Primero de noviembre
Reinaldo Cerna Cerna
El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero sólo el necio se queda sentado en él. (proberbio chino)
“Te
quedarás aquí hasta que se aclare la situación”, me dijo el negro,
como dándose importancia mientras se paseaba por el cuadrilátero de
la carpa especialmente habilitada para la fecha por la gran afluencia
de público. Con garbo de general, que mira a un conscripto, me observó
de manera risueña y burlesca, su mensaje era demasiado evidente: “Mira
en lo que te vine a encontrar después de veinte años.”
Como
todo uniformado de tropa terminó copiando los ademanes y actitudes del
oficial que los manda. Sargento, mi vecino, llegó un día con una perrita
fina, lanuda que ladraba todo el día en el antejardín en forma tan
estrepitosa que me ponía los pelos tiesos.”Es el timbre de la casa”
decía cuando la tomaba en brazo, seguramente se la regaló un oficial
porque un perro de pedigree hace que el dueño también se infle al nivel
del estatus del perro. Siempre me sentaba a leer a la sombra del
limonero, no aguanté más y le tiré unos chicharrones que iban remojados
en diez somníferos. Lamentablemente no regresó de su sueño, o habrá
despertado en el cielo de los perros. Vida de perro, alma de perro,
cielo de perro, perrera, perreada, total, es la misma huevada.
Eran
más de veinte años, nos conocimos en la escuela franciscana y después
nos encontramos en el liceo y en esa escuadra de milicos en la que yo
fui de los peor catalogados, inconscientemente iba al encuentro de mi
destino y no me daba cuenta. Si somos los únicos animales que podemos
vivir con contradicciones, yo sería un príncipe dentro de esa corte. El
era disciplinado y se pegaba unas cuadradas en que quedaba más tieso que
promesa de novio. Yo cumplía con todo, pero en el tercer mes de
instrucción perdí todo el interés, ya no me seducía la idea de ser
milico.
Tomé
conciencia de que no tenía alma de vasallo. Tomé el año de instrucción
como una oportunidad de tener ropa y comida gratis para pensar en
algo. En esos años los exámenes de secundaria se daban en diciembre,
marzo y una última oportunidad en Noviembre. Había decidido no estudiar
más. Todos los años quedaba con exámenes para marzo, los daba y salía
bien. No me daba cuenta como pasaba de curso. Llegué a lo que hoy es
tercero medio y quedé con biología pendiente para noviembre. No
encontraba ningún futuro en los estudios. Cuando me di cuenta que no
servía para milico, me percaté que el l certificado de tercero medio era
un papel que a la corta o a la larga me iba a servir de algo aunque no
sabía para qué. Le di unas leídas al texto y le pedí permiso al
capitán para ir por el examen, .Me pegué la mejor cuadrada de todo el
año porque iba por algo que me era propio, que me pertenecía y me abría
la puerta que yo cerré de manera abrupta por no saber hacia dónde
endilgar mi vida. Tenía que pensar en mi futuro. Mi existencia no era
ningún regalo que cayera maduro del árbol de la vida. Era la pesadumbre
de haber nacido y de vivir una vida de mierda sin ninguna brújula y la
incertidumbre de mirar el futuro sin esperanza. Siempre estudié por
inercia.
Llegué
vestido con mi uniforme y como era el único conscripto entre los 40
examinados parece que impresioné a la comisión, porque el mismo que me
había sacado mal se detuvo frente a mí y cuando se acercó a la comisión
examinadora anotó algo en un papel. Ahí me percaté del valor de los
trapos, eso lo volví a comprobar en los años de la dictadura. Los
botones de mi chaqueta milica estaban relucientes, dejé el cinturón
dentro de la gorra y me senté. Toda la sala se volteó para mirarme. Me
vieron como el muchacho que se sacrifica por la patria y yo me sentí
importante. La verdad es que estaba ahí por no saber qué hacer con mi
vida que además de ser única en el universo me estaba dando las señales
naturales igual que a todos los hombres de mi generación. Seguramente,
mis coetáneos ya tenían claro su camino, pero yo lo estaba descubriendo
ahora, al tropezar con las primeras piedras y vestido de milico. Mi
examen fue regular y aprobé con la nota tres que en esos años era la
mínima azul. Yo que iba sin mucha esperanza aprobé tercero medio y al
año siguiente terminé el cuarto. Tenía en mi mano la llave de algunos
candados. Anticipé mi servicio militar aduciendo que me iría
para Argentina no me atrevía a decir que quería ser milico. Como todos
los hijos de campesinos mirábamos la cordillera como único obstáculo
para buscar nuevos rumbos, pero las cosas no se dieron así, no sé si
para mejor o peor. Durante un mes me sometí a la disciplina y demostré
interés en todo, pero no tenía el alma cuadrada. Cuando entregaron la
escopeta a cada conscripto mandé un mensaje a mi casa para que no
viniera nadie desde el sector campesino donde vivíamos porque era un
gasto inútil. Fue el año en que la pizotia mató todos los animales y las
cosechas se las llevó el purgón. Aprendí a darme a cuenta para lo que
no servía. Esta fue una constante durante lo vivido. Fue un año
perdido en cuanto a estudio pero gané en autoconocimiento. Me inicié en
el viaje alcohólico como mecanismo de evasión. Descubrí que la salida
de la conciencia de vez en cuando ayuda a vivir. ¿Quién ha conocido a un
curadito infeliz? “¡ Nadie ¡” porque no solo de pan vive el hombre.
