que me envió mi madre me decía que los curas me ofrecían trabajo cuando terminara porque volvía a mi casa. Le contesté para que les agradeciera el ofrecimiento, pero que ya estaba disfrutando de las bondades del clima y donde la mitad del año se puede andar sin chaqueta . Por fin a los 22 años me sentía autosuficiente para caminar sólo por el resto de mi vida.
 El año que terminé, los más necesitados salimos a buscar trabajo de inmediato en el Ministerio de Educación, pero todas las vacantes las copaban los radicales que gobernaron con Alessandri e hicieron de ese ministerio, su feudo. Yo soñaba también partiendo a un pueblo fronterizo `para estar cerca de mi sueño de niño y adolescente. Atravesar la cordillera  y trabajar en lo que cayera.  Para mí lo esencial era tener asegurado el techo y la comida y este primer paso ya lo había dado, Había encontrado la tranquilidad que necesitaba. Empecé a jugar fútbol por el único club que había en el pueblo y me fui haciendo conocido, a veces , era rápido y tenía estado físico papa parar los troncos de los equipos del sector campesino. Celebrábamos lo que viniera con tomateras  interminables  . En el club me ingresaron al cuerpo de bomberos, el aburrimiento por falta de incendios era tanto que dedicaban a hacer campeonatos de brisca y cacho. Me auguraron una carrera rápida dentro de las jerarquías fogosas . Así pasaba de las tomateras del club a la de los bomberos. Eran insoportables los comentarios sobre el partido jugado. Que los otros eran troncos, no la tocaban, en cambio el equipo nuestro  siempre daba clase y dale que dale. Yo tomaba callado y cuando estaba caramboleado me las endilgaba a mi pieza. Es gente muy aburrida  que habla de puro peloteo y aceptan con agrado que los jefes sean los que tienen más plata. Cuando les da por hacer el bien se juntan con cuanta vieja menopáusica dispuesta a salir a ventilarse. Regalan pelotas para las escuelas, visitan a los enfermos o le rinden homenaje al árbol donde San Martín amarró el caballo. La cuestión era justificar la borrachera después de la evaluación de cada jornada.  Me aburrieron  cuando se les ocurrió hacer unos trabajos para donaciones de pascua con las Damas del Culo Hendido y me nombraron para que los representara  Me las ingenié para que me expulsaran. Un día que caminaba por las postrimerías, lancé un fósforo encendido a una mata de zarzamora seca  que se transformó en una llamarada que se extendió a unos árboles.   De inmediato se congregó todo el pueblo y no era para menos. Las mangueras llevaban dos años sin ser utilizadas. Llegaron todos con sus cascos brillantes, sus chaquetas DE CUERO RELUCIENTES, pero la infaltable mala cueva no podía faltar. El agua salía como ducha porque las mangueras estaban apolilladas. Llegó también la defensa civil con sus uniformes y camillas. Todo el mundo impartía órdenes , mientras los carabineros acordonaban  el lugar . Me acerqué a un bombero que estaba realizado con la única manguera buena  en la mano y tirando agua con toda displicencia, , parecía un Dios jugando con los elementos . Le expliqué que mientras caminaba por el sector encontré una liebre y le di con un garrote y que aturdida se metió en la zarzamora y como no salía le prendí fuego para asustarla. Silenciaron el asunto por el prestigio de la institución y me suspendieron por dos años , debiendo hacer méritos para mi reincorporación
Pasaron dos años y enviaron oficios a Santiago para que me expulsaran del pueblo, cuando fui a cobrar el sueldo un amigo me dijo “Compadre, le quieren cortar el poto”.
