PELLIZCANDO EL DESTINO. Reinaldo Cerna.
“Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar” Coplas a la muerte de su padre. Jorge Manrique
Las circunstancias que me trajeron a este pueblo cabrón son demasiado
claras y no es necesario masturbarse con pavadas hermenéuticas o
pendejadas recurrentes como limpiarse el poto con guante de box o la
manera más práctica de amasar el moco de la nariz o como fui eyectado a
la existencia por el espermio que contenía mis genes que bien podría
ser rápido, lento, a media máquina. Esto no le interesa a nadie excepto a
mí que tengo tiempo para inflar y desinflar mil peos existenciales
porque la vida es una ventosidad que no nos da tiempo para desandar lo
andado. Somos pocos los seres que tenemos el privilegio de ir y venir
todos los días por los recovecos del alma , del lo vivido, de aquello
que es imposible olvidar o de lo que es imposible iniciar. Querámoslo o
no, el viaje lo iniciamos por un eyección del destino y lo terminamos en
el hoyo natural. La vida buena o mala es la misma vaina porque estamos
obligados a vivirla, llegamos a horcajadas en una eyaculación
orate como vulgares jinetes fundacionales, apocalípticos o mesiánicos,
flotando en aguas vivas como dicen los canutos . Que fue porque Dios así
lo quiso, que fue el destino, que las circunstancias, lo que sea. Igual
tenemos que seguir respirando el oxígeno del día siguiente. Aquí , los
profesionales de la trascendencia tienen su clientela asegurada, hay que
dejarlos hablar aunque no se les escuche porque a ellos les hace bien y
para mí es como tener encendido el televisor por inercia y dejar que
toda esa manga de estúpidos sigan hablado por las santas y reverendas
huevas . Ellos se ganan la vida en eso y estudian y hacen doctorados en
la materia, los giles son los que escuchan, son como receptáculos
inertes, flores de plástico a los que diariamente le van cambiando el
agua por inercia. Aquí el tiempo sobra y los libros ayudan a soportar
este encierro maldito. Debe ser verdad que la palabra tiene algo de
divino porque le estoy dando a las palabras y me voy sintiendo mejor a
medida que esta hoja se va tiñendo de color azul , de la misma manera
como la nieve cubre la tierra en días de invierno. Se ve todo blanco,
blanco como si el pueblo fuera una novia próxima a ser desvirgada,
aunque sea una mentira, una mentira que hace bien. Así logro olvidarme
de mi celda y de la gente con que comparto a diario. Ud. entenderá que m
estoy yendo por las ramas, pero aquí cualquier cosa es buena para matar
el tiempo, es la razón por la que le estoy escribiendo y aunque Ud. no
me infle, igual voy a seguir escribiendo porque así como hay cantidades
de reos, también las hay de abogados. Si Ud. No tuviera fama pare ver la
situaciones como la mía no le estaría escribiendo. Si no le encuentra
una secuencia lógica a mi escrito , discúlpeme, escribí estas páginas de
la misma manera como iban fluyendo los recuerdos de lo que he vivido
hasta aquí. Recuerde que esta escritura me ayuda a preservar mi salud.
Cuando llegué esa mañana a Sn Chelino, era invierno y a las 11 ese
día domingo no se veía nadie en la calle, el viento remecía los
árboles con violencia anunciando el reinicio de la lluvia, el frío
calaba los huesos . Era uno de esos escasos días de invierno en que
habían temporales ya que la primavera y el otoño eran de una placidez
impagable. Me cobijé en un cobertizo de la esquina de la plaza donde se
esperan las micros. Me senté en mi maleta a fumar un cigarro viendo cómo
caía el agua con furia inusitada. No me podía arrepentir y regresar a
Santiago, Ya había cortado el cordón umbilical y situado en la realidad
con los pies en la tierra. Un perro se me acercó encogido como una
acordeón por el frío y la humedad , le tiré un pedazo de pan que me
quedaba en el bolsillo, demostró su alegría moviendo la cola y se
sacudió para ventilar sus pulgas. Así expresó la alegría que a mí me
faltaba en mi primer domingo en San Chelino . Apareció un lote de
curaditos que salían de una celebración, iban cantando el himno del club
deportivo que había ganado una vez más el campeonato de la comuna.
Llenaron la copa de trofeo con las botellas de vino que llevaban y me
ofrecieron un trago. Les di las gracias y aduje problemas de salud . Me
preguntaron si buscaba alguna dirección. Yo les contesté que me dirigía
al sanatorio y necesitaba una pensión, para terminar rápido el
diálogo.”¿Ud, se va a internar por los sopladores?”me dijo un chico
cuarentón que se afirmaba en un tufo de cinco metros. No contesté porque
la lluvia se detuvo y me dispuse a caminar en la dirección que me
indicaron los curaditos. Con una seña me despedí de esta comitiva de
bienvenida. El perro se me acercó nuevamente y le tiré una galleta,
ahora meneó las orejas hacia adelante y me indicó que en la vida nadie
está sólo, aunque el hombre sea un antisocial o autista social como me
dijo una vez un hombre experto en sicología y me dio risa por la
relación con auto. Claro que la pregunta del gordito de gran tufo me
quedó dando vueltas como un planeta alrededor del sol y recordé de
manera rápida a todos los parientes del sur que se llevó el flagelo de
la tuberculosis cuando no había medicamentos para tratarla. Yo fui la
excepción y aquí estoy en este pueblo que tiene un clima único para los
enfermos pulmonares. Debería sentirme agradecido por haberme salvado de
esa peste maldita, que es una enfermedad mortal, pero hoy ya no lo es .
