viernes, 17 de septiembre de 2021

Primero de noviembre

 Primero de noviembre

Reinaldo Cerna Cerna



El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero sólo el necio se queda sentado en él. (proberbio chino)
 “Te quedarás aquí hasta que se  aclare la situación”, me dijo el negro, como  dándose  importancia mientras  se paseaba  por el cuadrilátero de la carpa  especialmente habilitada para la fecha por la gran afluencia de público.  Con garbo  de general, que mira a un conscripto, me observó de manera risueña y burlesca, su mensaje era demasiado evidente: “Mira en lo que te vine a encontrar después de veinte años.”
Como todo uniformado de tropa terminó copiando los ademanes y actitudes del oficial que los manda. Sargento, mi vecino, llegó un día con una perrita fina, lanuda que ladraba todo el día en el antejardín en forma tan estrepitosa que me ponía los pelos tiesos.”Es el timbre de la casa” decía cuando la tomaba en brazo, seguramente se la regaló un oficial porque un perro de pedigree hace que el dueño también se infle al nivel del estatus del perro. Siempre me  sentaba a leer a la sombra del limonero, no aguanté más y le tiré unos chicharrones que iban remojados en diez somníferos. Lamentablemente no regresó de su sueño, o habrá despertado en el cielo de los perros. Vida de perro, alma de perro, cielo de perro, perrera, perreada, total, es la misma huevada.
  Eran más de veinte años, nos conocimos en la escuela franciscana y después nos encontramos en el liceo  y  en esa escuadra de milicos en la que yo fui de los peor catalogados, inconscientemente iba al encuentro de mi destino y no me daba cuenta. Si somos los únicos animales que podemos vivir con contradicciones, yo sería un príncipe dentro de esa corte. El era disciplinado y se pegaba unas cuadradas en que quedaba más tieso que promesa de novio. Yo cumplía con todo, pero en el tercer mes de instrucción perdí todo el interés, ya no me seducía la idea de ser milico.
Tomé conciencia de que no tenía alma de vasallo. Tomé  el año de instrucción como una oportunidad de tener  ropa y comida gratis para pensar en algo. En esos años los exámenes  de secundaria se daban en diciembre, marzo y una última oportunidad en Noviembre. Había decidido no estudiar más.  Todos los años quedaba con exámenes para marzo, los daba y salía bien. No me daba cuenta como pasaba de curso. Llegué a lo que hoy es tercero medio y quedé con biología   pendiente para noviembre. No encontraba ningún futuro en los estudios. Cuando me di cuenta que no servía para milico, me percaté que el l certificado de tercero medio era un papel que a la corta o a la larga me iba a servir de algo aunque no sabía para qué.  Le di  unas leídas al texto y le pedí permiso al capitán para ir por el examen, .Me pegué la mejor cuadrada de todo el año porque iba por algo que me era propio, que me pertenecía y me abría la puerta que yo cerré de manera abrupta por no saber hacia dónde endilgar mi vida. Tenía que pensar en mi futuro. Mi existencia no era ningún regalo que cayera maduro del árbol de la vida. Era la pesadumbre de haber nacido y de vivir una vida de mierda sin ninguna brújula  y la incertidumbre de mirar el futuro sin esperanza.  Siempre estudié por inercia.
Llegué vestido con mi uniforme y como era el único conscripto entre los 40 examinados parece que impresioné a la comisión, porque el mismo que me había sacado mal  se detuvo frente a mí y cuando se acercó a la comisión examinadora anotó algo en un papel. Ahí me percaté   del valor de los trapos, eso lo volví a comprobar en los años de la dictadura. Los botones de mi chaqueta milica estaban relucientes, dejé el cinturón dentro de la gorra y me senté. Toda la sala se volteó para mirarme. Me vieron como el muchacho que se sacrifica por la patria y yo me sentí importante. La verdad es que estaba ahí por no saber qué hacer con mi vida  que además de ser única en el universo me estaba dando las señales naturales igual que a todos los hombres de mi generación. Seguramente, mis coetáneos ya tenían claro su camino, pero yo lo estaba descubriendo ahora, al tropezar con las primeras piedras y vestido de milico.   Mi examen  fue regular y aprobé con la nota tres que en esos años era la mínima azul. Yo que iba sin mucha esperanza aprobé tercero medio   y al año siguiente terminé el cuarto. Tenía en mi mano la llave de algunos candados. Anticipé mi servicio militar aduciendo que me iría para  Argentina no me atrevía a decir que quería ser milico. Como todos los hijos de campesinos mirábamos la cordillera como único obstáculo para buscar nuevos rumbos, pero las cosas no se dieron así, no sé si para mejor o peor. Durante un mes me sometí a la disciplina y demostré interés en todo, pero no tenía el alma cuadrada. Cuando entregaron la escopeta a cada conscripto mandé un mensaje a mi casa para que no viniera nadie desde el sector campesino donde vivíamos porque era un gasto inútil. Fue el año en que la pizotia mató todos los animales y las cosechas se las llevó el purgón. Aprendí a darme  a  cuenta para lo que no servía. Esta fue una constante durante lo vivido.   Fue un año perdido en cuanto a estudio pero gané  en autoconocimiento. Me inicié en el viaje alcohólico como mecanismo de evasión. Descubrí que la salida de la conciencia de vez en cuando ayuda a vivir. ¿Quién ha conocido a un curadito infeliz? “¡ Nadie ¡” porque no solo de pan vive el hombre. Todos sabemos que el pan y el vino tienen algo de sagrado.