Todos sabemos que el pan y el vino tienen algo de sagrado.
El
negro se veía bien en su uniforme verde y su revólver colgando del
cinturón. Ahora me trajo un termo con un par de panes con cecina.
“Tómate este café” me dijo, “te hará bien “ grata sorpresa venía con
pilsener. Le pedí un papel y un lápiz para entretenerme un rato , luego
estaba con los elementos en la mano. “Solamente escribiendo todo lo que
se me venga a la cabeza me sentiré mejor”, pensé . El negro me hizo un
gesto para que mirara uno de los floreros grandes que se alcanzaban a
ver desde la carpa. Fue en ese instante cuando la tranquilidad volvió
a mi cuerpo, respiré profundo y bostecé a mis anchas. La carpa era una
comisaría especialmente instalada en el cementerio `por tratarse de un
día tan especial en que acudía mucha gente y habían manifestaciones
políticas. “Quédate tranquilo”, me dijo el negro. “Yo arreglo este
asunto”
”El chico José podía estar tranquilo no tenía de qué preocuparme “ .
Me
despaché el segundo trago con los panes amasados. Por el momento la
situación estaba para no preocuparse. Las cosas suceden y como dos gotas
de agua se van encadenando hasta hacer un espacio donde
cobijarse igual que nuestras acciones que desembocan en consecuencias y
van tejiendo nuestro destino como la telaraña que nos envuelve hasta
el final del viaje. Yo andaba con una neurosis espantosa y justamente
se me pasa ahora cuando estoy detenido en esta carpa.
”Cuando
cresta vas a entender que no te debes meter en lugares públicos” -me
dijo el Chico José - y arregló su bigotito de actor de cine de los
55. “¡No sabís weón que ha caído mucha gente y la cadena continúa¡
Sabemos que tu casa está vigilada”. Esa vez golpeó la mesa con rabia.
Fue la última vez que hablé con él. Pasaron 20 años y supe que estaba en
Suecia .Pobre Chico, lo torturaron hasta dejarlo reducido a una bolsa.
Pensaron que se les iba porque no tenía reacciones. Llegó el médico de
turno, pero era de los nuestros. Fue el momento en que lo sacaron de la
camilla y en la ambulancia lo fueron tirar a la embajada de Dinamarca.
Eso fue lo que contó el funcionario del hospital que lo conocía porque
era dirigente de la Salud. No le sacaron nada.
Siempre
hice mi vida normal, y me adecuaba a las situaciones , pero llegué al
límite y salí a cumplir con mi palabra. Un creyente habría dicho que
era como pagar una manda , pero en mi caso era el único día del año en
que iba al cementerio. Si todos los nichos estaban cubiertos de
flores Yo quería que el nicho de mi padre se viera bien . No frecuento
templos de ninguna naturaleza, excepto cuando muere alguien,
allí sigo todos los pasos del rito para no llamar la atención como un
extraño fuera de contexto.
Yo no
podía darme el lujo de gastar plata de nuestras necesidades más
apremiantes en flores, ni en adornos de un nicho, claro, había que
elegir entre los vivos y los muertos, eran años duros, mezquinos
y estaba consciente de que nadie me metió en el asunto, era
mi decisión y nada me podía detener. No tener convicciones y un
accionar en el mismo sentido me parecía que era una bofetada a la
inteligencia. Vivir como un marrano que come y defeca lo encontraba
propio de seres irracionales que conforman una masa que se forma y se
deforma según los planes del panadero.
El
jarrón ya me mandó un mensaje .Qué decir cuando vi el florero de
color azul con un Cristo crucificado que me mostró el Negro con una
sonrisa de oreja a oreja y mostrándome con el índice de su mano
izquierda al hombre en la cruz, su mensaje parecía ser: “Todos los
pecadores tendrán que arrepentirse. “Quién no siente algo extraño cuando
ingresa a una iglesia católica? Ese espacio tenebroso que te tira de
las mechas parece que fuera la antesala de la muerte. Cuando niño me
tenía terror a los curas cuando hablaban del infierno y los castigos de
los pecadores. No me ocurre eso en un templo evangélico, pero cuando se
arma la gritadera siento ganas de salir arrancando, parece que es
cuestión de temperamento. Los huevones se sugestionan de tal manera que
se van transmitiendo de uno a otro su estado emocional como si fuera una
corriente eléctrica que envuelve toda esa manga de elegidos que vuelan
gracias a su estado emocional, pero ellos lo atribuyen a un poder que
les entrega el ser superior y que no es otro que el poder de la mente.
Voy
a la iglesia cuando muere alguien u otro motivo, me persigno, me
arrodillo, por respeto, por no parecer arrogante y por no llamar la
atención .Después de todo cada uno tiene sus espacios donde manifiesta
su manera de ser. Una vez asistí a una iglesia evangélica, creo que se
llama: “Cristianos por la salvación” porque el contacto que tenía que
hacer la frecuentaba. Además el lugar era un buen “paragua”. Seguí con
atención las palabras del predicador y cuando todos empezaron a saltar,
gritar con los ojos blancos y desencajados, los brazos en alto alabando
al Señor. Cada uno decía lo que le atormentaba. ¡Ayúdame Señor, te
prometo que dejaré el trago¡ Cuando di un salto sin darme cuenta entendí
que en ese ambiente pasaba algo raro. Me asusté cuando estiré los
brazos, lo hice de manera espontánea sin darme cuenta pero no tenía el
retrato de ningún familiar, el templo se transformó en una sala de
rebuznos, gente que cae en sus butacas extenuados, otros ruedan por los
pasillos., tienen que haberse tirado sus buenos pedos porque el aire
tenía esa aura especial así como humo de responso, pero más denso y casi
metafísico. Estaban transportados a un espacio diferente, como si
estuvieran llegando al más allá. Yo sólo pensé: “Esta estupidez no la
haría ni a palos” . Me disponía a salir cuando se acercó una mujer de
no más de cuarenta años con los ojos que se le salían de las órbitas, el
pelo revuelto y su cara bañada en lágrimas. “Siento el llamado lo
siento aquí ”, me dijo con su mano izquierda en el corazón. “Yo también
lo siento, lo siento y voy hacia él” le dije y le puse la mano ahí y la
otra se la puse por detrás, tenía un glúteo interesante, pero estaba
tan poseída que no se percató de mi mensaje y abandoné la sala antes que
un paquetón de cien kilos que tenía al lado me saliera con la misma
cancioncita. Tenía que esperar al compañero a la salida. Venía poco
menos que caminando sobre las aguas del Mapocho navegable. Era toda
una oveja de Jehová. Su rostro irradiaba paz, bondad calma, equilibrio,
caminaba como pisando huevos, parecía un ángel que venía
volando. “Este weón tiene bichos en la cabeza” pensé yo. Me
entregó el paquetito de regalo. Era un aporte conseguido para la
causa. Me fui pensando en las ventajas y desventajas de la
religión. Es cuestión de percepciones y sensaciones que nos sacan de
nuestros espacios habituales como si uno estuviera en otra ciudad o en
otro país y se diera cuenta que la cabeza tiene tantos compartimentos y
uno no ha sido capaz de descubrir la llave que los comunica. La única
vez que fui al club hípico. Me invitó un amigo, yo nunca me interesé por
esos asuntos, pero insistió que para el momento que estábamos viviendo
era terapéutico porque uno gritaba cualquier estupidez. Yo gritaba:
“¡mueran milicos cabrones¡” “¡Abajo el fascismo”¡. Los fulanos que
estaban a mi alrededor estaban peor que los feligreses de la “Cristianos
por la Salvación”. Un gil gritaba con una herradura en la mano y cuando
terminó la carrera todos como que vuelven a su centro y en paz, unos
resignados por la pérdida, otros sonriendo por lo que iban a cobrar. Lo
importante es que el hombre sale de su centro, pierde la conciencia para
volver al mundo de todos los días de: trabajar, dormir defecar, comer,
fornicar y seguimos chuteando las piedras del camino.
Mi
amigo tenía razón, era terapéutico. Qué extraño que alguien no haya
descubierto que los caballos y la religión tienen algo en común.
Cabalgando se pasa de un espacio sagrado al profano como esos versos de
García Lorca:
“Aquella noche corrí
Sin bridas y sin espuelas
El mejor de los caminos
Montado en potra de nácar
Sin bridas y sin estribos.”