Así son las cosa, un día son y con el tiempo dejan de ser, igual que
nosotros, los efímeros.
Estaba cansado a mis veintidós años de vivir mendigando trabajo en un lado y otro. Cuando uno está estudiando y terceras personas lo ayudan puede
trabajar por muy poco dinero , pero cuando se termina hay que pensar
en estabilizarse. El último año de la Escuela Normal trabajé en una
escuelita Nocturna donde ganaba para la micro, cigarros y algo quedaba
para el bolsillo. Lo más importante era la experiencia que iba
adquiriendo, pero ahora necesitaba un lugar donde vivir y no seguir
dependiendo de la familia que me tendió la mano en ese momento de mi
vida, Ahora estaba dispuesto a irme a cualquier lado , sabiendo que
tendría un techo, comida y un colchón para dormir por lo menos para unos
tres años y después proyectarme de acuerdo a las circunstancias que se
fueran dando. ¿Puede el hombre hacerse dueño de su destino? Parece
imposible, las circunstancias siempre lo hacen desviar el rumbo a la
vuelta de la esquina. Yo tenía clara mi meta para tres años, era lo
inmediato para poder tirar líneas, tenía claro que andaba pellizcando el
futuro. Quería descubrir algo por lo cual encausarme porque si mi
profesión tiene algo de noble, de entrega y de compromiso, no era mi
meta porque echar raíces cuando hay tanto camino por andar. Lo único que
tenía claro es que necesitaba vivir unos años tranquilos para tomar una
decisión. ¿Quién no ha escuchado a un suche de cualquier cosa en el
día del maestro alabar a los profesores por su entrega y
profesionalismo? No pasan de ser palabras para justificar una borrachera
más.
Cuando escribía a algunos compañeros de la Normal me decían que estaban
preparando el bachilllerato que les abriría las puertas de la
universidad. Yo los entendía perfectamente, éramos todos muy jóvenes y
ellos podían proyectar sus existencias, pero en mi caso tenía que
buscar la manera de utilizar en buena forma todo lo adquirido. Para
mí era lo ideal, seguir estudiando pero sin trabajar no podía aspirar a
nada. Siempre tuve bien claro que mi viaje no tenía estaciones
definidas. Solamente era mi viaje y nada más. Si hubiera quedado
trabajando en Santiago, seguro que mi vida hubiese sido otra, pero no
hay que arrepentirse de la hecho, sino, de lo que quedó por hacer.
Llegué hasta el Ministerio de Educación, esa vez, dispuesto a lo que
viniera si me ofrecían una plaza de profesor en la cresta de la loma
allí me iría porque al fin y al cabo lo que yo buscaba era un lugar
donde estabilizarme por un tiempo. Por supuesto que mis preferencias
eran de Santiago hacia el norte, porque volver al enmierdado sur de
lluvia y barro y tuberculosis ¡Jamás¡ Tenía que ser el norte, un clima
que me asegurara una buena ventilación para mis pulmones, cuando fumaba
demasiado la tos me hacía sospechar en la maldita herencia familiar me
seguía penando.
En la visitación me recibió una señora de abultado moño blanco que
parecía cenicero y de entrada les causé buena impresión, seguramente mi
actitud debe de haber sido lastimosa con el abrigo largo que era de un
tío del sur que falleció unos mese antes de venirme a Santiago, en el
curso me decían que era el capote Akakievich, personaje del famoso
cuento del mismo nombre de Chejov y que habíamos analizado en clase
deTécnicas literarias. Cuando les expliqué que necesitaba trabajar no
me importaba donde y la única condición era que fuera pronto, que había
recorrido todas las visitaciones y había perdido las esperanzas, pero
ellas parecían damas de esas que han consagrado su vida al prójimo y
asumieron conmigo una actitud maternal que trajo a mi alma un poco de
tranquilidad. “Pero si no tiene que irse tan lejos.” “Si es tan joven”.
“Vuelva la próxima semana y le buscaremos algo a no menos de cuatro
horas de Santiago”. Me fui lleno de esperanzas porque las dos damas me
impresionaron con su bondad. Sabía que esto iba a resultar, no me
interesaba donde, sólo me preocupaba el cuándo.
Busqué la escuelita en el pueblo me dijeron que atravesara el río y me
fuera orillando la rivera e iba a llegar al único galpón grande, fue
una sorpresa porque pensé que era en el pueblo, pero no podía echar pie
atrás. “Yo me lo busqué”, pensé, mientras iniciaba la caminata que haría
por algunos años. Ahora entendí la amabilidad de las funcionarias.
Nadie se podía interesar por un trabajo en un lugar donde yo iba y menos
de Santiago, pero cualquiera en mi caso debe dar gracias por el clima
maravilloso y la chicha de uva que era un néctar de ambrosía. La
caminata del pueblo al trabajo era agradable por el aire cordillerano y
se respiraba con las ganas que un pichicatero se manda un saque. Los
primeros seis meses todos me saludaban con respeto, me demostraban su
aprecio y cuando me preguntaban , porque me había ido de Santiago a San
Chelino , mi respuesta era siempre la que les di a los curaditos, el día
de mi llegada. “Lo necesitaba con urgencia” y les indicaba mis
pulmones, entonces no preguntaban más y la respuesta nos dejaba a todos
conformes. Seguramente ellos no se explicaban que una persona de
Santiago llegara a trabajar donde campeaba la pobreza y a un pueblo que
duerme la siesta desde que pasó por allí el ejército libertador . Es
increíble como muchas veces uno juega con las palabras para salir de
situaciones que le molestan o que le escarban el subconsciente sin
darse cuenta que son como un tejo que va en busca de la quemada y que
uno tira al azar cuando tiene la partida ganada y justo da en el blanco.
Mis heridas estaban cicatrizadas, pero a uno le queda siempre la
sospecha que el flagelo puede volver. Los que no volvemos somos nosotros
cuando la T: B; C nos gana la partida,
Después de esos tres meses de mi vida ejemplar empecé a ser el tema de
la gente más pudiente del pueblo. Todos dicen que soy un borracho sin
retorno que ya debería de haberme hecho un tratamiento de no sé qué
payasadas y recuperar así la buena senda, pero yo le le pregunto a
cualquiera. ¿Para qué necesitaba yo la buena o mala senda ¿ Si jamás me
hice planes a largo plazo. Yo no tenía la culpa de despertar todos los
días. El mundo está hecho así, nadie me consultó si yo quería vivir de
otra manera. Alguien se ha detenido a pensar alguna vez en trescientos
sesenta y cinco regalos que nos hace el Señor todos los años en esas
tantas percepciones que tenemos del tiempo y del espacio. Para mí eran
como una patada en el trasero y con la cual el pateador me dice:
“¡Fermín¡, ¡levántate y anda¡” y claro que ando porque en la calle hay
un aire exquisito que oxigena y limpia mis pulmones . Lo del aire es
reconocido mundialmente porque el pueblo está anclado en un contrafuerte
cordillerano y algunos tuberculosos que llegan al pueblo por el aire
en tres o cuatro meses regresan a sus lugares de origen. Algunos no
volvían , porque el traje de madera los estaba esperando, eran los
menos y generalmente era porque la chicha que se producía en el valle
era tan buena que la adicción era inevitable. Hasta los curaditos más
abandonados que dormían en las calle jamás fallecían de afección al
pulmón, generalmente eran infartos, resfriados violentos, cirrosis,
vejez. Si hasta en las urnas aparecían con un aire tostado, propio del
clima cordillerano, como que se iban
contentos.
Cuando me agarro una de esas borracheras cósmicas que a uno lo mantienen
relajado por una semana entera me da la impresión de que anduviera
volando o que el cuerpo fuera de corcho porque se siente tan liviano,
tan etéreo, tan vital, tan terriblemente potente, como el héroe que
regresa después de vencer dragones y salvar a la princesa encantada. La
verdad es que sentía dentro mí algo así como un soplo divino. Hasta
llegaba a creer en los platillos voladores. Me sentía como inspirado y
capaz de grandes empresas como si un personaje sobrenatural se hubiese
aparecido en mi camino. En estas ocasiones no quisiera despertar. Si las
borracheras son verdaderos viajes al mundo de la paz, de la
tranquilidad, al día siguiente reverdecía como un oasis en el desierto.
En estas ocasiones era cuando miraba el mundo y las cosas con mayor
lucidez incluso trataba de buscar algún acercamiento con la gente. En
uno de estos lapsos conocí a más de una niña con la que iniciamos algún
pololeo, pero duraba el tiempo que las alas echan plumas para volar,
cuando presentía el compromiso volvía a mis ansiadas ganas de vivir mi
vida. Me imaginaba casado con alguna y con un hijo que se pareciera al
padre de ella o a la madre o a los míos y la verdad es que me daba hipo
.Eso de tener necesariamente que parecerse a alguien lo encontraba como
una bofetada de Dios, porque nos crean y el que lo hace es el todo
poderoso y frente a eso estamos cagados para el resto de nuestra vida.
Eso de ser gordo, chico, flaco oscuro claro, chueco , por culpa de un
espermio me parecía una carcajada del diablo ante la arrogancia o
insignificancia del yo. Además tengo una facilidad para caerle mal a la
gente que es asombrosa o puede ser un deseo inconsciente de ser
rechazado. Lo que sea, la verdad es que felizmente nunca encontré un
viejo aspirante a suegro bueno para el trago porque por ley natural
capaz que me hubiera hecho abstemio con ese afán mío de quedarme en la
antítesis y no buscar nunca la síntesis que se produce en toda situación
natural o humana. . El hueveo se me transformaba en fobia con una
rapidez asombrosa .Si la vieja era paticorta y guatona me imaginaba los
nietos de igual condición o si el viejo le daba con hablar de fútbol y
empezaba a comparar las selecciones de 30 o más años atrás con la actual
o el comunista que le daba con el hueveo de convencerme de las
bondades del socialismo o como un canuto de esos que no se hacen callar
ni a palos, me imaginaba mi descendencia con toda esa manga de
virtudes heredadas que me producían rechazo absoluto. Siempre me canso
con la gente que voy conociendo y a los pocos minutos estoy pensando en
la forma de desaparecer especialmente cuando intuyo sus temas de
conversación .
Siempre viajaba a Santiago, lo hacía en tren, tenía para mí un
significado especial . En una ocasión, encontré con un muchacho de mi
edad que hacía una doctorado en matemáticas , hijo de una profesora
conocida. De inmediato me di cuenta que tendría que soportarlo tres
horas hablándome de los valores intrínsecos e extrínsecos de la
pedagogía, que los fines de la educación, era de esos huevones que
ponen los ojos blancos y les falta solamente pegar los tres
tiritones con el tema. Después de saludarlo y preguntarle por su
familia le dije que se me había quedado mis documentos en la boletería y
emprendí la carrera para alejarme de este futuro doctor . Llegué
cansado a la boletería me senté unos minutos en un escaño y cuando el
tren iba saliendo corrí y me subí en el último carro, pensé un momento
en las ventajas de los sordos y no soportar huevones con el don del
verbo que encuentran hasta divino. Hoy, Señor abogado, entiendo que mi
problema era precisamente no saber para donde iba y ver a ese muchacho
tan dueño de sí mismo me dejaba completamente desorientado.
En los los años de mi permanencia en San Chelino, a pesar de mis
arrancadas de pololitas al paso, conocí una dama treintona que llegó al
pueblo en busca de clima para su tratamiento bronquial. Fue un día
domingo cuando salía la misa dominical y toda la gente se congrega en la
plaza. A esa hora llegan las micros que acceden al pueblo de
diferentes lugares. Yo leía una revista sentado en un escaño de la
plaza, esperando la llegada de los diarios de la capìtal y me llamó la
atención sus caderas pronunciadas, el taco alto que las realzaba, un
anillo que resaltaba su mano izquierda, su caminar cadencioso, tenía un
aire distinguido con un caminar de potranca fina, diferente a todo lo
que veía todos los días, despertó mis ansias de relación. Me acerqué y
me ofrecí para llevarle la maleta, como buscaba pensión la llevé a la
más conocida y la invité a almorzar, luego la lleve a conocer el pueblo
., Me dijo que había pololeado 10 años con estudiante de leyes y cuando
se recibió se casó con otra. Después de la cena en su pensión fuimos a
su pieza. Durante un mes dejé mis aposentos en las horas nocturnas para
pernoctar con ella y cuando sus dos heridas estuvieron cicatrizadas me
dijo que tenía que volver a su pueblo y a su familia, pero siguió
viajando a San Chelino cada quince días. Todo seguía de lo más normal
hasta que me dijo que los mecanismos anticonceptivos habían fallado.
Aunque Ud. No lo crea, distinguido hombre de leyes, me imaginé casado,
con tierras, haciendo clases en el campo, rechoncho, metido en el club
de huasos, esperando cada año que aparezcan los primeros sembrados, con
una cantidad de hijos que se pareciera a mi suegro que en una de sus
fotos aparece chico, guatón y rollizo y la vieja con cara de lechuza, a
todas las viejas candidatas a suegras siempre les encontré cara de
lechuzas, debe ser una fijación mía y a los viejos el típico aspecto de
bueyes cansados . No sé si ella dejó pasar el crío, pero ese mes yo me
quedé sin sueldo que se fue en el raspaje. Ella inteligentemente no
aportó nada esperando que yo me arrepintiera, pero era difícil. Yo tenía
bien claro que mi futuro era el no tenerlo .Continuamos viéndonos el
resto del año, pero se casó con el pretendiente que la asechaba con ese
fin. No me envió ningún aviso de nada, el asunto se extinguió de manera
natural como el fuego por falta de carburante, como todos los procesos , como
es la vida en general. El amor podía esperar, es una trampa que
uno mismo se impone por pellizcar el destino con demasiada fuerza.
¿Dónde está mi vocación?, dirá Ud. La verdad es que me sigo haciendo la
misma pregunta, La gente que me trajo a Santiago que es la misma que me
internó cuando niño por la tuberculosis, encontró que lo más apropiado
era una escuela Normal para trabajar en corto plazo.
Una buena borrachera siempre fue mi mejor terapia. El vino me tonifica,
me da vida, me hace soñar en mundos fantásticos, sin límites de tiempo.
Es verdad que el vino le hace mal a mucha gente son tantos los que
mueren por cirrosis , pero cuidado, no es culpa del vino. Es gente que
vino programada de esa manera y con o sin el elixir se le van a soltar
los bicharracos. Por lógica elemental, jamás se me hubiera ocurrido
hacerme un tratamiento. Si era lo único que me daba ánimo, ansias de
vivir y acrecentaba mi energía vital. Hubiera sido un acto heroico de
masoquismo.