Me visitó  un gordito cincuentón, cara de charcheta, bigotito mediano y sumamente culón. Ya habían trascurrido dos años de mi apostolado, obviamente, el guatón, usaba una corbata que combinaba con su terno gris y el infaltable maletín que muchas veces tiene solamente el sadwich que la señora le hizo. Lo acompañaba una dama con abrigo café con cuellito de zorro. Los invité a pasar, pero una oleada de aire marino los hizo desistir. Solamente me dijeron que me esperaban al día siguiente en la comisaría porque desde Santiago se iniciaba una investigación sobre mi persona , me di cuenta que se trataba de un sumario. Antes de que llegaran ya me había tomado un traguito de chacolí para darme ánimo porque caía fácilmente en esos estados depresivos en que uno se cansa de estar cansado . Aunque mi vida empezaba a apuntar en una dirección, no podía evitar los momentos cagativos  inherentes al hombre. El botellazo que le dí debe haber sido grande porque el gordito hizo una finta así como los boxeadores, casi soltó el maletín para ponerse en guardia.
Al día siguiente estábamos los tres  en una celda que nos acomodaron  los cuidadores del orden . 
-Se le acusa de incitar a este pueblo tan tranquilo a toda clase de vicios  y malas costumbres . Desde su llegada se ha encargado de fomentar los vicios más aberrantes que degradan al hombre y lo alejan de la buena senda  y de los valores edificantes de la sociedad.
- Perdone la interrupción, señorita, pero no me considero parte de todo lo que Ud. ha mencionado.
El gordito me miro con cara de asombro , mientras sobaba un código grasiento. En sus ojos leí la amenaza . “Ya vas a ver cómo te liquidamos, huevonazo.”
Ella volvió al interrogatorio con voz campanuda y nasal: -¿Tiene algún descargo que hacer? Me puse de pie  y le contesté con un “¡No¡” rotundo .
Todo empezó  con la amistad que se inició con los guardadores del orden. La mayoría jóvenes y provincianos como yo. Jugábamos en el club y muchas veces terminábamos en mi pieza tocando guitarra y cantando. Otros días llegaban con trago y algo de comer . Una noche llegaron tres con cuatro damas , algo inesperado en la morada de este hombre con espíritu de servicio a la comunidad . Me fui de inmediato al almacén más cercano y estaba de regreso con cuatro cajones azucareros que funcionaron como asientos. Luego salió un justiciero verde que volvió con los comestibles y bebestibles . No celebramos nada en especial, pero la fiesta fue a lo grande. Al día siguiente las damas se fueron a ejercer su profesión a la ciudad capital y nosotros nos dirigimos a nuestros diarios oficios. Las fiestas se empezaron a repetir todas los fines de semana y los muchachos se consiguieron unos colchones  dados de baja. La pieza era inmensa de tal manera que cada colchón quedó en cada uno de los ángulos. El asunto empezó a hacer noticia y los huasos se paseaban  por allí curioseando lo que sucedía en las noches de sábados y domingos.
Todo hubiera continuado sin mayor variación si las invitadas hubieran sido las mismas, pero cambiaban semanalmente porque así es su oficio y cuando ya no constituyen novedad deben emigrar como golondrinas hacia otros veranos. Fue un hecho como tantos el que hizo que las damas más cartuchonas me empezaran a apuntar con el dedo de la difamación. Una noche que terminamos todos bailando en pelotas en la calle y las putas disparándole a las ampolletas , parecía una fiesta de pascua o año nuevo, pero era una fiesta de rutina y nada más. Las fiestas se hicieron demasiado conocidas y todos los que llegaban al pueblo querían saber más sobre la casa alegre. La libre empresa surgió como una necesidad del mercado, Llegamos a un acuerdo con las damas y pusimos término a las fiestas  sin sentido de lucro, luego vino toda la problemática de la gestión y proyección. Ellas ejercerían su servicio a la comunidad los días sábados y domingos desde las 8 am hasta donde se estirara la cuerda. En las mejores fechas fue tanta la demanda  que el día domingo había que pedir refuerzos a la ciudad capital. Aunque Ud, no lo crea había gente desde la 8 de la mañana para ser atendidos de los primeros. Arrendé una casa con más comodidades y yo que nunca quise ser nada me encontré transformado en empresario. Por eso yo siempre he dicho que los caminos del Señor son inescrutables y yo que iba preparado para tres años trabajé 8 . Me castigaron enviándome a una escuelita en plena cordillera, pero me compré una moto y problema solucionado. Allí agregué a mi curriculum el contrabando. Siempre he dicho que no sabemos valorar las ventajas de la libre empresa.