En
todo caso nadie se preocupaba de que yo estuviera allí de mano en
bolsillo indiferente a todo y despachándome un pito de marihuana
“¿Respetuoso
de las religiones?”. Sí lo soy. Así como me gusta el fútbol, pero no
soy hincha de nadie. La barra no me interesa los comentaristas menos y
cuando veo un partido dejo el televisor mudo para no escuchar a un
boludo que está diciendo lo que estamos viendo, ni que fuera uno
mongólico o tarado para decirle lo que es obvio. Fútbol , plataforma
para grandes proyecciones políticas y me quedo sin entender la relación
de una pelota con el arte de gobernar . Aunque se podría decir que la
pelota necesita ser gobernada con destreza, con astucia, sabiendo
engañar al adversario con un dribling apropiado, llámese verónica
bicicleta, túnel, hay tantos. Religión, anda cerca, patear pelota con
sicología. Sabiduría. Persignarse al ingreso y todos te miran con
respeto . Doble dibrling. Celeste terrestre. Mundo de acá y allá.
Verónica bipolar. Fútbol, Política. Mismo carril . Cambia ropa,
lenguaje, escenario. Ganarse al adepto . LLevarlo a la manada. Barra
brava. Alabanzas al Señor. Camino de eternos
campeones
Yo
no soy creyente en el sentido tradicional. Me bautizaron y llegué a la
primera comunión como todos los cabros chicos del sector. Conservo la
foto con mi cintillo blanco y toda una familia alrededor que seguramente estaba
pensando que este iniciado en el viaje católico seguiría el camino del
bien cuando eran todos unos huasos brutos que peleaban por un chancho,
una oveja, un caballo o un saco de trigo. Cuando a uno lo llevan a dar
esos pasos de formación religiosa seguramente están recordando como
ellos hubieran querido ser o como los abuelos hubieran querido que ellos
hubieran sido. Es el afán de todo padre. “El hijo debe superarlo en
todo sentido”., la imagen del padre es algo que nos queda gravada por
los días de nuestros días. Es el modelo o el antimodelo que siempre va a
estar en nuestro camino, para qué decir el de la madre. Esto es lo que
usan los profesionales del más allá porque el padre de todos los padres
es uno solo, elemento, hoyo negro, espíritu, abono primigenio,
ordenador del caos, explosión primordial, huevo cósmico, semilla de las
semillas o polvo mágico, sustancia de las sustancia, caldo nutritivo,
aguas primigenias, fuego eterno, espermio orate.
Fue
en una reunión ampliada de la Juventud , no llevaba más de dos meses de
militancia , èramos unos cuarenta estudiantes y cuando terminó, todos
sacaron sus pañuelos rojos y con el puño en alto empezaron a cantar la
Internacional. Yo levanté el puño, pero no me sabía la letra y
opté por fingir que cantaba, así como fingía muchas veces en la
iglesia. “Es la misma guevá” me repetía yo, me dio la impresión de que
íbamos llegando todos juntos a la tierra prometida. Sentí una mezcla de
llamado y de rechazo a la vez , como una rabia contenida conmigo mismo,
pero si nadie me había exigido asistir, era un problema estrictamente
personal o existencial. Estaba muy lejos de entender la fuerza de los
ritos o los procesos de iniciación. Cuando escucho a alguien que dice:
“yo no creo en nada”, me parece que no ha sido capaz de darse cuenta de
aquello en que cree y que camina por donde generaciones han dejado su
huella y como un no vidente camina y camina buscando la muralla que lo
regresará al punto de partida. Lo importante es caminar porque es la
única manera de llegar a alguna parte, aunque sea para volver a empezar.
Cuando inicié mis estudios de marxismo animado por los muchachos más
experimentados la conciencia se me infló más allá de los límites como el
estudioso de la biblia que empieza a sentirse como un santo, profeta,
iluminado, Llamado a conducir a los legionarios de la cruz. Estudiaba
lo necesario para aprobar en las materias con las que me ganaría el
pan, porque mi cabeza estaba ocupada en otros menesteres. Yo, que nunca
supe para donde iba, descubrí la cábala marxista que alumbra todos los
caminos de lo humano y lo divino. Mirado del punto de vista de la
lógica, es así, pero el hombre y la lógica nunca han ido por el mismo
carril. Es muy difícil vivir sin identificarse con algo, soy una
hilacha del gran trapo que es la humanidad y como tal llevo conmigo toda
la carga de sabiduría y de maldad.