Me visitó una delegación de “Damas Huemulas”. Eran las enviadas del
Comité de Higiene y Moral estaban en plena campaña para recuperar
jóvenes alcohólicos.
En mi pieza no había sillas, solamente un cajón que servía para muchos
menesteres. Lo que sobraba y poblaba todo el espacio eran botellas, un
par de colchones y cobijas y otro cajón más grande que me servía de
mesa. El aire tenía un aroma que iba desde el queso suizo al amoniaco.
Para ir al baño había que salir a un corredor y caminar hasta el fondo y
un día que tenía invitados y eran más de media noche, uno descubrió que
era más cómodo asomarse a la puerta de calle y orinar hacia la vereda ,
fue la manera más adecuada de no exponer la salud. El hombre que barría
la calle con un escobillón llegaba siempre hasta la puerta y hacía un
dribling y se saltaba la parte de mi domicilio. Los calcetines sucios
tirados por todos lados complementaban este olor transversal que
atravesaba todos los matices. Dicho de otra manera, la morada de este
paladín de la cultura era de un virtual olor a puerto.
En este escenario recibí a las damas que me quisieron llevar por el
camino del bien y las buenas costumbres. Las cuatro enviadas se tomaron
del brazo como dándose ánimo, tocaron a la puerta. Fue un sábado en la
tarde. Se sentaron tres muy apretadas en un cajón y la otra se quedó
de pie. Yo me senté en mis colchones , Una parecía visitadora social
porque tomaba notas. Otra se veía más refinada , respingaba su naricita y
hacia uno que otro pucherito, pero las otras le daban ánimo con su
actitud decidida. Yo encendí un cigarro para sentirme mejor y apoyé mi
espalda en la pared para escuchar a las damas misioneras. Ella iniciaron
el diálogo mostrándome las cartas de las “Damas del culo hendido”,
“Instituto de saneamiento moral”, “Las defensoras del espermio loco “Las
damas del óvulo del séptimo día” “La sociedad de frígidas permanentes” .
Luego vinieron las acusaciones : Mal ejemplo para la juventud, atentar
contra la moral y las buenas costumbres, se me consideraba indeseable y
lo mejor que podía hacer era marcharme. Yo escuchaba con atención y me
sorprendí al ver una lauchita en la falda de la dama más refinada, la
roedora infantil me miró con un aire de complicidad, como
diciéndome “no entiendo nada.” Sólo escuché el exabrupto que lanzó la
más pituquita. “¡Chuchas¡ ,¡ rechuchas ¡”. Debo reconocer que
jamás había escuchado un garabato que llevara el alma dentro de sí.
Salieron corriendo y doblaron en la primera esquina. Yo las seguí
caminando tranquilamente y mi sorpresa fue grande cuando vi a las cuatro
que se sujetaban unas a otras para no caerse a carcajadas. Yo me
sonreí y pasé de largo. Comprendí que ellas también se aburrían pero
tenían que soportarlo de manera diferente. Una cosa me quedaba clara. Me
querían echar del pueblo.
A las tres de la tarde penan hasta los vivos para darle una mano a los
fiambres que pernoctan en el cementerio al lado de la iglesia y el
relincho de un caballo interrumpe la siesta de más de un ciudadano. La
rutina y el hastío se siente en la piel, en el saludo de la gente, en
la forma de caminar cancina y taciturna , como las aves u otros seres
siempre dirigidos a cumplir con el guión que les asignó la naturaleza y
la especie. Tampoco podía faltar un mulo cagando en cualquier parte o
gallinas cogotudas pastando en las esquinas . Yo le pregunto a este
mundo pendejo: ¿Qué puede hacer un hombre de 22 años ajeno a en un
pueblo como éste? Con el síndrome del desarraigo metido más allá de mis
huesos, Sin influencias de ninguna especie. Por lo menos, ahora tenía un
lugar donde caerme muerto. Había encontrado la tranquilidad, pero el
aburrimiento es una capa envolvente que asfixia y superaba por medio
del alcohol, una cosa lleva a la otra y así sucesivamente la vida nos
va entregando y dejando señas de los futuros caminos aunque ella sea la
mismísima rutina que campanea su música fétida, total, el hombre es el
único ser que le puede hacer una finta y encontrar un atajo que lo lleve
en otra dirección. Aunque uno diga que llegó a un lugar como un
espermio lanzado al in finito, siempre existe un antes que condiciona
todos los después y por eso estoy en San Chelino .Creo que nunca me
entendieron,¿ quién va a entender a una persona que no se entiende a si
misma? Me dieron dos días de plazo para abandonar el pueblo como un
vulgar pistolero del oeste. Para mis detractores yo no podía trabajar
con los valores edificantes de la sociedad y estar al servicio de la
corrupción, el asunto es que yo nunca me consideré un corruptor,
malhechor. En la capital estaba cansado de traquetear todo el día y me
daba cuenta que para mí estaban todas las puertas cerradas ; entonces
llegaba a la conclusión de que yo era un ser destinado a asumir lo que
me fueran dando las circunstancias. Nadie más que yo podía hacer algo
semejante, pero nadie más que yo estaba empapado de mi circunstancia.
Increíble, pero muchas veces lo que uno nunca quiere decir es lo
primero que hace. Jamás se me hubiera ocurrido hablar de mi antigua T:
B: C. Contaba con el aprecio de mucha gente que me defendía de los
ataques del alcalde, del cura , del jefe de correos y del tesorero. Mis
defensores aducían que necesitaba del clima, pero mis enemigos insistían
que era un agente de la corrupción y las malas costumbres. A mí el
contagio me llegó a los seis años y en el sur la gente duraba muy
poco y recién se estaba aplicando la penicilina en Santiago. Yo tuve la
suerte de que me hayan traído a la capital por la intermediación de un
tío abuelo de una tía y comadre de los parientes que me acogieron y me
internaron por seis meses. Al quinto mes de mi estadía en el hospital me
llevaron a la oficina de la visitadora que me explicó que me enviarían a
un pueblo donde el clima era una maravilla y todos los niños terminaban
completamente sanos .Lloré tanto que se compadeció y me dijo que ella
arreglaría las cosas y así lo hizo. Si hubiera aceptado la última
parte del tratamiento, habría tenido alguna identidad con el lugar, pero
no fue así. Cuando la dama del ministerio me mencionó el nombre del
pueblo sentí una extraña presión en el estómago, no sé si de sorpresa,
temor o rechazo, pero era lo único prometedor que tenía en ese momento y
ya no me podía detener en reflexiones estúpidas. Mi rechazo por el
Sur fue siempre una cuestión enfermiza .Desde niño disfrutaba viendo el
viento de las locomotoras que arrastraban esos trenes de carga que van y
vienen, me imaginé más de una vez partiendo como ese humo hacia el
norte para no volver porque tampoco tenía el más mínimo afecto por mi
familia, lo consideraba un accidente del que la gente se hace cargo para
ser feliz o infeliz. En esos años no lograba entender a la gente que
iba desde Santiago y quedaba maravillada con los paisajes relucientes
del verano, los volcanes, los lagos, los ríos, pero en invierno es todo
barro, humo y miseria para los pequeños campesinos y que la naturaleza
el hábitat, el entorno y la cresta de la loma. Para mí el hábitat ideal
es donde se tiene la comida asegurada, un techo, y no andar con los
zapatos rotos en plena lluvia. La belleza del paisaje se podía ir
tranquilamente a la mierda. Yo no era uno de sus hinchas. En una carta
que me envió mi madre me decía que los curas me ofrecían trabajo cuando
terminara porque volvía a mi casa. Le contesté para que les agradeciera
el ofrecimiento, pero que ya estaba disfrutando de las bondades del
clima y donde la mitad del año se puede andar sin chaqueta . Por fin a
los 22 años me sentía autosuficiente para caminar sólo por el resto de
mi vida.
El año que terminé, los más necesitados salimos a buscar trabajo de
inmediato en el Ministerio de Educación, pero todas las vacantes las
copaban los radicales que gobernaron con Alessandri e hicieron de ese
ministerio, su feudo. Yo soñaba también partiendo a un pueblo fronterizo
`para estar cerca de mi sueño de niño y adolescente. Atravesar la
cordillera y trabajar en lo que cayera. Para mí lo esencial era tener
asegurado el techo y la comida y este primer paso ya lo había dado,
Había encontrado la tranquilidad que necesitaba. Empecé a jugar fútbol
por el único club que había en el pueblo y me fui haciendo conocido, a
veces , era rápido y tenía estado físico papa parar los troncos de los
equipos del sector campesino. Celebrábamos lo que viniera con
tomateras interminables . En el club me ingresaron al cuerpo de
bomberos, el aburrimiento por falta de incendios era tanto que dedicaban
a hacer campeonatos de brisca y cacho. Me auguraron una carrera rápida
dentro de las jerarquías fogosas . Así pasaba de las tomateras del club a
la de los bomberos. Eran insoportables los comentarios sobre el partido
jugado. Que los otros eran troncos, no la tocaban, en cambio el equipo
nuestro siempre daba clase y dale que dale. Yo tomaba callado y cuando
estaba caramboleado me las endilgaba a mi pieza. Es gente muy
aburrida que habla de puro peloteo y aceptan con agrado que los jefes
sean los que tienen más plata. Cuando les da por hacer el bien se juntan
con cuanta vieja menopáusica dispuesta a salir a ventilarse. Regalan
pelotas para las escuelas, visitan a los enfermos o le rinden homenaje
al árbol donde San Martín amarró el caballo. La cuestión era justificar
la borrachera después de la evaluación de cada jornada. Me
aburrieron cuando se les ocurrió hacer unos trabajos para donaciones de
pascua con las Damas del Culo Hendido y me nombraron para que los
representara Me las ingenié para que me expulsaran. Un día que caminaba
por las postrimerías, lancé un fósforo encendido a una mata de
zarzamora seca que se transformó en una llamarada que se extendió a
unos árboles. De inmediato se congregó todo el pueblo y no era para
menos. Las mangueras llevaban dos años sin ser utilizadas. Llegaron
todos con sus cascos brillantes, sus chaquetas DE CUERO RELUCIENTES,
pero la infaltable mala cueva no podía faltar. El agua salía como ducha
porque las mangueras estaban apolilladas. Llegó también la defensa civil
con sus uniformes y camillas. Todo el mundo impartía órdenes , mientras
los carabineros acordonaban el lugar . Me acerqué a un bombero que
estaba realizado con la única manguera buena en la mano y tirando agua
con toda displicencia, , parecía un Dios jugando con los elementos . Le
expliqué que mientras caminaba por el sector encontré una liebre y le di
con un garrote y que aturdida se metió en la zarzamora y como no salía
le prendí fuego para asustarla. Silenciaron el asunto por el prestigio
de la institución y me suspendieron por dos años , debiendo hacer
méritos para mi reincorporación
Pasaron dos años y enviaron oficios a Santiago para que me expulsaran
del pueblo, cuando fui a cobrar el sueldo un amigo me dijo “Compadre, le
quieren cortar el poto”.
Me visitó un gordito cincuentón, cara de charcheta, bigotito mediano y
sumamente culón. Ya habían trascurrido dos años de mi apostolado,
obviamente, el guatón, usaba una corbata que combinaba con su terno gris
y el infaltable maletín que muchas veces tiene solamente el sadwich que
la señora le hizo. Lo acompañaba una dama con abrigo café con cuellito
de zorro. Los invité a pasar, pero una oleada de aire marino los hizo
desistir. Solamente me dijeron que me esperaban al día siguiente en la
comisaría porque desde Santiago se iniciaba una investigación sobre mi
persona , me di cuenta que se trataba de un sumario. Antes de que
llegaran ya me había tomado un traguito de chacolí para darme ánimo
porque caía fácilmente en esos estados depresivos en que uno se cansa de
estar cansado . Aunque mi vida empezaba a apuntar en una dirección, no
podía evitar los momentos cagativos inherentes al hombre. El botellazo
que le dí debe haber sido grande porque el gordito hizo una finta así
como los boxeadores, casi soltó el maletín para ponerse en guardia.
Al día siguiente estábamos los tres en una celda que nos acomodaron los cuidadores del orden .
-Se le acusa de incitar a este pueblo tan tranquilo a toda clase de
vicios y malas costumbres . Desde su llegada se ha encargado de
fomentar los vicios más aberrantes que degradan al hombre y lo alejan de
la buena senda y de los valores edificantes de la sociedad.
- Perdone la interrupción, señorita, pero no me considero parte de todo lo que Ud. ha mencionado.
El gordito me miro con cara de asombro , mientras sobaba un código
grasiento. En sus ojos leí la amenaza . “Ya vas a ver cómo te
liquidamos, huevonazo.”
Ella volvió al interrogatorio con voz campanuda y nasal: -¿Tiene algún
descargo que hacer? Me puse de pie y le contesté con un “¡No¡” rotundo .
Todo empezó con la amistad que se inició con los guardadores del orden.
La mayoría jóvenes y provincianos como yo. Jugábamos en el club y
muchas veces terminábamos en mi pieza tocando guitarra y cantando. Otros
días llegaban con trago y algo de comer . Una noche llegaron tres con
cuatro damas , algo inesperado en la morada de este hombre con espíritu
de servicio a la comunidad . Me fui de inmediato al almacén más cercano y
estaba de regreso con cuatro cajones azucareros que funcionaron como
asientos. Luego salió un justiciero verde que volvió con los comestibles
y bebestibles . No celebramos nada en especial, pero la fiesta fue a lo
grande. Al día siguiente las damas se fueron a ejercer su profesión a
la ciudad capital y nosotros nos dirigimos a nuestros diarios oficios.
Las fiestas se empezaron a repetir todas los fines de semana y los
muchachos se consiguieron unos colchones dados de baja. La pieza era
inmensa de tal manera que cada colchón quedó en cada uno de los ángulos.
El asunto empezó a hacer noticia y los huasos se paseaban por allí
curioseando lo que sucedía en las noches de sábados y domingos.
Todo hubiera continuado sin mayor variación si las invitadas hubieran
sido las mismas, pero cambiaban semanalmente porque así es su oficio y
cuando ya no constituyen novedad deben emigrar como golondrinas hacia
otros veranos. Fue un hecho como tantos el que hizo que las damas más
cartuchonas me empezaran a apuntar con el dedo de la difamación. Una
noche que terminamos todos bailando en pelotas en la calle y las putas
disparándole a las ampolletas , parecía una fiesta de pascua o año
nuevo, pero era una fiesta de rutina y nada más. Las fiestas se hicieron
demasiado conocidas y todos los que llegaban al pueblo querían saber
más sobre la casa alegre. La libre empresa surgió como una necesidad del
mercado, Llegamos a un acuerdo con las damas y pusimos término a las
fiestas sin sentido de lucro, luego vino toda la problemática de la
gestión y proyección. Ellas ejercerían su servicio a la comunidad los
días sábados y domingos desde las 8 am hasta donde se estirara la
cuerda. En las mejores fechas fue tanta la demanda que el día domingo
había que pedir refuerzos a la ciudad capital. Aunque Ud, no lo crea
había gente desde la 8 de la mañana para ser atendidos de los primeros.