El negro se veía bien en su uniforme verde y su revólver colgando del cinturón. Ahora me trajo un termo con un par de panes con cecina. “Tómate este café” me dijo, “te hará bien “  grata sorpresa venía con pilsener. Le pedí un papel y un lápiz para entretenerme un rato , luego estaba con los elementos en la mano. “Solamente escribiendo todo lo que se me venga a la cabeza me sentiré mejor”, pensé . El negro me hizo un gesto para que mirara uno de los floreros grandes que se alcanzaban a ver desde la carpa. Fue en ese  instante  cuando  la tranquilidad volvió a mi cuerpo, respiré profundo y bostecé a mis  anchas. La carpa era una comisaría especialmente instalada en el cementerio `por tratarse de un día tan especial en que acudía mucha  gente y habían manifestaciones políticas. “Quédate tranquilo”, me dijo el negro. “Yo arreglo este asunto”
”El chico José podía estar tranquilo no   tenía de qué preocuparme “ .
Me despaché el segundo trago con los panes amasados. Por el momento la situación estaba para no preocuparse. Las cosas suceden y como dos gotas de agua se van encadenando hasta hacer un espacio donde cobijarse  igual que nuestras acciones  que desembocan en consecuencias y van tejiendo nuestro  destino como la telaraña que nos envuelve hasta el final del viaje. Yo andaba con una neurosis espantosa  y justamente se me pasa ahora cuando estoy detenido en esta carpa.   
 ”Cuando cresta vas a entender que no te debes meter en lugares públicos” -me dijo el Chico  José - y  arregló su bigotito de actor de cine de los 55.  “¡No sabís weón  que ha caído mucha gente y la cadena continúa¡ Sabemos que tu casa está vigilada”. Esa vez golpeó la mesa con rabia. Fue la última vez que hablé con él. Pasaron 20 años y supe que estaba en Suecia .Pobre Chico, lo torturaron hasta dejarlo reducido a una bolsa. Pensaron que se les iba porque no tenía reacciones. Llegó el   médico de turno, pero era de los nuestros. Fue el momento en que lo sacaron de la camilla y en la ambulancia lo fueron tirar a la embajada de Dinamarca. Eso fue lo que  contó el funcionario del hospital que lo conocía porque era dirigente de la Salud. No le sacaron nada.
  Siempre hice mi   vida normal, y me adecuaba a las situaciones , pero llegué al límite y salí a cumplir con mi palabra. Un creyente habría dicho que era como pagar una manda , pero en mi caso era el único día del año en que  iba al cementerio. Si todos los nichos estaban cubiertos de flores  Yo quería que el nicho de mi padre se viera bien . No frecuento templos de ninguna naturaleza, excepto cuando muere alguien, allí  sigo  todos los pasos del rito para no llamar la atención como un extraño fuera de contexto.  
Yo  no podía darme el lujo de gastar plata  de nuestras necesidades más apremiantes en flores, ni en adornos de un nicho, claro, había que elegir entre los vivos y los muertos,  eran años duros, mezquinos y  estaba consciente de que nadie me  metió en el asunto, era mi  decisión y nada me podía detener. No tener convicciones y un accionar en el mismo sentido me parecía  que era una bofetada a la inteligencia. Vivir como un marrano que come y defeca lo encontraba propio de seres irracionales que conforman una masa que se forma y se deforma según los planes del panadero.      