Ahora,
cuando ha pasado tanto tiempo, he podido ordenar en parte lo escrito en
la carpa y complementarlo con una mirada más amplia , esa que nos dan
los años cuando nos acercamos a la última curva del camino ¿A quién no
le gusta dejar un papel escrito antes de tomar el último tren? Me sobra
el tiempo y la inercia es el mejor aliado de los viejos que quieren
apurar la llegada al hoyo primigenio . Yo camino diariamente del
terminal Vespucio norte del metro hasta Mapocho y regreso para pegarme
una ducha y en la tarde me mando una siesta y sigo trajinando los
papeles amarillos apolillados que dejé abandonados porque después de
escritos los encontraba sin ningún valor, hoy he descubierto cosas
interesantes . El hombre no puede hacer nada en lo últimos lustros de su
vida que no haya hecho cuando joven o que haya dejado a medio hacer.
Felizmente son muchos mis papeles amarillos y no muchas las cosas que
dejé por hacer.
Esta
detención es consecuencia de lo que inicié a las 6,15 de ese Primero de
Noviembre. A esa hora las puertas del cementerio estaban esperando su
apertura. Todos los kioskos ya están ordenando sus flores para
ofrecerlas a la gran masa humana que llegárá pronto. Se me acercó una
señora de bastante edad para ofrecerme clavelinas o claveles a buen
precio, pero le di las gracias .Me miró extrañada como preguntándose a
qué venía tan temprano, pero se quedó con su cara de interrogación y se
regresó a su lugar de trabajo. Por fin se abrieron las puertas y los dos
porteros me saludaron como todos los años y en sus caras risueñas leí
el mismo mensaje de siempre: “Es el gil de todos los primeros que llega a
abrir el cementerio.”. Ellos seguramente han leído el mío. “putas que
debe ser penca trabajar aquí, pero yo ni siquiera tengo una huevada así
.”
.Empiezo
a caminar por la calle principal, solo cemento, flores pasto, perros
que se estiran como atletas haciendo elongaciones sin importarles para
nada, el estar en un lugar donde descansan las almas dormidas que
tiraron el ancla de su embarcación en un pedazo de tierra o de cemento
porque el viaje ha concluido. No entiendo como algunas personas le
tienen miedo a los muertos y menos aquí ahora cuando todo se reduce a
tierra, cemento, paz tranquilidad. Increíble, la encontramos donde no la
buscamos. Le tenemos miedo, todo eso y mucho más viene a mi encuentro.
El silencio de esa hora me deja la cabeza en blanco, solo veo nichos,
cubiertos de flores, otros abandonados, tumbas brillantes por un aseo
expedito y otras que gritan su abandono como un tango lleno de
nostalgia. Veo los naranjos que siempre ofrecen sus frutos dulces y
jugosos, Jardín del Edén, saco dos naranjas pelo una para comérmela
de inmediato. Jugosa. Fruta en su máxima expresión. Tengo la boca reseca
porque la noche anterior tuvimos una reunión con el hombre que
entregaba el informe de las últimas redadas y el movimiento de la gente
de un lado para otro. Fumar. Fumar. Expeler humo. Aquí no contamino.
Chimenea. Sea.Expulsar neurosis , depresión. De algo sirve el pitillo.
Por esta calle paso rápido porque sé perfectamente el recorrido para
llegar donde me interesa. Ahí está el mausoleo donde vengo todos los
años. Tremendo edificio que se Mandó este “paltón” y como todos los
primeros estaba impecablemente limpio y por fuera tenía unos inmensos
floreros, de cristal con las figuras de Jesucristo en su cruz esperando
que los pecadores encuentren el camino,eran unos ocho. Como no podía
llevar más tomé dos con sus claveles frescos, estaban empotrados en
unas bases de madera. Me dirigí al pabellón de mi padre, pero me senté
dos veces en unos escaños porque los floreros pesaban sus buenos kilos.
Disfrutaba el aroma de los claveles y las rosas que estaban en su mejor
momento. Seguramente enviaron a las empleadas para el aseo y el arreglo
floral el día anterior. All í sentado esperé la llegada de un nuevo
residente encabezado por una banda de gente de civil, parece que el
muerto era un suboficial porque los que encabezaban el cortejo iban
terneaditos y corbateados. La mayoría guatoncitos y calvos. Las damas
también bastante entradas a los kilos y caminaban despreocupadamente no
como las de buena cuna que tratan de conservar la figura a costa de
bisturí y cuando caminan parece que anduvieran sujetando el óvulo. Ellos
sacan pecho al compás de “Yo tenía un compañero” otro igual…” Los
niños corren alrededor del cortejo ajenos al dolor de los deudos y yo
estoy ahí sentado con la satisfacción del fumador que a esa hora nadie
molesta con el asunto de la contaminación. Yo iba a cumplir con mi
conciencia. Me dijeron con anterioridad que por ningún motivo fuera al
cementerio, porque habrían actos políticos y por supuesto que la gente
expuesta no debía mostrarse, pero yo dije que no me iba a meter en
ningún mitin y menos en gritaderas o manifestaciones de ninguna
naturaleza. Iba solamente porque era primero de noviembre. Lo tomaron
como una desobediencia propia de un beato. Yo no entré en polémica
porque ellos tenían razón y yo también y aunque pareciera tautología me
empeciné en que yo tenía que cumplir con mi conciencia.
“Como
olvidar esa noche en que te fui a esperar a la estación . Jamás me
hubiera imaginado que era tu último viaje y el sentimiento de culpa es
demasiado grande por eso y mucho más te vengo a ver porque no hace
falta creer en Dios para ser consecuente en todas las circunstancias de
la vida. Así como los curas tiran agua bendita, Te tiro estas copas de
pipeño. tú te fuiste el día que me avisaron del hecho, pero los que
avisaron iban vestidos con los uniformes verdes de los profesionales de
la luma. Yo entendí que había llegado mi hora. ¡Salú. Viejo.¡ ”
El
furgón llegó a mi casa, eran las tres de la madrugada y yo tenía todo
preparado ya lo teníamos conversado. -.Es mejor que mataran a uno y no a
cinco. Yo puse a la familia sobre la organización. En esa
circunstancias uno tiende a quedar en blanco fue mi caso y me dejé
llevar por las circunstancias. La verdad es que no tuve cojones para
arrancar o quizáz me estaban esperando a la vuelta de la esquina. Si no
habían venido a buscarme fue porque ninguno entregó ningún nombre. Los
golpes que le daban a la puerta, despertaron a todos los vecinos. Yo me
vestí con ropa gruesa porque era invierno y salí sin mirar a nadie.
Despedirse en esa circunstancias me parece inapropiado. Abrí la puerta y
cuando vi a un paquetón con el sable en la mano me quedé más tieso que
herramienta de novio no me salieron las palabras para saludar. Me quedé
ahí afirmado en la muralla esperando que me tiraran adentro del furgón.
El hombre del sable sacó un papel y dijo: -¿Ud. Es familiar de Dn.
Silvestre Salvo”? Su voz sonaba como sonsonete característico de milico
mandando a la tropa . Yo seguía pegado a la muralla sin reaccionar.
Cuando me repitió la pregunta y mi mujer me tiró un vaso de agua a la
cara me percaté de la situación y moví la cabeza afirmativamente . “Le
informo que este caballero falleció a las 2 de la mañana en la estación
central de un infarto y debe acudir al Instituto Médico Legal”. Me puse
como novio nuevamente y recibí el segundo vaso de agua. Seguí con mi
cabeza en blanco y me despaché un cuarto de botella de wiski, necesitaba
algo que me aturdiera, eran demasiado dos situaciones sincronizadas que
actuaban como dos masazos, con otro cuarto me desahogué llorando y me
quedé dormido. Ya había dejado de preocuparme por la organización , por
el Jaime que insistía en que arrancara porque habían avisado que estaba
en la lista que seguía el orden de la cadena. Esa sincronía emocional
me golpeó por partida doble. Fue un gancho a la mandíbula y un corto al
hígado. Por eso estoy aquí todos los primeros de noviembre como el
beato que cumple una manda o el ateo que adorna todos los años su
arbolito de pascua
“.
Llegué
al pabellón donde estaba mi padre con mis dos floreros “paltones”. No
había nadie más. Dejé las flores y los jarrones de lujo allí y salí a
llenar unos tarros con agua. Cuando busqué el nicho que era el segundo o
tercero me percaté que no tenían nombre salí corriendo hacia el
contiguo y nuevamente quedé helado porque estaba vacío el que
correspondían a la ubicación de mi padre. Estaba solamente el hoyo
esperando su visita. Ahí empecé a traspirar o más bien a sudar porque en
cosa de minutos tenía la camisa completamente mojada. Salí corriendo
como en los mejores tiempos en dirección a la administración. Andaba con
mis bototos punta de fierro, pero llegaba a volar.
Es
verdad que yo no soy una persona apegada a creencias de ningún tipo
,pero el sólo hecho de pensar que a mi padre lo hubieran lanzado a la
huesera como a esos arrendatarios impagos que los tiran a la calle. Me
parecía una situación macabra. Porque aquí no se trata de querer o no
querer a alguien o que los valores de aquí y de allá y toda esa
pendejada hueca que usa la gente cuando no tiene nada que decir pero
está obligada a hablar como loros amaestrados. Nada de eso, aquí se
trata de que él es quien puso la mitad del huevo y lo mínimo que puedo
hacer es que sus huesos tengan donde pernoctar tranquilos. Yo no soy tan
desquiciado para llegar a ese nivel de irresponsabilidad, pero no
recordaba por cuantos años era el uso del nicho me parecía una ineptitud
de mi parte aunque daba vueltas la otra posibilidad que hubieran sido
tantos años que no valía la pena preocuparse. Como sea yo no puedo vivir
con ripios en mi cabeza, tengo que expeler rápido lo que es inútil y
las incertidumbres matan, aunque la otra que no podía manejar me tenía
hasta la tusa había que dejarla que siguiera su curso. Cuando llegué a
las oficinas me atendió el guatoncito de siempre que está en todas
partes afable y de buenas maneras. Es increíble como el trabajo ayuda a
modelar la personalidad de la gente. Cuando me vio llegar me preguntó si
quería pasar al baño. En él me saqué la camisa y la dejé botada, me
quedé en sweter solamente. El gordito me tenía un café que me vino muy
bien mientras le explicaba mi problema y luego de pedir mi rut empezó a
manipular el computador. Luego revisó unos inmensos registros como esos
de la elecciones y tomó unas notas. Luego me dijo:
-Su nicho está en el pabellón 48 y corresponde al número 56 y está vigente hasta el año 2025-
Salté
como un resorte, le di un abrazo y salí con paso lento y
cadencioso Estaba tranquilo y lo que menos podía hacer era despacharme
otro cigarro. Ahora sí que me molestaban los zapatos punta de fierro,
seguramente porque no tenía bichos en la cabeza
“Ese
día, cuando te fui a esperar estuve en la estación hasta la una de la
mañana y tu tren llegaba a las nueve. Había huelga de Ferrocarriles y
todos los trenes venían con horas de retraso, Fueron siete horas de
espera. Cuando dijeron que ya no llegaban más trenes me tenía que ir
para la casa. Estaba preocupado, porque cayó el número 1 y el número 2,
que era la chica Norma. La “porotearon” el día anterior por toda la
calle Pedro Donoso . Yo me di cuenta cuando salí a la calle a conversar
con mis vecinos a eso de las cinco de la tarde porque las seis me iba a
mi trabajo al vespertino y claro que me seguí riendo a carcajadas con
el chiste del Cachondo cuando vi a Chica en un auto último modelo y tres
giles elegantemente corbateados, ella mira directamente al frente , iba
como tiesa. Yo dije inmediatamente “La weá esta mala” y le encontré la
razón a los que me dijeron que “apretara cachete” .
Antes
de dirigirme al pabellón con calma y relajado , me di un recorrido por
los mausoleos más paltones y por supuesto salí nuevamente con dos
jarrones, uno de claveles, otro de clavelinas. No pregunté por las
flores que dejé allí dos horas antes porque así como llegaron también se
fueron y en la vida hay que ser consecuente. Por fin estaba de
vuelta y ahora me dirigí con toda seguridad donde la muchacha que
estaba a cargo. Lucía un bluyeans ajustado que resaltaba su figura de
glúteos atléticos y un senado mucho más eficiente que los honorables. Me
preguntó por la hora de mi llegada al pabellón . “Yo lo vi cuando
llegó” me dijo sonriendo mientras manipulaba su teléfono móvil y me
obsevaba a mí como comparando algo. Volvió a sonreír mientras mandaba un
mensaje por celular.No podía preguntar por los jarrones anteriores,
pero intuí algo. Le expliqué la situación y se dirigió al fondo del
pabellón donde tenía una pequeña pieza. Volvió con un inmenso cuaderno
donde llevaba los cobros mensuales por cuidar los nichos. “Ud. Debe ser
la persona que no visita nunca la tumba de su padre, eso me lo dijo mi
madre cuando yo era una niña”. Lo dijo como pidiéndome una explicación y
para no seguir con el tema le contesté que era de provincia y no tenía
tiempo. Empezó a contar los nichos y se detuvo allí donde yo estaba,
subió dos peldaños de la escalera y con un plumón escribió el número 44.
En ningún momento le encontré aspecto de simple cuidadora de pabellón y
cuando le pregunté si estudiaba me contestó afirmativamente “Los días
festivos trabajo aquí y en las vacaciones para ayudar a mi madre y
mantengo algunos mausoleos de gente importante”. Me miró de manera
inquisitiva e interrogante y sin que se lo pidiera le pasó un paño al
nicho y alcanzó a ubicar un frasco con la ayuda de la escalera, me hizo
una señal de despedida.”Veo que a Ud. Le gustan los jarrones de lujo”,
me dijo sonriendo y se dirigió apresuradamente donde la llamaban. “Es
cara conocida” pensé yo. Antes de marcharse me preguntó: ¿Y dónde dejó
su camisa? Me encogí de hombros sonriendo mientras se alejaba. Terminé
de acomodar los frascos restantes que no tenían la prestancia ni la
elegancia de los anteriores, pero le daban al nicho un toque de gente
preocupada. Yo había resuelto el problema de la duda que me acicateaba,
pero algo me faltaba y me acordé que en mi bolsillo tenía el elixir
o el frasquito con el líquido que repartía en todos sus frascos: el
pipeño blanco que tanto le gustaba. No lo podía tomar prestado de este
sagrado territorio en que descansan estas almas dormidas , lo que sobró
me lo despaché de un sorbo, como carburante y continué el viaje para
encontrarnos una vez más.
“Te
acuerdas, viejo, cuando me mandabas a comprar el litro de pipeño donde
la “Care corcho? Yo te ponía mala cara porque me daba vergüenza ir a
comprar litriado. ya andaba mirando unas niñas que meneaban la cola y
si me encontraba con alguna de las chiquillas del barrio me daba una
vergüenza que me hacía traspirar entero, pero lo peor fue cuando te
regalaron un barril de chicha de manzana que te trajo tu hermano de
Santa Eulalia. Ese domingo fuimos a jugar con el club del barrio a
Metrenco, y cuando regresé estabas tú con tus compinches más cocidos que
una “pate chancho”. Yo no aguanté más y tiré el mantel con jarros y
copas y los eché a todos a garabato limpio y te agarré del cuello de la
camisa y te tiré en tu cama. Se me pasó la mano porque también te di
unos zamarrones y unas patadas en el trasero. Sabía que al día siguiente
no te acordabas de nada, eras un borracho amnésico y agnóstico porque
te era indiferente creer o no creer en los que habías hecho. Es la única
explicación para que yo sea un curado gnóstico, para mi primero están
las cosas con que uno debe cumplir, digamos las prioridades y después lo
que vendría a corresponder a la superestructura o su consecuencia. Eso
es lo que más me molestaba de ti que con un copetín te olvidaras del
mundo. A mí me pasa lo contrario, se me expande la conciencia. Me pongo
comunicativo, visionario comprensivo. Yo te agradezco porque fuiste mi
antimodelo. Entonces debo decirte que soy un agradecido por mostrarme
como yo no debería ser .Eras un caso. Como no voy a estar agradecido,
si pusiste el espermio divino en el óvulo profano mientras la serpiente
se ríe a carcajadas ordenando las manzanas que caen del árbol de la
vida”
Le
entregué todos los datos de mi identificación al sargento que me
interrogó y cuando me preguntó si había estado en el pabellón y si había
visitado el nicho 44 me di cuenta que la única que habìa entregado
los datos era la cuidadora. Contesté afirmativamente . Con tono
altanero y militar me dijo que la cuidadora había traído unos frascos
empotrados en madera de los nichos que ella cuida y me los mostró con
la punta del zable . Apareció mi amigo que llamó al sargento y
conversaron en voz bala en un ángulo de la carpa. No pasaron más de diez
minutos y el negro apareció nuevamente y después de explicarme la
salida del asunto me dijo sonriendo: “ ¡cambia de rubro¡” me despidió
con un abrazo. Luego salí con los dos frascos en dirección al mausoleo
paltón. Cuando iba saliendo de la carpa mi amigo me alcanzó y me dijo :
“acuérdate del queso” como no me iba a acordar si cuando éramos pelados
nos poníamos poncho para salir a robar en los almacenes. Le falto
decir solamente:” ¡Pero que poco has cambiado¡”
Todo
estaba impecablemente limpio, los floreros en su lugar y agregué los
que faltaban. Cuando me marchaba. “¿Eh, tú .no te vayas “ me dije de
inmediato “ahora cagaste Silvestre”. “Como te vas a ir sin unos pesos.
“Mirna nos explicó que te los pasó para limpiarlos para que hoy
estuvieran relucientes. Al salir por la puerta principal acompañado del
Negro que me acompañó hasta la salida, vimos una columna que avanzaba en
forma ordenada con banderas de diferentes colores en dirección del
pabellón de las víctimas de la dictadura. Mi amigo a manera de despedida
me dijo: “Son porfiados, no quieren entender que siempre va a mandar el
que tiene este juguetito”. Me mostró su revólver, sacó pecho y se fue
con paso marcial como en sus tiempos de pelado. “Mirna nos dejó tu foto y
fue fácil reconocerte cuando te detuvimos” “Mirna es mi amiga y le
caíste bien”. Recalcó “amiga” . Solamente me quedaba darle las gracias y
seguir caminando en este mundo de contrastes y contradicciones que van y
vienen como las bellas flores que nacen en el fango.
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