Arrendé una casa con más comodidades y yo que nunca quise ser nada me
encontré transformado en empresario. Por eso yo siempre he dicho que los
caminos del Señor son inescrutables y yo que iba preparado para tres
años trabajé 8 . Me castigaron enviándome a una escuelita en plena
cordillera, pero me compré una moto y problema solucionado. Allí agregué
a mi curriculum el contrabando. Siempre he dicho que no sabemos valorar
las ventajas de la libre empresa.
La fiesta de despedida fue sin damas y dieron orden de detener a toda
mujer que se aproximara hasta mi casa . Los huasos pululaban con la
mirada pérdida y lánguida, no disimulaban su malestar y m{as de uno se
quedó con su par de gallinitas pe pagar el servicio. El buen empresario
aparece siempre justo, allí donde las necesidades de la gente son
apremiantes. Algunos huasos llegaban con un chanchito, un par de gansos
y hasta un corderito que luego vendía al carnicero de pueblo.
Abandoné SN, Chelino con mucho dinero, en esto no puedo ser mal
agradecido porque aquí tracé mi destino . Con mi trabajo nunca hubiera
podido aspirar a una buena situación económica. A lo mucho habría podido
disfrutar de una pobreza respetable y digna, de esas que se reconocen
en los actos cívicos con galvanos, diplomas, y medallas de cualquier
cosa. Lo cierto es que había descubierto mis dotes de ejecutivo.
Para qué toda esta historia burda dirá Ud. Cuando le puede importar un
reverendo que esté condenado a tres años y un día y en el momento que
escribo estoy cumpliendo 38 años. En estas ocasiones es cuando uno suele
hacer un recuento de lo hecho. Aclaremos, me queda dos años y ya estoy
habituado. Me ofrecieron que hiciera clase, pero ya no me interesa.
Organizo campeonatos de Baby, brisca, dominó , cacho, y dirijo el
conjunto folklórico de los asilados. Ya se lo dije. Yo soy un hombre de
empresa, no seré nunca más empleado de nadie . . Cuando
salga tendré un capital que me permitirá vivir tranquilamente el resto
de mi vida. En mi profesión estaría ahorrando para comprar la casita,
andaría con un ternito brillante, con una corbatita sebienta, sonreiría a
todo el mundo cuando me dijeran: “Cömo está señor?”. Viviría con una
pobreza digna de respeto. Después de todo soy un hombre de bien y si no
me cree, venga un día de visita y pregúntele a las damas que me vienen a
ver . Todas me recuerdan con cariño y respeto porque las traté con
rectitud pedagógica. Ellas me decían el maestro. Una de ellas es la que
continúa con la empresa en Santiago y compartimos el negocio.. El
destino es el destino de la misma manera como dicen los beatos “Dios así
lo quiso” o la gente importante cuando se enfrenta a una
resolución emanada de una superioridad burocrática: “Instrucciones de
fuerza mayor”. De la misma manera me han detectado nuevamente el flagelo
de la tubercolósis y saliendo de la cárcel volveré nuevamente al pueblo
y capaz que me encuentre nuevamente con el perro de la bienvenida.
Ahora le cuento por qué estoy preso.
La Marisol, murió en mi departamento, las huellas digitales encontradas
no corresponden a las mías . Además está probado que esa noche estaba en
otra ciudad. Ella me pidió la llave porque tenía un cliente muy
exigente y el resto lo encontrará U. en los recortes de los diarios que
le adjunto. Como le digo los dos años que me quedan son soportables
cuando el futuro es promisorio. Si Ud puede hacer algo, será debidamente
compensado según sus honorarios correspondientes.
RESPUESTA DEL Abogado.
“Dn Fermín:
Yo también fui profesor primario durante diez años y pude combinar mi
trabajo con el estudio. A diferencia de ti tenía un techo y la
tranquilidad que daba el pertenecer a una familia medianamente
solvente. Entremos en materia. Me di el trabajo de ir al Hospital
Harriarán y revisar los papeles de los años de tu tratamiento, comprobé
allí tu permanencia. Creo que tu caso no es difícil con todos los
antecedentes que tengo en la mano. Sin entrar en tus cuestionamientos y
reflexiones, me parece que el tema del destino es más que interesante.
De otra manera yo no me hubiera interesado en el caso. Primero veré tu
traslado a San Chelino por el clima y lo demás irá con tu conducta
durante tu tiempo de interno, pero no se te ocurra ninguna actividad de
libre empresa al interior . Te prometo noticias en dos meses. Por mis
honorarios no te preocupes. Es materia de colegas. Cuando leí tu escrito
busqué una foto del curso en que estás con tu abrigo de Akakievich.
Atte , Juan Palomo.
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