El jarrón ya me   mandó un mensaje .Qué decir cuando vi el florero de color azul con un Cristo crucificado  que me mostró el  Negro  con una sonrisa de oreja a oreja y mostrándome con el índice de su mano izquierda al  hombre en la cruz,  su mensaje parecía ser:  “Todos los pecadores tendrán que arrepentirse. “Quién no siente algo extraño cuando ingresa a una iglesia católica? Ese espacio tenebroso  que te tira de las mechas parece que fuera la antesala de la muerte. Cuando niño me tenía terror a los curas cuando hablaban del infierno y los castigos de los pecadores. No me ocurre eso en un templo evangélico, pero cuando se arma la gritadera siento ganas de salir arrancando, parece que es cuestión de temperamento. Los huevones se sugestionan de tal manera que se van transmitiendo de uno a otro su estado emocional como si fuera una corriente eléctrica que envuelve toda esa manga de elegidos que vuelan gracias a su estado emocional, pero ellos lo atribuyen a un poder que les entrega el ser superior y que no es otro que el poder de la mente.
Voy a la iglesia cuando muere alguien u otro motivo, me persigno, me arrodillo, por respeto, por no parecer arrogante y por no llamar la atención .Después de todo cada uno tiene sus espacios donde manifiesta su manera de ser. Una vez asistí a una iglesia evangélica, creo que se llama: “Cristianos por la salvación” porque el contacto que tenía que hacer  la frecuentaba. Además el lugar era un buen “paragua”. Seguí con atención las palabras del predicador y cuando todos empezaron a saltar, gritar con los ojos blancos y desencajados, los brazos en alto  alabando al Señor. Cada uno decía lo que le atormentaba. ¡Ayúdame Señor, te prometo que dejaré el trago¡ Cuando di un salto sin darme cuenta entendí que en ese ambiente pasaba algo raro. Me asusté cuando estiré los brazos, lo hice de manera espontánea sin darme cuenta pero no tenía el retrato de ningún familiar,  el templo se transformó en una sala de rebuznos, gente que cae en sus butacas extenuados, otros ruedan por los pasillos., tienen que haberse tirado sus buenos pedos porque el aire tenía esa aura especial así como humo de responso, pero más denso y casi metafísico.  Estaban transportados a un espacio diferente, como si estuvieran llegando al más allá. Yo sólo pensé: “Esta estupidez no la haría ni  a palos” . Me disponía a salir cuando se acercó  una mujer de no más de cuarenta años con los ojos que se le salían de las órbitas, el pelo revuelto y su cara bañada en lágrimas. “Siento el llamado lo siento aquí ”, me dijo con su mano izquierda en el corazón. “Yo también lo siento, lo siento y voy hacia él” le dije  y le puse la mano ahí y la otra se la puse por detrás, tenía un glúteo interesante, pero estaba tan poseída que no se percató de mi mensaje y abandoné la sala antes que un paquetón de cien kilos que tenía al lado me saliera con la misma cancioncita. Tenía que esperar al compañero  a la salida. Venía poco menos que caminando sobre las aguas del Mapocho navegable. Era toda una  oveja de Jehová. Su rostro irradiaba paz, bondad calma, equilibrio, caminaba como pisando huevos, parecía un ángel que venía volando.  “Este weón tiene bichos en la cabeza” pensé yo. Me entregó   el paquetito de regalo. Era un aporte conseguido para la causa. Me fui pensando en las ventajas y desventajas de la religión.   Es cuestión de percepciones y sensaciones que nos sacan de nuestros espacios habituales como si uno estuviera en otra ciudad o en otro país y se diera cuenta que la cabeza tiene tantos compartimentos y uno no ha sido capaz de descubrir la llave que los comunica.   La única vez que fui al club hípico. Me invitó un amigo, yo nunca me interesé por esos asuntos, pero insistió que para el momento que estábamos viviendo era terapéutico porque uno gritaba cualquier estupidez.  Yo gritaba: “¡mueran milicos cabrones¡” “¡Abajo el fascismo”¡. Los fulanos que estaban a mi alrededor estaban peor que los feligreses de la “Cristianos por la Salvación”. Un gil gritaba con una herradura en la mano y cuando terminó la carrera todos como que vuelven a su centro y en paz, unos resignados por la pérdida, otros sonriendo por lo que iban a cobrar. Lo importante es que el hombre sale de su centro, pierde la conciencia para volver al mundo de todos los días de: trabajar, dormir defecar, comer, fornicar y seguimos chuteando las piedras del camino.
Mi amigo tenía razón, era terapéutico. Qué extraño que alguien no haya descubierto que los caballos y la religión tienen algo en común. Cabalgando se pasa de un espacio sagrado al profano como esos versos de García Lorca:
“Aquella noche corrí
Sin bridas y sin espuelas
El mejor de los caminos
Montado en potra de nácar
Sin bridas y sin estribos.”
En todo caso nadie se preocupaba de que yo estuviera allí de mano en bolsillo indiferente a todo y despachándome un pito de marihuana
“¿Respetuoso de las religiones?”. Sí  lo soy. Así como me gusta el fútbol, pero no soy hincha de nadie. La barra no me interesa los comentaristas menos y cuando veo un partido dejo el televisor mudo para no escuchar a un boludo que está diciendo lo que estamos viendo, ni que fuera uno mongólico o tarado para decirle lo que es obvio. Fútbol , plataforma para grandes proyecciones políticas  y me quedo sin entender la relación de una pelota con el arte de gobernar . Aunque se podría decir que la pelota necesita ser gobernada con destreza, con astucia, sabiendo engañar al adversario con un dribling apropiado, llámese verónica bicicleta, túnel, hay tantos. Religión, anda cerca, patear pelota con sicología. Sabiduría. Persignarse al ingreso y todos te miran con respeto . Doble dibrling. Celeste terrestre. Mundo de acá y allá. Verónica bipolar. Fútbol, Política. Mismo carril . Cambia ropa, lenguaje, escenario. Ganarse al adepto . LLevarlo  a la manada. Barra brava. Alabanzas al Señor. Camino  de eternos campeones                                                                                                                                                                              
Yo no soy creyente en el sentido tradicional. Me bautizaron y llegué a la primera comunión como todos los cabros chicos del sector. Conservo la foto con mi cintillo blanco y toda una familia alrededor que seguramente estaba pensando que este iniciado en el viaje católico seguiría el camino del bien cuando eran todos unos huasos brutos que peleaban por un chancho, una oveja, un caballo o un saco de trigo. Cuando a uno lo llevan a dar esos pasos de formación religiosa seguramente están recordando como ellos hubieran querido ser o como los abuelos hubieran querido que ellos hubieran sido. Es el afán de todo padre. “El hijo debe  superarlo en todo sentido”.,  la imagen del padre es algo que nos queda gravada por los días de nuestros días. Es el modelo o el antimodelo que siempre va a estar en nuestro camino, para qué decir el de la madre. Esto es lo que usan los profesionales del más allá  porque el padre de todos los padres es uno solo, elemento, hoyo negro, espíritu, abono primigenio, ordenador del caos, explosión primordial, huevo cósmico, semilla de las semillas o polvo mágico, sustancia de las sustancia, caldo nutritivo, aguas primigenias, fuego eterno, espermio orate.

  Fue en una reunión ampliada de la Juventud , no llevaba más de dos meses de militancia , èramos unos cuarenta estudiantes y cuando terminó, todos sacaron sus pañuelos rojos y con el puño en alto empezaron a cantar la Internacional. Yo levanté  el puño, pero no me sabía la letra y opté  por fingir que cantaba, así como fingía muchas veces  en  la iglesia. “Es la misma guevá” me repetía yo, me dio la impresión de que íbamos llegando todos juntos a la tierra prometida. Sentí una mezcla de llamado y de rechazo a la vez , como una rabia contenida conmigo mismo, pero si nadie me había exigido asistir, era   un problema estrictamente personal o existencial. Estaba muy lejos de entender la fuerza de los ritos o los procesos de iniciación. Cuando escucho a alguien que dice: “yo no creo en nada”, me parece que no ha sido capaz de darse cuenta de aquello en que cree y que camina por donde generaciones han dejado su huella y como un no vidente camina y camina buscando la muralla que lo regresará al punto de partida. Lo importante es caminar porque es la única manera de llegar a alguna parte, aunque sea para volver a empezar. Cuando inicié mis estudios de marxismo animado  por los muchachos  más experimentados la conciencia se me infló más allá de los límites como el estudioso de la biblia que empieza a sentirse como un santo, profeta, iluminado, Llamado a conducir a los legionarios de la cruz.  Estudiaba lo necesario  para aprobar  en las materias con las que me ganaría el pan, porque mi cabeza estaba ocupada en otros menesteres. Yo, que nunca supe para donde iba, descubrí  la cábala marxista que alumbra todos los caminos de lo humano y lo divino. Mirado del punto de vista de la lógica, es así, pero el hombre y la lógica nunca han ido por el mismo carril.  Es muy difícil vivir sin identificarse con algo, soy una hilacha del gran trapo que es la humanidad y como tal llevo conmigo toda la carga de sabiduría y de maldad.
Ahora, cuando ha pasado tanto tiempo, he podido ordenar en parte lo escrito en la carpa y complementarlo con una mirada más amplia , esa que nos dan los años cuando nos acercamos a la última curva del camino  ¿A quién no le gusta dejar un papel escrito antes de tomar el último tren? Me sobra el tiempo y la inercia es el mejor aliado de los viejos que quieren apurar la llegada al hoyo primigenio . Yo camino diariamente  del terminal Vespucio norte del metro hasta Mapocho y regreso para pegarme una ducha y en la tarde me mando una siesta y sigo trajinando los papeles amarillos apolillados que dejé abandonados porque después de escritos los encontraba sin ningún valor, hoy  he descubierto  cosas interesantes . El hombre no puede hacer nada en lo últimos lustros de su vida que no haya hecho cuando joven o que haya dejado a medio hacer. Felizmente son muchos mis papeles amarillos y no muchas las cosas que dejé por hacer.
Esta detención es consecuencia de lo que inicié a las 6,15 de ese Primero de Noviembre. A esa hora las puertas del cementerio estaban esperando su apertura. Todos los kioskos ya están ordenando sus flores para ofrecerlas a la gran masa humana que llegárá pronto. Se me acercó una señora de bastante edad para ofrecerme clavelinas o claveles a buen precio, pero le di las gracias .Me miró extrañada como preguntándose a qué venía tan temprano, pero se quedó con su cara de interrogación y se regresó a su lugar de trabajo. Por fin se abrieron las puertas y los dos porteros me saludaron  como todos los años y en sus caras risueñas leí el mismo mensaje de siempre: “Es el gil de todos los primeros que llega a abrir el cementerio.”. Ellos seguramente han leído el mío. “putas que debe ser penca trabajar aquí, pero yo ni siquiera tengo una huevada así .”

.Empiezo a caminar por la calle principal, solo cemento, flores pasto, perros que se estiran como atletas haciendo elongaciones sin importarles para nada, el estar en un lugar donde descansan las almas dormidas que tiraron el ancla de su embarcación en un pedazo de tierra o de cemento porque el viaje ha concluido.  No entiendo como algunas personas le tienen miedo a los muertos y menos aquí ahora cuando todo se reduce a tierra, cemento, paz tranquilidad. Increíble, la encontramos donde no la buscamos. Le tenemos miedo,  todo eso y mucho más viene a mi encuentro. El silencio de esa hora me deja la cabeza en blanco, solo veo nichos, cubiertos de flores, otros  abandonados, tumbas brillantes por un aseo expedito y otras que gritan su abandono como un tango lleno de nostalgia. Veo los naranjos que siempre ofrecen  sus frutos dulces y jugosos,  Jardín del Edén, saco dos naranjas   pelo una para comérmela de inmediato. Jugosa. Fruta en su máxima expresión. Tengo la boca reseca porque la noche anterior tuvimos una reunión con el hombre que entregaba el informe de las últimas redadas y el movimiento de la gente de un lado para otro. Fumar. Fumar. Expeler humo. Aquí no contamino. Chimenea. Sea.Expulsar neurosis , depresión. De algo sirve el pitillo. Por esta calle paso rápido porque sé perfectamente el recorrido para llegar donde me interesa. Ahí está el mausoleo donde vengo todos los años. Tremendo edificio que se Mandó este “paltón” y como todos los primeros estaba impecablemente limpio y por fuera tenía unos inmensos floreros, de cristal con las figuras de Jesucristo  en su cruz esperando que los pecadores encuentren el camino,eran unos ocho. Como no podía llevar más tomé dos  con sus claveles frescos, estaban empotrados en unas bases de madera. Me dirigí al pabellón de mi padre, pero me senté dos veces en unos escaños porque los floreros pesaban sus buenos kilos. Disfrutaba el aroma de los claveles y las rosas que estaban en su mejor momento. Seguramente enviaron a las empleadas para el aseo y el arreglo floral el día anterior. All í sentado esperé la llegada de un nuevo residente encabezado por una banda de gente de civil, parece que el muerto era un suboficial   porque los que encabezaban el cortejo iban terneaditos  y corbateados. La mayoría guatoncitos y calvos. Las damas también bastante entradas a los kilos y caminaban despreocupadamente no como las de buena cuna que tratan de conservar la figura a costa de bisturí y cuando caminan parece que anduvieran sujetando el óvulo. Ellos sacan pecho al compás de “Yo tenía un compañero”  otro igual…” Los niños corren alrededor del cortejo ajenos al dolor de los deudos y yo estoy ahí sentado con la satisfacción del fumador que a esa hora nadie molesta con el asunto de la contaminación. Yo iba a cumplir con mi conciencia. Me dijeron con anterioridad   que por ningún motivo fuera al cementerio, porque habrían actos políticos y por supuesto que la gente expuesta no debía mostrarse, pero yo dije que no me iba a meter en ningún mitin y menos en gritaderas o manifestaciones de ninguna naturaleza. Iba solamente porque era primero de noviembre. Lo tomaron como una desobediencia propia de un beato. Yo no entré en polémica porque ellos tenían razón y yo también y aunque pareciera tautología me empeciné en que yo tenía que cumplir con mi conciencia.
Como olvidar esa noche en que te  fui a esperar a la estación . Jamás me hubiera imaginado que era tu último viaje y el sentimiento de culpa es demasiado grande  por eso y mucho más te vengo a ver  porque no hace falta creer en Dios para ser consecuente en todas las circunstancias de la vida. Así como los curas tiran agua bendita, Te tiro estas copas de pipeño.  tú te fuiste el día que me avisaron del hecho, pero los que avisaron iban vestidos con los uniformes verdes de los profesionales de la luma. Yo entendí que había llegado mi hora. ¡Salú. Viejo.¡ ”
 El furgón  llegó a mi casa, eran las tres de la madrugada y yo tenía todo preparado ya lo teníamos conversado.  -.Es mejor que mataran a uno y no a cinco. Yo puse a la familia sobre la organización. En esa circunstancias uno tiende a quedar en blanco fue mi caso y me dejé llevar por las circunstancias. La verdad es que no tuve cojones para arrancar o quizáz me estaban esperando a la vuelta de la esquina.  Si no habían venido a buscarme fue porque ninguno entregó ningún nombre. Los golpes que le daban a la puerta, despertaron a todos los vecinos. Yo  me vestí  con ropa gruesa porque era invierno y salí sin mirar a nadie. Despedirse en esa circunstancias me parece inapropiado. Abrí la puerta y cuando vi a un paquetón con el sable en la mano me quedé más tieso que herramienta de novio no me salieron las palabras para saludar. Me quedé ahí afirmado en la muralla esperando que me tiraran adentro del furgón. El hombre del sable sacó un papel y dijo: -¿Ud. Es familiar de Dn. Silvestre Salvo”? Su voz sonaba como sonsonete característico de milico mandando a la tropa . Yo seguía pegado a la muralla sin reaccionar. Cuando me repitió la pregunta y mi mujer me tiró un vaso de agua a la cara me percaté de la situación y moví la cabeza afirmativamente . “Le informo que este caballero falleció a las 2 de la mañana en la estación central de un infarto y debe acudir al Instituto Médico Legal”. Me puse como novio nuevamente y recibí el segundo vaso de agua. Seguí con mi cabeza en blanco y me despaché un cuarto de botella de wiski, necesitaba algo que me aturdiera, eran demasiado dos situaciones sincronizadas que actuaban como dos masazos, con otro cuarto me desahogué llorando y me quedé dormido. Ya había dejado de preocuparme por la organización , por el Jaime que insistía en que arrancara porque habían avisado que estaba en la lista que seguía el orden de la cadena.  Esa sincronía emocional me golpeó  por partida doble. Fue un gancho a la mandíbula y un corto al hígado. Por eso estoy aquí todos los primeros de noviembre como el beato que cumple una manda o el ateo que adorna todos los años su arbolito de pascua “.                                                                                                                           

Llegué al pabellón  donde estaba  mi padre con mis dos floreros “paltones”. No había nadie más. Dejé las flores y los jarrones de lujo allí  y salí a llenar unos tarros con agua. Cuando busqué el nicho que era el segundo o tercero  me percaté que no tenían nombre salí corriendo hacia el contiguo y nuevamente quedé helado porque estaba vacío el que correspondían a la ubicación de mi padre. Estaba solamente el hoyo esperando su visita. Ahí empecé a traspirar o más bien a sudar porque en cosa de minutos  tenía la camisa completamente mojada. Salí corriendo como en los mejores tiempos en dirección a la administración. Andaba con mis bototos punta de fierro, pero llegaba a volar.
Es verdad que yo no soy una persona apegada a creencias de ningún tipo ,pero el sólo hecho de pensar que a mi padre lo hubieran lanzado a la huesera como a esos arrendatarios impagos que los tiran a la calle.  Me parecía una situación macabra. Porque aquí no se trata de querer o no querer a alguien o que los valores de aquí y de allá y toda esa pendejada hueca que usa la gente cuando no tiene nada que decir pero está obligada a hablar como loros amaestrados. Nada de eso, aquí se trata de que él es quien puso la mitad del huevo y lo mínimo que puedo hacer es que sus huesos tengan donde pernoctar tranquilos. Yo no soy tan desquiciado  para llegar a ese nivel de irresponsabilidad, pero no recordaba por cuantos años era el uso del nicho me parecía una ineptitud de mi parte aunque daba vueltas la otra posibilidad que hubieran sido tantos años que no valía la pena preocuparse. Como sea yo no puedo vivir con ripios en mi cabeza, tengo que expeler rápido lo que es inútil y las incertidumbres matan, aunque la otra que no podía manejar me tenía hasta la tusa había que dejarla que siguiera su curso. Cuando llegué a las oficinas me atendió el guatoncito de siempre  que está en todas partes afable y de buenas maneras. Es increíble como el trabajo ayuda a modelar la personalidad de la gente. Cuando me vio llegar me preguntó si quería pasar al baño. En él me saqué la camisa y la dejé botada, me quedé en sweter solamente. El gordito me tenía un café que me vino muy bien mientras le explicaba mi problema y luego de pedir mi rut empezó a manipular el computador. Luego revisó unos inmensos registros como esos de la elecciones y tomó unas notas. Luego me dijo:
-Su nicho está en el pabellón 48 y corresponde al número 56 y está vigente hasta el año 2025-
Salté como un resorte, le di un abrazo y salí con paso lento y cadencioso  Estaba tranquilo y lo que menos podía hacer era despacharme otro cigarro. Ahora sí que me molestaban los zapatos punta de fierro, seguramente porque no tenía bichos en la cabeza  
“Ese día, cuando te fui a esperar estuve en la estación hasta la una de la mañana y  tu tren llegaba a las nueve. Había huelga de Ferrocarriles y todos los trenes venían con horas de retraso, Fueron siete horas de espera. Cuando dijeron que ya no llegaban más trenes me tenía que ir para la casa. Estaba preocupado, porque cayó el número 1 y el número 2, que era la chica Norma. La “porotearon” el día anterior por toda la calle Pedro Donoso . Yo me di cuenta cuando salí a la calle a conversar con mis vecinos  a eso de las cinco de la tarde porque las seis me iba a mi trabajo al vespertino y claro que me seguí riendo a carcajadas con el chiste del Cachondo cuando vi a Chica en un auto último modelo y tres giles elegantemente corbateados, ella mira directamente al frente , iba como tiesa. Yo dije inmediatamente “La weá esta mala” y le encontré la razón a los que me dijeron que “apretara cachete” .

Antes de dirigirme al pabellón con calma y relajado , me di un recorrido por los mausoleos más paltones y por supuesto salí nuevamente con dos jarrones, uno de claveles, otro de clavelinas. No  pregunté por las flores que dejé allí dos horas antes porque así como llegaron también se fueron y en la vida hay que ser consecuente. Por fin estaba de vuelta  y ahora me dirigí con toda seguridad donde la muchacha que estaba a cargo. Lucía un bluyeans ajustado que resaltaba su figura de glúteos atléticos y un senado mucho más eficiente que los honorables. Me preguntó por la hora de mi llegada al pabellón . “Yo lo vi cuando llegó” me dijo sonriendo mientras manipulaba su teléfono móvil y me obsevaba a mí como comparando algo. Volvió a sonreír mientras mandaba un mensaje por celular.No podía preguntar por los jarrones anteriores, pero intuí algo. Le expliqué la situación y se dirigió al fondo del pabellón donde tenía una pequeña pieza. Volvió con un inmenso cuaderno donde llevaba los cobros mensuales por cuidar los nichos. “Ud. Debe ser la persona que no visita nunca la tumba de su padre, eso me lo dijo mi madre cuando yo era una niña”. Lo dijo como pidiéndome una explicación y para no seguir con el tema le contesté que era de provincia y no tenía tiempo. Empezó a contar los nichos y se detuvo allí donde yo estaba, subió dos peldaños de la escalera y con un plumón escribió el número 44. En ningún momento le encontré aspecto de simple cuidadora de pabellón y cuando le pregunté si estudiaba me contestó afirmativamente “Los días festivos trabajo aquí y en las vacaciones para ayudar a mi madre y mantengo algunos mausoleos de gente importante”. Me miró de manera inquisitiva e interrogante y sin que se lo pidiera le pasó un paño al nicho y alcanzó a ubicar un frasco con la ayuda de la escalera, me hizo una señal de despedida.”Veo que a Ud. Le gustan los jarrones de lujo”, me dijo sonriendo y   se dirigió apresuradamente donde la llamaban.  “Es cara conocida” pensé yo. Antes de marcharse me preguntó: ¿Y dónde dejó su camisa? Me encogí de hombros sonriendo mientras se alejaba. Terminé de acomodar los frascos restantes que no tenían la prestancia ni la elegancia de los anteriores, pero le daban al nicho un toque de gente preocupada. Yo había resuelto el problema de la duda que me acicateaba, pero algo me faltaba  y me acordé que en mi bolsillo tenía el elixir o  el frasquito con el líquido  que repartía en todos sus frascos: el pipeño blanco que tanto le gustaba. No lo podía tomar prestado de este sagrado territorio en que descansan estas almas dormidas , lo que sobró me lo despaché de un sorbo, como carburante  y continué el viaje para encontrarnos una vez más.
“Te acuerdas, viejo,  cuando me mandabas a comprar el litro de pipeño donde la “Care corcho?  Yo te ponía mala cara porque me daba vergüenza ir a comprar litriado.  ya andaba mirando unas niñas que meneaban la cola y si me encontraba con alguna de las chiquillas del barrio me daba una vergüenza que me hacía traspirar entero, pero lo peor fue cuando te regalaron un barril  de chicha de manzana que te trajo tu hermano de Santa Eulalia. Ese domingo fuimos a jugar con el club del barrio a Metrenco, y cuando regresé estabas tú con tus compinches más cocidos que una “pate chancho”. Yo no aguanté más y tiré el mantel  con jarros y copas y los eché a todos a garabato limpio y te agarré del cuello de la camisa y te tiré en tu cama. Se me pasó la mano porque también te di unos zamarrones y unas patadas en el trasero. Sabía que al día siguiente no te acordabas de nada, eras un borracho amnésico y agnóstico porque te era indiferente creer o no creer en los que habías hecho. Es la única explicación para que yo sea un curado gnóstico, para mi primero están las cosas con que uno debe cumplir, digamos las prioridades y después lo que vendría a corresponder a la superestructura o su consecuencia. Eso es lo que más me molestaba de ti que con un copetín te olvidaras del mundo. A mí me pasa lo contrario, se me expande la conciencia. Me pongo comunicativo, visionario comprensivo. Yo te agradezco porque fuiste mi antimodelo. Entonces debo decirte que soy un agradecido por mostrarme como yo no debería ser .Eras  un caso. Como no voy a estar agradecido, si pusiste el espermio divino en el óvulo profano mientras la serpiente se ríe a carcajadas ordenando las manzanas que caen del árbol de la vida”

Le entregué todos los datos de mi identificación al sargento que me interrogó y cuando me preguntó si había estado en el pabellón y si había visitado el nicho  44  me di cuenta que la única que habìa entregado los datos era la cuidadora. Contesté  afirmativamente . Con tono altanero y militar me dijo que la cuidadora había traído unos frascos empotrados en madera  de los nichos que ella cuida y me los mostró con la punta del zable . Apareció mi amigo que llamó al sargento y conversaron en voz bala en un ángulo de la carpa. No pasaron más de diez minutos y el negro apareció nuevamente y después de explicarme la salida del asunto me dijo sonriendo:  “ ¡cambia de rubro¡” me despidió con un abrazo. Luego salí  con los dos frascos en dirección  al mausoleo paltón. Cuando iba saliendo de la carpa mi amigo me alcanzó y me dijo : “acuérdate del queso” como no me iba a acordar si cuando éramos pelados nos poníamos poncho para salir a robar  en los almacenes. Le falto decir solamente:” ¡Pero que poco has cambiado¡”
 Todo estaba impecablemente limpio, los floreros en su lugar y  agregué los que faltaban. Cuando me marchaba. “¿Eh, tú .no te vayas  “  me dije  de inmediato “ahora cagaste Silvestre”. “Como te vas a ir sin unos pesos. “Mirna nos explicó que te los pasó para limpiarlos  para que hoy estuvieran relucientes. Al salir por la puerta principal acompañado del Negro que me acompañó hasta la salida, vimos una columna que avanzaba en forma ordenada con banderas de diferentes colores en dirección del pabellón de las víctimas de la dictadura. Mi amigo a manera de despedida me dijo: “Son porfiados, no quieren entender que siempre va a mandar el que tiene este juguetito”. Me mostró su revólver, sacó pecho y se fue con paso marcial como en sus tiempos de pelado. “Mirna nos dejó tu foto y fue fácil reconocerte cuando te detuvimos” “Mirna es mi amiga y le caíste bien”. Recalcó “amiga” . Solamente me quedaba darle las gracias y seguir caminando en este mundo de contrastes y contradicciones que van y vienen como las bellas flores que nacen en el fango.

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