La fiesta de despedida fue sin damas y dieron orden de detener a toda mujer que se aproximara hasta mi casa . Los huasos pululaban con la mirada pérdida y lánguida, no disimulaban su malestar y m{as de uno se quedó con su par de gallinitas pe pagar el servicio. El buen empresario aparece siempre justo, allí donde las necesidades de la gente son apremiantes. Algunos huasos llegaban con un chanchito,  un par de gansos y hasta un corderito que luego vendía al carnicero de pueblo.
Abandoné SN, Chelino con mucho dinero, en esto no puedo ser mal agradecido porque aquí tracé mi destino . Con mi trabajo nunca hubiera podido aspirar a una buena situación económica. A lo mucho habría podido disfrutar de una pobreza respetable y digna, de esas que se reconocen en los actos cívicos con galvanos, diplomas, y medallas de cualquier cosa. Lo cierto es que había descubierto mis dotes de ejecutivo.
Para qué toda esta historia burda dirá Ud. Cuando le puede importar un reverendo que esté condenado a tres años y un día y en el momento que escribo estoy cumpliendo 38 años. En estas ocasiones es cuando uno suele hacer un recuento de lo hecho. Aclaremos, me queda dos años y ya estoy habituado. Me ofrecieron que hiciera clase, pero ya no me interesa. Organizo campeonatos de Baby, brisca, dominó , cacho, y dirijo el conjunto folklórico de los asilados. Ya se lo dije. Yo soy un  hombre de empresa, no seré nunca más empleado de nadie . . Cuando salga tendré un capital que me permitirá vivir tranquilamente el resto de mi vida. En mi profesión estaría ahorrando para comprar la casita, andaría con un ternito brillante, con una corbatita sebienta, sonreiría a todo el mundo cuando me dijeran: “Cömo está señor?”. Viviría con una pobreza digna de respeto. Después de todo soy un hombre de bien  y si no me cree, venga un día de visita y pregúntele a las damas que me vienen a ver . Todas me recuerdan con cariño y respeto porque las traté con rectitud pedagógica. Ellas me decían el maestro. Una de ellas es la que continúa con la empresa en Santiago y compartimos el negocio.. El destino es el destino de la misma manera como dicen los beatos “Dios así lo quiso” o la gente importante cuando se enfrenta a una resolución  emanada de una superioridad burocrática: “Instrucciones de fuerza mayor”. De la misma manera me han detectado nuevamente el flagelo de la tubercolósis y saliendo de la cárcel volveré nuevamente al pueblo y capaz que me encuentre nuevamente con el perro de la bienvenida.
Ahora le cuento por qué estoy preso.
La Marisol, murió en mi departamento, las huellas digitales encontradas no corresponden a las mías . Además está probado que esa noche estaba en otra ciudad. Ella me pidió la llave porque tenía un cliente muy exigente y el resto lo encontrará U. en los recortes de los diarios que le adjunto. Como le digo los dos años que me quedan son soportables cuando el futuro es promisorio. Si Ud puede hacer algo, será debidamente compensado  según sus honorarios correspondientes.
RESPUESTA DEL Abogado.
“Dn Fermín:
Yo también fui profesor primario durante diez años y pude combinar mi trabajo con el estudio. A diferencia de ti tenía un techo y la tranquilidad que daba el pertenecer a una familia medianamente solvente.  Entremos en materia. Me di el trabajo de ir al Hospital Harriarán y revisar los papeles de los años de tu tratamiento, comprobé allí tu permanencia. Creo que tu caso no es difícil con todos los antecedentes que tengo en la mano. Sin entrar en tus cuestionamientos y reflexiones, me parece que el tema del destino es más que interesante. De otra manera yo no me hubiera interesado en el caso. Primero veré tu traslado a San Chelino por el clima y lo demás irá con tu conducta durante tu tiempo de interno, pero no se te ocurra ninguna actividad de libre empresa al interior . Te prometo noticias en dos meses. Por mis honorarios no te preocupes. Es materia de colegas. Cuando leí tu escrito busqué una foto del curso en que estás con tu abrigo de Akakievich.
Atte ,  Juan Palomo.  

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario